sábado, 31 de marzo de 2012

Quisiera saber...



Quisiera saber qué hemos sentido al enterarnos de la muerte del joven chileno Daniel Zamudio luego de haber sido torturado y humillado por un grupo de desalmados que no tenían ni el más mínimo conocimiento de lo que es una vida, de su valor y de su indiscutible belleza.

Quisiera saber qué hemos dicho en casa, a los amigos, a los compañeros de trabajo cuando nos han comentado este hecho, si es que hemos preferido quedarnos callados y no opinar por desconocimiento del tema, por vergüenza o en el peor de los casos porque no hemos conseguido sensibilizarnos con la desgracia de un muchacho que jamás conocimos, que vivía muy lejos de nosotros y que era diferente... ¡Diferente, aciaga palabra!

Quisiera saber si hemos buscado hacer algo para que cesen los crímenes de odio, para que nunca más las personas intenten/consigan acabar con aquello que no les gusta, que no toleran ni mucho menos respetan, que les parece feo, obsceno y pecaminoso simplemente porque no lo conocen y no saben de qué y de quién están hablando.

Quisiera saber si haremos algo porque las generaciones futuras (que hoy son niños y niñas con todo un camino por delante y con el legítimo derecho a adueñarse del mundo y ser felices) no crezcan con ideas retorcidas y malsanas pensando que hay buenos y malos, mejores y peores, normales y raros, blancos y no blancos, ricos y pobres y que única y exclusivamente los buenos, mejores, normales, blancos y ricos se merecen todo a costa de todo.

Quisiera saber si interpondremos nuestra palabra y acción cuando veamos y sepamos de un abuso contra el "débil", contra aquel que es discriminado por no ser católico, por no ser blanco, por no ser heterosexual, por no ser de dinero o por no tener mayor instrucción y lo podamos defender y hacer valer sus derechos en caso de que por sí mismo no pueda hacerlo.

Quisiera saber si cuando debamos instruir a los demás en el irrestricto respeto a las personas pese a sus diferencias y cuando debamos defender al indebidamente maltratado no sentiremos vergüenza ante la acusación ignorante y estúpida de que estamos contribuyendo a una imposible perversión de la sociedad y de las personas.

Quisiera saber cuántas muertes más como la de Daniel, que era bello, tendremos que lamentar para que un día nos levantemos y nos resolvamos a que acabe la intolerancia de una vez y para siempre, para que nunca nadie considere como alternativa apagar una vida porque no se asemeja a la propia... Apagarla porque la desconoce totalmente y porque ni después de haberla apagado conseguirá saber qué grave mal hizo...

Quisiera saber que Daniel volverá a la vida en otro tiempo y en otro espacio y rodeado de otras personas, en un mundo mejor donde no es pensada la muerte ni la humillación de la persona cuya excelsitud como ser humano es respetada siempre, y donde no es posible pensar en no hacerlo.

Daniel, no te digo un descansa en paz... Pero de corazón sí te digo que vayas a nacer en un mundo donde sí puedas ser feliz y donde vuelvas a sonreír.

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