domingo, 6 de febrero de 2011

Amigos para siempre



No se puede hablar del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha sin pensar en su fiel e incondicional escudero Sancho Panza. Éste es uno de aquellos duetos imposibles de no ser pensados como tal en el universo de la literatura. Un vínculo que une a dos personajes y que es el de la amistad, particular de acuerdo a la naturaleza de la relación que los une y fijo en el tiempo de las letras y de la poesía.

La amistad entre Quijote y Sancho no arranca desde que ambos se conocen o menos sino desde el momento que Sancho entra a ofrecer sus servicios a Quijote alistándose como su escudero en tanto que el primero ha abandonado el reposo de sus días y ha decidido perfilarse como un valeroso caballero. Asimismo, y en esta primerísima etapa, lo que los une es una relación de contraprestación, de utilidad y de interés visto que Quijote le promete a Sancho el gobierno de una ínsula a cambio de que le acompañe en sus aventuras. Sancho acepta y tiene presente el cobro de esta promesa el cual -conforme avance el desarrollo de la novela y se vaya enriqueciendo la unión entre ambos personajes- se irá redefiniendo hasta que podamos hablar de un lazo amical.

En efecto, entre ellos media un acuerdo material que deberá ser cumplido: hay la existencia de un contrato, o al menos de un acuerdo verbal que ambos quieren honrar con la palabra. La ganancia se presenta mutua como mutuos serán los esfuerzos a emprender. Sin embargo, más allá de lo inicialmente pactado ambos irán a dar más de sí conforme vivan diversos episodios. Teniendo en cuenta que a Sancho tocará ejercer el gobierno de una ínsula es que Quijote desempeñará un rol pedagógico que sirva a su menudo colaborador no bien gobierne esa ínsula que jamás gobernará. Sabemos que el poco juicio de Quijote es palpable, pero esto no lo exime ni le incapacita de poder aconsejar a Sancho sobre cómo cumplir con su imposible cargo. A este fin es que le hace saber que han de servirle entendimiento y valor para llevar a cabo un gobierno justo y productivo. Quijote depositará en Sancho todo un compendio de sabiduría popular y de tradición de gobierno imperantes en Occidente. Y este proceso de crecimiento de Sancho se entiende en un contexto netamente comunicativo donde impera el diálogo.

A continuación, y siempre tomando como referencia el libro de Ángel Pérez Martínez Deshaciendo agravios, La idea de justicia en el Quijote iremos comentando cómo es que "evoluciona" la relación entre Quijote y Sancho hasta poder hablar de un vínculo amical entre ellos.
a) El hidalgo y el labriego.-
Este es el primero de los tratos que conocemos se da en ambos personajes. Es un tato puntual basado en el respeto mutuo y en la eventual prestación de servicios que Sancho pudiera darle a Alonso Quijano y no a Quijote. Será en el segundo estadio que este vínculo recién naciente empezará a redefinirse. Ésta por ahora solamente es una relación de vecinos que apenas se conocen.

b) El caballero y el escudero.-
El tema de la caballería viene a fijarse como contexto dramático de interacción. Sancho consigue comprender los límites y obligaciones del mundo de la caballería y del rol que le asiste gracias a Quijote, que le transmite sus conocimientos recogidos de las lecturas de aquellos años de quietud como Alonso Quijano. Con todo, Sancho tendrá la mejor de las escuelas de caballería al lado de nuestro disparatado personaje.

Un hecho particular que le da un sello indeleble a este segundo estadio de su relación radica en que Sancho hable más de la cuenta, o simplemente que hable. A diferencia de los modelos de relación caballero-escudero de los que había leído Quijote, Sancho desborda en elocuencia. Tiene mucho que decir pese a su escasa formación, la misma que en ningún momento lo relega a la insensatez o la terquedad. Manteniendo a cada instante el respeto por su amo se acerca a éste y ello indefectiblemente a través del diágolo, que empieza a dejar ver que la única distancia que los va a separar será la de sus respectivas monturas. De otra parte, y conforme el trato crece y Sancho se percata de las fantásticas cosas que dice y hace Quijote, nuestro menudo amigo dejará de tomar al pie de la letra todo lo que le diga el Caballero de la Triste Figura. El cada vez mayor tiempo que comparten juntos y la cercanía que ya se da entre ambos le hace ver que Quijote no siempre reposa sus juicios de ser y de valor sobre la realidad.

c) El maestro y el discípulo.-
Este estadio de la relación refuerza algunos aspectos ya comenzados en el precedente. Sancho ha de necesitar una persona con conocimiento y buen tino que le aconseje sobre como ejercer el imposible gobierno de una ínsula. Aquí el rol primordial de Quijote es el de pedagogo, y en su afán porque Sancho comprenda lo que nunca habrá de hacer es que irremediablemente el vínculo se estrecha. Las distancias nuevamente son reducidas por la comunicación de ambos.

Entre los consejos que Quijote da a Sancho se cuentan algunos lo bastante interesantes como para referirlos ahora y que forman parte del imaginario de la época en que se escribió la novela. He aquí algunos de los consejos del alma:

- Temer a Dios.
- Gobernar con suavidad y prudencia.
- Compadecerse del pobre.
- Decir la verdad.
- Ser compasivo y piadoso.

Estos y muchos otros consejos más señalan las diferencias de las condiciones sociales de los tiempos de Cervantes. Además remarcan las tantas taras de la naturaleza humana y las sempiternas debilidades que los hombres tienen a la hora de sentarse a ejercer el gobierno. Del mismo modo, se inspiran en una lectura profunda de la cotidianeidad de la existencia de las personas.

d) Los amigos.-
A estas alturas el reclamo inicial de la promesa que Quijote alguna vez le hizo a Sancho queda definitivamente soslayado. Sancho está plenamente consagrado a la aventura y los peligros que pueda encontrar al lado de su amo. Se comprende cómo es que llegan a este nivel de proximidad gracias -nuevamente- al diálogo que siempre los acerca. En todo momento de la novela el mismo los estuvo aproximando cada vez más, hasta el momento en que Alonso Quijano recupere la cordura y muera no sin estar infinitamente agradecido por todo lo que Sancho hizo en su favor al seguirle en medio de su insanía.

El instaurador de una realidad así de posible fue desde el comienzo don Quijote, que se valió del diálogo para enseñar, precisar y escuchar. El diálogo propició que ambos se conocieran más y que llegaran a tenerse un afecto noble que ha quedado corroborado en las tantas veces que Quijote llama a Sancho "amigo". Sin embargo, claramente esto no basta para decir que hay un vínculo amical entre nuestros personajes. Tal amistad se ha ido configurando gracias al nivel de avanzado conocimiento que tienen el uno del otro, a la comprensión de las enajenciones ajenas y al reconocimiento de los buenos espíritus que tienen.

Por su parte Sancho, si bien no llama de "amigo" a Quijote -y esto no por considerar el desnivel social- le tiene como tal al reconocer en su amo la compañía y consejos dados como el arrojo y el valor que nunca han dejado de caracterizarlo. Sancho ha comprendido los procesos discursivos de su señor y la lógica que signa su lectura de la realidad y de las personas. Así es que llega a aceptarlo y a guardarle afecto.
Con esta novela, Cervantes presenta la dinámica y movimiento de una relación que deja de ser un convenio conmutativo para devenir una amistad profunda, remarcándose la imagen de Sancho como ejemplo de sensatez al haber respetado y escuchado a su amo a pesar de sus disparatados errores cometidos.
La amistad de Quijote y Sancho se hace finalmente universal e imprescriptible al ser esencialmente desigual luego de pensar que fueron desde el inicio tan solo señor y escudero respectivamente.

domingo, 30 de enero de 2011

El alma como un cántaro



Según Ángel Pérez Martínez, autor del libro Deshaciendo agravios. La idea de justicia en el Quijote el Caballero de la triste figura cree en una justicia distributiva y conmutativa que pasa por dar a cada uno lo que es suyo y le conviene. En el acto de justicia (o de eventual injusticia) los protagonistas pueden ser al menos tres: el agente que realiza la acción de justicia/injusticia, el sujeto que sufre la acción justa o injusta y el observador, que bien puede ser un juez que intercede para procurar el restablecimiento del estado de equidad.
De este cuadro es, pues, Quijote una suerte de juez que sale al mundo a restaurar la misma, abandonando su postura de mero observador para, dependiendo el contexto, convertirse en realizador de la justicia allí donde la ley presenta lagunas. Sienta así jurisprudencia al estar en contacto con la vida misma y sus diversas situaciones.

Como habíamos mencionado antes, Quijote se consagró a la lectura de novelas de caballería por muchos años, y cuando se resolvió a armarse caballero e ir por el mundo los ideales que encontró en las mismas le sirven de basamento ético y teórico para actuar y conducir sus actos. Es un convencido de que aquellos ideales terminan de realizarse en el mundo ordinario, ése al que todos pertenecemos y en el que se da nuestra vida cotidiana.
De todo ello se desprende el proyecto de una vida virtuosa orientada por el cumplimiento de la justicia. Es siempre una vida personal inspirada en la necesidad de la colectividad. El hombre con formación moral discierne sobre lo que debe y tiene que hacer y juzga cuáles han de ser sus acciones más correctas, las mismas que indefectiblemente tienen que ser consonantes con la verdad y el bien.

Ahora, para hacer un buen ejercicio de la justicia es menester tener capacidad de raciocinio, tener lucidez. Y como es menester tenerla lo es también no perder de vista la discreción y la prudencia. La suma de todas ellas fijan el perfil del hombre sabio, y pensemos por ejemplo en el rey Salomón de la Biblia que encarna de manera casi acabada tales valores. Lamentablemente Quijote no llega a ser el sabio que se esperaría: sus fantasías desbordadas que "retocan" la realidad le pre-disponen otra manera de intervenir en ella y consecuentemente alteran su interactuar con los demás.

Pero la locura del Quijote no es gratuita. A través de la misma Cervantes busca exponer una lectura del incumplimiento de ciertos parámetros éticos de su tiempo y presentar una mirada de los hechos que supere a los mismos. Cervantes a través de la locura del Quijote plantea una serie de injusticias consuetudinarias y que son asistidas por el hidalgo manchego a fin de resolverlas. Nuevamente el aspecto rico de la trama es su forma poco ortodoxa de darles solución, y es que está viendo las cosas, digámoslo así, desde otra óptica. He allí el detalle.
Con el Quijote se denuncia el incumplimiento de ciertos convencionalismos de una época así como los vacíos de los mismos que en excepcionales ocasiones le impiden a la persona abocarse a la ley y a las costumbres de su tiempo. Ante tales vacíos el Quijote es jurisperito.

Quijote tiene una lectura de la realidad y de sus sucesos que se halla limpia de prejuicios; las situaciones que contempla con sus ojos son iluminadoras. Un ejemplo de ello es el pasaje de la novela en que el labriego Juan Haldudo azota al joven infante Andrés por haber perdido sus ovejas. Aquí interviene el hidalgo manchego abogando por el joven infante, más que nada por no considerar justo que se le haga pagar su falta con semejante castigo físico, muy aparte de que el labriego quiera defender la pertinencia de los maltratos propinados contra su subordinado.
Quijote en primera instancia exhorta a Haldudo a liberar a Andrés, luego le reta a un enfrentamiento, pero Haldudo se niega y ofrece su "palabra" de liberarlo inmediatamente a fin de evitar mayores problemas. Quijote se fía de su palabra y se marcha satisfecho de haber resuelto tal situación. Sin embargo, momentos después de su partida, Haldudo vuelve a escarnecer al infante por el motivo expuesto al inicio de este párrafo.

Como se ve, a Quijote solamente le bastó su palabra para dar por concluído el episodio. No pide las garantías del caso ni busca asegurarse de que Haldudo cumpla con lo que dice. En nuestros días sería imposible pensar en un sistema de justicia al que solamente le valga la palabra de las personas para dar por terminada su intervención y retirarse, confiada en que la buena sensatez de éstas habrá de restablecer el orden primero de las cosas. Nadie toma por verdadera ni valida la primera palabra de otro sin antes pre-juzgar o pre-teorizar sobre la naturaleza de su actuación o discurso. Dejar de hacerlo sí es una locura.

domingo, 23 de enero de 2011

El caballero del sol

Pablo Picasso (1881 - 1973). Don Quijote (1955).

Para don Quijote la justicia es una de las virtudes más deseadas, el ideal más explícito que le mueve a salir en aventura y cuyo significado lo tiene claro: dar a cada uno lo que le pertenece. Antes de abandonar su sedentaria vida de hidalgo, Alonso Quijano había leído muchos libros de caballería, libros que entendían la misma como las valerosas hazañas del caballero hechas en nombre de Dios o de un rey o emperador al que se le tributase reverencia.

Quijote marca, pues, la diferencia: sale al mundo y se aventura en él pero no para tributar lealtad ni dar homenaje a ningún soberano o deidad -como por ejemplo sí lo hace el Cid Campeador. Quijote sale al mundo a deshacer agravios y enderezar tuertos. La suya es una misión netamente social. Hay todo un mundo con abusos que mejorar y deudas que satisfacer.

Quijote se ha fijado restablecer los desequilibrios de su sociedad y las razones que lo orillan son bastante claras: aumentar su honra, servir a su patria, ejercitarse en el arte de la caballería, deshacer todo género de agravios, ganar eterno nombre y fama y ponerse en todo tipo de peligros. Y Quijote entiende el honor como una institución social necesaria y reconocida que es vista como una condición inherente al hombre pero también respaldada por la sociedad entera que da testimonio de la misma.

Así, si bien es cierto que todas las personas podemos aspirar al honor no menos lo es que el mismo conseguirá forjarse gracias a la opinión que los demás tengan sobre uno. De este modo la cuestión no queda restringida a nuestra mera voluntad. El consenso social determina el reconocimiento que se nos pueda dar, y Quijote lo busca en base a emprender múltiples hazañas de las que pueda salir valeroso y le den un nombre.

El honor, luego, trae la fama y los hechos que permiten granjearse la misma se enmarcan en la lucha del bien contra el mal. No olvidemos que un personaje como el Quijote maneja un código ético y moral bastante bien cimentado de modo que no puede vacilar a la hora de alcanzar el bien y desterrar el mal. Este basamento formal es la principal herramienta que nuestro caballero del sol tiene para hacer que la justicia se abra paso en medio de la confusión y el abuso o la ilegalidad. Quijote tiene claro que el mundo está necesitado de un hombre justiciero, y él se ofrece como tal consiguiendo con ello elevarse a la categoría de héroe.

A este nuevo tren de vida que asume Quijote se contrapone aquel otro que deja atrás y en el cual había estado sumergido por casi 50 años hasta el día que decide salir al mundo. Fueron 50 años en los que Alonso Quijano no había logrado sentir emoción por la vida. Todo este tiempo madura con las lecturas de caballería hasta el día que abandona su apacible vida de hidalgo, toma una armadura, le pone nombre a un caballo y se busca un fiel escudero. En esta nueva empresa hay sin lugar a dudas la motivación de vivir una vida más plena y que realice, y eso es lo que le faltaba a Alonso Quijano. Encontrarla ciertamente ya lo hace feliz.

Es por esto y muchas otras cosas más que el ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha se vuelve un ícono universal de la consecusión de los más altos ideales y del emprendimiento de un proyecto de vida anhelado por tiempo y que se decide llevar a cabo movido nuevamente por ideales excelsos y sin parangón: justicia, amor, honor, fama y felicidad estan conjugados en cada una de las aventuras de este personaje universal, que más allá de su aspecto magro y semblante triste puede llegar a seducir y a inspirar todavía hoy como pocos personajes del mundo de las letras que jamás se hayan concebido por autor alguno.


* Notas tomadas del libro Deshaciendo agravios. La idea de justicia en el Quijote de Ángel Pérez Martínez.

domingo, 16 de enero de 2011

El hidalgo y el honor



¿Es posible consagrar una vida a la búsqueda del honor, máximo reconocimiento ganado en base al cumplimiento de ciertos decálogos morales tanto individuales como sociales que nos granjean el mismo conforme pasan los años? Estamos hablando de honor como aquella condición por la cual no solamente se goza de fama sino también de prestigio moral -repito- donde más de uno puede dar fe de que una persona ha sabido obrar de acuerdo a sus parámetros de vida ética -y siempre moral- sumándole a ello la expresa voluntad de hacer el bien. ¿Cuántos de nosotros hoy por hoy buscamos el honor? Sí, buscamos dinero, reconocimiento, fama, ¿pero el honor?... ¿Se nos hace indispendable llegar a tenerlo? Yo creo que no.

Buscar hacer el bien en toda la extensión de la palabra y enfrentar los convencionalismos sociales y las dobles morales que surcan las relaciones cotidianas de las personas en su interactuar del día a día no es una empresa fácil de acometer. Querer proceder bien es, pues, tener el coraje de darle cara a ciertos individuos, estructuras de poderes y nuevamente convencionalismos sociales con los cuales definitivamente no va a ser fácil luchar. Apegarse a un código moral y pretender cumplirlo, difundirlo y procurar que los demás lo cumplan encierra ciertamente un aura de dogma efervescente queriendo difuminarse que el que menos lo impele viendo la defensa febril que se le quiera hacer. Es que el problema -si bien es cierto que no está del todo en querer difundirlo, socializarlo- radica en que más de uno -cosa justa y lógica- tiene sus propios códigos de ética que de buenas a primeras no va a querer cambiar, por más convincente que puedan sonar nuevas propuestas de cómo conducir la vida moral en una sociedad siempre cambiante y desacralizadora.

Con todo ello se corre el riesgo de ser tildado de loco, y de pasar esto último, el discurso del loco queda si no del todo basurizado, al menos sí bastante soslayado como para querer ser nuevamente escuchado, por más que no todas las ideas que compongan el mismo puedan estar del todo cuadriculadas y tener cierta cuota de sensatez y de utilidad. Otra cosa igualmente lamentable es que el discurso del loco no solamente pueda parecer peligroso. El caso más o menos extremo es que pueda ser tomado como risible, y solamente en este caso se le busque escuchar porque divierte y ameniza. En ambos casos no se considera en toda su extensión la valía que pueda tener ni se detiene ya a reflexionar su contenido.

El Quijote de la Mancha consagró su vida a la práctica de la justicia entendiendo ésta como la máxima de las virtudes que el ser humano pudiera conocer y que en efecto debiera poner en práctica para hacer su vida más digna y apreciada por los demás.
Ángel Pérez Martínez (Madrid, 1971) en su libro Deshaciendo agravios. La idea de justicia en el Quijote toma la iniciativa de reivindicar al caballero de la triste figura revisando la tensión antropológica -según sus propias palabras- que atraviesa la búsqueda de este valor y su puesta en práctica. Según el autor, la virtud es la única aspiración del protagonista de la célebre novela de Cervantes, y el entendimiento de la misma por el Quijote reposa en los basamentos de la filosofía griega que consideran la misma como equilibrio y salud sin que ello le haga un héroe homérico cual Ulises.

El Quijote, así, es la toma de un distanciamiento con el cánon clásico de presentación de la figura heróica. Como se sabe éste es descrito por Cervantes como un hombre de complexión física magra y de semblante triste. A primera vista no habría armonía, no sincronizarían su vigoroso espíritu del cumplimiento de la justicia con su endeble resistencia corporal. Pero he aquí la novedad planteada por el autor español de querer romper con aquella práctica de sinonimizar fortaleza moral con fortaleza física.

El amor que el Quijote le profesa a la justicia como concepto puro y a su práctica le acarrea -como ya se mencionó antes- los riesgos de acometer una empresa por la cual se le termina tildando de loco, más temprano que tarde. Los embates de la incomprensión y el ser tildado de desequilibrado son cuestiones a asumir y superar por quien se adentra en las procesolas aguas de una de las aventuras más inflamadas que puedan conocerse. Y es que para el Quijote la justicia es la virtud del alma y condición para la felicidad, por lo que no solamente es querida por sí misma y su carácter utilitario sino por el placer que produce.
La práctica de la justicia requiere asimismo de un discernimiento preciso sobre lo que es justo y lo que es injusto y así saber obrar cual rey Salomón en la vida diaria.

Así, más allá de la justicia se encuentra el amor por el género humano, que se ve enriquecida por la misericordia como condición por la cual se perdona al contemplar la ignorancia y debilidad de los seres humanos al actuar. En el perdón del acto fallido del otro hay amor indudablemente. ¿Pero cuántos de nosotros sabemos perdonar? Perdonar no es solamente verbalizar una frase benevolente que pretende liberar al otro de su culpa. Es disipar el rencor que siempre se escurre por nuestras manos como el agua que no permite ser asida.
Y con la práctica de la justicia y la obtención del amor puede haber placer y felicidad, pero difícilmente hemos paladeado estos manjares en la vida.

domingo, 9 de enero de 2011

Aquí sí hay poesía



Cuando tenía 16 años, edad en la que tomé mayor contacto con la literatura y todos sus géneros, empecé a escribir poemas y cuentos diversos, destinados a varias personas e inspirados por sucesos particulares que conmovían mi vida. En ese entonces escribir ya era para ní una delicia, más aún porque lo hacía sin premuras ni presiones externas. Escribía cuando quería, más o menos como lo hago ahora, y escribía un poco de todo.

Hace unos días le pedí a mi madre que sacara del baúl de los recuerdos aquellos poemas que le escrbiera cuando era un adolescente enamoradizo y soñador. De entre los muchos poemas que desempolvó para mí pude encontrar los que a continuación publico. Lo hago a manera de salvar del olvido aquellas líneas que en un momento de mi vida se escribieron en tanto que yo soñaba con castillos en el aire y con la princesa de mis sueños. El traer a la actualidad estos poemas también significó recordar pasajes de una vida, la mía, que ya no volverán y que con este gesto se fijan todavía más en mi memoria, y así afirman la existencia de una pasado que fue lindo y que siempre permanecerá en mi mente, como una fotografía que no pierde color con el paso inexorable del tiempo, o como una melodía y su partitura, siempre con las notas bien escritas sobre el pentagrama y esperando revivir con una nueva reposición de su línea musical.


Para recordar

Sea la fe lo último que pierdas,
mira que con ella mueves montañas.
No claudiques ante una empresa a iniciar
que los grandes movimientos no se forjan
de la noche a la mañana.
Pero con fe, paciencia y esperanza
todo es posible conseguir.
Tu corazón no se encuentra solo,
nos tienes aquí, junto a ti
que te queremos y no te abandonaremos.

Procura llevar bien esta jornada,
con buen tino y sin errar.
Mira que este mundo es camino para el otro
que es morada sin pesar.
No devuelvas el cambio con mala moneda
y ten en cuenta que el Eterno administrador
pasará revisión de sus obreros
viendo quién supo hacer lo correcto
en su empresa que es la Vida.


No hay tiempo adverso

El tiempo puede parecer adverso
pero yo a manera de verso
te haré ver lo contrario.
Son cuántos los que a diario
nada que comer tienen en la mesa
y usted a Dios le reza
pidiéndole modere su castigo.
Pues, deje que me coma un higo
ante baladí tontería.

Mira que me caso con mi tía
en contra de tal estupidez.
¡Vamos!, a dejar la tosudez
y a mirar de manera positiva.
Sabes que Dios nos aviva
a seguir adelante.
Seamos como el poeta, Dante
y vamos a escribir un verso
que no hay tiempo adverso.


Valen las gracias

¡No sabes cómo doy gracias a Dios
por tener una madre tan abnegada
que con su amor, cariño y besos
cubre a sus hijos cuando hay marejada!

¡Quién como tú que jamás podrá fallar!
¡Quién igual a ti, comparación no se puede hacer!
Porque como tú mujer no podrá haber,
una similar no se podrá encontrar.

Con tu esfuerzo y ardua dedicación
estáte segura que ingratos no te seremos...
Nos formaremos en valores y educación.

Porque muy bien sabes que te queremos
y al oído te susurraremos una oración
y con amor en nuestros brazos te estrecharemos.


Otro soneto para mi madre

Madre, la palabra más sublime que un hijo pueda pronunciar
cuando por ejemplo el calendario marca el Día de la madre
o cuando por alguna causa especial a celebrar
se le conmemora por su doble esfuerzo de madre y padre.

Madre, palabra sublime que jamás se debe denostar
y ¡ay! de aquel que temerario se crea y lo haga,
ganado el castigo tendrá por haber querido osar
faltar a una madre, forma celeste y del hijo maga.

Madre, palabra sublime que muchos no pudieron pronunciar
porque la vida, severa y rigurosa impidióles...
O porque otros, malditos hijos, se negaron a querer.

Pero la conciencia es una voz que no se puede apagar
y porque mañana, al ir a sus funerales
verán a la madre que por tercos no pudieron aprovechar.


jueves, 30 de diciembre de 2010

Melodía de clarín




Se va el 2010 y con él el segundo año de El áureo clarín del verbo. Definitivamente espero seguir contando con lucidez, imaginación y buena voluntad para seguir posteando durando el 2011. Este año -y con el presente- llego a una cifra de 30 posts, menor a la del pasado año 2010 que escribiera 42. Menciono esto no porque se trate de escribir por escribir, aunque indudablemente la idea es hacerlo constantemente y hablando o comentando de manera inteligente y fluida sobre diversas cosas: personas, personajes, situaciones sociales, temas de interés, etc.
Mi blog también este año ha sido en ciertas ocasiones una suerte de diario personal en el que he dejado correr líneas que expresaran mis estados de ánimo y sentimientos. No veo nada malo en ello. Es sin lugar a dudas una de las mejores ayudas que tengo a la hora de sublimar algunos hechos muy particulares que solamente a mí me acontecen. Sin embargo, este año no me he valido tantas veces del blog para escribir mis sucesos personales, como sí lo hiciera el año pasado. Eso no quiere decir que el 2010 haya sido un año menos dramático en el sentido teatral de la palabra. Así, creo que haya sido el silencio mi mejor aliado a la hora de sentarme a reflexionar mis asuntos personales. Por semanas no he posteado con la frecuencia de siempre, y es que a veces -si no falta la inspiración o el tema para escribir- puede faltar la buena voluntad para hacerlo.
Durante el 2010 los temas de mis posts han sido diversos, desde haber escrito unos en los que hablaba de Claire Riveau y la fascinación que produce en mí, pasando por Lady Gaga y Vargas Llosa y su premio Nóbel hasta seguir compartiendo mi deleite por la ópera romántica, comentando piezas de Verdi y Puccini. En este sentido, El áureo clarín del verbo se ha perfilado como un blog que procura cubrir una rica y variada gama de temas y de contenidos a los cuales soy afecto y que con el mayor de los gustos me mueven a escribir. La aventura de sentarme frente a la computadora y pasar horas de horas volviendo líneas cada una de las ideas y los pensamientos que pasan por mi cabeza es fabulosa, única.
Así, y a modo de presentar una síntesis de los posts publicados este año, a continuación enlisto el título de los mismos clasificándolos de la siguiente manera:
Ópera.-
- La esperanza cifrada en un nombre.
- El rey ríe y el bufón llora.
- La pluma al viento.
- La condición hacia el perjuicio.

Todos ellos comentando la ópera Rigoletto de Giuseppe Verdi, y de esta forma retomando un trabajo monográfico que presentara para un curso cuando frecuentaba la universidad.
- El vuelo de la mariposa.
- El canto de un ave.
- La música de los sentimientos.
Tres posts inspirados en las 03 más grandes óperas que compusiera Giacomo Puccini: Madame Butterfly, Tosca y La Bohéme. Composiciones telúricas en mi apreciación personal, que Puccini consiguió legar a la posteridad y que definitivamnte pueden llegar a conmover hasta las lágrimas al espectador y buen oyente.

Literatura y crítica literaria.-

- En la llanura venezolana una raza buena ama, sufre y espera.
- La novela de la tierra.
- La búsqueda de la identidad americana en Doña Bárbara de Rómulo Gallegos.

Estos post contienen extractos de un ensayo presentado también en mis tiempos de estudiante universitario de la San Marcos y retoman algunas ideas sobre la monumental obra del escritor venezolano.

- Vargas Llosa, premio Nóbel de Literatura 2010.

Sin lugar a dudas un post que celebra que el más alto exponente de nuestra literatura peruana haya recibido el más codiciado galardón de las letras universales. En medio de ese júbilo rememoro aquellos días de mi adolescencia en que sus libros, junto a los de García Márquez, Flaubert, Goethe, Isaacs y otros hacían la delicia de mis días.

Música pop.-

- Bad girl.

El post en el que sin vergüenza me declaro admirador de Lady Gaga y confieso cuánto me deslumbra la locura que corre por su cabeza y que solamente ella sabe materializar en letras de canciones, en melodías de canciones y en vestuarios estrambóticos y escenografías rutilantes.

Arte y crítica.-

- Nada apaga mi noche.
- Algo enciende mi día.
- Por el arte.

Y sí, pues... Le sigo los pasos al arte, pero no solamente desde la perspectiva del admirador del talento innato que otras personas tienen para expresar en líneas, tonos, colores, matices y demás formas las imágenes y conceptos que tienen en la cabeza. También para interpelar la forma como el común denominador puede acceder al mismo y las limitaciones personales que no solamente puedan tener, sino la voluntad del artista de querer socializar lo que ve y dibuja o grafica. Soy un convencido de que el arte emancipa, y de que el artista debe cumplir un rol pedagógico en esta sociedad a fin de que haya menos gente sometida a convencionalismos sociales y poderes políticos que le permita ser feliz.

Televisión y cine.-

- Claire Riveau.
- ¿Qué pasó con Baby Jane?

El primer post, para conocer más de cerca los fantasmas que atormentan a Claire Riveau, personaje de la telenovela Isabella, mujer enamorada, protagonizada por la actriz mexicana Ana Colchero, de cuya belleza me enamoré. Además de esto, el personaje de Claire Riveau, antagónico de su hermana gemela Isabella me cautiva por ser uno muy bien actuado y con bastante carga teatral, dramática.
El segundo post, para horrorizarme ante los merecidos abusos que la veterana baby Jane descarga sobre su hermana Blanche. Otra de las tantas ironías del destino que llegamos a conocer ya sea a través de un libro, una canción, un cuadro o una película.
Sociología.-

- El deseo de Dios.

Y con este post se responde la siguiente pregunta: ¿quién ha dicho que aquellos que se consagran a una vida religiosa o de contemplación de la divinidad no gozan? Dios puede hacerse tanto o más deseable como un mortal cualquiera, y allá, en las iglesias, claustros y abadías hay miles de hombres y mujeres que tienen una experiencia sensorial tan rica como la que en este post se busca comentar. Así, Dios se hace deseable...

Reflexión varia.-

- La rosa roja... ¿y bella?
- Para que el clarín del verbo se mantenga áureo.
- ¿Y por qué no recordar a tu enemigo?
- Hizo lo mejor que podía.
- ¡Enciéndeme la luz que no me quiero quedar a oscuras porque tengo miedo!

Disquisiciones filosóficas que surgen en torno a la reflexión que puede generar la contemplación de una rosa, el esfuerzo de mantener amable la melodía de este clarín, la evocación del pasado y sus lóbregos protagonistas. Buscando entender -sin prejuicios- la vida de otros y confesando algo más que mi miedo a la oscuridad y la soledad.

La historia de mi vida.-

- El valor de la amistad.
- No sé si es amor, ¡pero se le parece tanto!
- Yo amo a mi mami.
- Un espléndido jardín.
- Los amigos que gané.

Simplemente puedo decir que ahí estoy yo. En la líneas de todos estos posts se sabe más de mí y de la historia de mi vida, que es la historia de todas las personas que han intervenido en ella.

Otros.-

- Acuario.

Y este post para -ayudándome del horóscopo y en el cual creo cada vez menos- bocetear cómo soy, mi carácter, mis emociones, mis puntos débiles. Podría considerarse este post dentro del grupo anterior, pero prefiero separarlo.
Con este último artículo cierro el 2010, sin dudar por un instante que espero que el 2011 siga dándome qué pensar para escribir. Ya me asalta la curiosidad de saber qué cosas nuevas estaré por vivir y quiénes llegarán a mi vida para protagonizar conmigo nuevos relatos de esta historia personal que solamente a mí me ha pasado pero que no me pertenece de manera exclusiva.

¡Feliz año nuevo!

sábado, 11 de diciembre de 2010

Un espléndido jardín


A ti...
Sabes muy bien que estas líneas te pertenecen...


En algún punto de la tierra se extendía un jardín, hermoso como pocos antes vistos, que reunía los más diversos tipos de flores con texturas suaves al contacto de la piel y de aromas amables, gentiles y cautivantes. Era en efecto un espléndido jardín. Lo era no solamente por sus más diversas flores -la mejor carta de presentación de este jardín y así su mayor virtud- sino también por el poder reconfortante de las propiedades internas (interiores) de aquellas. De verdad era un bello y buen jardín, y en ese punto de la tierra en el cual se extendía era visto por los ojos de los demás como un espacio puro y en el que se quería estar.

Cierto día, viendo Dios la belleza y bondad de este jardín, decidió encomendarle el cuidado del mismo a un jardinero solitario, de ojos negros y entonces tristes. Este joven jardinero era aún novato en su oficio, pero se notaba que tenía mucho afán, mucho esmero por mejorar y ser más diestro. Ante la proposición de Dios no dudó ni un segundo en optar por hacerse cargo del jardín y cuidar de él. El joven y solitario jardinero ya no estaría solo sino que podría con devoción atender el espléndido jardín, del cual no tardó en enamorarse considerando las cualidades maravillosas del mismo. Y así, un día de verano, un día 20 empezó con su tarea. Éran entonces el jardinero y ese magnífico jardín... Ambos tenían la oportunidad de consagrarse el uno al otro, y la experiencia de hacerlo también era bella.

El joven jardinero, que tiempo atrás se quejaba de su soledad, ahora se acompañaba con el jardín durante buena parte de las horas de los días de sus semanas, y era feliz, pero no lo sabía del todo como sí llegó a saberlo tiempo después cuando las cosas cambiaron y no hubo más jardín ni más jardinero que protagonizaran este relato. Y es que algunos excesos de sensibilidad de parte del joven jardinero causaron, poco a poco, que el jardín perdiera magnificencia... Sus flores, algunas de ellas y sin que se notara, empezaban a marchitarse por esta debilidad del joven jardinero.
Quien escribe estas líneas no deja de lamentar que el pobre no haya podido ser más constante y convencido de ciertas cosas que éran fundamentales para continuar aportando a la belleza de este jardín...

Pasó que un día el joven jardinero empezó a dudar sobre si era este jardín el más adecuado o no para él, y en reiteradas ocasiones iba donde Dios a preguntarle si le había dado el jardín adecuado que cuidar. Dios le decía que sí, a la vez que le aconsejaba esforzarse por disipar las dudas y los temores: "Hijo, si esas dudas y esos temores no cesan podrías hacer que el jardín y sus flores se marchiten... ¿Es que acaso quieres eso?", y el joven jardinero se marchaba de la presencia de Dios pensando "Sé que quiero, que amo este jardín, pero a veces siento también que no me da del todo cuanto tiene... ¿Debo pedirle más?". Y así, el joven jardinero se debatía entre cuánto quería y amaba el espléndido jardín y cómo hacer para que esas dudas y temores -infundados- se desvanecieran.

Quien escribe estas líneas no deja de lamentar que el joven jardinero se mostrara escéptico de las bondades que le ofrecía este jardín. El joven jardinero hasta entonces no había podido hallar el sosiego deseado... Hacía algún tiempo atrás había perdido a su padre el cual nunca terminó de enseñarle el oficio de la jardinería, y así el joven jardinero tuvo que ir aprendiéndolo solo, pero ayudado por el aliento de una madre que siempre estaba a su lado. El joven jardinero no podía borrar de su memoria la imagen de una familia cuyos integrantes poco a poco se habían ido desvaneciendo del retrato familiar que alguna vez conoció. El joven jardinero no confiaba mucho en las personas, pero no por ello cesaba en su anhelo por querer y ser querido. El espléndido jardín era la ocasión más propicia para compensar esos afectos y compañías ya no habidas y conocer otros todavía más especiales. Sin embargo, pudo más la duda y el temor que el amor...

Conforme pasaba el tiempo el vínculo entre el jardinero y el jardín -ya no tan espléndido- se desgastaba. El jardín ya no relucía como antes, y el joven jardinero ya no se esforzaba lo suficiente por remozarlo. De este modo, poco a poco el jardín dejó de ser espléndido y sus muchas flores empezaron a marchitarse. Cierto día, temprano por la mañana el joven jardinero acudió al jardín, y lo encontró totalmente seco, sin aquellas flores de aromas amables y texturas gentiles. Solo en ese momento entró en conmosión y quiso revivir su belleza, pero no pudo.
Buscó tierra buena y flores buenas que volver a sembrar y aportar a este jardín, pero no las encontró disponibles en ninguna parte. Luego pensó en el agua: "De hecho que el agua hará mucho y las flores de mi jardín renaceran", pero el agua tampoco estaba disponible. El joven jardinero se preocupaba todavía más. Apostaba porque el húmedo elemento pudiera hacer más que algo, y al no encontrarlo lloró. Y llorando se dió cuenta que contenido en sus propios ojos estaba el húmedo elemento que necesitaba. Así, empezó a llorar y llorar con tal de juntar todo lo que podía y dárselo al jardín, ahora opaco, gris.

Pasaba las noches, encerrado en su habitación, meditativo y triste, muy triste porque sabía que nunca podría llorar lo suficiente como para remediar la sequía por la que atravesaba el jardín. Se iba a la cama, a dormir, llorando como nunca antes lo hizo por otro jardín que jamás hubiere conocido. Su madre, que no permanecía ajena a su dolor, le acompañaba. Y sus amigos y conocidos le decían que "todo estará mejor, pasará la sequía y volverá a florecer el jardín", pero eso, lamentablemente, nunca llegó a suceder.

Así, el joven jardinero volvía a la presencia de Dios a pedirle que intercediera y le devolviera al jardín la belleza que siempre tuvo, pero Dios le dijo:

Hijo, es tarde...
El jardín que alguna vez conociste espléndido
por la bondad y belleza de sus flores
ahora está seco.. Lo puedes ver ahí, gris y sin el menor brillo.
El jardín se ha secado porque no pudiste acabar con tus dudas y temores.

Te ofreció todo lo que tenía y más
y sin embargo tu insensatez acabó por desgastarlo
y ahora ya no hay nada más que flores sin color
que alguna vez tuvieron cálidos aromas.

A todo ello el joven jardinero dijo: "Pero Padre, ¿qué puedo hacer?... Por favor, dáme una oportunidad más..." Y Dios le dijo por última vez:

Hijo, ya no hay más oportunidades...
Se te dieron todas y las dejaste pasar.
Ahora lo que te queda es empezar a resignarte.
Toma tus cosas y lo antes posible márchate,
te libero del cuidado del jardín. Éste, a su debido momento,
renacerá... Y vendrá otro que se encargue de él
y quizá se quede al lado del jardín para siempre...
Tu trabajo está concluído. Puedes retirarte.
Y al joven jardinero no le quedó más que empacar sus herramientas e irse. En el momento justo que estaba por partir giró sobre su sitio y miró por última vez el jardín que alguna vez fue bueno y bello, con el que compartió las horas de los días de sus semanas, y no pudo contener el descender de unas lágrimas más: "Una a una, las puedo ver caer, a cada instante, una a una", decía el joven jardinero. "Adiós jardín, algún día..." y en instante se le cortó la voz, no pudiendo decir nada más.

El joven jardinero retomó su camino y empezó a andar, y poco a poco a alejarse de aquel punto de la tierra en el que se extendía el jardín, que alguna vez fue espléndido como dos ojos negros, fijos contemplando la mirada del joven jardinero, que también alguna vez fue bello, un bello enamorado... Un enamorado de ese jardín... Sí, y en medio de su confusión, enamorado de ese jardín...

La moraleja en todo esto:

toma las rosas en tanto puedas que mañana podrían ya no estar para ti...