sábado, 4 de septiembre de 2010

Por el arte

Sebastiano Ricci (1659-1734). Alegoría del arte


Hablar del arte y procurar definirlo es siempre la iniciación de una de las polémicas más acaloradas que puedan establecerse, no solamente por la pasión con la que sus interlocutores eruditos puedan comenzar y mantener la misma, sino por la naturaleza misma que los reúne a discutir. El arte, al no ser una ciencia -como la literatura- se deja asir menos por quienes buscan darle una conceptualización (ahora que lo pienso, ni siquiera la ciencia misma hoy día alcanza una conceptualización fija e imperecedera como la que se buscaba para ésta en los alberes de la Modernidad). Sin embargo, el arte continúa un decurso propio gracias a las manos y el talento de miles de hombres y mujeres alrededor del mundo que siguen trabajando por él y para él, y en tanto lo hacen van alcanzando las palabras justas para acercarse a una definición de lo que es su trabajo: el arte.


En la actualidad el número de artes se ha incrementado, dejando de ser un reducido grupo de solamente 05 de ellas (arquitectura, escultura, pintura, música y arquitectura) sino que las mismas, con la aparición de las nuevas tecnologías de la comunicación y el diseño se han reinventado y fusionado, hasta poder fijar nuevas artes, artes aún más artificiales que las que ya se conocían, y todas, absolutamente todas (aunque unas más que otras) pugnando por no dejar de ser reconocidas como tales. Conseguir una academia o instituto de crítica erudita de las mismas las termina de consagrar como tales, como superiores, precisamente porque en torno a las mismas se ha establecido todo un estudio y crítica institucionalizada de las mismas que las perfilan como componentes vitales de la cultura de nuestros días. Cuando no se habla de alguna de ellas es porque simplemente, o no existen o no vale la pena que se hable de éstas. Difícilmente hoy se deja de hablar de lo que el hombre produce y llama arte. Así, ¿qué es el arte?


Yo solamente diré en esta ocasión que si hay algo que pueda definir al arte es su capacidad de poder permitir que la persona que trabaja por él pueda expresar todo aquel mundo que contiene en su interior, en su alma, en su mente, y que le motiva a decir las cosas que siente y cómo ve el mundo, la vida, su interacción con las personas y cómo se lee a sí mismo. Producir arte no es una tarea fácil, empero. No me puede bastar saber pintar o componer una página musical para decir que hago arte, o para pretender que con ello se me llame artista. El arte implica una lectura y re-lectura del todo la cual pueda leerse y comprenderse a través de lo que el artista produzca, y que a su vez pueda permitir que los demás -con la lectura de la misma- al menos se sientan "conmovidos" con el mensaje que se intenta transmitir, lo recepten, asimilen y reproduzcan, tomando de dicho mensaje las palabras vivas del artista y de su batalla incesante con la búsqueda de valores como la verdad, la bondad y la belleza. Hacer arte como el que se conoce es también una forma de filosofar, de preguntarse por el todo y de comunicar las respuestas generadas al interrogar a ese todo.


El arte de la producción del arte demanda constancia, paciencia y entrega a la búsqueda de aquello por lo que buscamos una respuesta. No se trata de hacer arte por hacer arte, porque quizá el rsultado de una labor como aquélla no necesariamente lo produzca (es más, no creo que lo haga). El artista que no lucha por encontrar respuestas a sus preguntas es porque simplemente no se plantea interrogantes, y entonces es solamente un mero reproductor de formas llamadas estéticas y gratas a los sentidos. El artista, como el filósofo o el pensador social nunca está contento con lo que se le dice del mundo, la vida, las personas y de sí mismo. Necesita vencer esa suerte de ilusión de la transparencia que enmohece la realidad, su espacio, y que le engaña al hacerle ver que todo ya está dicho y que las cosas se entienden porque se entienden. El espíritu escéptico le domina, y reflexiona sobre lo que le rodea, lo cual implica todo un arte de pensar por el arte. Un compromiso desde el arte que requiere el arte del compromiso que definitivamente no muchos tienen, o que algunos tienen menos desarrollado que otros.


Soy un convencido que parte del rol del artista es comunicar lo que piensa, transmitir las respuestas a sus preguntas sobre el mundo de la vida, y que dé a conocer éstas porque -al conseguir mejor visión del todo- es generoso y concede a los simples mortales las herramientas para que vean lo mismo que él ve, o para que siquiera se hagan las mismas preguntas que él se hace, y por cuyas respuestas trabaja a través de su obra. No obstante, hay una especie de convención entre los artistas por la cual estos se reservan el derecho de admisión de los simples mortales al mundo de su producción de significados y significantes, confinando su obra a espacios como los museos en los que no comunican con el mejor de los lenguajes los hallazgos alcanzados. De esta forma, el museo deviene un espacio esotérico ¿Cómo así?


El simple mortal que visita un museo (y que lo hace con la mejor de las intensiones) pueda que no conozca lo que allí encuentre, que le sea difícil acceder a los significados de las obras en exposición, pero podría valerle su deseo de conocer (como de hecho le vale). Si antes no ha podido nutrirse del arte ¿por qué, en un museo por ejemplo, no encuentra la ocasión de hacerlo? ¿Debe dar media vuelta sobre su sitio y salir del museo rumbo a una academia de enseñanza superior del arte para estudiar y acceder a todo aquello que los museos encierran? Las puestas de arte en muchas ocasiones no dicen lo que el artista vio al crear su obra, y en el mejor de los casos emplean un lenguaje difícil y abstracto. Es que hablar en difícil da siempre una especie de marca de élite, suerte de carné que los otros miembros de tu élite te piden a ti, amigo artista, para que sigas perteneciendo a su selecto club. ¿Por qué, si los contenidos de aquellas obras son de valor (partimos de esta premisa), yo como simple mortal no tengo la oportunidad de acceder a ellos? ¿Mi ignorancia y la falta de oportunidades de estudio deben condenarme y resignarme por siempre a no acceder a tantísimos saberes, contenidos y significados que de poder "leerlos" harían más digna mi vida, digámoslo así?


Está bien, no tengo los conocimientos para acceder, ¿pero no podría ser parte del rol del artista enseñar sobre el arte a la vez que intenta producirlo? ¿Necesariamente el artista tiene que renegar de la pedagogia y mostrarse arrogante exponiendo una obra que solamente sus colegas eruditos entienen? ¿Por qué lo hace? ¿Por conseguir las palmas de estos? ¿El artista permitiría que yo, simple mortal, no acceda a los contenidos de valor que expresa en su obra, contenidos que podrían hacer que mi vida se vuelva más libre de prejuicios y de lecturas cuadriculadas del todo, más amplia de visión sobre el mundo, la vida, las personas y sobre mí mismo? Acceder a tal contenido podría reconciliarme con todo ellos, reconociliarme conmigo mismo. Aún así, ¿el artista consentiría que pierda todo esto simplemente por vanidad y por condenarme irremediablemente a ser ignorante por ser ignorante?


Las enseñanzas del arte caminan de la mano con el arte de enseñar, y en este sentido el artista puede ser un colaborador social que desde su puesto consagrado de trabajo contribuya a que en el mundo hayan menos personas dominadas no solamente por los estados, los mercados y el dinero, sino también dominadas por los fantasmas de sus temores y sus sobreexpectativas, de los pasos no caminados y de los senderos invisibles deseados que nunca se recorrerán. Si el arte se comprendiera y difundiera así más personas, desde la opacidad de sus vidas, lo buscarían, y comprendiendo el arte de esta forma, el artista podría dormir aún más plácido en la calidez de su taller fungiéndole de dormitorio una noche de madrugada en la que hasta tarde se quedó trabajando... Y todo, todo por el arte.


miércoles, 25 de agosto de 2010

Algo enciende mi día

El pasado 04 de abril publiqué en mi blog un post con el título Nada apaga mi noche http://elaureoclarindelverbo.blogspot.com/2010/04/nada-apaga-mi-noche.html. El mismo me lo inspiró la apreciación de un cuadro del mismo nombre que estaba en exhibición en el Centro Cultural de la PUCP.

Días después, el 11 del mismo mes, el autor me respondió al e-mail con el que tengo activo mi blog. Sin embargo, como no suelo revisar el mismo (usualmente reviso rolando.coronado@hotmail.com) solamente hasta hoy por la mañana, cuando de casualidad entré a éste, pude leer su respuesta, la cual definitivamente me ha gustado, y es por ello que ahora me permito compartirla con quienes leen mi blog y de una u otra manera lo siguen.

Compartir su comentario significa mucho para mi, sobre todo porque me dice que siempre hay un receptor a los mensajes que yo pueda enviar, a las palabras que pueda escribir y que alguien más leerá, por más lejos de mí que esté y por mucho que pueda simplemente no conocerlo. Entonces, no hablo solo...

A continuación el comentario de Javier Bellido Valdivia - http://javierbellidov.blogspot.com/

Y para ti Javier, gracias y que continúe el proceso creativo!

*

Estimado Rolando:

Soy Javier Bellido Valdivia, he leido tu comentario acerca de la pintura "Nada apaga mi noche".

Queria agradecerte de todo corazón por tu comentario, debo decirte que me emocionó
mucho lo que escribiste sobre mi pintura y me da mucho ánimo para seguir haciendo lo que es mi vida, mi vocacion, la pintura.

Me parece muy sensible la interpretacion tan personal que has hecho.
Depende de la sensibilidad del espectador que una obra le genere algo o no.
El misterio siempre esta presente en toda obra de arte como en la vida misma.

Es asi como lo siento e intento expresar.

Viendo tu blog he visto cosas bien interesantes y me da gusto que hayan personas como tu que se interesen en el arte por todos sus medios, tanto en la literatura, como en la música, el teatro, el cine, la danza, las artes plásticas, etc. ya que todas las artes son hermanas.
Lo que cambia es el medio de expresión.

Me despido muy agradecido.

Javier.

sábado, 10 de julio de 2010

Hizo lo mejor que podía...


Caminante son tus huellas
el camino nada más.
Caminante no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Antonio Machado (1875-1939). Caminante no hay camino...

Hace poco tuve la oportunidad de conocer algunos pasajes de la historia de vida de un trabajador sexual que emplea las horas de los días de las semanas de sus meses dando masajes en un sauna. ¡No!, no se vaya a pensar que yo recurrí a sus servicios profesionales, tampoco se vaya a pensar que por vergüenza hago esta aclaración y con ella quiero ocultar que probablemente sí fui a verlo, ni mucho menos se piense que al dar esta justificación jamás pensaría en la posibilidad de hacerlo en caso que algún día piense que de una experiencia como tal podría conocer otros placeres llamados "non sanctos" por la gente cucufata de nuestra ciudad.

Bueno, el hecho es que un miércoles él pudo hablarnos algunos pasajes de su vida a un grupo de chicos, en los que me incluía yo naturalemente, y todos lo oíamos ávidos de saber más sobre la vida de un masajista profesional. Cuenta que a la temprana edad de 18 años aproximadamente empezó, primero, como trabajador sexual, y muchos años después conseguiría establecerse como personal estable de un sauna de Lima, pudiendo dejar con ello parques y calles de Miraflores, tan frías como solamente lo pueden ser en inviernos como los que ahora vivimos.
Saúl (por darle un nombre cualquiera) pasó una infancia y adolescencia muy duras: proviene de una familia disfuncional sin la presencia de unos padres cariñosos y preocupados que hubiesen visto por él, separados por problemas personales que no pudieron reconciliarlos jamás. De otra parte, la difícil situación económica por la que siempre atravesaron no le prometía un futuro como el que él se habría podido esperar. Supo lo que es trabajar desde muy joven, pero así como joven descubrió el mundo, joven también se inició como trabajador sexual. Saúl no niega que optó por ello viendo que era un trabajo rentable y en buena medida fácil de ejercer, sin contar además del hecho que era considerablemente placentero y gratificante.

Considera su trabajo bien remunerado y asume desde ahora que dentro de poco, cuando los años sigan pasando -y cuando ya no luzca como un hombre de 30 años pese a tener 42, no tenga más una estupenda complexión física y no sea ya guapo- deberá poner algún negocio que le traiga algunas ganancias y le permitan vivir sus posteriores años con alguna tranquilidad y sin el menor número de apremios. En ese sentido, Saúl sabe que no siempre será joven y bello, y no puedo dejar de ver en lo que dice que asume la vejez y la fealdad proprias de la vida y de la persona como el ocaso de algo que por sí siempre fue espléndido. Claro, tampoco se podría esperar que las considere como la oportunidad de repasar su trayecto de vida y buscar reconciliarse con los fantasmas de su pasado, esos que le impiden ver que no son causa del sendero de vida que decidió caminar.

En efecto, Saúl dice no culpar a sus padres de lo que fue su vida desde que a los 18 años supo lo que era el mal llamado "dinero fácil". Empero, no puede dejar de acusarlos que por la falta de apoyo que le brindaron él solamente encontró como única alternativa de vida el meretricio. Cuando le pregunté si, en medio de la confusión y malestar de esos años no había tenido absolutamente a nadie con quien conversar sus problemas y con quien intercambiar opiniones y pareceres, de quien recibir consejos y ayuda, me dice que no, que siempre estuvo solo y que no contaba con esos incondicionales amigos que le dijeran qué otros rumbos habría podido tomar su vida. En ese sentido, yo sé que miente. Es que me parece imposible que no haya habido nadie que le diga o está bien o está mal lo que hacía, o alguien que siquiera por curiosidad le hubiese preguntado sobre lo que empezaba a hacer. Simplemente no quiso decir nada, pero ¿por qué? ¿Sentiría vergüenza, miedo a la desaprobación?

Como Saúl hay muchas personas que se ven de una u otra medida constreñidas a asumir estilos de vida que, aunque desaprobados por nuestras conservadoras sociedades tercermundistas, muchas veces no encuentran caminos mejores que andar ni posibilidades de vida menos "indignas" que vivir.

sábado, 3 de julio de 2010

¿Y por qué no recordar a tu enemigo?



Desde el año pasado, si no me equivoco, una de las cerveceras más importantes de nuestro país lanza una campaña comercial que pretende celebrar cada primer sábado del mes de julio el Día del amigo. Obviamente a la cervecera le interesa poco la amistad como valor o como manifestación de afecto de una persona hacia otra. Lo que le interesa es vender más y más cerveza con la que cada vez un mayor número de peruanos pueda emborracharse, celebrando una festividad como la antes mencionada. De aquí solamente no puedo encontrar mayor inspiración para escribir un post ya que está más que clara la intencionalidad comercial que tiene la firma.

Sin embargo, pensando un poco en la idea de celebrar al "amigo" yo me hacía la siguiente pregunta: si ya se festeja el 14 de febrero de cada año esa insoportable celebración que se conoce como el día del amor y de la amistad, ¿por qué volver a repetir la misma a estas alturas del año, casi 05 meses después de ya pasada la primera? Empero, la respuesta, para este caso, también es bastante clara y palmaria. Más bien, me decía yo, ¿por qué si ya hay más de una fecha para celebrar la amistad y los amigos, por qué acaso no hay tan siquiera un día fijado en el almanaque para recordar al enemigo? ¿Qué de bueno tendría recordar a los enemigos, o por lo menos a aquellas personas de las que no queremos volver a saber nada más simplemente porque no se portaron bien con nosotros, porque lo único que nos une a ellas son en efecto recuerdos desagradables y que cuando reactualizados, en el peor de los casos, pueden volver a ser dolorosos? ¿Qué de provechoso habría en esto? ¿Quién sería tan masoquista como para permitir semejante cosa?

Bueno, debo confesar que yo soy uno de los no pocos -creo yo- que sí podría encontrar el beneficio en semejante situación. Recordar al "enemigo", a la persona non grata, a aquel que de sólo volver a visualizar en nuestra mente nos produces vascas sí tiene, en mi humilde y desquiciada opinión, algo de provechoso: te hace ver que hay ciertos episodios de la vida ya vividos que fracasaron por n motivos y que te unieron a x personas; que te sucedió tal o cual cosa porque sencillamente no estabas preparado para afrontar un experiencia de tal índole. La vida te agarró desprevenido o desprevenida y pudiste vivir algo que, aunque incómodo o doloroso, a las finales lo terminaste viviendo y ya nunca más, por más que quieras, lo podrás borrar de las páginas que conforman el libro de tu vida. Bueno, estas últimas líneas suenan bastante cursis pero es bueno insertarlas para sazonar este post.

Por ejemplo, ¿qué de bueno tiene recordar una fallida relación sentimental si ésta fue desagradable, penosa, molesta, humillante, ...? En el momento que tú, querido mortal, lo viviste, pensabas que habría habido siempre una solución para cualquier malestar que perturbara el curso armosioso de tu relación de amor con esa persona, pero estabas equivocado. Hoy por hoy caes en la cuenta que todo fue una mera pérdida de tiempo, que las personas no cambian cuando no consideran necesario cambiar, y no cambian porque no se sienten motivadas a cambiar, porque no las motivamos a cambiar.

Esto siempre lo tenemos presente, lo sabemos, pero, ¡ya pues!, necesitamos ocupar en algo nuestro tiempo sino éste se asemejaría a la eternidad, aparte de que no tendría movimiento y terminaría por hastiar. Cuando apostamos por una persona sabemos que, como la ropa que venden ciertas tiendas por departamentos en temporada de oferta por cambio de estación, viene con "fallitas", "defectitos" que más de una vez decimos: "no son muy notorios, nadie los verá", o también "puedo hacer algo por remediarlo y asunto acabado".

Pero no es así. Hay "defectitos" y "fallitas" que por más que lo podamos querer no se van a enmendar jamás. Y lo sabías cuando viviste una relación de amor y pasión con la persona que hoy por hoy detestas y cuyo nombre no quieres volver a oír jamás. Ahora, ¿qué hay de bueno en recordar esto? Es fácil, sabes que los errores que cometiste en el pasado no los deberás cometer nuevamente en el futuro. Recordar a ese "enemigo" te obliga a actualizar un comprimiso personal: "no debo tropezar con la misma piedra otra vez". Claro, esto también, pero además, y lo verdaderamente importante, es que en base a lo vivido, aunque malo, ganaste experiencia y con ella te será más fácil hacerle frente a los días venideros que tiene esta vida. Ya si te equivocas nuevamente y repites los mismos errores es que estás en serios problemas.

Es duro aprender de esta forma, por ensayo y error, la misma que, como más o menos ya se ha visto hasta aquí, consiste en probar más de una alternativa hasta encontrar la más adecuada, efectiva y eficiente, es decir, la solución para una situación determinada o un problema. En el transcurso se va adquiriendo conocimiento, el mismo que le es de vital importancia al ser humano para garantizar su propia supervivencia. Cuando se va camino a probar una segunda alternativa siempre con la premisa de encontrar una solución, el conocimiento adquirido es presupuesto vital para evaluar la alternativa venidera, valioso feedback que nos pre-dispone, si se quiere de manera positiva, a enfrentar la misma sabiendo qué pasos debemos dar y cuáles situaciones debemos evitar.

Finalmente, y ya sin tanto ánimo de sorna, sí es bueno repasar de vez en cuando lo vivido, sobre todo cuando estamos a punto de enfrentarnos a una situación con características similares a lo ya pasado, a modo de esquivar las posibilidades de fallar o de salir perjudicados. Pero pensar con zaña en el "enemigo" es una de las cosas más insanas que se puedan hacer, entre otros motivos, porque desgasta, envejece y afea. Hay eventos de la vida que simplemente deben ser considerados como meros hechos ocurridos, y personas a las cuales tan solo tenemos que ver como simples individuos.

domingo, 9 de mayo de 2010

Yo amo a mi mami


Madre, madre, tú me besas
pero yo te beso más
y el enjambre de mis besos
no te deja ni mirar.
Si la abeja entra al lirio
no se siente su aletear;
cuando escondes a tu hijito
ni se le oye respirar.

Yo te miro, yo te miro
sin cansarme de mirar
y qué lindo niño veo a tus ojos asomar.
El estanque copia todo
lo que tú mirando estás
pero tú en las niñas tienes
a tu hijo y nada más.

Los ojitos que me diste
me los tengo que gastar
en seguirte por los valles
por el cielo y por el mar.

Gabriela Mistral (1889-1957). Caricia


Estoy seguro que por el solo título de este post se pueda adivinar de qué tratarán las siguientes líneas que desde este momento y a continuación han empezado a escribirse en este blog. Pues sí, este es un post en el cual quiero expresar, como siempre lo hago, algunas apreciaciones y sentimientos que exclusivamente giran en torno a la celebración del día de la madre y al importantísimo papel que la mía propia juega en mi vida.
Mi madre se llama Martha y sin lugar a dudas es la mujer que mayor presencia ha tenido, tiene y tendrá en mi vida. Esto jamás ha excluído la posibilidad de que otras mujeres, igualmente bellas y telúricas, consiguieran encontrar un lugar no solamente en mi vida, sino también en mis pensamientos, sobre todo en mis pensamientos. Sin embargo, de entre todas, es definitivamente la presencia de mi madre la que de manera más fija ha podido establecerse en mi mente y en mi memoria en todos estos años de existencia que llevo.

Se dice que madre sólo hay una, porque de haber dos quién podría con ellas, y aunque esta frase sea una manera palmaria de ironizar sobre ellas y lo "intensas" que pueden llegar a ser, lo cierto es que son así porque no es poca responsabilidad y no son pocas preocupaciones las que se toman por los hijos. Si lo sabremos, en mi particular caso, mi hermano y yo, que siempre hemos sido testigos de las largas horas en que mi madre ha estado pendiente de nosotros, procurando cautelar de modo irrestricto nuestro bienestar, nuestro normal crecimiento a nivel psicológico, social y cultural. Tanto él como yo sabemos que jamás podríamos retribuir, materialmente hablando, todo lo que de ella hemos recibido, pero igualmente sabemos que es con nuestro afecto, respeto y compañía incondicionales como podremos decirle gracias.

Y es que una madre nunca espera que se le retribuya cuanto dio y cuanto continua dando por un hijo. En tantos años de vida que tengo y con mi madre a mi lado ella jamás ha deslizado la posibilidad de que le devuelva siquiera algo de lo que ofreció o hizo por mí. Y yo, a continuación, le he dicho que entre mis posibilidades de vida futura jamás he considerado como alternativa el no tenerla en mis planes personales. Claro, por esta manera de ver mi relación con mi madre siempre he sido diagnosticado como "paciente con mamitis". Yo solamente he escuchado lo que la gente me ha dicho y he procurado extraer de sus apreciaciones la lección mejor de éstas a modo de incorporarlas en mi proceder futuro.

De todas maneras, la historia que he vivido al lado de mi madre y las tantísimas noches de sueño que ella perdió por pensar en mí, en mi hermano, en nosotros, y en atendernos y devolvernos la serenidad para continuar la marcha hacen imposible que yo no pueda agradecerle con mi compañía y amor lo que un día dio sin esperar nada a cambio. Es que al menos yo no concibo otra posibilidad. Mi madre siempre fue madre y padre para mí, aunque esta afirmación está ya bastante manida como para yo querer afirmarme sobre la misma. Mejor preferiría decir que en ausencia de un padre devoto se hizo todavía más madre, una madre superlativa al punto de marcar con muchos visos de su carácter y personalidad los míos propios. No obstante, jamás he llegado a pensar que con ello me convertí en una extensión de las sensaciones y los afectos de mi madre. Yo, por ejemplo, a diferencia de ella no tengo la expectativa de tener hijos o pensar que estos me darán la felicidad... Mas sé que si pudiera permitiría que mi madre fuera madre de los hijos que no creo llegue a tener, porque quién mejor que ella para prodigarles todo el afecto y los cuidados que desde siempre recibí de ella.

No son fortuitas estas líneas que ahora intento dedicarle. Mi madre me ha demostrado ser tal no solamente por haberme dado a luz o por haberme cuidado desde que nací y lo siga haciendo hasta hoy. Me ha demostrado que es mi madre no solamente porque me ha dado su afecto, su ternura. Es mi madre porque me respeta y me quiere como soy, como el hijo que en suerte le tocó criar. Es mi madre porque en medio de mis noches de confusión sabe estar conmigo y acompañar mi llanto, devolverme la seguridad que en mí siempre ha sido frágil y decirme algo así como ¡si no avanzas sólo te quedará retroceder, entonces recomponte y sigue adelante!

Es mi madre porque soy su hijo, y como tal únicamente puede amarme. Y yo soy su hijo porque amándola puedo decirle gracias y estoy contigo... ¡Te amo mamá!

sábado, 1 de mayo de 2010

¿Qué pasó con Baby Jane?



What ever happened to Baby Jane? que en español se conoció como ¿Qué pasó con Baby Jane? (1962) fue el título de la película producida bajo la batuta del director estadounidense Robert Aldrich (1918-1983) y que reunió entorno a ella a dos de las más grandes actrices de los años del cine dorado de Hollywood: Bette Davis (1908-1989) y Joan Crawford (1904-1977) y basada en la novela del mismo nombre de autoría del novelista Henry Farrell (1920-2006).

Se cuenta que en tanto fueron grandes estrellas de cine ambas rivalizaron ferozmente por acaparar la atención de los medios de comunicación de aquel entonces, una disputa similar a la que enfrentaron -por ejemplo en el ámbito de la ópera- las sopranos Maria Callas y Renata Tebaldi. Estas dos grandes luminarias del séptimo arte se disputaban la condición absoluta de divas de Hollywood. En ¿Qué pasó con Baby Jane? paradógicamente tuvieron la ocasión de protagonizar a dos hermanas separadas por el fervoroso odio que una le tiene a la otra, y fue aquélla la ocasión perfecta para que ambas -tras los parlamentos que debían decirse- se expresaran su más intenso rechazo y enojo.
¿Qué pasó con Baby Jane? nos presenta la historia de las hermanas Hudson. Jane, inmortalizada como Baby Jane conoció la fama y el renombre cuando niña al triunfar en el canto y el baile, al punto de llegar a popularizarse tanto que se tuviera que hacer muñecas con su rostro y nombre porque el público la requería con vehemencia. Con el pasar de los años, Baby Jane deja de ser una niña y empieza a perder su buena estrella. La fama le deja de ser favorable, aún cuando busca hacerse de una carrera como actriz. A la par, Blanche, que de pequeña vivió a la sombra de su talentosa hermana, se verá reivindicada por la vida cuando de adulta sí consiga nombre y fama como una brillante actriz de Hollywood. Para entonces, su buena estrella terminará de opacar el recuerdo de la que alguna vez fuera aclamada por el público: su hermana, la Baby Jane.

Sin embargo, la carrera de Blanche se verá truncada por un intento de atropello protagonizado tanto por ella como por su hermana Jane de manera bastante confusa: Blanche queda inválida tras fracturarse las piernas y desde ese momento deberá vivir bajo los cuidados de la hermana Jane, que si acepta convertirse en su cuidadora personal será solamente porque así podrá seguir manteniendo el tren de vida que siempre conoció gracias al hecho de vivir a expensas de la rica hermana Blanche.

Jane, convertida en una mujer alcoholizada y turbada mentalmente, en su inmenso odio por Blanche, se comprometerá a hacerle la vida imposible al culparla de haberle quitado el sitial que alguna vez tuvo. La mantendrá incomunicada y en permanente estado de ansiedad y temor, al punto de servirle animales muertos en las comidas, hecho que terminará por espantar a Blanche de no querer probar bocado alguno. Con esto sólo conseguirá el paulatino deterioro de su salud física al no contar con una debida alimentación. En su desesperación, Blanche buscará más de una manera de pedir ayuda y no conseguirá mayor éxito: las inoportunas y siempre puntuales apariciones de Jane se lo impedirán.

La locura de la Baby Jane será tal que no dudará en matar a Elvira, empleada doméstica de la hermana, que llegará a enterarse del real y lamentable estado de salud en el que se encuentra Blanche. Más adelante, Edwin, un pianista fracasado que llegará a contactar a Jane tras leer un anunio de periódico en la que ésta busca un pianista que la acompañe en el relanzamiento de su carrera, también conseguirá saber del verdadero estado de salud de Blanche, hecho que alarmará sobremanera a Jane al punto de hacerla huir a la playa llevando consigo a la debilitada hermana. Allí se producirá una asombrosa revelación: no fue Jane quien, envidiosa del éxito de Blanche, intentó arrollarla con el auto, tal como decía la versión oficial del accidente que truncó la gloria de ésta última. Fue todo lo contrario, ya siendo famosa pero aún guardándole cierto rencor por la postergación que le hizo pasar cuando niña, Blanche buscará vengarse de Jane al premeditar un accidente de auto en la que Jane sale bien librada, pero que le causa un daño irreparable a Blanche. Aprovechando la ocasión y la alcoholización de Jane, Blanche hará creer que fue su hermana quien quizo acabar con su vida, pero al saberla su tal, no querrá denunciarla por ello, mas sí condenarla a cuidarla por el resto de su vida.

*
La riqueza de este film radica en la permamente atmósfera de inquietud que gira en torno a las hermanas Hudson. Ambos personajes están perfectamente delineados al punto de conseguir que el espectador llegue a comprometerse, con su propio temor, inquietud y ansiedad, con la trama de la historia narrada. No se puede estar ajeno al dolor y a la desesperación de la indefensa Blanche, que es presa de las consecuencias de aquel acto de insensatez que cometiera cuando joven y que seguramente habría deseado no llevar a cabo porque de esa manera se habría ahorrado posteriores años llenos de malos tratos, de indiferencia y de tormentos innecesarios. Empero, de ambos personajes, al menos a título personal, el que consigue trazarse de manera indeleble en la memoria del buen aficionado de cine es el que encarna Bette Davis al dar vida a la infame Baby Jane, y ello precisamente por el hecho de ser la mala de la trama.

Baby Jane sufre de una terrible nostalgia por el tiempo pasado que fue mejor, no resignándose a asimilar la idea de que el tiempo mismo fue el que se llevó la lozanía de la que gozaba cuando niña y que le acarreó la fama y renombre que la lanzaron al estrellato. No tolera no ser más quien fue y tener que vivir a la sombra del nombre de la hermana, a la que culpa infinitamente por haberla despojado de la gloria que alguna vez conoció. Demás está decir que es solamente la pura envidia la que lleva a Baby Jane a sindicar a su hermana como la responsable de su caída artística.

Por otra parte, al igual que Jane, Blanche alguna vez deseó ser una estrella y abandonar la penumbra en la que se encontraba al vivir soslayada por la fama y prestigio de su hermana. Pero era cuestión de esperar para que una mejor suerte le tocara y le hiciera conocer los éxitos que de niña tanto añoró. Sin embargo, lo que no deja de sorprender es que, habiendo alcanzado esa fama que por siempre deseó, orquestara un fallido accidente contra Jane. Por lo visto, pese a las luces del escenario y de las cámaras de filmación, Blanche aún guardaba rencor hacia Jane por los penosos años de infancia que tuvo que vivir, al estar despojada de un nombre y de todo ese seguimiento mediático que sí conoció Jane hasta abandonar los tiernos años de su infancia.

Jane es el más claro ejemplo de cómo las personas podemos llegar a concentrar en otra una aciaga responsabilidad gratuita de la manera más irracional y nociva. No le basta saber que en manos de terceros estuvo la decisión de no darle más cabida en el ámbito del gran cine. Como estos le quedan bastante lejanos a sus reales posibilidades de acción inmediata, sólo ve en la hermana -que para desgracia suya viera el nacimiento y florecimiento de su carrera durante los mismos años que la otra perdía toda fama- al único sujeto posible de hacerse depositario de sus odios y frustraciones.

Asimismo, Jane concentra todo ese odio en su hermana Blanche para así recordar día a día que hay alguien culpable de que ya no sea quien alguna vez fue, y con ello nuevamente caer en la repetición de que efectivamente en algún momento existió una niña bella reclamada por una gran audiencia y que se fue conocida como Baby Jane. Gracias a este mecanismo sado-masoquista, la Baby Jane consigue prolongar su vida de la manera más tortuosa que pueda existir, regresando a su pasado al volver a las fotografías que inmortalizaron dichos días de felicidad, pero que tras abandonar le causan hondo pesar y nostalgia, malestares que siempre buscará atenuar con la ingesta abusiva de alcohol y que la arrastrarán a la demencia más exacerbada.

La conducta de Jane, sin llegar a ser justificable y tan solo explicable, nos resulta -hacia el final de la película y cuando ésta cobra auténtico desenlace- como el producto de una serie de eventos tristes que pudieron evitarse con el recurso de la sensatez y de la asimilación y aceptación de los propios talentos personales de los que se posee. No siempre podremos ser quienes hoy somos. No siempre podremos vernos como hoy nos vemos. Baby Jane es el retrato más acabado de la resistencia tosuda que se puede poner contra el inexorable paso de los años; es el retrato de quien quisiera congelar la propia vida y reducirla a un periodo de la misma en que se fue grande, reconocido y bello.

viernes, 30 de abril de 2010

Acuario


A continuación una breve descripción de la forma de ser de los acuarianos.
Lo leí como post de una amiga en su página de Facebook y ahora quiero compartirlo.

¡Ah!, me olvidaba... Yo también soy Acuario... Lo soy porque nací un 23 de enero.



Acuario...

Por lo general es generoso y tranquilo, pero le encanta provocar.
No puede negar que le gusta demostrar inconformidad y marcar la diferencia.
Enamorado de la libertad, puede ser divertido, perverso, original,
engreído e independiente, pero también diplomático, suave, compasivo y tímido.

Un Acuario es independiente e intelectual,
pero lo malo es que le gusta llevar la contraria y es impredecible.
Es poco emocional y no comprende la complejidad emocional de algunas personas
y tampoco la traición entre amigos.

Hay dos tipos de Acuarios: uno es tímido, sensible, y paciente.
El otro tipo de Acuario es exuberante, vivo y puede llegar a esconder
las profundidades de su personalidad debajo de un aire frívolo.

Ambos tipos de Acuario tienen una fuerza de convicción y de la verdad muy fuerte
y son tan honestos que saben cambiar sus opiniones
si aparecen pruebas que muestran lo contrario de lo que pensaban antes.

A pesar de la personalidad abierta del Acuario
y de su deseo de ayudar a la humanidad, no suele hacer amigos con facilidad.
No entrega su alma con facilidad. Pero cuando lo hace es un buen amigo
y amante dispuesto a sacrificar todo por su pareja
y ser fiel durante toda su vida.

Sin embargo, a veces le toca vivir la desilusión emocional
porque sus ideales personales le llevan a exigir más de su pareja de lo que es razonable.
Si se le engaña a un Acuario, su furia es terrible.