domingo, 16 de enero de 2011

El hidalgo y el honor



¿Es posible consagrar una vida a la búsqueda del honor, máximo reconocimiento ganado en base al cumplimiento de ciertos decálogos morales tanto individuales como sociales que nos granjean el mismo conforme pasan los años? Estamos hablando de honor como aquella condición por la cual no solamente se goza de fama sino también de prestigio moral -repito- donde más de uno puede dar fe de que una persona ha sabido obrar de acuerdo a sus parámetros de vida ética -y siempre moral- sumándole a ello la expresa voluntad de hacer el bien. ¿Cuántos de nosotros hoy por hoy buscamos el honor? Sí, buscamos dinero, reconocimiento, fama, ¿pero el honor?... ¿Se nos hace indispendable llegar a tenerlo? Yo creo que no.

Buscar hacer el bien en toda la extensión de la palabra y enfrentar los convencionalismos sociales y las dobles morales que surcan las relaciones cotidianas de las personas en su interactuar del día a día no es una empresa fácil de acometer. Querer proceder bien es, pues, tener el coraje de darle cara a ciertos individuos, estructuras de poderes y nuevamente convencionalismos sociales con los cuales definitivamente no va a ser fácil luchar. Apegarse a un código moral y pretender cumplirlo, difundirlo y procurar que los demás lo cumplan encierra ciertamente un aura de dogma efervescente queriendo difuminarse que el que menos lo impele viendo la defensa febril que se le quiera hacer. Es que el problema -si bien es cierto que no está del todo en querer difundirlo, socializarlo- radica en que más de uno -cosa justa y lógica- tiene sus propios códigos de ética que de buenas a primeras no va a querer cambiar, por más convincente que puedan sonar nuevas propuestas de cómo conducir la vida moral en una sociedad siempre cambiante y desacralizadora.

Con todo ello se corre el riesgo de ser tildado de loco, y de pasar esto último, el discurso del loco queda si no del todo basurizado, al menos sí bastante soslayado como para querer ser nuevamente escuchado, por más que no todas las ideas que compongan el mismo puedan estar del todo cuadriculadas y tener cierta cuota de sensatez y de utilidad. Otra cosa igualmente lamentable es que el discurso del loco no solamente pueda parecer peligroso. El caso más o menos extremo es que pueda ser tomado como risible, y solamente en este caso se le busque escuchar porque divierte y ameniza. En ambos casos no se considera en toda su extensión la valía que pueda tener ni se detiene ya a reflexionar su contenido.

El Quijote de la Mancha consagró su vida a la práctica de la justicia entendiendo ésta como la máxima de las virtudes que el ser humano pudiera conocer y que en efecto debiera poner en práctica para hacer su vida más digna y apreciada por los demás.
Ángel Pérez Martínez (Madrid, 1971) en su libro Deshaciendo agravios. La idea de justicia en el Quijote toma la iniciativa de reivindicar al caballero de la triste figura revisando la tensión antropológica -según sus propias palabras- que atraviesa la búsqueda de este valor y su puesta en práctica. Según el autor, la virtud es la única aspiración del protagonista de la célebre novela de Cervantes, y el entendimiento de la misma por el Quijote reposa en los basamentos de la filosofía griega que consideran la misma como equilibrio y salud sin que ello le haga un héroe homérico cual Ulises.

El Quijote, así, es la toma de un distanciamiento con el cánon clásico de presentación de la figura heróica. Como se sabe éste es descrito por Cervantes como un hombre de complexión física magra y de semblante triste. A primera vista no habría armonía, no sincronizarían su vigoroso espíritu del cumplimiento de la justicia con su endeble resistencia corporal. Pero he aquí la novedad planteada por el autor español de querer romper con aquella práctica de sinonimizar fortaleza moral con fortaleza física.

El amor que el Quijote le profesa a la justicia como concepto puro y a su práctica le acarrea -como ya se mencionó antes- los riesgos de acometer una empresa por la cual se le termina tildando de loco, más temprano que tarde. Los embates de la incomprensión y el ser tildado de desequilibrado son cuestiones a asumir y superar por quien se adentra en las procesolas aguas de una de las aventuras más inflamadas que puedan conocerse. Y es que para el Quijote la justicia es la virtud del alma y condición para la felicidad, por lo que no solamente es querida por sí misma y su carácter utilitario sino por el placer que produce.
La práctica de la justicia requiere asimismo de un discernimiento preciso sobre lo que es justo y lo que es injusto y así saber obrar cual rey Salomón en la vida diaria.

Así, más allá de la justicia se encuentra el amor por el género humano, que se ve enriquecida por la misericordia como condición por la cual se perdona al contemplar la ignorancia y debilidad de los seres humanos al actuar. En el perdón del acto fallido del otro hay amor indudablemente. ¿Pero cuántos de nosotros sabemos perdonar? Perdonar no es solamente verbalizar una frase benevolente que pretende liberar al otro de su culpa. Es disipar el rencor que siempre se escurre por nuestras manos como el agua que no permite ser asida.
Y con la práctica de la justicia y la obtención del amor puede haber placer y felicidad, pero difícilmente hemos paladeado estos manjares en la vida.

domingo, 9 de enero de 2011

Aquí sí hay poesía



Cuando tenía 16 años, edad en la que tomé mayor contacto con la literatura y todos sus géneros, empecé a escribir poemas y cuentos diversos, destinados a varias personas e inspirados por sucesos particulares que conmovían mi vida. En ese entonces escribir ya era para ní una delicia, más aún porque lo hacía sin premuras ni presiones externas. Escribía cuando quería, más o menos como lo hago ahora, y escribía un poco de todo.

Hace unos días le pedí a mi madre que sacara del baúl de los recuerdos aquellos poemas que le escrbiera cuando era un adolescente enamoradizo y soñador. De entre los muchos poemas que desempolvó para mí pude encontrar los que a continuación publico. Lo hago a manera de salvar del olvido aquellas líneas que en un momento de mi vida se escribieron en tanto que yo soñaba con castillos en el aire y con la princesa de mis sueños. El traer a la actualidad estos poemas también significó recordar pasajes de una vida, la mía, que ya no volverán y que con este gesto se fijan todavía más en mi memoria, y así afirman la existencia de una pasado que fue lindo y que siempre permanecerá en mi mente, como una fotografía que no pierde color con el paso inexorable del tiempo, o como una melodía y su partitura, siempre con las notas bien escritas sobre el pentagrama y esperando revivir con una nueva reposición de su línea musical.


Para recordar

Sea la fe lo último que pierdas,
mira que con ella mueves montañas.
No claudiques ante una empresa a iniciar
que los grandes movimientos no se forjan
de la noche a la mañana.
Pero con fe, paciencia y esperanza
todo es posible conseguir.
Tu corazón no se encuentra solo,
nos tienes aquí, junto a ti
que te queremos y no te abandonaremos.

Procura llevar bien esta jornada,
con buen tino y sin errar.
Mira que este mundo es camino para el otro
que es morada sin pesar.
No devuelvas el cambio con mala moneda
y ten en cuenta que el Eterno administrador
pasará revisión de sus obreros
viendo quién supo hacer lo correcto
en su empresa que es la Vida.


No hay tiempo adverso

El tiempo puede parecer adverso
pero yo a manera de verso
te haré ver lo contrario.
Son cuántos los que a diario
nada que comer tienen en la mesa
y usted a Dios le reza
pidiéndole modere su castigo.
Pues, deje que me coma un higo
ante baladí tontería.

Mira que me caso con mi tía
en contra de tal estupidez.
¡Vamos!, a dejar la tosudez
y a mirar de manera positiva.
Sabes que Dios nos aviva
a seguir adelante.
Seamos como el poeta, Dante
y vamos a escribir un verso
que no hay tiempo adverso.


Valen las gracias

¡No sabes cómo doy gracias a Dios
por tener una madre tan abnegada
que con su amor, cariño y besos
cubre a sus hijos cuando hay marejada!

¡Quién como tú que jamás podrá fallar!
¡Quién igual a ti, comparación no se puede hacer!
Porque como tú mujer no podrá haber,
una similar no se podrá encontrar.

Con tu esfuerzo y ardua dedicación
estáte segura que ingratos no te seremos...
Nos formaremos en valores y educación.

Porque muy bien sabes que te queremos
y al oído te susurraremos una oración
y con amor en nuestros brazos te estrecharemos.


Otro soneto para mi madre

Madre, la palabra más sublime que un hijo pueda pronunciar
cuando por ejemplo el calendario marca el Día de la madre
o cuando por alguna causa especial a celebrar
se le conmemora por su doble esfuerzo de madre y padre.

Madre, palabra sublime que jamás se debe denostar
y ¡ay! de aquel que temerario se crea y lo haga,
ganado el castigo tendrá por haber querido osar
faltar a una madre, forma celeste y del hijo maga.

Madre, palabra sublime que muchos no pudieron pronunciar
porque la vida, severa y rigurosa impidióles...
O porque otros, malditos hijos, se negaron a querer.

Pero la conciencia es una voz que no se puede apagar
y porque mañana, al ir a sus funerales
verán a la madre que por tercos no pudieron aprovechar.


jueves, 30 de diciembre de 2010

Melodía de clarín




Se va el 2010 y con él el segundo año de El áureo clarín del verbo. Definitivamente espero seguir contando con lucidez, imaginación y buena voluntad para seguir posteando durando el 2011. Este año -y con el presente- llego a una cifra de 30 posts, menor a la del pasado año 2010 que escribiera 42. Menciono esto no porque se trate de escribir por escribir, aunque indudablemente la idea es hacerlo constantemente y hablando o comentando de manera inteligente y fluida sobre diversas cosas: personas, personajes, situaciones sociales, temas de interés, etc.
Mi blog también este año ha sido en ciertas ocasiones una suerte de diario personal en el que he dejado correr líneas que expresaran mis estados de ánimo y sentimientos. No veo nada malo en ello. Es sin lugar a dudas una de las mejores ayudas que tengo a la hora de sublimar algunos hechos muy particulares que solamente a mí me acontecen. Sin embargo, este año no me he valido tantas veces del blog para escribir mis sucesos personales, como sí lo hiciera el año pasado. Eso no quiere decir que el 2010 haya sido un año menos dramático en el sentido teatral de la palabra. Así, creo que haya sido el silencio mi mejor aliado a la hora de sentarme a reflexionar mis asuntos personales. Por semanas no he posteado con la frecuencia de siempre, y es que a veces -si no falta la inspiración o el tema para escribir- puede faltar la buena voluntad para hacerlo.
Durante el 2010 los temas de mis posts han sido diversos, desde haber escrito unos en los que hablaba de Claire Riveau y la fascinación que produce en mí, pasando por Lady Gaga y Vargas Llosa y su premio Nóbel hasta seguir compartiendo mi deleite por la ópera romántica, comentando piezas de Verdi y Puccini. En este sentido, El áureo clarín del verbo se ha perfilado como un blog que procura cubrir una rica y variada gama de temas y de contenidos a los cuales soy afecto y que con el mayor de los gustos me mueven a escribir. La aventura de sentarme frente a la computadora y pasar horas de horas volviendo líneas cada una de las ideas y los pensamientos que pasan por mi cabeza es fabulosa, única.
Así, y a modo de presentar una síntesis de los posts publicados este año, a continuación enlisto el título de los mismos clasificándolos de la siguiente manera:
Ópera.-
- La esperanza cifrada en un nombre.
- El rey ríe y el bufón llora.
- La pluma al viento.
- La condición hacia el perjuicio.

Todos ellos comentando la ópera Rigoletto de Giuseppe Verdi, y de esta forma retomando un trabajo monográfico que presentara para un curso cuando frecuentaba la universidad.
- El vuelo de la mariposa.
- El canto de un ave.
- La música de los sentimientos.
Tres posts inspirados en las 03 más grandes óperas que compusiera Giacomo Puccini: Madame Butterfly, Tosca y La Bohéme. Composiciones telúricas en mi apreciación personal, que Puccini consiguió legar a la posteridad y que definitivamnte pueden llegar a conmover hasta las lágrimas al espectador y buen oyente.

Literatura y crítica literaria.-

- En la llanura venezolana una raza buena ama, sufre y espera.
- La novela de la tierra.
- La búsqueda de la identidad americana en Doña Bárbara de Rómulo Gallegos.

Estos post contienen extractos de un ensayo presentado también en mis tiempos de estudiante universitario de la San Marcos y retoman algunas ideas sobre la monumental obra del escritor venezolano.

- Vargas Llosa, premio Nóbel de Literatura 2010.

Sin lugar a dudas un post que celebra que el más alto exponente de nuestra literatura peruana haya recibido el más codiciado galardón de las letras universales. En medio de ese júbilo rememoro aquellos días de mi adolescencia en que sus libros, junto a los de García Márquez, Flaubert, Goethe, Isaacs y otros hacían la delicia de mis días.

Música pop.-

- Bad girl.

El post en el que sin vergüenza me declaro admirador de Lady Gaga y confieso cuánto me deslumbra la locura que corre por su cabeza y que solamente ella sabe materializar en letras de canciones, en melodías de canciones y en vestuarios estrambóticos y escenografías rutilantes.

Arte y crítica.-

- Nada apaga mi noche.
- Algo enciende mi día.
- Por el arte.

Y sí, pues... Le sigo los pasos al arte, pero no solamente desde la perspectiva del admirador del talento innato que otras personas tienen para expresar en líneas, tonos, colores, matices y demás formas las imágenes y conceptos que tienen en la cabeza. También para interpelar la forma como el común denominador puede acceder al mismo y las limitaciones personales que no solamente puedan tener, sino la voluntad del artista de querer socializar lo que ve y dibuja o grafica. Soy un convencido de que el arte emancipa, y de que el artista debe cumplir un rol pedagógico en esta sociedad a fin de que haya menos gente sometida a convencionalismos sociales y poderes políticos que le permita ser feliz.

Televisión y cine.-

- Claire Riveau.
- ¿Qué pasó con Baby Jane?

El primer post, para conocer más de cerca los fantasmas que atormentan a Claire Riveau, personaje de la telenovela Isabella, mujer enamorada, protagonizada por la actriz mexicana Ana Colchero, de cuya belleza me enamoré. Además de esto, el personaje de Claire Riveau, antagónico de su hermana gemela Isabella me cautiva por ser uno muy bien actuado y con bastante carga teatral, dramática.
El segundo post, para horrorizarme ante los merecidos abusos que la veterana baby Jane descarga sobre su hermana Blanche. Otra de las tantas ironías del destino que llegamos a conocer ya sea a través de un libro, una canción, un cuadro o una película.
Sociología.-

- El deseo de Dios.

Y con este post se responde la siguiente pregunta: ¿quién ha dicho que aquellos que se consagran a una vida religiosa o de contemplación de la divinidad no gozan? Dios puede hacerse tanto o más deseable como un mortal cualquiera, y allá, en las iglesias, claustros y abadías hay miles de hombres y mujeres que tienen una experiencia sensorial tan rica como la que en este post se busca comentar. Así, Dios se hace deseable...

Reflexión varia.-

- La rosa roja... ¿y bella?
- Para que el clarín del verbo se mantenga áureo.
- ¿Y por qué no recordar a tu enemigo?
- Hizo lo mejor que podía.
- ¡Enciéndeme la luz que no me quiero quedar a oscuras porque tengo miedo!

Disquisiciones filosóficas que surgen en torno a la reflexión que puede generar la contemplación de una rosa, el esfuerzo de mantener amable la melodía de este clarín, la evocación del pasado y sus lóbregos protagonistas. Buscando entender -sin prejuicios- la vida de otros y confesando algo más que mi miedo a la oscuridad y la soledad.

La historia de mi vida.-

- El valor de la amistad.
- No sé si es amor, ¡pero se le parece tanto!
- Yo amo a mi mami.
- Un espléndido jardín.
- Los amigos que gané.

Simplemente puedo decir que ahí estoy yo. En la líneas de todos estos posts se sabe más de mí y de la historia de mi vida, que es la historia de todas las personas que han intervenido en ella.

Otros.-

- Acuario.

Y este post para -ayudándome del horóscopo y en el cual creo cada vez menos- bocetear cómo soy, mi carácter, mis emociones, mis puntos débiles. Podría considerarse este post dentro del grupo anterior, pero prefiero separarlo.
Con este último artículo cierro el 2010, sin dudar por un instante que espero que el 2011 siga dándome qué pensar para escribir. Ya me asalta la curiosidad de saber qué cosas nuevas estaré por vivir y quiénes llegarán a mi vida para protagonizar conmigo nuevos relatos de esta historia personal que solamente a mí me ha pasado pero que no me pertenece de manera exclusiva.

¡Feliz año nuevo!

sábado, 11 de diciembre de 2010

Un espléndido jardín


A ti...
Sabes muy bien que estas líneas te pertenecen...


En algún punto de la tierra se extendía un jardín, hermoso como pocos antes vistos, que reunía los más diversos tipos de flores con texturas suaves al contacto de la piel y de aromas amables, gentiles y cautivantes. Era en efecto un espléndido jardín. Lo era no solamente por sus más diversas flores -la mejor carta de presentación de este jardín y así su mayor virtud- sino también por el poder reconfortante de las propiedades internas (interiores) de aquellas. De verdad era un bello y buen jardín, y en ese punto de la tierra en el cual se extendía era visto por los ojos de los demás como un espacio puro y en el que se quería estar.

Cierto día, viendo Dios la belleza y bondad de este jardín, decidió encomendarle el cuidado del mismo a un jardinero solitario, de ojos negros y entonces tristes. Este joven jardinero era aún novato en su oficio, pero se notaba que tenía mucho afán, mucho esmero por mejorar y ser más diestro. Ante la proposición de Dios no dudó ni un segundo en optar por hacerse cargo del jardín y cuidar de él. El joven y solitario jardinero ya no estaría solo sino que podría con devoción atender el espléndido jardín, del cual no tardó en enamorarse considerando las cualidades maravillosas del mismo. Y así, un día de verano, un día 20 empezó con su tarea. Éran entonces el jardinero y ese magnífico jardín... Ambos tenían la oportunidad de consagrarse el uno al otro, y la experiencia de hacerlo también era bella.

El joven jardinero, que tiempo atrás se quejaba de su soledad, ahora se acompañaba con el jardín durante buena parte de las horas de los días de sus semanas, y era feliz, pero no lo sabía del todo como sí llegó a saberlo tiempo después cuando las cosas cambiaron y no hubo más jardín ni más jardinero que protagonizaran este relato. Y es que algunos excesos de sensibilidad de parte del joven jardinero causaron, poco a poco, que el jardín perdiera magnificencia... Sus flores, algunas de ellas y sin que se notara, empezaban a marchitarse por esta debilidad del joven jardinero.
Quien escribe estas líneas no deja de lamentar que el pobre no haya podido ser más constante y convencido de ciertas cosas que éran fundamentales para continuar aportando a la belleza de este jardín...

Pasó que un día el joven jardinero empezó a dudar sobre si era este jardín el más adecuado o no para él, y en reiteradas ocasiones iba donde Dios a preguntarle si le había dado el jardín adecuado que cuidar. Dios le decía que sí, a la vez que le aconsejaba esforzarse por disipar las dudas y los temores: "Hijo, si esas dudas y esos temores no cesan podrías hacer que el jardín y sus flores se marchiten... ¿Es que acaso quieres eso?", y el joven jardinero se marchaba de la presencia de Dios pensando "Sé que quiero, que amo este jardín, pero a veces siento también que no me da del todo cuanto tiene... ¿Debo pedirle más?". Y así, el joven jardinero se debatía entre cuánto quería y amaba el espléndido jardín y cómo hacer para que esas dudas y temores -infundados- se desvanecieran.

Quien escribe estas líneas no deja de lamentar que el joven jardinero se mostrara escéptico de las bondades que le ofrecía este jardín. El joven jardinero hasta entonces no había podido hallar el sosiego deseado... Hacía algún tiempo atrás había perdido a su padre el cual nunca terminó de enseñarle el oficio de la jardinería, y así el joven jardinero tuvo que ir aprendiéndolo solo, pero ayudado por el aliento de una madre que siempre estaba a su lado. El joven jardinero no podía borrar de su memoria la imagen de una familia cuyos integrantes poco a poco se habían ido desvaneciendo del retrato familiar que alguna vez conoció. El joven jardinero no confiaba mucho en las personas, pero no por ello cesaba en su anhelo por querer y ser querido. El espléndido jardín era la ocasión más propicia para compensar esos afectos y compañías ya no habidas y conocer otros todavía más especiales. Sin embargo, pudo más la duda y el temor que el amor...

Conforme pasaba el tiempo el vínculo entre el jardinero y el jardín -ya no tan espléndido- se desgastaba. El jardín ya no relucía como antes, y el joven jardinero ya no se esforzaba lo suficiente por remozarlo. De este modo, poco a poco el jardín dejó de ser espléndido y sus muchas flores empezaron a marchitarse. Cierto día, temprano por la mañana el joven jardinero acudió al jardín, y lo encontró totalmente seco, sin aquellas flores de aromas amables y texturas gentiles. Solo en ese momento entró en conmosión y quiso revivir su belleza, pero no pudo.
Buscó tierra buena y flores buenas que volver a sembrar y aportar a este jardín, pero no las encontró disponibles en ninguna parte. Luego pensó en el agua: "De hecho que el agua hará mucho y las flores de mi jardín renaceran", pero el agua tampoco estaba disponible. El joven jardinero se preocupaba todavía más. Apostaba porque el húmedo elemento pudiera hacer más que algo, y al no encontrarlo lloró. Y llorando se dió cuenta que contenido en sus propios ojos estaba el húmedo elemento que necesitaba. Así, empezó a llorar y llorar con tal de juntar todo lo que podía y dárselo al jardín, ahora opaco, gris.

Pasaba las noches, encerrado en su habitación, meditativo y triste, muy triste porque sabía que nunca podría llorar lo suficiente como para remediar la sequía por la que atravesaba el jardín. Se iba a la cama, a dormir, llorando como nunca antes lo hizo por otro jardín que jamás hubiere conocido. Su madre, que no permanecía ajena a su dolor, le acompañaba. Y sus amigos y conocidos le decían que "todo estará mejor, pasará la sequía y volverá a florecer el jardín", pero eso, lamentablemente, nunca llegó a suceder.

Así, el joven jardinero volvía a la presencia de Dios a pedirle que intercediera y le devolviera al jardín la belleza que siempre tuvo, pero Dios le dijo:

Hijo, es tarde...
El jardín que alguna vez conociste espléndido
por la bondad y belleza de sus flores
ahora está seco.. Lo puedes ver ahí, gris y sin el menor brillo.
El jardín se ha secado porque no pudiste acabar con tus dudas y temores.

Te ofreció todo lo que tenía y más
y sin embargo tu insensatez acabó por desgastarlo
y ahora ya no hay nada más que flores sin color
que alguna vez tuvieron cálidos aromas.

A todo ello el joven jardinero dijo: "Pero Padre, ¿qué puedo hacer?... Por favor, dáme una oportunidad más..." Y Dios le dijo por última vez:

Hijo, ya no hay más oportunidades...
Se te dieron todas y las dejaste pasar.
Ahora lo que te queda es empezar a resignarte.
Toma tus cosas y lo antes posible márchate,
te libero del cuidado del jardín. Éste, a su debido momento,
renacerá... Y vendrá otro que se encargue de él
y quizá se quede al lado del jardín para siempre...
Tu trabajo está concluído. Puedes retirarte.
Y al joven jardinero no le quedó más que empacar sus herramientas e irse. En el momento justo que estaba por partir giró sobre su sitio y miró por última vez el jardín que alguna vez fue bueno y bello, con el que compartió las horas de los días de sus semanas, y no pudo contener el descender de unas lágrimas más: "Una a una, las puedo ver caer, a cada instante, una a una", decía el joven jardinero. "Adiós jardín, algún día..." y en instante se le cortó la voz, no pudiendo decir nada más.

El joven jardinero retomó su camino y empezó a andar, y poco a poco a alejarse de aquel punto de la tierra en el que se extendía el jardín, que alguna vez fue espléndido como dos ojos negros, fijos contemplando la mirada del joven jardinero, que también alguna vez fue bello, un bello enamorado... Un enamorado de ese jardín... Sí, y en medio de su confusión, enamorado de ese jardín...

La moraleja en todo esto:

toma las rosas en tanto puedas que mañana podrían ya no estar para ti...

domingo, 21 de noviembre de 2010

¡Enciéndeme una luz que no me quiero quedar a oscuras porque tengo miedo!



El domingo de la semana pasada fui al cine con mi amigo Christian. Aprovechamos que se celebraba el Día del cine y nos dimos cita en Larcomar para ver Actividad paranormal 2, una película que recomiendo porque se luce con brillo propio como film de suspenso y de terror. Es una de esas películas que -sin llegar a ser una pieza maestra en este rubro de películas- consigue captar la atención del espectador de principio a fin, hasta hacer que uno brinque en su asiento de lo impresionado que puede quedar con ver el desarrollo de los hechos que la misma cuenta.
Más allá de entrar a comentar el argumento o la calidad dramática de sus actores, lo que quiero en esta ocasión es comentar un poco la importancia de tener miedo.

El miedo es uno de esos estados de ánimo que la mayoría de las personas no deseamos pasar. Bueno, en mi caso es una sensación que siempre he repelido con el mayor de mis esfuerzos. Siempre he conocido el miedo, y sobre todo, el miedo a lo que me es desconocido y no me es posible conocer. De pequeño era un niño miedoso, muy a diferencia de mi hermano que más de una vez se sonreía cuando le pedía a mi madre que se acostara a mi lado y que no se marchara hasta que me hiciera dormir. Le tenía miedo a dos cosas: a la noche -o lo que es más o menos lo mismo- a la oscuridad y a quedarme solo. Siempre he odiado la soledad, aunque con el paso de los años me he ido acostumbrando a ella. Pese a ello, aún no me es fácil estar solo. No digo que ahora tenga miedo a quedarme solo, pero ante ello muestro temor -que no es lo mismo a tener terror.
¿Por qué las personas podemos llegar a tener miedo? ¿Son nuestros miedos o temores similares? ¿Y de qué sirve tener miedo o temor? ¿Hay alguna utilidad práctica en llegar a pasar por un estado de ánimo de esta naturaleza? Precisamente lo que comento sobre el miedo que sentía cuando niño puede responder en alguna forma a estas preguntas. ¿Quién más que un niño para estremecerse de modo tal ante lo que no conoce, o ante lo que conoce y no desea que venga? El temer como un niño puede alcanzarnos remembranzas de esa etapa de nuestras vidas que no volverá más: la niñez. No somos más niños, y en efecto, ¡cuánto bien podría hacernos volver a serlo por tan siquiera unos instantes y recordar miles de cosas bellas y buenas que nos acompañaron durante aquellos años! Volver a actuar sin interés por lo que se nos va a dar a cambio de lo que hagamos, dejar de pensar mal de las personas o de que éstas van a hacernos daño, ver con inocencia el mundo, y a través de esa inocencia leer la vida y su pureza con claridad y sin tantos velos que son los múltiples convencionalismos sociales que nos marcan la pauta de desenvolvimiento personal y social.

Y cuando tenemos miedo, o tememos algo, solamente deseamos que tales sensaciones desagradables se vayan y que regrese la calma, la tranquilidad... El sosiego.
¿Cuánto sabemos de él? La mayoría de nosotros pasa buena parte de su vida deseando vivir en paz, pero en verdad son pocos quienes piden para sí mismos el sosiego. ¿Por qué pasa esto? ¿Es que hay una diferencia entre ambos?
En tanto que desear la paz comporta un estado de armonía que más de uno puede compartir con otro a la vez, el sosiego es un placentero estado de ánimo que se perfila como un goce muy personal, un goce que halla su réplica en la contemplación de la propia alma que no se ve invadida por la desolación, la ansiedad, la duda o la incertidumbre ni por turbación alguna. Cuando esto pasa se conoce el sosiego. Así, pues, unir esfuerzos por materializar cualquier proyecto de paz debe necesariamente pasar por alcanzar una armonía interior que es por excelencia la base para encaminar un proyecto mayor, más ambicioso y comunitario como es el de conseguir la paz entre los hombres y mujeres que pueblan esta tierra.

¿Y acaso cuando niños no deseamos alguna vez vivir en paz, y tomarnos de la mano con nuestros semejantes sin pensar en guerras ni enfrentamientos? Quizá hoy por hoy ya hayamos postergado un anhelo como este porque vivimos enfrascados en las preocupaciones de la vida cotidiana, que nos absorben sobremanera y que nos ponen como agenda otras preocupaciones menos etéreas. Pero cuán importante sería poder actualizar un deseo como éste, y así poder volver a sentirnos niños de nuevo.
Es siempre más bello revivir lo bueno que alguna vez fue. Ello, -como más o menos he querido mostrarlo- mejora la vida.

domingo, 7 de noviembre de 2010

La música de los sentimientos


La Bohéme es la ópera que más amo.
Es probablemente la primera ópera
que escuché completa cuando era niño.
Su historia es real y contemporánea.
Rodolfo y Mimí son muy humanos.
Ellos no son símbolos o héroes
sino personas sencillas:
aman, trabajan, luchan,
como muchos de nosotros hacemos.
Indudablemente, la música de Puccini
es la música de los sentimientos,
de las sensaciones, la pasión y las lágrimas.

Andrea Bocelli (1999).


No creo que compositor alguno jamás haya creado una obra tan inmensamente bella y triste como lo es La Bohéme (1896) de Giacomo Puccini (1858-1924) que a diferencia de Madame Butterfly o de Tosca no cuenta con antagonistas. En La Bohéme es solamente el destino el que no les permite a Rodolfo y a Mimí ser felices. Un destino que conocen día a día al ver su pobreza, una pobreza que -por ejemplo a Mimí- le impide acceder a los medicamentos que podrían curarle la tisis que padece, salvarla y permitirle realizar un sueño de vida al lado del pobre poeta que un día se enamora de ella. Así, ¿cómo luchar contra lo ya predeterminado, contra ese hado fatal que termina arrancándole a Rodolfo esa poesía que encuentra en la joven modista Mimí? ¿Es que no se puede más? Parece que no. La muerte arrebata de este mundo a Mimí simplemente por ser pobre, nada más. De haberse podido comprar las medicinas que necesitaba para su enfermedad no se habría muerto, y habría podido contar una vida llena de poesía al lado de Rodolfo. Sin embargo, La Bohéme da cuenta con estremecedor realismo de cuán implacable puede ser el destino, la vida, al llevarse a gentes sencillas que en medio de su humildad solamente tienen la osada aspiración de ser felices, como Rodolfo y Mimí.

Sabemos más quiénes son nuestros personajes por boca de ellos mismos, cuando hacia el primer acto de la ópera consiguen encontrarse y conocerse. Este acto atesora las dos arias más famosas que Puccini haya compuesto para las voces del tenor y la soprano: Che gelida manina que canta Rodolfo y Sì, mi chiamano Mimì que canta ella. En su canto no encontramos el relato de grandes hazañas, sino la descripción de los momentos que constituyen sus vidas cotidianas: unas vidas ordinarias en las que saben encontrar la belleza de la vida a través de la apreciación y valoración de los instantes sublimes y pequeños que efectivamente tienen ocasión de vivir.

Rodolfo es un poeta pobre que derrocha rimas e himnos de amor; Mimí es una modista que teje flores que no tienen olor y que teje en memoria de aquellas otras reales que le deleitan la vista cada primavera. Los dos están unidos por ese afecto por la estación más romántica que tiene el año europeo. No solamente la esperan cada término de invierno por permitirse una satisfacción estética que como pocas pueden darse el lujo de tener. La esperan también porque es el término de los días fríos, días que con su implacable condición gélida les arrancan las pocas fuerzas que tienen para trabajar, y entonces vivir. Más adelante, y cuando opten por separarse, lo harán poco antes de recibir esa primavera, que de una u otra manera les da la oportunidad de repensar sus tiempos y espacios venideros. Saben que no es fácil, pero saben que más difícil es no pensarlo.

Rodolfo y los otros bohemios, sus amigos Marcello, Colline e Schaunard también tienen inclinaciones artísticas: son pintor, filósofo y músico respectivamente, y en la expresión de su arte encuentran la bondad de vivir. Esta escena bohemia sorprende precisamente por cómo sus personajes consiguen demostrar que la vida puede ser más bella de lo que parece cuando se hacen las cosas que a uno le gustan, por más que las mismas no acarreen la fama y la fortuna. A su vez Mimí y Musetta hacen lo propio: la una con sus flores de tela y la segunda con el derroche de su coquetería cada vez que va por la calle y la gente la mira. Ella, cuando canta ese famoso vals del segundo acto Quando me'n vo da una lección que podría escaparse a la vista del espectador poco atento: Musetta celebra la belleza que le dio la vida, y eso ya le es bastante como para permitirle compensar su pobreza. Entonces ¿escogerá pasar su vida lamentándose por lo que no tiene cuando se sabe y la saben una mujer bonita? ¿Es eso ya poco? Indudablemente que no.

Pero como se habla de la vida se habla de la muerte. No podemos pensar en las cosas sin que a nuestra mente acuda su contraparte. Mimí no puede celebrar la vida que ama sin ignorar que la muerte le ronda todas las noches y le interrumpe el sueño cuando consigue hacerla toser. En La Bohéme la muerte es la inevitable antagonista, y decirlo no termina de sorprenderme. ¿Acaso no lo es para todos nosotros, y sin embargo no partimos de esta tierra tan solo por el hecho de considerar este aspecto, o de que la muerte aparezca un día cuando menos lo imaginamos? Este es un hecho aparentemente sencillo pero más complejo de lo que parece. En medio de su enfermedad y de sus dolores, Mimí desea dormir para ya no padecer más su mal. Es solamente durante las horas de sueño que consigue alivio. Y así, el destino quiere que salga de escena: durmiendo es que finalmente muere. Que Rodolfo grite con desesperación el nombre de Mimí -para su triste suerte- no la va a aferrar a la vida.

Los acordes finales de la ópera son los mismos que canta Mimí instantes antes de morir en Sono andati? fingevo di dormire. Así, la obra quiere perennizar la figura de una mujer sencilla, que vivió, pasó por este mundo sin que el resto de sus millones de habitantes se dieran cuenta, y aunque sin mayor fortuna material, no se fue de él sin saber lo que es amar.
Comparto el siguiente link que recoge la escena final de la ópera, con la muerte precisa de Mimí, interpretada por la soprano italiana Mirella Freni, y como Rodolfo, viéndola morir, el también italiano Luciano Pavarotti.

domingo, 31 de octubre de 2010

El canto de un ave


Nell'ora del dolor
perché Signor
perché me ne rimuneri cosí?

(En la hora del dolor
¿porqué me pagas así, Señor?...)


Es parte del reclamo que la cantante Floria Tosca le eleva a su Dios tras encontrarse en la severa encrucijada de salvar al hombre que ama matando a quien le persigue, o no mancharse las manos de sangre y presenciar la muerte de su amado, el pintor Mario Cavaradossi. La prueba es difícil y tiene que escoger. La elección es aparentemente fácil, pero acarrea un gran sacrificio de parte de esta bella mujer que solamente -como lo dice cuando canta el aria Vissi d'arte- vivió para el arte y el amor, no haciéndole daño a nadie. Es parte de la ironía del destino darle a los inocentes pruebas que les exigen grandes disposiciones de ánimo y de actitud, y Tosca se encuentra viviendo un momento así de difícil. Elige matar al barón Scarpia, perseguidor acérrimo de Cavaradossi y obstinado en poseer a la bella cantante. Scarpia quiere liberar el camino que la lleva hacia ella justamente liquidando al pintor, pero no lo llegará a conseguir, aunque más allá de la muerte que le cause Tosca, éste conseguirá hacerle ver su fiero rostro al arrebatarle al hombre que ama en medio de una escena que se pensaba una comedia.

Giacomo Puccini (1858-1924) compuso Tosca (1900) y desde su estreno esta ópera alcanzó la trascendencia esperada, al contar como principal protagonista a una mujer resuelta cuanto sensible y amante de la belleza de la vida, a la cual decide tributarle agradecimiento mediante su canto, la mejor de sus oraciones para el Todopoderoso. Ama a Cavaradossi, hombre al que cela, pero Tosca no tiene nada que temer ya que el pintor solamente encuentra inspiración en los profundos ojos negros de la cantante, ojos que le inspiran los mejores cuadros.

En el camino de ambos se interpone el barón Scarpia, que tras el rastro de un político sedicioso, Angelotti, llega a Cavaradossi al saber que éste le presta ayuda en su intento de esconderse de las fuerzas del orden. Así, y tras conocer a Tosca, Scarpia se empecinará en hacerla suya, y para limpiar el camino que la lleva hacia ella usará como excusa la amistad de Cavaradossi con Angelotti para acusarle de conspirador, poder apresarle y así no encontrar óbice alguno que le permita someter a la cantante a su pasión enajenada.
En efecto, Scarpia conoce a Tosca y ya no consigue tener mayor juicio que aquel único que le asegure que la hará suya, tal como se lo escuchamos hacia el final del primer acto de la ópera cuando -en el contexto de una misa y Te Deum- se compromete a poseerla, confesando con ardor febril Tosca, mi fai dimenticare Iddio (Tosca, tú haces que olvide que existe un Dios).

Apresado Cavaradossi, Scarpia le da a escoger a Tosca entre la vida o la muerte del pintor: la vida se la salva si ella accede a acostarse con él. Tosca presuntamente acepta, pero en el momento que éste se le acerca con la intensión de tocarla ella le da muerte clavándole un puñal en el corazón. Así, Tosca le hace ver cuán fiera puede ser con tal de defender su integridad y salvar las distancias de la justicia, aunque ello le cueste mancharse las manos de sangre. Mancha sus manos con sangre pero éstas en ningún momento dejan de ser dulces, tal como se lo canta Cavaradossi en la arietta O dolci mani:

O dolci mani mansuete e pure
o mani ellete a bell'opre pietose
a carezzar fanciulli, a coglier rose
a pregar giunte per le sventure.

Dunque, in voi fatte dall'amor sicure
Giustizia le sue sacre armi depose?
Voi deste morte, o man vittoriose
O dolci mani mansuete e pure.

Esas mismas manos que cejaron la vida de Scarpia acariciarán por última vez el cuerpo inerte de Cavaradossi cuando éste caiga fusilado. Tosca, pensando que aquel fusilamiento sería ficticio, enloquecerá de horror al ver el engaño y la venganza ulterior de Scarpia, que superando las distancias de la propia muerte regresará para terminar de separar a los amantes. Ante tanta desgracia, Tosca paga la vida que quitó con la suya propia, lanzándose desde las altas terrazas del Castel Sant'Angelo de Roma, pero jurando verse de nuevo las caras con Scarpia y ante ese Dios Todopoderoso que pareció nunca estar a favor del amor de Tosca y Cavaradossi al permitirles un desenlace aciago.

A continuación dejo el siguiente link que lleva a la escena final de la ópera, el instante más dramático y conmovedor de la misma. Para esta grabación participan la pareja de esposos Roberto Alagna, tenor francés, en el papel de Mario Cavaradossi y la soprano rumana Angela Gheorghiu como Floria Tosca. Excelente producción.