jueves, 14 de febrero de 2013

Porque el tiempo tiene grietas...


Quien no conoce nada, no ama nada.
Quien no puede hacer nada, no comprende nada.
Quien nada comprende, nada vale.
Pero quien comprende también ama, observa, ve...
Cuanto mayor es el conocimiento inherente a una cosa,
más grande es el amor...

Paracelso (1493 - 1541).



El amor no es lineal, como tampoco lo es el olvido. Y del mismo modo pasa con la amistad. Tanto amor como amistad se circunscriben a un tiempo y espacio determinados. Cuando suceden de manera espontánea y voluntaria se les aprecia en su total plenitud. Ni amor ni amistad pueden forzarse, mucho menos planificar su realización o el instante en el que surjan porque entonces se verían impostados. Esto no se opone al hecho que deban ser alimentados con tiempo, paciencia o dedicación para que entonces perduren en el tiempo. Cuando aparecen tanto amor como amistad algo cambia, pero no se sabe con precisión qué. Los días tienen una inspiración diversa que no consigue traducirse ni explicarse completamente en unas cuantas líneas. 

Tanto el amor como la amistad implican el despliegue de una expresa voluntad de conocimiento de la persona, de poder comprender su complejidad emocional y de adaptarse en cierta medida a la misma, haciendo muchas veces concesiones e incrementando los niveles de paciencia para no terminar desertando de alguna de estas relaciones. Muchas veces el lenguaje que se emplea para hablar de amor y amistad es un lenguaje cargado de idealismos y esencialismos, donde la idea de la eternidad del vínculo es fija. Pensar que el amor o la amistad podrían no durar siempre, o durar poco, genera ansiedades de las cuales muchas veces no somos conscientes. Tras todo ello hay un deseo de aferrarse a aquello que de alguna manera dota de sentido a las relaciones humanas. Un sentido que renueva la vida misma más allá de los ámbitos del trabajo, del estudio o de la comunidad. 

En un mundo convulso y sensacionalista como el de hoy las personas ya no tienen tiempo para cultivar grandes amistades. Lo que en cambio se cultiva con "contactos". Las redes sociales son el más preclaro ejemplo de lo ilusoria que puede ser la idea de amistad, donde se tienen presuntos amigos a los cuales no se ve jamás, o con los cuales no se habla jamás. Ni una llamada ni tampoco un chat pero pareciera que bastase tenerlos en una mera lista de contactos y entonces nos conformamos con saber que siguen siendo parte de nuestras vidas cuando ya pasa efectivamente todo lo contrario. Asimilar esta idea no es fácil. Nuevamente está el ansia de querer que estas personas no se vayan jamás de nuestras vidas. Pero indefectiblemente va a pasar que terminarán marchándose y esto es natural, por decir lo menos. Cada uno debe seguir un rumbo que muchas veces no marcha paralelo al de nuestros amigos. 
La riqueza de apreciar relaciones de este tipo radica en pensarlas en un contexto determinado de desenvolvimiento, con una vitalidad y belleza únicas que tenemos que hacer nuestras al máximo. Después que pasen quedarán los más lindos recuerdos y estos complementarán el bagaje de nuestra memoria.

Lo mismo sucede con el amor, aunque con mayor intensidad: se ama lo que se conoce y se conoce lo que se ama. Se ama aquello por lo cual se ha alcanzado un nivel de comprensión tal que ha superado un buen número de diferencias (no todas claro está). Y a su vez este deseo de conocimiento y comprensión se guía por el deseo ferviente de amar. Hay en todo esto una mutua correspondencia. Más allá del término de una relación amorosa o de una amistad, queda el recuerdo. De este recuerdo es que no podemos liberarnos. Empleo el verbo liberar no en un sentido negativo sino con algo de ironía, porque a nuestra mente regresan imágenes del pasado, algunas buenas y bellas como otras no que definitivamente nos siguen ligando, aún a la distancia sea de tiempo como de espacio, a aquello vivido. Igualmente y de modo inexorable, nos reportan aquello no tan bueno ni tan bello que nos unió a alguna persona y que precisamente fue la causa de que todo acabase.  
Se piensa que el olvido es lineal, que el no-recordar a alguien es posible. Sin embargo, cuando algún mínimo detalle regresa es que nos damos cuenta que ese olvido tiene sus grietas, por las cuales nuevamente se filtra la presencia -cada vez menos nítida- de las personas que alguna vez tuvieron importancia para nosotros. 

San Valentín es una fecha pensada para la celebración del amor, primero, y de la amistad, después. Pero porqué no pensar que en medio de tanta declaración amorosa o renovación de afectos uno puede sentarse a rememorar los viejos amores o las viejas amistades y -en la contemplación del vacío que nos dejaron-comprobar que aún conservamos la capacidad de reconocer el valor agregado que a nuestras vidas le dieron y lo que pudieron aportar a nuestra mejora como personas. Sólo así, creo yo, podemos resarcirnos del pasado, terminar de ubicarnos en nuestro presente y mantener la firme expectativa por el futuro.


miércoles, 6 de febrero de 2013

Nuevas tendencias de la teoría sociológica - Problemas más visibles de la sociología contemporánea


Los padres de la Sociología: 
Weber, Marx y Durkheim


Premisa.-
Si podemos hablar de nuevas tendencias de la teoría sociológica ya podemos constatar de hecho la vitalidad de la misma como cuerpo de conocimientos que con el paso de los años, de las diferentes transformaciones del mundo y superando el juicio de la historia ha renovado su compromiso por ofrecer un entendimiento más profundo del hombre, de su quehacer, del entorno que le rodea y en el que se desenvuelve.
Independientemente de los debates que se puedan producir al interior de la disciplina sociológica, algunos de ellos más encarnizados que otros, encontramos una ciencia que se fortalece con la actividad intelectual y académica de muchos de sus teóricos, quienes por la riqueza de las interpretaciones que ofrecen, bien pueden ser considerados pensadores, tributarios de una cultura humanística que -como su mismo nombre lo dice- siempre ha tenido y seguirá teniendo al hombre como centro de su quehacer. He aquí la cualidad imprescriptible que hace de la disciplina sociológica una de las tantas hijas de la Modernidad.

Nuevas tendencias de la teoría sociológica.-
Ofrecer una evaluación de las nuevas tendencias y perspectivas de la teoría sociológica constituye una empresa ingente. La diversidad de tendencias, orientadas por el surgimiento de la necesidad de entender de manera más acabada al hombre y su actividad social, de llegar a aquellos aspectos de su dinámica poco o nada explorados, ha hecho que desde diferentes espacios académicos (principalmente desde Europa y Estados Unidos) se comiencen nuevos estudios, aportando para la disciplina sociológica novedosas especialidades antes dejadas de lado.
A continuación se abordará algunos de los nuevos intereses de estudio que se han ido presentando al interior de la actividad académica sociológica que bien pueden ser considerados como nuevas tendencias de su labor científica.

a)      La identificación de saberes alternativos.
No es nuevo afirmar que, siendo la Sociología una ciencia que nació en Europa, el curso de la producción de su cuerpo de conocimientos haya estado marcado por una impronta etnocentrista de la cual difícilmente ha podido liberarse. Por la misma, se colige que el análisis de la dinámica del hombre -de su contexto espacio-temporal y de los procesos histórico-sociales por los que ha pasado- se ha tenido en cuenta desde una cómoda ubicación occidental. Es cierto que la riqueza de los estudios emprendidos, primero por los padres de la teoría sociológica y después por una retahíla de tributarios provenientes de países como Inglaterra, Francia, Italia, Alemania y Estados Unidos ha alcanzado tal magnitud y legitimidad irrefutable como cuerpo explicativo-comprensivo, que su aplicación a otras realidades, “periféricas” se ha dado casi de manera antojadiza aunque efectiva. Ciertamente, ha brindado un marco científico acabado con el cual se ha trabajado el estudio de la vida social sin oponer mayores cuestionamientos.
 De aquellos puntos geográficos más allá de los confines de los países arriba mencionados, de esas periferias es que precisamente ha surgido un nuevo interés por re-valorar los saberes alternativos al de tipo etnocentrista, esos que provienen de las culturas ancestrales y milenarias que precedieron cualquier tipo de proceso de colonización pensado y emprendido desde las Europas, igualmente dotados de criterios de rigor válidos en sus propios contextos y en sus propias prácticas sociales, tenidas por menores a ojos del invasor y su razón occidental.
La tendencia en este sentido versaría en considerar legítimo, per sé,  estos saberes existentes hasta el día de hoy y que han sobrevivido a los embates de la implantación de una maquinaria cultural occidental que el gran número de veces se impuso a la fuerza, costando la vida de hombres y mujeres con una lectura “diferente” del mundo. Esta lectura “diferente" ya bastaría para que tales saberes puedan entrar a los debates epistemológicos y científicos, venciendo el mito de ser simplemente meros cuerpos de mitos incapaces de entrar en diálogo con la razón occidental.

b)      Las temporalidades alternativas.
La concepción del tiempo lineal propio del pensamiento moderno occidental es una de tantas formas de concebir el tiempo y cómo en base al mismo se ha dado la organización de la actividad del hombre en sociedad, sin perder de vista su identificación con la misma.
Aquellas culturas ancestrales y milenarias ya concebían la organización del mundo desde un marco temporal diverso, único y ligado con la existencia de instancias divinas que distribuían el curso del tiempo de manera circular, por ejemplo, donde siempre había una vuelta al inicio que se dejó al partir, entendida como una oportunidad de volver a comenzar así como la ocasión para actualizar un estado de las cosas que habría de ser eterno de modo sempiterno.
Emprender estudios sociológicos volcados a comprender la organización temporal de aquellas culturas ancestrales conllevará a establecer una comprensión del poder y su estructuración social, la misma que se hallaba intrínsecamente vinculada al decurso del tiempo. Abordando la configuración del poder es que se llega a las relaciones de dominación y a los esfuerzos y mecanismos desplegados por los débiles o menos afortunados en su lucha por igualdad de oportunidades y equitativa redistribución de los recursos existentes.
La importancia de la consideración de la temporalidad versa en brindar la oportunidad de desanclar los saberes ancestrales de un pseudo-primitivismo en el que se encontraban inmersos, al ser presuntamente diacrónicos con la temporalidad exportada por la modernidad occidental y por lo tanto, mal tachados de carecer de un auténtico marco explicativo-comprensivo de la dinámica del hombre.

c)      Reconocimiento de la igualdad y de la diferencia.
Hablar del reconocimiento de la igualdad y de la diferencia de las personas trae aparejado el concepto de la clasificación social. La igualdad y la diferencia, a su debido tiempo, podrán acarrear la adscripción de las personas a un estado de respeto de sus facultades y prerrogativas así como su legítima oportunidad de oponer reclamación y restitución por un cuerpo de derechos vulnerados, de ser el caso.
Sin embargo, en la diferencia está una de las principales armas de discriminación y segregación social, al endilgar de manera antojadiza características “diferentes”, no “normales” a quienes no se les puede identificar de manera directa e irrefutable dentro de un determinado statu quo de las cosas y de las prácticas sociales.
Descalificando las prácticas sociales “alternativas” de aquellos que deliberadamente se llama “diferentes” se asiste a una descalificación de la persona. Los nuevos estudios sociológicos orientados en este sentido se encaminarían a desentrañar en qué medida la identificación de estas diferencias aporta a la configuración de una jerarquía, donde unos son los legítimamente llamados a gozar del establecimiento y la dación de facultades y oportunidades en contraposición de otros, que por su presunta “no normalidad” son constantemente interpelados como sujetos de derecho.
La igualdad y diferencia como conceptos de reconocimiento han sido algunas de las armas más manipuladas -si no las únicamente manipuladas por excelencia- con las que, de la manera más fanática, aquella modernidad occidental se impuso en los espacios periféricos. Los conquistadores españoles sometieron a los nativos de nuestras tierras materializando este proceso a través de estrategias de sometimiento  que se pretendieron justificar por una “no igualdad” identificada entre los primeros en relación de los segundos. Del mismo modo, las grandes persecuciones religiosas que ha visto el mundo desde que es tal han estado alentadas por la reclamación de una igualdad de credo tenido como verdadero y bueno, ello en detrimento de otros credos “diferentes” y por lo tanto apóstatas.

d)     Otras formas de productividad.   
Otra tendencia de los actuales estudios sociológicos consistiría en recuperar y valorar los sistemas alternativos de producción (organizaciones económicas populares, cooperativas obreras, economía solidaria)  que el dogma productivista capitalista ha denostado, restándole credibilidad y negándole cualquier posibilidad de configurarse como un paradigma de desarrollo y crecimiento económico. De este modo, tales alternativas de producción se han mantenido relegadas y subordinadas a la lógica capitalista, confirmada por el proceso de globalización.
Concentrar esfuerzos de análisis y estudio de estas formas alternativas de producción significa entender cómo se piensan las relaciones de valorización, intercambio, negociación y crecimiento económico para aquellos mundos periféricos con prácticas sociales diversas y múltiples.
Asintiendo con el parecer y apreciaciones del sociólogo Boaventura de Sousa Santos, de quien se han tomado los aportes, considerar todos estos aspectos como cuestiones de interés para la forja de nuevas especialidades de la disciplina sociológica comporta sacar de un largo estado de silenciamiento, supresión y marginalización a aquellas realidades que suman a una versión más amplia de la realidad, la que supera los parámetros pensados por la modernidad occidental, donde las mismas tienen actividad y existencia propias.

Problemas de la Sociología contemporánea.-
Al comenzar este acápite se habló de la vitalidad -y por qué no decirlo, actualidad- de la disciplina sociológica merced de la pluralidad de perspectivas teóricas y de especializaciones que constantemente se forjan al interior de ésta. Dicha multiplicidad de enfoques teóricos es la garantía mejor que mantiene a la Sociología a salvo del dogma o de devenir en un cuerpo de saberes estáticos y poco o nada acordes con la evolución del hombre y su vida social.
Gracias a esa multiplicidad es que se llevan a cabo las más ambiciosas investigaciones, todas ellas apuntando a brindar mayores aportes al entendimiento de la cuestión social, de su particularidad según el marco geográfico que la alberga y de su singularidad reafirmada a través de la historia y su juicio. Así, antes que ver estos problemas de la teoría sociológica como tales, veámoslos como la invitación a investigar y la oportunidad de agotar recursos y medios que nos permitan dar mayores luces que sumen a un cuerpo de conocimientos todavía más rico y funcional al interés del hombre por dominar la naturaleza.

a)      El problema de la acción humana y la estructura social.
Los esfuerzos por resolver este problema apuntan a ver en qué medida los individuos crean y re-crean las innumerables condiciones de sus vidas, qué tan amplios son sus márgenes de su dinámica y si, por su creatividad e ingenio, son capaces de ir más allá de la fuerza de las estructuras sociales reposadas en sus instituciones, en sus prácticas legitimadas por la repetición y la historia.
La idea acá es dar luces sobre cuán libre es el hombre, o si vive apresado en una jaula de oro que le engaña y le hace creer que él es el amo y señor de sus acciones, dándole a vivir una de las más espléndidas ilusiones. El individuo es un producto inacabado del resultado de numerosas fuerzas sociales que le van configurando a través de los años, modificando sus pautas conductuales y actitudinales de acuerdo a unas disposiciones de poder que piensan y establecen las mismas como las más funcionales a su perpetuación por parte de unos dominadores, que a su vez fijan la maquinaria del consenso social. Con ella presuntamente quedaría anulada cualquier iniciativa de réplica y replanteamiento del orden social.
Si bien es cierto que tales estructuras sociales no cayeron del cielo, sino que son producto del hacer del individuo, éstas una vez establecidas difícilmente posibilitan una ocasión de replanteamiento que las lleve a ser modificadas o sustituidas por nuevas reglas de juego, más aún si se ha caído en la cuenta que tales reglas de juego son útiles, productivas y coherentes con la preservación de un estado de bienestar idealmente generalizado y que ha conseguido respaldo a través de los años.
En resumidas cuentas, el mismo hombre construye su prisión cultural, a la cual se adecúa, luego ésta le ofrece todo cuanto tiene a su disposición y -según los vientos que soplen- deja de satisfacer al individuo, al no poder cubrir (inicialmente) sus nuevas necesidades. En ese momento es que se puede hablar de un replanteamiento de las estructuras y sus instituciones, aunque el inicio de la discusión no inexorablemente augura el surgimiento de un nuevo paradigma.

b)      El consenso y el conflicto.
Hablar de consenso y de conflicto como base de la génesis y desenvolvimiento de la vida social es parte de uno de los dilemas más antiguos de la teoría sociológica y que, sin embargo, cobra cada vez mayor actualidad gracias a unos procesos globalizadores que cuestionan un estado de armonía entre las personas, precisamente porque des-vela situaciones de dominación y de inequitativa distribución de los recursos y de su acceso a los mismos.
La  vida social como tal entraña la contradicción de un crecimiento y desarrollo que al parecer es posible gracias a los enfrentamientos de diversos grupos de interés, de cuyas luchas a las finales queda la lección de fijar buenas prácticas que posibiliten un contexto armónico de desenvolvimiento de la vida en salvaguarda de la continuidad de la misma y de todo lo humanamente creado.
Caer en cualquiera de las dos posiciones sin ofrecer un análisis a profundidad es asumir una actitud ingenua frente a la pluralidad de la dinámica social y su complejidad. Verlo todo como armonía, donde se pueda decir que gracias a un consenso absoluto de las cosas es que marchan las sociedades representa la más cándida de las afirmaciones así como la menos histórica.
Igualmente, pensar que todo es conflicto y una lucha eterna de intereses que jamás encuentran un punto medio de recíproca satisfacción es deslizar la posibilidad de que la causante del presunto no progreso de la sociedad es la vida social misma, de donde se colige que la opción alternativa es la vida fuera de la sociedad. Sin embargo, parcialmente gracias a ambas es que las sociedades, el hombre mismo, han conseguido avanzar y de cuyas luchas se ha arribado a un consenso merced del cual se puede hablar de un progreso de la vida social por medio de la exposición y planteamiento de ideas (e intereses) que han visto superadas las divisiones, tensiones y luchas.

c)      El género
Si hay algo que caracteriza a los saberes de la modernidad occidental, no solamente por su factura etnocentrista es el hecho de que han sido pensados por hombres y mirando a un objeto de estudio la mayoría de las veces asexual. No se ha considerado el rol de la mujer con la debida atención y siguiendo el curso de su evolución e intervención en esa empresa que significa transformar la naturaleza e intervenir en la sociedad.
Atender la resolución de este problema conlleva sentarse a pensar cómo es que las mujeres asimilan y re-producen los diversos procesos sociales en comparación del hombre. Es enfocarse en la existencia de susceptibilidades y de configuraciones históricas de la personalidad definitivamente diferentes entre sí. Y en la  medida de su diferencia es que posibilitan márgenes de acción e innovación que no pueden escapar del estudio sociológico.
Este aspecto podría ser llevado más allá, hacia el estudio de aquellos individuos que no nacen mujeres pero que se someten a la acción de mecanismos culturales de configuración de la feminidad que, efectivamente, les permiten devenir mujeres “culturales”, si no biológicas.
Acá media sobremanera el concepto de identidad de género, el cual ofrece los insumos explicativos necesarios para entender que el mismo, como categoría social, se construye de acuerdo a las imposiciones de la cultura y del medio, dejando muy poco margen para replicar este proceso y optar por otras alternativas.

lunes, 28 de enero de 2013

Características de las migraciones internas en el Perú en los últimos 50 años




Introducción.-
En nuestros días, la migración se entiende como un proceso casi natural por el que las personas dejan sus lugares de nacimiento y de vivienda para trasladarse a otros en los que presumiblemente encontrarán mayores oportunidades de desarrollo. Ante la expectativa de vivir experiencias, diferentes a las que las personas están acostumbradas, y poder entrar en contacto con aquello que el mundo de hoy ofrece, las personas abandonan aquellos sitios que los vieron nacer o donde pasaron algunos años de sus vidas, para salir en busca de nuevas oportunidades y de nuevas sensaciones.
Se migra para ir a buscar cosas que vivir y que ver, que le permitan al individuo acrecentar su conocimiento sobre sí mismo, sobre los demás, sobre la vida. Más allá de anhelar mejores condiciones materiales de crecimiento, al cambiar de  lugar se va a la búsqueda de un replanteamiento de la propia vida desde nuevas experiencias, ricas y vitales, que doten de sentido a los actuales días y que permitan un mejor repaso de los años previos vividos en la tierra que se deja.

El inicio de las migraciones internas.-
Para entender las migraciones internas ocurridas en los últimos 50 años en el Perú se debe tomar en consideración la evaluación de 02 procesos sociales que afectaron la configuración y modernización del país:
a)      El proceso de urbanización.
b)      El crecimiento demográfico.
Por el primero de ellos debemos entender que, a medida que el Perú pasaba por procesos de crecimiento y expansión económica, el aparato estatal comenzó a ampliar su llegada y a robustecer su presencia en todos los puntos del territorio nacional. Economía y política de la mano permitieron el surgimiento de espacios urbanos que paulatinamente fueron postergando el ámbito rural.
Allí donde sólo había concentraciones humanas y un tramado conformado por básicas relaciones sociales de producción e intercambio que posibilitaban la vida es que el Estado implanta sus grandes ciudades. Toda una maquinaria modernizadora acompaña el establecimiento de estos nuevos núcleos urbanos, expresado en casas de material noble, en edificios para las diversas dependencias del poder del Estado, en redes de agua y alcantarillado, luz y teléfono, en escuelas y centros de atención médica. El Perú, así, estaba demostrando que comenzaban nuevas épocas de crecimiento, en medio de un contexto mundial históricamente inolvidable que económicamente le favorecía.
De su parte, por el incremento de la población es que se entiende la migración del campo hacia la ciudad. Los espacios rurales quedan relegados ante las innovaciones modernas que se van concentrando en los nacientes y soberbios espacios urbanos. Miles de peruanos que habían pasado sus vidas en los campos, regentados por una organización latifundista, dejan la comunidad de origen y se embarcan en una aventura diferente, prometedora de nuevas y mejores oportunidades de vida.
Sin embargo, llegar a las grandes ciudades no significó en ningún momento el hallazgo de un paraíso. Parecía que estas nuevas concentraciones urbanas no estaban pensadas para foráneos, gente proveniente de otras partes del país portadoras de pautas sociales y culturales diferentes. Ante ello, los miles de migrantes optan por apropiarse de las áreas libres en estas ciudades, dando paso al surgimiento de lo que conocemos como barrios, barriadas o asentamientos humanos, alternativa que les fue obligada a tomar a modo de solucionar su problema de vivienda.
Estas ciudades aparecían tentadoras a los ojos de estos migrantes, de estos campesinos que hacía poco habían dejado un régimen duro y explotador en el campo, en el latifundio. Estas ciudades se perfilaban como espléndidos polos de desarrollo en continuo florecimiento, pero que como estructura de organización social de las personas no estaba contemplada para quienes no habían crecido en ellas. En virtud de ello, migrantes y campesinos deciden no tirar por la borda el enorme esfuerzo que les había demandado dejar el propio terruño, por lo que se asientan en las áreas libres y con el paso de los años van consolidando una notable presencia, superando los embates de una nueva vida lejos de “casa” y adaptándose con astucia a los diferentes procesos de modernización que después se sucedieron.
Esta migración, de carácter espontáneo evidentemente, puso bajo cuestionamiento el poder del Estado y su capacidad de satisfacer las necesidades de todos los peruanos a lo largo y ancho del territorio nacional. Permitió repensar las oportunidades de vida y desarrollo que a todos ellos se les brindaba lejos de la imponente Lima. Asimismo, fue la ocasión de evaluar qué medidas se debían tomar en torno a este “asalto” a las ciudades y su floreciente modernización y cómo reencauzar un fenómeno social de esta magnitud. Se tiene, entonces, a un Estado cuya autoridad se ve cuestionada y del otro lado a unos sectores populares migrantes que establecen un propio orden y organización social, que dista de la que oficialmente se impone desde los diversos aparatos burocráticos del Estado peruano.
Vemos así que la actitud de estas clases “emergentes” es contestataria, recusa las leyes (ya desde el momento mismo que decide asentarse en espacios libres sin optar por los regulares mecanismos de población de un espacio geográfico) y enfrenta a las instituciones y los dispositivos legales que regulan la vida social por aquellos años. Se asiste, pues, al nacimiento de un nuevo orden que desde esos años hasta la actualidad se va a conocer como informal.

Causas de la migración.-
Los últimos 50 años del siglo pasado de la historia peruana nos presentan el auge de una institución económica férrea como lo fue la gran hacienda, detentadora del monopolio de grandes extensiones de tierra, de las que se extraía sus recursos merced de la aplicación de mecanismos de explotación en perjuicio de campesinos y comuneros, en los que se encontraba una mano servil y mal recompensada. La hacienda era regentada por un hacendado que concentraba en sí un poder político de carácter regional y que se hallaba intrínsecamente ligado a un poder mayor, central, como lo era el gamonalismo.
No solamente se desplegaba una maquinaria político-económica abusiva sino que en términos culturales postergaba la riqueza de las prácticas milenarias provenientes de la cultura andina y del bagaje de su infinito universo de significados sobre el hombre y su fuerte y noble ligazón con la tierra. Pese a este contexto desfavorable, los hombres y mujeres del ande consiguieron mantener a salvo dicha riqueza cultural a través de una práctica silenciosa que consiguió llegar hasta nuestros días.
Fuera del Perú, el mundo experimentaba un importante crecimiento mundial después de haber vivido una infausta II Guerra Mundial. De ello el Estado peruano se había beneficiado gracias a las importaciones de materias primas y de insumos destinados a la actividad bélica, que en buena medida daban cuenta del final del auge de aquellos espléndidos años del auge del guano y del salitre.
Nuestro Estado comenzaba a verse robustecido por grandes préstamos privados y ambiciosas inversiones extranjeras que dotaron de desarrollo a las zonas de la costa norte y central del Perú, a través del establecimiento de enclaves de petróleo y azúcar. Lo propio ocurrió en la sierra pero en términos de actividad minera. En medio de este marco comenzó la expansión comercial que hizo posible el surgimiento de grupos de poder económico y político que van a participar en la toma de las más importantes decisiones para el país en las próximas décadas.
Todos estos procesos modernizadores dieron lugar a un Estado nuevo, acorde con su momento histórico y que paulatinamente estaba dejando atrás aquellos fuertes rezagos coloniales que hasta los primeros 50 años del siglo XX todavía existían y encontraban presencia no solamente en las haciendas y latifundios sino en toda la organización de la vida social por la vida económica.
Se tiene así un país con nuevas capas populares que cada vez más toman parte en la vida política del país y a las que los diferentes partidos políticos habrán de dirigirse, precisamente al ver su carácter dinámico y pujante. Entonces, del extranjero no solamente llegará esta modernización que se traduce en movimiento económico, en negociaciones comerciales o en compra de maquinarias sofisticadas. También llegarán las ideas de justicia social, equidad y participación política que imperaban por aquel entonces en Europa y que con algunos años de retraso conseguirán eco en el Perú.
Muchas de estas ideas serán canalizadas a liberar el campo del abuso latifundista todavía existente aunque ya sin el esplendor de los años pasados. Lo que se conoció como alcanzar la libertad del indio y la reivindicación del obrero serán dos de los temas que con mayor fuerza estarán presentes en la agenda de los partidos políticos, algunos de los más saltantes de esos años como el Partido Aprista Peruano o el Partido Comunista.

Las situaciones desfavorables.-
Se entiende el proceso migratorio del análisis de las difíciles condiciones de vida que tienen lugar en el campo, y por extensión, en todo el mundo rural. Partiendo de la existencia de las grandes haciendas y latifundios que entonces se erigían como entidades absolutas de la dominación territorial se comprende la férrea concentración monopólica de la misma como espacio no solamente para el ejercicio de un abuso de tipo social y económico sino también político.
Las comunidades campesinas se ven así condenadas a vivir en la pobreza y en el escaso o casi nulo acceso a recursos que posibiliten una vida más digna. Obviamente no hay una distribución de riquezas ni se da el debido valor a la figura del campesino o del comunero, que presta su mano de obra servil para un trabajo arduo del cual no se verá justamente gratificado. A la par, la población de estas comunidades irá incrementándose y estará aparentemente condenada a vivir en espacios reducidos e inadecuados.
Todas estas tensiones sociales se pueden resumir en marginación política y social, que trae aparejada la invisibilización del campesino, de la ausencia de sus derechos y de las debidas instancias legales a las cuales pueda dirigirse para reclamar mejores y más justas condiciones de vida que le permitan subsistir y que le garanticen un futuro digno para su descendencia. Carentes de una voz, de una representación y de los adecuados canales de expresión de sus necesidades optarán por abandonar aquel contexto de abuso, maltrato y dominación en busca de una oportunidad de crecimiento, entonces ofrecido por las grandes ciudades y su dinámica económica.

Las alternativas.-
Ante el panorama desolador arriba expuesto se presentan 02 alternativas bien definidas. De una parte está el imposible reordenamiento a profundidad de la tenencia de la tierra, del arreglo de  las relaciones económicas y sociales a través de la intervención del Estado en cuestiones de organización del agro. Esta alternativa acarreaba unos costos y unos esfuerzos que la desidia de un Estado peruano como el de aquellos años -empachado del flujo de capitales e inversiones- no permitió canalizar hasta la llegada del primer gobierno del presidente Juan Velasco Alvarado.
La otra posibilidad era emprender un éxodo del campo a la ciudad que aliviara todas las tensiones hasta ahora expuestas y que con ello no incurría en la modificación de las estructuras de dominación imperantes en el mundo campesino. Definitivamente esta segunda posibilidad fue la que entró en vigor por su viabilidad y sus menores costos sociales. De aquí en adelante estos migrantes encontraron un camino de acceso inmediato hacia las grandes ciudades, y sobre todo hacia Lima, gracias a recursos como las redes viales, que facilitaron su traslado y que por aquellos años se encuentran extendidas por casi todo el territorio nacional, merced de la política de modernización emprendida durante aquellos años (hablamos de finales de la década de los 40 e inicios de la década de los 50).
Todas estas transformaciones económicas favorecieron la migración provinciana hacia la costa. Puntualmente, la bonanza de las exportaciones, la expansión industrial a nivel internacional y las grandes políticas organizadoras de los gobiernos de turno (General Manuel A. Odría) permitieron el incremento de inversiones gubernamentales en obras públicas. De ello que un reflejo nítido de este proceso se haya visto en las redes viales y carreteras que como rutas de penetración facilitaban la intercomunicación de los pueblos.
Otras grandes inversiones se apreciaron en planes de vivienda urbana, mejora de la infraestructura educativa y de salud, creación de fuentes y puestos de trabajo por el auge de las exportaciones. Ante todos estos fenómenos económicos es que se entiende la aparición de las tendencias migratorias, las cuales de esta forma consolidan su proceso.
El siglo XX se cerrará con la el definitivo establecimiento de grandes contingentes de migrantes en Lima metropolitana, a la par que el Estado peruano ya habrá cobrado presencia en todo el territorio, interactuando con las diferentes regiones y pueblos del país, ya incluidos en la vida nacional y en la toma de decisiones políticas.
Estos nuevos sectores populares, consolidados en barriadas o asentamientos humanos, después de haber ocupado casi todas las área libres disponibles, comenzarán a poblar los cerros, a implementar una economía informal como parte de una actitud contestataria y manteniendo vivas su lengua, su cultura y sus formas de vida. Sus tradiciones, creencias y usanzas que se constituirán en un rico bagaje simbólico que les dotará de una presencia inconfundible en medio de la Lima de cemento cada vez más sumergida en una vorágine social, política y económica incesante.
  
Tendencias hacia el año 2021.-
El año 2021 se cumplirán 200 años del nacimiento del Perú a la vida independiente. Sin embargo, el anhelado sueño de igualdad y libertad para miles de peruanos y peruanas sigue aún en proceso de construcción. La aún poco justa distribución de los recursos y de las riquezas permite la aparición de clases sociales dispares, donde unas conocen mejor los conceptos de bienestar y seguridad social, y donde otras todavía esperan una oportunidad de reivindicación, una hora de surgimiento y la esperanza de un mañana que ofrezca mejores posibilidades de vida y de desarrollo personal y comunitario.
El proceso de migraciones internas no ha se ha dado como un fenómeno gratuito. Todo lo contrario: ha respondido a urgentes e impostergables necesidades que el Estado peruano no ha sabido responder en el curso de más de un siglo, necesidades que aún hoy sigue empeñado en resolver y que hablan igualmente de un Estado en proceso de crecimiento. Hay lecciones todavía no aprendidas, como la de la igualdad de oportunidades y equitativa repartición del capital -no solamente económico sino también cultural- que no han sido asimiladas del todo, y que constriñen a miles de peruanos a vivir todavía en situación de pobreza y pobreza extrema, de marginación y postergación que no son atendidas con un interés más decidido y con la oportuna disposición de inversiones.
El Estado habrá podido extender una importante red de carreteras y rutas de penetración a lo largo del territorio nacional, pero el estado de bienestar y de igualdad de oportunidades es sin lugar a dudas la cuestión de fondo que no se termina de resolver con grandes y suntuosas inversiones, depredadoras muchas de ellas de los recursos naturales de las regiones. El crecimiento económico y social como tal seguirá pareciéndole a muchos peruanos una mera ilusión en tanto no se tomen medidas concretas que auspicien el surgimiento de sus pueblos, de sus comunidades y regiones partiendo del respeto de su diversidad y de una sensata disposición de sus recursos para encaminar un proceso de producción y desarrollo sostenibles.
De cara al 2021, el fenómeno migratorio, de un lado, podrá reforzarse hacia la capital y otras grandes ciudades de la costa y sierra en tanto las mismas continúen siendo el principal foco de inversión no sólo para el Estado sino para las empresas extranjeras y poderosas transnacionales. De otro lado, estas mismas inversiones extranjeras podrán poner su atención en diferentes puntos del país aún vírgenes al proceso productivo colmados de recursos naturales, en donde se pueda establecer unos espacios de desarrollo económico respetuoso del paisaje e inclinado a no alterar su configuración, al punto de acabar no solamente con su belleza como atractivo turístico sino con la posibilidad de permitir el desarrollo de una vida social y su respectiva organización.
La misma sierra peruana todavía puede ofrecer muchos puntos geográficos que canalicen la migración interna, haciéndola desistir de la capital como alternativa para ofrecer otras igualmente prometedoras e incluso menos convulsas y turbulentas, que igualmente podrían poner a disposición de sus habitantes las ventajas que actualmente se encuentran en las grandes ciudades.
Sin embargo, para ello será necesario que el Estado inicie un importante proceso de inversión que rescate de la postergación a estas ciudades, alcanzando auténticas posibilidades de un desarrollo adecuado y de transformación. Sólo así se encontrarán alternativas a la migración que no necesariamente pasen por considerar en grado único a Lima metropolitana.
Finalmente, la selva peruana se haya lamentablemente poco promocionada como vasto espacio geográfico que pueda acoger los procesos migratorios y su lógica social. Si se evidencia un poco o escasa inversión en las diferentes ciudades de la sierra, en la selva dicha inversión prácticamente no es un tema serio en la agenda de los gobiernos de turno. Retomando este aspecto y dotando a la selva peruana de oportunidades de crecimiento es que la misma podría constituirse en alternativa a los futuros éxodos que el Perú todavía seguirá registrando de aquí a unos años.
Pensar en la selva peruana y en su estratégica ubicación geopolítica, que la hace próxima a grandes países del continente sudamericano (entre ellos y definitivamente el Brasil) podría ser un factor a explotar de cara al 2021, a cuya consideración se sumen sus innumerables atractivos turísticos que bien podrían perfilarla como polo de desarrollo alternativo y entonces esperanza de un rápido enriquecimiento, partiendo del hecho de verla como la garantía de llegar al término del siglo XX merced de ser fuente de recursos todavía insuficientemente explotados.

viernes, 18 de enero de 2013

Una aplicación del interaccionismo simbólico




Premisa.-
A continuación se planteará un caso de investigación recurriendo al interaccionismo simbólico como marco teórico que posibilite la comprensión del mismo.
Se valorará dicho enfoque teórico por dar prioridad al mundo social como escenario marco de comprensión de las experiencias sociales, recurriendo a la explicación de la conducta del individuo en función del grupo que le rodea y al cual indefectiblemente pertenece.

A tales efectos es que se retomarán sus postulados básicos, a saber:

a)    Los seres humanos están dotados de capacidad de pensamiento.
b)   La capacidad de pensamiento está modelada por la interacción social.
c) Las personas aprenden los significados y los símbolos que les permiten ejercer su capacidad de pensamiento distintivamente humana.
d)   Los significados y los símbolos permiten a las personas actuar e interactuar.
e)    Las personas son capaces de modificar o alterar los significados y los símbolos que usan en la acción y la interacción sobre la base de su interpretación de la situación.

Igualmente, otro insumo base será la estricta consideración de la anterioridad del todo a las partes, tal como es que lo entiende el interaccionismo simbólico, concepción que posibilita la acción del individuo inicialmente estimulado por un entorno y otros como él, igualmente susceptibles de respuesta ante un entorno que repercute en ellos.

Es gracias a la interpelación del entorno que el individuo conseguirá desarrollar una mente individual, con lectura lógica de las cosas y de las personas. Es decir, por la existencia de un entorno es que se comprende el establecimiento de unos estados mentales en el individuo y su desarrollo, tanto por el curso histórico de su vida como por el mantenimiento de una confrontación dialéctica con dicho espacio.

 Antecedentes.-
Se quiere entender la dinámica de juego de un grupo de niños y niñas que viven en condición de institucionalización, esto es, residen en lo que comúnmente se conoce como albergues o casa hogar, espacios de acogida temporal para menores en situación de abandono o riesgo moral/material, privados de la debida atención y cuidados de sus padres/parientes.

Se entiende por dinámica de juego a los momentos del día en que los niños y niñas tienen oportunidad de desarrollar actividades de carácter lúdico-recreativo como medida para el desarrollo de sus condiciones psicosociales. Del mismo modo, es por medio del juego que la sociedad refuerza en el niño los patrones de socialización y los eventuales roles que puede asumir una vez que se haya incorporado a ella con el consecuente despliegue de dinámicas específicas en relación a su entorno y los demás.

Formulación del marco de investigación.-
La institucionalización como fenómeno por el cual un niño, niña o adolescente se ve constreñido a crecer y vivir fuera de un contexto familiar, ideal para su correcto desarrollo psicológico y social conlleva la aparición de diferentes problemáticas -siempre a nivel personal- que pueden presentarse en el menor a cualquier edad y acompañarle durante el curso de sus posteriores años de vida.

 Dependiendo de la complejidad del caso particular de cada menor, la condición de institucionalización puede repercutir considerablemente en sus procesos de socialización, reprimiendo su capacidad de expresión, de exteriorización y verbalización de sus sensaciones y sentimientos, al punto de generarle un estado de aislamiento que le impida estar acorde con las dinámicas y prácticas de su espacio.

Uno de estos procesos sociales por los que pasa el individuo durante sus primeros años de vida está marcado por la iniciación en el juego y el reconocimiento de posibilidades de acción en sociedad a través del mismo, que se basa en representaciones simuladas de casos que eventualmente pueden tener lugar en la vida real.

La condición de abandono y consiguiente institucionalización, entonces, puede repercutir sobremanera en los ya mencionados procesos de socialización del menor, impidiéndole incluso el libre y sano derecho del disfrute al juego, por lo que ve afectado su acceso a los mecanismos de sano esparcimiento y expresión de la espontaneidad y creatividad de los que dispone, para estimulación y desarrollo tanto de su psiquis como de sus prácticas sociales.

Justificación e importancia.-
Todo niño tiene, en primer lugar, derecho a crecer rodeado del amor de un padre y de una madre que les prodigue las mayores atenciones y cuidados, propicios para su crecimiento espiritual, mental y corporal. Asimismo, tiene derecho al pleno disfrute de su infancia, de los momentos, compañías y experiencias que puedan forjar en él una personalidad estable, que desde una temprana edad, puedan prepararlos para interacciones y convivencias de mayor intensidad propios de la vida en sociedad, como lo son los que puede encontrar en ambientes como la escuela o el trabajo, entre otros.

Entender en qué medida se ven afectados los procesos de socialización, y en particular las dinámicas lúdico-recreativas del niño, por los efectos de la institucionalización es determinante para compulsar sus posibilidades de adecuada inserción social y de reconocimiento de sus instituciones.

Del problema de la vida fuera de una familia es que se originan otras problemáticas para el niño, las mismas que de no ser atendidas en su momento oportuno, devienen en potencial condición de perjuicio para el adulto que años después será, tornándolo un individuo con problemas de adaptación a su escenario social, de reconocimiento de las leyes y las prácticas sociales, de valoración de los demás y respeto a sus derechos. Y a ello, el problema de un auténtico y propio reconocimiento de sus habilidades personales, poco desarrolladas por la carencia de un adecuado estímulo familiar.

Aplicación del marco teórico.-
El juego, como práctica lúdico-recreativa y de reforzamiento de las  pautas conductuales y actitudinales que la sociedad implanta en el individuo desde los primeros años de su existencia, puede ser leído a través del marco teórico propuesto por el interaccionismo simbólico como uno de tantos actos que le son propios.

Así, todo juego, que vamos a entender como acto estaría dado por las siguientes fases o etapas:
a)    Impulso: el acto del juego sería llevado a cabo por el niño en virtud de ser invitado a desarrollar el mismo o porque vería a otros de sus coetáneos tomar parte del mismo. Así, en el primero de los casos una tercera persona le aproximaría e iniciaría en el mismo. En otro, procedería por imitación.
b)   Percepción: como respuesta al momento precedente, el niño reacciona al estímulo (ser animado a jugar o jugar por ver a los demás hacerlo) y elige jugar tras percibir la dimensión del mismo y considerar siquiera algún grado de competencia para desarrollar el mismo.
c)    Manipulación: el niño entra en contacto con los medios, los recursos que posibilitan el despliegue de la actividad lúdico-recreativa. A través de sentidos como la vista y el tacto el niño refuerza su conciencia de la existencia de la actividad que esta por realizar, tomando conocimiento de los alcances y dimensiones de ésta. A ello se puede añadir que si la actividad emprendida no se está dando por primera vez, entonces el niño puede retomar experiencias pasadas de relación con la misma y aplicar lo ya aprendido en este nuevo momento.
d)    Consumación: es el acto de jugar, propiamente dicho.

El proceso anteriormente descrito es el que debería darse como condición ideal por la que el niño tiene la oportunidad de dar rienda suelta a su libre espontaneidad y creatividad, valiéndose del juego para exteriorizar sensaciones y sentimientos así como canalizar y liberar su energía, consiguiendo posteriormente satisfacción en la actividad que despliega.

Sin embargo, no todos los niños pueden gozar del momento del juego y de sus posibilidades de esparcimiento mental y espiritual debido a condicionantes, de tipo emocional, que le reprimen y constriñen esa espontaneidad propia del menor debidamente estimulado y funcional al desarrollo de sus facultades, creciendo rodeado de sus principales figuras de referencia, como lo son un padre y una madre. El anterior es el marco ideal y esperado para su crecimiento. Sin embargo, en un contexto fuera de una familia, no es igualmente factible esperar que dicho desarrollo se dé a plenitud en el menor, que privado de un contexto de amor y cuidados, crece sintiéndose solo y sin necesidad de exteriorizar ni manifestar nada por nadie. En tal sentido, el juego no es considerado como alternativa ni de expresión ni de comunicación.

La géstica.-
Es el gesto, según el interaccionismo simbólico, el más básico de los mecanismos de todo acto social, donde los movimientos de un primer organismo (biológico si se entiende un individuo) se configuran como estímulos para las respuestas de un segundo organismo. De la gama de gestos que puede ofrecer el individuo ciertamente es el de tipo vocal el que más importancia tiene para el desarrollo de otros gestos, de tipo significante, que paulatinamente dan lugar a la aparición del lenguaje, por ejemplo.

Los gestos son los primeros indicadores de los que se puede disponer para apreciar el grado de vinculación de una actividad, situación o interacción. Los gestos, como las muecas por ejemplo -o aún más los eventuales gritos del niño al jugar- nos dicen de su nivel de disfrute de la actividad que está realizando, de cómo repercute en él, si la está desarrollando con destreza o menos, así como si eventualmente se hallará en ánimos de repetirla.

Muchas veces el niño poco estimulado, retraído, no tiene ocasión de gozar al máximo de la experiencia que le puede proveer el juego. Es más, simplemente puede no jugar. Pero concentrándonos en el caso de que opte por jugar, es claro que su rendimiento en el mismo estará directamente ligado con su capacidad de querer gozarlo.  Para que alcance tal estímuloes menester que crezca debidamente atendido y lleno de los cuidados que únicamente una familia le puede brindar en pro de su desarrollo psicológico y social.

El contexto de la institucionalización muchas veces interrumpe este proceso de desarrollo, dejando al niño aún más carente de lo que estaba al haberse visto obligado a entrar en un albergue o casa hogar, como medida temporal de acogida frente a la situación de abandono, desatención o desamparo.

Es a través del lenguaje que se puede obtener un mejor testimonio del niño y el juego, recogiéndose del mismo su apreciación de la experiencia. En tal sentido, el lenguaje se entiende como el conjunto de símbolos que responden a un significado y conllevan a la comunicación. Necesariamente establecen el contacto de un emisor con un receptor y la transferencia de un mensaje que ambos pueden decodificar, haciendo posibles los procesos mentales y espirituales de la persona así como la capacidad de pensamiento en la misma.

Lamentablemente, muchos niños y niñas, por las duras condiciones que tienen que pasar lejos de un escenario familiar que procure su crecimiento, suman a su problemática el no poder expresar sus procesos internos a través de las palabras, limitándose a convivir con sus hechos de manera solitaria.

Aquí asistimos a la forja de un individualismo por el cual no se hace necesario compartir ni socializar nada con el resto de las personas partiendo del simple hecho que no hay nada que comunicarles. Es más, de haberlo éstas no estarán siempre para escuchar o para interponer medidas que procuren alivio a un problema o la satisfacción de una necesidad. La medida a ello se establecería, pues, por la presencia y posterior ausencia de las figuras paterna y materna, las que de manera acabada sí están en condiciones de hacerlo.

La afectación del self.-
El yo como el mí son partes constitutivas del self, que es la capacidad del individuo de considerarse a sí mismo como sujeto, de evaluar su actividad social y las relaciones que emprende en los escenarios que transita. En este procesa media evidentemente la mente. Para el interaccionismo simbólico, el self se sitúa en la experiencia social y sus procesos, desplegando un proceso de reflexión y capacidad de ubicarnos en un lugar ajeno al propio y actuar como los demás lo harían. Es la posibilidad de iniciar una evaluación de sí desde fuera y ver el papel que desempeñamos.

En un escenario poco propicio, donde se tiene un niño inadecuadamente sometido a correctos estímulos que posibiliten su desarrollo personal, la evaluación propiciada por el self se ve dificultada -si no distorsionada o imposibilitada- y suplantada por un proceso en ensimismamiento poco vinculado a la realidad. De aquí que se desprendan casos donde algunos niños creen tener amigos imaginarios, reemplazo de aquellos padres que no le pueden dar la debida escucha.

 Las condiciones de institucionalización son castrantes para un menor, en todo sentido. Ponen coto a su lado creativo e imprevisible, a sus cualidades innovadoras. Restringen ese YO, que por el interaccionismo simbólico entendemos, cancelando o al menos aminorando sus posibilidades de innovación social, muchas de las cuales tiene ocasión de presentar durante sus primeros años de vida y a través de la experiencia del juego.

El ambiente de la institucionalización, igualmente, dificulta los procesos sociales de aprendizaje de conocimiento y asimilación de valores, al no ser precisamente un albergue o casa hogar el contexto idóneo donde impartirlos, con respectiva carencia de los padres como los primeros transmisores de saberes, desde los más útiles y de inmediata aplicación hasta los más elaborados y que generan la reflexión y el establecimiento de estos valores.

En cuanto al otro aspecto del self, el MI, éste puede verse de hecho reforzado por la implantación de dispositivos de regulación de la conducta impartidos por la maquinaria disciplinaria del albergue u orfanato que simplemente encausan sus pulsiones a una no expresión de éstas o a su represión, en salvaguarda del orden.

El niño institucionalizado tiene generalmente presente la idea de limitación de su voluntad por la aplicación de medidas de disciplina, rígidas, que marcan pautas a su tiempo y acción. Así, hay una hora para tomar los alimentos, otra para asearse, otra para estudiar  y otra para jugar, que son las menos y las más apreciadas por él. A la larga, se tiene un niño que, perdiendo paulatinamente sus esperanzas de un retorno al contexto familiar, acaba por conformarse con la suerte que le ha tocado vivir. Se concluiría de ello que:

a)    El escenario ideal para el desarrollo de un menor es el contexto familiar, donde encuentra las debidas atenciones, cuidado y afecto de un padre y de una madre.
b)   La institucionalización como proceso presuntamente temporal de acogida frente al abandono, el desamparo y la desatención interrumpe el proceso de desarrollo personal del niño, confinándolo a una pobreza de estímulos, emociones y expresiones.

Por medio del juego se tiene oportunidad de constatar la espontaneidad del niño, la aplicación innovador por parte del mismo y la debida asimilación y reproducción de los mecanismos y pautas de socialización y reconocimiento de unas normas de convivencia, garantía de la armonía y cohesión social.