viernes, 2 de noviembre de 2012

Truco o treta...



El 31 de octubre no es un día cualquiera en el Perú, o al menos en Lima que es donde yo vivo. A la importada celebración de Halloween (que valgan verdades cada vez da menos miedo y al contrario causa más hilaridad) la patriotería peruana opone con gran fervor la celebración del día de la Canción Criolla. A ello necesaria y tristemente hay que agregar que el peruano promedio -y que alrededor de no una sino dos o tres o hasta una caja de cerveza puesta lo mismo puede celebrar el día de la Canción Criolla que Fiestas Patrias, por decir- conoce poco o casi nada de tan rico bagaje musical. 

En efecto, cuando se le habla de la Canción Criolla la primera imagen que le viene a la mente es la de la compositora Chabuca Granda, y la piensa como artista fundacional de este género hoy por hoy en buena medida reivindicado pero poco conocido y así escasamente apreciado en toda su riqueza y vastedad de notas.

Ahora, cuando se piensa en Chabuca Granda tampoco se crea que se viene a la mente todo su repertorio melódico, todas sus canciones del ayer que vienen a nuestro hoy. Generalmente se piensa en La flor de la canela, un casi segundo himno nacional para los peruanos y que ciertamente ha dado la vuelta al mundo. La flor de la canela es para el Perú lo que el Alma llanera para Venezuela o Granada para España. 

Y no se ha hecho mal puesto que no  solamente esta canción sino todas las que componen el acervo musical de esta compositora son dignas de mantener un sitial privilegiado dentro del patrimonio inmaterial de la humanidad. Más allá, sin embargo, de estos desconocimientos de base, es plenamente legítimo querer lo propio en detrimento de lo foráneo, aunque no deje de ser cierto que elecciones de este tipo a veces puedan cobrar ribetes chauvinistas tan inelegantes como repulsivos. 

Días atrás me preguntaban qué habría celebrado, si Halloween o el día de la Canción Criolla. Yo decía que ninguno de los dos porque francamente no me interesan. Me interesan menos ahora que mi mal llamada "vida social" se está extinguiendo. Pero si hubiese tenido que escoger por una de estas dos celebraciones, me habría inclinado por Halloween. Las cosas que uno puede llegar a decir...

La música criolla, como ya lo dije líneas arriba, es attraente, partiendo por considerar su historia, sus espacios y tiempos de producción para luego pasar a su factura musical, su línea melódica, su gran lirismo. Cuando pienso en la música criolla y su notable belleza me es imposible pensarla con otros compases, sugiriendo otras imágenes o lugares. Es entonces cuando compruebo que ha sabido capturar algo que los huachafos llaman "esencia": la esencia de lo que somos como peruanos (o al menos algunos peruanos) o lo que podría ser lo mismo pero dicho de otra forma, la idiosincrasia de un pueblo (otra palabra bastante manoseada). Sin embargo, son los textos de todas estas canciones las que en algunas ocasiones no me convencen. Canciones que generalmente expresan sentimientos de tristeza, de dolor, de pérdida. 

Ya que hablamos de Chabuca Granda, leamos un poco qué dicen algunas de sus más emblemáticas canciones:
  
¡Qué hermoso que es mi chalán!
¡Cuán elegante y garboso!
Sujeta la fina rienda de seda,
que es blanca y roja.

¡Qué dulce gobierna el freno
con sólo cinta de seda,
al dar un quiebro gracioso
al criollo bere-bere!

José  Antonio,  José  Antonio,
¿Por qué me dejaste aquí?
Cuando te vuelva a encontrar
que sea junio y garúe.

Me acurrucaré a tu espalda,
bajo tu poncho de lino,
y en las cintas del sombrero,
quiero ver los Amancaes,

que recoja para ti,
cuando a la grupa me lleves
de ese tu sueño logrado,
de tu caballo de paso.

¡Aquel del paso peruano!


En este extracto de la célebre José Antonio (http://www.youtube.com/watch?v=RRaBe-hzhY0), la compositora canta a la gallarda figura de José Antonio, desplegando nobles palabras a favor de su portentosa estampa, pero a la vez expresa congoja por su  necesaria partida, la misma que parece alimentarse con el ansia del retorno del amado. 

Como ésta -pero con las tintas más cargadas- tenemos Pero regresa, inmortalizada por Lucha Reyes:

 Te estoy buscando porque mis labios 
extrañan tus besos de fuego. 
Te estoy llamando y en mis palabras 
tan tristes mi voz es un ruego. 

Te necesito porque mi vida sin verte 
no tiene sentido y van 
y van por el mundo mis pasos perdidos, 
buscando el camino de tu comprensión. 

Apiádate de mí si tienes corazón, 
escucha en sus latidos la voz de mi dolor. 

Pero regresa para llenar el vacío 
que dejaste al irte, regresa, regresa 
aunque sea para despedirte, 
no dejes que muera sin decirte adiós...

Pero regresa (http://www.youtube.com/watch?v=76gtXa3iEY0es la más preclara manifestación de todo el dolor que se puede experimentar por la ausencia del ser amado. La canción expresa de manera acabada esa impresionante ligazón de dependencia que puede existir entre la presencia de quien se ama y la posibilidad de mantener con vida a quien tributa ese amor, una posibilidad que le otorga sentido a una existencia y le da aliento para seguir. 

Finalmente, una canción que no tiene corte amoroso pero que igualmente expresa sufrimiento. Hablo de Una carta al cielo (http://www.youtube.com/watch?v=JsLaq6Y921w), también conocida por la voz de Lucha Reyes:

La autoridad pregunta,
dime carita sucia
si es cierto lo que dice
y cesa de llorar.

El niño le responde,
es cierto mi sargento,
robé un ovillo de hilo
para así hacer llegar.

A mi blanca cometa
hacia el azul del cielo,
allá donde se ha ido
mi adorada mamá

No ve en ella una carta,
prendida a mi juguete,
perdóneme si en ella
yo quise preguntar.

¿Por qué mamita linda?
¿Por qué te fuiste lejos?
Dejándome tan solo
con mi pobre papá.



En esta canción el dolor que embarga es todavía mayor. Se trata de la pena que siente un niño por la muerte de su madre, una pena que sumergida en la inocencia lleva al menor a pensar que puede hacerle llegar a su madre su pedido de volver con ella. Es sobre todo este factor, el de la inocencia del niño, el que impacta más en quien se toma unos minutos para escuchar Carta al cielo

Y así podría seguir nombrando otras canciones del acervo criollo igual de plañideras. Ante ello entonces preferiría unirme a una celebración plástica como la de Halloween que si bien poco aporta como valores ciertamente se cierne en el imaginario de las personas. Una celebración donde se puede ser un zombie o un vampiro o el hombre lobo, dependiendo del disfraz que se lleve puesto, y que por algunos instantes puede alejarnos de los problemas de la vida cotidiana, creando para nosotros una atmósfera de cuento, de narración extraordinaria donde podemos vivir emociones diferentes, al menos por una noche. Si en ello podemos encontrar algún alivio a los pesares diarios y transportarnos a mundos fantásticos entonces bienvenido Halloween.

miércoles, 17 de octubre de 2012

El globo



¡Lo solté!
Lo dejé irse por los aires
sabiendo que ya no volvería a mí...
Le di la libertad
pero sabía que no le duraría mucho...
Vi cómo ascendía
y en medio del cielo, ya lejos,
el globo reventó.

Lamenté
que ya no estuviese conmigo
y me llamé estúpido por haberlo hecho...
Y cuando lo tuve
asido a mis manos
pensaba con ansia en la idea
de dejarlo ir... ¡Ay, mi globo!

¿Por qué 
teniéndolo conmigo no sabía
qué hacer?, y ahora
que no lo veo más 
pienso en todo 
lo que habríamos podido hacer...

Como ese globo
mis deseos, uno a uno
comienzan a irse por los aires
y me queda la gana loca
de recuperar el tiempo que ya se fue...

lunes, 1 de octubre de 2012

El valor de la vida



 ¿Quién no se ha quedado sorprendido con la repentina muerte de la joven peruana Ruth Thalía Sayas, la primera concursante de El valor de la verdad? Quizá su muerte ya se veía venir al saber de su misteriosa desaparición, pero lo cierto es que más de uno lamenta que una mujer tan joven y seguramente con un futuro prometedor (con más razón ahora que había ganado 15 mil soles por ir a decir sus "verdades" al programa de Beto Ortiz) vea interrumpido el curso de su vida por la enajenación de un hombre misérrimo y digno de infinita lástima como lo es Bryan Romero, su ex pareja sentimental.

Ruth Thalía alcanzó una notoriedad mediática que si aún contara con vida la lamentaría. Estar en boca de todos, que todos sepan de uno, es ciertamente un arma de doble filo. Ello se hace todavía más patente si aquello por lo que se salta a la palestra no son precisamente cosas buenas, virtudes que los demás elogien, sino llanamente tu vida misma, tus secretos e intimidades conocidas por todos y todas a condición de ganar dinero. Lo lamentable es que es poco probable que ante un lastimoso evento como su muerte alguien vaya a dejar de pensar que ir a desnudarse -metafóricamente hablando- por una cantidad de buenos billetes sea algo malo o deshonesto. Acá está el punto: cada vez son más quienes piensan que son menos las cosas que deben conservarse puras (digamos así) o inalcanzables por los demás, o simplemente invendibles.

La televisión peruana asistió a un nuevo episodo luctuoso, triste y deplorable en el que seguramente tuvo una participación más que culposa. Después de la pérdida de esta joven quedó claro que para su asesino, Bryan Romero, la vida no vale nada. En cambio para Ruth Thalía, la vida valía 15 mil soles. ¿Cómo así? ¿Es que la necesidad -del tipo que sea- puede ser tan fuerte como para arriesgar lo que más valor debería tener para nosotros mismos, la vida? Esto no lo supo del todo Ruth Thalía, y hoy es tarde.

Ese pobre infeliz que fue su ex compañero sentimental no la mató por ser pobre o por ambicionar la pequeña fortuna que había ganado. La mató porque no tenía nada que perder en caso de ser encontrado culpable. Así pasó y aún así no perdió nada: no podemos decir que perdió 15 mil soles porque esos jamás fueron suyos. Tampoco perdió una vida -entendida como proyecto de vida, valga la redundancia. ¿Acaso su vida era digna de ser vivida? Un hombre como él, viviendo sin entender un significado para su propia existencia, carente no sólo de recursos materiales sino de recursos espirituales que le ofrecieran una garantía de que valía la pena vivir, desprovisto de un sentido para sus días, es totalmente sujeto de la más inifinita compasión que se pueda tener, más allá de poder decir que bien se merece una fuerte condena por su repugnante crimen.

El fondo de todo esto es que se está perdiendo el valor de la vida como centro organizador de nuestro desenvolvimiento social. La vida, no sólo como entidad orgánica sino como concepto espiritual e insumo moral, está perdiendo su amplio significado. Éste se volatiliza cada vez más, se relativiza al punto de saber que pueden haber hombres que matan a sus compañeras sentimentales simplemente porque tienen celos de que los estén engañando, o que algún ladronzuelo con arma en mano pueda cejar el aliento de una persona con tal de robarle menos dinero del que jamás habría pensado. Este desplazamiento de la vida y su valor primero es parte de la desacralización del mundo, un mundo en el que sin lugar a dudas impera una lógica mercantil donde todo, cosas y personas, pueden ser compradas y vendidas. Prácticamente todo es susceptible de recibir una valorización económica, tras lo cual podrá ser ofertado y eventualmente adquirido.

Bryan Romero recibirá la cárcel como castigo a su crimen. Ruth Thalía no recobrará la vida por más que las personas concentren su odio sobre el asesino inicuo. La televisión peruana seguirá ofreciéndonos la basura a la cual estamos acostrumbrados y por más censura que se haga no dejará de ser eso: televisión peruana, híbrida y grotesca como ninguna. Más de un cretino le endilgará buena parte de la culpa a Beto Ortiz y El valor de la verdad para después sentarse imperturbable ante la llamada caja boba y seguir como si nada.  Y es que la televisión es una tentación de la que pocos consiguen escapar.

Tentaciones como ésta las hay por doquier. El punto en medio de todo esto radica en darle el justo valor a las cosas, y en medio de ellas, darle el justo valor a la vida. Un valor que de ninguna manera podrá expresarse jamás en una cifra, por más ceros que tenga. Debería ser ésta la lección marco para entender que como hay cosas que no podemos comprar, también hay otras que difícilmente podemos vender.

lunes, 10 de septiembre de 2012

En tu razón cautivo...



¡Retenlo!
¡No le permitas volar!
¡No le permitas moverse demasiado!
Que no hay un viaje que hacer
ni un lugar a donde ir...
¡Que su cadencia
no perturbe tu razón!

Si tu razón no le asiste
podría dirigirse a cualquier parte...
Se engañaría
pensando que ha de encontrar lo que espera.

Presume de fortaleza,
cree que puede esperar
y esa cadencia cobra impulso
si se comienza a ilusionar.
Procúrale más que menos
que no merece poco o nada
a todo lo que algún día tuvo...
Ese todo
que hoy son recuerdos en tu alma.

Está en tu lucidez
orientar su movimiento
y que se pueda estremecer
junto a quien comprenda su estado
y momento.
No es hoy, no será mañana
pero te aseguro que será un día
que llegará sin anunciarse... Furtivo...
y renovará su latir
ahora en tu razón cautivo...


lunes, 3 de septiembre de 2012

Ojos bien cerrados




Es necesario
mantener los ojos bien cerrados...
Cerrados
para no ver la necedad de la gente
y para no saber
lo que hacen o dejan de hacer
más aún cuando pretenden contra uno.

Ojos bien cerrados
para no ver cómo se van
los receptores de tu afecto
y así no lamentarse
por el curso natural que toman
así como lo toman las cosas.

Ojos bien cerrados
para cultivar la expectativa
de que algún día seremos
gratamente sorprendidos
y alcanzados por quien esperamos.

Ojos bien cerrados
para escuchar lo que no leemos
en los rostros de las personas.
Cerrados
para ver si nos convienen
y cerrados
para juzgar si nos entregamos a ellas
o si seguimos prisioneros
en nuestras formidables jaulas de oro.


miércoles, 22 de agosto de 2012

Los ausentes




Hasta anoche
supe que contestaban 
a lo que en mi confusión les decía...
Hasta anoche
el consuelo que encontraba en sus palabras
me devolvía fortaleza para seguir...
Hasta anoche
quise creer que no estaban ausentes...

Esta mañana
desperté y caí en irremediable cuenta
que debo recitar un monólogo...
Esta mañana
recogí los fragmentos infinitos de mi fábula...
Esta mañana
opté por reemplazar las voces ausentes
por mi solo canto llamado a ser etéreo...

Cuando caiga la noche
volveré a mi estancia amena
y a mi soledad perfecta
y a mi calidez tierna
para envolverme en un silencio
que no pone peros a mi discurso.

Tomaré el calor que emana de mi ser
y encontraré el alivio noble
que sana rupturas y devuelve el brillo...
Allí en mi estancia amena
sin pensar ya más
en la partida de los ahora ausentes.

martes, 14 de agosto de 2012

El oficio del deseo



Invadido por la docilidad de la penumbra
vinieron a mí los esbozos de unos rostros.
Empleando gran esfuerzo, solo en esa estancia
no conseguía ver su presunto esplendor humano.

Aunque el ansia, fiel compañera mía,
me sugería la humanidad de aquellos trazos arcanos
mi otra acompañante, la suspicacia,
me advertía tener cuidado de aquel vacío e inconsistencia.

Algunas con paso ágil, otras con paso trémulo
se aproximaron a mí deslizando por mis formas sus caricias...
Siluetas volubles impregnando algún calor humano
me prometían aquello que no pudieron darme.

La tibieza de sus presencias fútiles pero seductoras
pudieron por instantes aferrarme a sus carismas, volátiles...
Y el aroma que me transportaba a jardines nunca vistos
se escurría como un par de gotas de agua entre mis dedos.

De estos jardines y de estos aromas
pálidos recuerdos hoy conservo...

Me queda una dulce y sempiterna sinfonía
que descubre sus notas cuando renace cada noche.
Le recita al futuro y al pasado, con sutil compás liviano
y me da el insumo necesario para el pensamiento.

En la práctica de singular oficio fluye mi presente...