sábado, 2 de mayo de 2009

Actualidad de la responsabilidad social


¿Cuánto sabemos los peruanos de a pie sobre responsabilidad social?

¿Ponemos en práctica la misma siendo medianamente conscientes de lo que significa?

¿Y si ahora pidiera que alguien me dijera qué es la responsabilidad social podría esperar que mi pregunta fuera satisfecha aun en tan sólo una mínima medida?

Pues quizá no. El común denominador de las personas no sabe qué es la responsabilidad social ni cómo ni dónde ni cuándo desplegarla, ponerla en práctica. Y es que la responsabilidad social va más allá de cuidarse de que nuestros seres queridos tengan lo que deben de tener y no les falte lo necesario para desarrollarse y vivir felices. La responsabilidad social, hoy por hoy, demanda superar nuestras lecturas limitadas respecto del ser humano y su entorno y de remarcar (si no devolverle) la noción de agente de cambio permanente y de reconfigurador de su medio en tanto actor social activo, dinámico y con carga motivacional-actitudinal de específica intensionalidad de la que evidentemente no se haya exento.

La responsabilidad social es uno de los más desesperados invitatorios que se le hace al hombre para tomar conciencia de un mundo que día a día deja de ser aquel Edén que relata el Génesis para convertirse en un averno artificial en el cada vez se hace más difícil encontrar espacios verdes de liberación del alma y propicios para la reflexión elevada por la contemplación devota de un entorno que alguna vez inspiró a poetas como Fray Luis de León a cantar la beldad de un escenario natural en el que se puede encontrar la paz.

Sin embargo, en la actualidad, el hombre, en ese afán suicida que le caracteriza, poco a poco se quita dichos espacios, quizá con la preclara intensión de solamente conseguir concentrar su atención en su determinadas dinámicas sociales de la producción de bienes y servicios altamente rentables que puedan garantizar años y años de sosiego económico a sus venideras generaciones. Pero claro, tales venideras generaciones quizá lleguen a pagar por un vaso de agua y lo beban contemplando las bocas sedientas de miles que no tendrán cómo saciar la propia sed muy problablemente por seguir ganando un dólar diario en tanto que un trabajador medio en Europa ahora gana quince euros por hora. ¡Impresionante!

Pues sí, la responsabilidad social comiencia por preguntarse, por ejemplo qué goza uno que otro no goza, que no conoce y que jamás llegará a conocer. Y sobre todo, empezar a elucubrar porqué no goza x cosas, no las conoce y jámás las llegará a conocer. En tal sentido, este invitatorio es por extensión una oportunidad de tomar conciencia de qué sociedad es la que vivo, o también, qué sociedad es la mía que vive de nosotros y de otros y que construye su estado de bienestar en base a las carencias de aquellos sin voz y sin empoderamiento como para clamar por sus derechos, aunque también no sea para nadie una novedad que, gracias a diversos movimientos sociales que vienen gestándose desde el siglo pasado y cuyo mensaje ha conseguido difusión sorprendente gracias a la globalización, han efectivamente podido despertar la conciencia de la que hablaba arriba, la misma que en palabras de Inmanuel Kant, siempre es conciencia de algo y no un simple estado del alma o del intelecto que permanece estática en el hombre. Es entender la conciencia como correlato de un fenómeno y punto de partida para la investigación ético-filosófica.

Entonces, para que haya responsabilidad social debe tenerse como requisito previo a la conciencia, de la que se puede estar seguro de poseer en tanto nos reporte sensaciones e imágenes de algo o de alguien. sin sensaciones e imágenes de algo o de alguien no existe la más mínima idea de que una determinado estado de las cosas pueda estar acaeciendo, y más aún, si no me predispongo a asumirlas con una mínima sensibilidad (claro, ésta tambiém se puede trabajar en el proceso mismo de la toma del conocer -postura gnoseo/epistemológica- para obtener conocimiento) entonces no me van a poder "doler" como le dolía a Vallejo la vida del hombre y sus desventuras existenciales.

La gran tarea de empezar a cambiar el mundo o de salvarlo de una inminente devstación pasa por hacer. Un hacer que no es necesario que comprometa a todos los seres humanos que pueblan el planeta pero que sí debe pensarse como si fuera a beneficiar a todos estos. Nuevamente aquí la ética kantiana que estriba en la reproducción de las actividades humanas y la representación ideal de ellas en la posición (y beneficio) de las otras personas. Es decir, actuar en nuestra vida cotidiana bajo las pautas de específicas ideas directrices que se emplean pensando que las mismas pudieran convertirse en normas universales y que puedan generar el mayor bien posible al mayor número de personas.

El proyecto de cambiar el mundo empieza por uno mismo, luego en casa y después en el centro de estudios o de trabajo para luego difundirse en el íntegro restante de la sociedad, y todo ello con pequeñas pero contundentes acciones como autodisciplimaniento y cabal respeto de los demás en el marco de una preocupación constante pero no obsesiva por devolver a la sociedad, a la naturaleza, al mundo y a la vida cuanto hayan podido investir en nuestra formación y bienestar, sabiendo a la vez que mayor será nuestra retribución en favor de los mismos en tanto mayor bienestar poseamos. ¿Acaso no nos dice eso la interpretación de unos de los más célebres pasajes de la Biblia, puntualmente el referido a la Parábola de los talentos: al que más se le dio más se le pedirá?

Bueno, pues, empecemos por asimilar estas palabras henchidas de sabiduría y de espíritu de responsabilidad social de imperecedera vigencia.

domingo, 26 de abril de 2009

En nombre del amor



¿Cuánto le debe la actual configuración de la disciplina filosófica a personajes como Sócrates, Platón o Aristóteles? ¿Cuánto habrían podido decir otros tantos desde Hobbes, pasando por Descartes o Hume hasta Lock, Kant y llegar, digamos, hasta el siglo pasado con Sartre, Heidegger, Lenin, por no mencionar a un par de decenas más de ellos que ahora no nombro?

La filosofía, como su raigambre etimológica lo dice, es el amor a la sabiduría, y cuando se habla de amor se hace expresando un compromiso casi íntimo con ésta misma de manera que de ella se obtenga la reflexión.

Ya en la antigua Grecia el trinomio Sócrates-Patón y Aristóteles dejó en claro una posición que para aquel entonces rompía con la ortodoxia erudita: el filósofo no debía confundirse con el simple sabio. Lo que diferenciaba al primero del segundo era su amor, su dedicación por sacar de ese cúmulo de saberes y conocimientos la reflexión pertinente para, por ejemplo, poder entender la naturaleza del hombre, su psicología y comportamiento. En cambio el sabio solamente se limitaba a fungir de cántaro receptor/dador de vastísimos saberes pero que no iba más allá de estos; no se interesaba por reflexionar sobre los mismos. En conclusión, no tenía amor, un amor que sí caracterizará a los tres célebres fundadores de la filosofía y de cuyos legados habrá de desplegarse, siglos de siglos más tarde, una de las disciplinas más interesantes cuanto alambicadas que el genio humano haya podido delinear.

Es más, ¿cuánto le debe el pensamiento occidental a Sócrates, a Platón y a Aristóteles, y cómo el sentido común de cientos de generaciones, hasta ahora, continúa constituyéndose en base a lo que alguna vez disertaron estos tres grandes pensadores?

También, ¿en qué gran medida los primeros basamentos teórico-epistemológicos de disciplinas como la economía, la historia, la psicología y la sociología han llegado a perfilarse merced de las primerísimas nociones que aportara la filosofía en las personas de nuestros tres queridos amantes de la sabiduría?

Debates como los del origen de las cosas, del hombre y del mundo, del fin máximo de estos; del establecimiento de la verdad y los factores que la posibilitan; de llegar a saber qué es lo bueno y lo malo, lo bello y lo no bello -y antes mencionado- lo verdadero y lo falso, continúan vigentes en la agenda de discusión académica hasta hoy, debates clásicos, imperecederos e inagotables que siguen encendiendo filiaciones e interpelaciones de lo más polémicas, sin por ello inveterarse o hastiar hasta empaladar. Ni Sócrates ni Platón ni Aristóteles habrían imaginado jamás que la humanidad los habría inmortalizado en la profusión de las exégesis y paráfrasis sobre filosofía más alambicadas que acaso se hayan podido llegar a dar en los más conspicuos centros del debate académico del mundo, y todo, todo ello, por la sin aspavientos y templada labor de estos tres personajes que buscaban obtener la reflexión y entendimiento de la vida y del mundo en base a la lectura atenta de los conocimientos ya atesorados. Fue en nombre de ese amor, quizá el más preciado de todos, que hasta uno de ellos, Sócrates, llegaría a cometer suicidio con tal de no negar dicha filiación. Más tarde le seguirían otros. No mucho después Séneca habría de sucumbir de la misma forma ante una de las disposiciones de su ex discípulo, el flamígero emperador Nerón -el último de la dinastía julioclaudiana- y de ahí en adelante y en el fuero privado y sumergidos en algunos casos en el anonimato, tantos otros que prefirieron morir firmes en sus más altas convicciones antes que capitular y mentir. Si no se vive para servir (a la sabiduría) no se sirve para vivir, habría podido ser la máxima. Muchas no pensaron en la alternativa de la negociación, que pusiera en práctica el increíble Galileo Galilei cuando la Iglesia de su tiempo le pidió/obligó de renegar sobre los descubrimientos en cuanto a astronomía que había alcanzado.

Luego, a la filosofía se le debe la iniciación de uno de los primeros debates académicos: el distinguir entre doxa (opinión) y episteme (conocimiento), y cómo, por ejemplo, la sociología hizo suya tal discusión hasta hablar de sentido común y su ilusión de la transparencia, y distanciarla de la reflexión de primer y segundo orden. En aquel entonces asistíamos a la verdadera concepción del saber occidental con estos tres grandes personajes, que ya estaban de acuerdo en que ningún saber confiable sobre el mundo y el hombre habría de obtenerse si las discusiones tomaban como basamento de disertación simples opiniones sacadas de cuanto percibían los sentidos, siempre imposiblemente perfectos, espurios, imprecisos y veleidosos. Era el conocimiento parido con los esfuerzos de la razón la que viabilizaría este trabajo, otra cosa no.

Sin embargo, perdura hasta hoy la polémica sobre si fue Platón y no Sócrates el verdadero fundador de la filosofía. Y es que sabemos que Sócrates no dejo producción escrita, que sus paráfrasis fueron recogidas por su discípulo Platón. De ahí que en sus Diálogos socráticos o de la juventud, generen más de una suspicacia al buscar saberse hasta qué punto habla Sócrates por boca de Platón y no él mismo buscando acaso mayor autoridad para su pensamiento al apelar a una alocución ajena. Sea como fuere era Platón un decidido a limpiar la imagen de su maestro, inducido a la muerte injustamente, a través de las disertaciones que hace en sus diálogos. Ya en la producción media y postrera de éste, Sócrates ya no hablará y se dilucidará finalmente y con innegable claridad los frutos del pensamiento platónico, su constitución y la polémica que gira en torno a su postura idealista-esencialista del hombre y del mundo, y que en verdad amerita mayor tiempo y espacio para desarrollar, los mismos que ahora no se hayan incluídos en la intención de este artículo.

Finalmente, la importancia imprescriptible de la filosofía radica en echar las bases de la primera reflexión sobre el pensamiento humano, una reflexión sobre el mismo y su configuración que empodera y que libera al hombre de su natural estado de obnubilación respecto de su naturaleza y la del mundo que le rodea. Gracias a una reflexión de este tipo que es la que propugna de modo inalienable la filosofía es que el hombre es más consciente del lugar que ocupa en la sociedad, en el mundo (nuevamente) y le da luces sobre el rol que podría cumplir en comunión con los demás a no ser que prefiera/pueda vivir prescindiendo de los demás como sólo una bestia o un dios podrían hacer, tal como lo dijera Aristóteles.

He ahí la importancia del ejercicio filosófico, un ejercicio que libra de mil y una postergaciones y abusos al hombre en su vida cotidiana con tan siquiera llevarlo a la práctica, porque en definitiva, está menos dominado y sojuzgado aquel que piensa y reflexiona sobre quién es, de dónde viene, a dónde va, qué misión debe cumplir. Son éstas las características que hacen del hombre un animal metafísico, como el buen José Carlos Mariátegui dijera alguna vez. Entonces, quien no hiciera suyos tales atributos pasaría de ser un animal metafísico a simplemente ser un animal, ¿no?

Y cuántos animales-NO-metafísicos encontramos en nuestra vida cotidiana. Así, es lamentable que en pleno siglo XXI tengamos que seguir viviendo en una jungla plagada de adelantos tecnológicos pero carente de las condiciones para la sana reflexión en nombre del amor por la sabiduría.

sábado, 18 de abril de 2009

Re-pensando las ciencias sociales... hoy

Auguste Rodin. Le penseur.


En pleno siglo XXI, la sociedad del ámbito mundial y local se ha percatado de la enorme importancia de las ciencias sociales y del papel protagónico que desempeñan en el entendimiento de los hechos y fenómenos sociales que le permiten al hombre obtener un claro entendimiento de su ambiente social, su vida, conducta, actividades, relaciones e instituciones (Barrantes, 1977:26).
Esta ciencia tan especial nos permite abordar temas de diversa índole a través de sus diversas disciplinas: sociología, economía, antropología, psicología, etc. Y la razón por la cual decimos que esta ciencia es tan especial se debe a que la sociedad es dinámica y compleja, y para estudiarla adecuadamente se necesita “imaginación sociológica” (W. Mills en Lecaros, 1980:10).

Sí, aquella capacidad que nos permite, a través de varias perspectivas, conocer la naturaleza humana, tan misteriosa e ilimitada, única como irrepetible, conectada al referente empírico que le toca vivir en un determinado momento de la historia.
Es por ello que el analista que posea la imaginación sociológica se encontrará en la capacidad de comprender el escenario histórico, tanto en el plano de la vida interior y exterior de los individuos. Pero aquello no basta ya que el investigador social bien preparado necesita desarrollar otro tipo de imaginación a fin de conocer democráticamente las múltiples expresiones del conocimiento: éstas son la imaginación epistemológica y la imaginación democrática (Santos, 2006:82). La primera está referida a la diversidad de saberes, perspectivas, análisis y diversidad de prácticas y actores sociales.

Desde que la sociología nación en el siglo XIX como ciencia destinada a comprender “las leyes científicas de la vida social” según Augusto Comte, es que surgió la polémica de si la sociología habría de ser la ciencia general de la sociedad entre las ciencias sociales o si únicamente sería una ciencia social especial, igual que las demás ciencias.
En un primer momento nace la filosofía de la historia con el fin de convertirse en una ciencia general. De ello se encargarían Comte y Hegel, cada cual con su peculiaridad de ver la historia, quienes se percataron de que la sociedad humana no había crecido simplemente: se había desarrollado.

De esta manera, el hombre podría predecir y controlar –a través de leyes- el futuro de la sociedad.
Pero el aporte más significativo que recibe la sociología proviene del campo de las ciencias naturales a través de la obra El origen de las especies de charles Darwin, quien demuestra que el hombre proviene de las formas más elementales de la vida orgánica, que pertenece al reino animal y que sobrevive a través de la selección natural y por supervivencia del más apto, esto es, que la vida está regida por la lucha por la existencia (G. Simpons en Fuenzalida, 177:31-32).
Todos estos aporte evolucionistas fueron trasladados al campo de la sociología por Herbert Spencer, quien demostró que la sociedad humana evolucionó de una homogeneidad incoherente a una heterogeneidad coherente (G. Simpson en Fuenzalida. Ob.Cit: 32-33).

Hasta esa época, los especialistas afirman que la sociología asiste a una transformación que va de la filosofía de la historia a la adopción de leyes y conceptos biológicos por el campo de la sociología, que adoptó una variada terminología propia de las ciencias naturales como estructura, proceso, función, organismo, etc. Entonces la sociología redefinía su interés de estudio al investigar sobre características de la vida en grupo, significación estructural y distintiva de las relaciones sociales.
El verdadero desarrollo de la disciplina sociológica procede de Alemania con los aportes de George Simmel, Max Weber y Leopold von Wiese. Cada uno de estos pensadores demostró que la sociología era una ciencia especial distinta de las demás capaz de ofrecer su propia contribución. Situación similar se presenta en Francia cuando Durkheim afirma que “la sociología debe ser independiente de cualquier filosofía” demostrando de esta manera la peculiaridad y autonomía de esta ciencia (G. Simpson en Fuenzalida, Ob. Cit.: 35-36).

A partir de este enfoque es que la sociología ha contribuido al desarrollo de las otras ciencias permitiéndoles enriquecer su objeto de estudio, como es el caso del derecho que a través de la jurisprudencia sociológica procura entender la ley como un “instrumento de control social”. En la antropología la contribución más significativa se encuentra en su nueva rama denominada antropología cultural, que algunos expertos prefieren llamar sociología comparada.
Como se podrá apreciar, la sociología se interrelaciona con las demás ciencias sociales de forma inherente. Todas ellas son importantes y a la vez cada una se complementa a fin de enriquecer y ampliar el panorama de estudio.

En cuanto a la relación de contenidos es innegable la similitud de temas y elementos comunes que una y otra ciencia desarrollan, por lo que se convierte en una necesidad que el estudiante de ciencias sociales esté convenientemente preparado no solamente en la disciplina que ha tenido a bien elegir, sino que tendrá que conocer de otras disciplinas afines.
Algunos críticos mal intencionados hablan de la existencia de las fronteras de las ciencias sociales, pero dicha clasificación es únicamente admisible a razones pedagógicas y administrativas propias de los departamentos universitarios.

Sobre la polémica desatada por los científicos de cada una de las ciencias sociales en torno al contenido de lo que se debe investigar, George Simpson se encarga de dar solución al conflicto de las líneas demarcatorias de un problema en cuestión:

“Cuando un científico social investiga, no necesita tener respeto por la líneas burocráticas de demarcación intelectual; él va donde su problema lo lleva” (G. Simpson en Fuenzalida, Ob. Cit.: 70).

Y es que ya no hay científico que dude del carácter interdisciplinario de las ciencias sociales que se manifiesta a través del contacto regular entre los científicos sociales, en el empleo de una metodología plural de las ciencias sociales por lo que se puede afirmar que la fase de “desmembración” de las ciencias sociales ha sido superada (Barrantes, 1977: 26).
Para tener una idea más clara sobre el proceso interrelacional de las ciencias sociales es necesario referirnos a Immanuel Wallerstein, el cual en 1995 en la Social Science Research Council presenta las bases de lo que hoy se conoce como Abrir las ciencias sociales.

Sobre esta disertación académica, Wallerstein presenta el proceso de evolución histórico – social por el que han pasado las ciencias sociales hasta su estado actual, a fin de conocer la reconfiguración racional de este saber.
Empieza refiriéndose a la escisión entre la ciencia y la filosofía (fines del siglo XVIII), cuyos significados se encontraban muy emparentados puesto que ambos términos hacían alusión a la palabra “conocimiento”. Simultáneamente al rompimiento de estos 02 saberes se asiste al nacimiento de la ciencia y de la filosofía. La primera se diferenciaría por su carácter empírico – investigativo y la segunda por su corte especulativo (Wallerstein, 2003: 4).

En otro momento de su ponencia Wallerstein comenta acerca de la demarcación de las ciencias sociales identificando 03 criterios. El primero está referido a la manera cómo aborda la verdad científica, estableciéndose el presupuesto pasado/presente, o mejor dicho, historia/trío nomotético: economía, sociología, ciencia política).
Para los historiadores, su disciplina debía remitirse a exponer “cómo ocurrieron en realidad las cosas”, donde primen las fuentes primarias intencionales, combatir las generalizaciones e investigar hechos que le resulten familiares, como son los de su propia nación.

En cambio, para los investigadores del trío nomotético que pugnan por la lógica de la abstracción y la primacía de la investigación cuantitativa, que permite abordar hechos sociales con el escaso aporte subjetivo y arbitrario del investigador, ésta es la más conveniente ya que fomenta los estudios comparativos y, por ende, su mirada dista de ser histórica y anacrónica.
Wallerstein se percata que entre 1850 y 1914 los principales estudios de investigación tanto desde el enfoque ideográfico como nomotético se remitían a 05 países: Francia, Italia, Alemania, Estados Unidos y Gran Bretaña (Wallerstein, Ob. Cit.: 16-17). Este fenómeno, dice Wallerstein, se explica en parte por el prejuicio ideológico imperante en esa época de estudiar tan solamente a los países más importantes. En otras palabras, predominaba lo que en términos de Boaventura de Sousa santos se denomina la razón metonímica, es decir, aquella razón que se reivindica como única forma posible de racionalidad a la eurocéntrica, y que no investiga otras formas de racionalidad (Santos, 2006: 68).

Pero algo ocurría en el corazón de los entes académicos occidentales: presentían la existencia de civilizaciones no europeas en el resto del mundo. Es por ello que surge la necesidad de crear 02 disciplinas más: la antropología y los estudios orientales. La primera habría de estudiar a pequeños grupos, sociedades simples carentes de escritura, baja tecnología, creencias religiosas de escasa cobertura tribal hasta antes de su contacto con Occidente.
En el caso de los estudios orientales, su razón de ser respondía al hecho de contar con un disciplina que se encargue de estudiar a las civilizaciones como China, Persia, India y el mundo árabe. Todas estas culturas poseían características semejantes a la cultura occidental, debido a que registraban imperios burocráticos racionales, escritura y abundante producción intelectual (budismo, islám, hinduismo). La única gran diferencia era que no poseían modernidad, por lo cual eran vistas y estudiadas como civilizaciones congeladas en el tiempo, ahistóricas (Wallerstein, 2003: 23-26).

Respecto a las 03 ciencias sociales nomotéticas, Wallerstein se pregunta porqué no hay una ciencia única. Él lo atribuye más que nada a razones ideológicas del siglo XIX. Es decir, el pensamiento del liberalismo concibe el Estado, la sociedad y el mercado como entidades diferenciadas con comportamientos autónomos y que por lo tanto su comprensión habría de abordarse en forma separada.
Pero durante la segunda mitad del siglo XX se empieza a dar un proceso de internacionalización de las ciencias sociales. La razón de este hecho era la necesidad de formar especialistas en estudios no occidentales ya que del resto del mundo se sabía poco o nada. Se identifica en este suceso un proceso de desuniversalización del saber occidental y un interés por conocer la diversidad de experiencias sociales existentes en paralelo al conocimiento hegemónico de Occidente el cual había establecido un control regulador del saber desestimando las alternativas culturales.

Para Wallerstein la importancia de los estudios de posgrado radica en los estudios de áreas, donde se da prioridad a los conocimientos sobre una región determinada, lo cual implica aprender un poco de historia, economía, sociología, antropología, etc.
El significado de esto se traduce en la deconstrucción de la dualidad mundo civilizado – resto del mundo, con lo cual serían superadas las investigaciones ahistóricas. Entonces se empieza a hablar de una yuxtaposición de disciplinas tanto a nivel de campo como a nivel académico.

En la parte final de su disertación, Wallerstein aclara que su intención es mostrar que “el fundamento racional de las disciplinas ya no tiene mucho sentido” y que lo más conveniente sería reflexionar acerca de “nuevos fundamentos racionales y sobre nuevos criterios de delimitación”.
Hasta aquí hemos visto el proceso histórico por el cual las ciencias sociales han determinado su campo de estudio. Pero en lo que concierne al carácter epistemológico de esta ciencia, ¿qué debemos entender por abrir las ciencias sociales? ¿Debemos resaltar el paso a la posmodernidad del conocimiento en general y la ciencia en particular? Que los especialistas empiecen a hablar de abrir, impensar y redimensionar las ciencias sociales no es cosa del azar.

Estas interrogantes científicas coinciden con el duro cuestionamiento del que ha sido objeto el saber occidental sindicado como un conocimiento regulador incapaz de cumplir con las promesas de la modernidad (paz, igualdad, libertad y dominio eficiente del hombre sobre la naturaleza). Entonces la teoría crítica moderna entra en crisis y, lo más importante, surgen grupos científicos provenientes de lugares no occidentales dispuestos a descolonizar el saber, a demostrar las verdaderas estructuras que subyacen al saber regulador. Lo que se intenta es conocer desde otro punto de vista que elimine las dicotomías las características de la razón metonímica (Santos: 2006) que solamente busca establecer jerarquías de poder y del saber. De lo que se trata es aprender desde el Sur, y por Sur debemos entender según Santos “la metáfora del sufrimiento humano causado por la modernidad capitalista” (Santos, Ob. Cit.: 44-45).

El caso de América Latina y el Caribe representa una de las expresiones más importantes por desarrollar un nuevo paradigma epistemológico que aborda los problemas de la realidad social prescindiendo de los esquemas occidentales de conocimiento. Lo que debemos rescatar, al entender de Francisco López Segrera, son los axiomas, es decir, el legado de las ciencias sociales a nivel planetario, herencia que descansa en el aporte de Marx, Durkheim y Weber. Tales axiomas son:

1.- Existen grupos sociales y tienen por tanto estructuras aplicables y racionales (Durkheim).
2.- Todos los grupos sociales contienen subgrupos distribuidos jerárquicamente y en conflicto unos con otros (Marx).
3.- Los grupos y estados mantiene su hegemonía y contienen los conflictos potenciales debido a que subgrupos de menor jerarquía le conceden legitimidad a la autoridad que ejercen los situados en la parte superior de la jerarquía, en la medida que esto permite la sobrevivencia inmediata y a largo plazo (Weber). (López Segrera en Lander, 1993: 177-179).

Estos axiomas constituyen la manera cómo estos 03 pensadores reflexionan sobre la forma en que “vivieron la era moderna como una era agitada” (Giddens, 1998: 124). En base a estos axiomas es que Giddens establece su agenda interconectada de investigación relevante:

a) Reinterpretar el pensamiento social clásico.
b) Analizar la naturaleza de la modernidad.
c) Establecer un nuevo enfoque metodológico en las ciencias sociales (Giddens, Ob. Cit.: 124).

Junto a él, Wallerstein establece las perspectivas de las ciencias sociales para el siglo XXI:

a) La reunificación epistemológica de las denominadas 02 culturas (ciencias y humanidades).
b) La reunificación organizacional de las ciencias sociales.
c) La asunción por parte de las 03 ciencias sociales de un papel de centralidad (que no implica hegemonismos en el mundo del conocimiento). (Wallerstein en López Segrera, 1993: 180-181).

Aprovechando que estamos comentando sobre Wallerstein y su propuesta epistemológica de las ciencias sociales daremos respuesta a la pregunta que formuláramos líneas más arriba sobre qué significa abrir las ciencias sociales. Quiere referirse a la “deconstrucción de las barreras disciplinarias entre lo ideográfico y lo nomotético; integrar las disciplinas ideográficas y nomotéticas en un método transdiciplinario (López Segrera en Lander, 1993: 176).

Pero para abrir las ciencias sociales es necesario también impensarlas; es decir, “reconciliar lo estático y6 lo dinámico, lo sincrónico y lo diacrónico, analizando los sistemas históricos como sistemas complejos con autonomía, y límites espaciales y temporales (López Segrera en Lander, Ob. Cit.: 177).

Todo se logra si se emplea adecuadamente el análisis transdiciplinario con el fin de eliminar la clásica distinción entre el método de análisis ideográfico del nomotético.
Estas reflexiones constituyen el marco epistemológico sobre el cual han de reconfigurarse las ciencias sociales, donde el papel del saber comprenda una integración del pensamiento científico y humanístico, y el protagonismo en la escena pública de las ciencias sociales, como conocimiento capaz de hacer frente a los paradigmas eurocéntricos que no hacen otra cosa que distorsionar la realidad no occidental, sea decisivo.

Junto al invaluable aporte de Wallerstein y Giddens se les une Federico Mayor quien en 1992 al brindar una conferencia en Europa sobre las ciencias sociales en calidad de director general de la Unesco, coincide en varios pareceres con sus colegas al proponer el enfoque interdisciplinario comparativo, el uso de datos cualitativos y cuantitativos como base de sustentación de las ciencias sociales, y por último la necesidad de emprender reformas institucionales y organizativas con el objeto de facilitar el trabajo de interdisciplinaridad.

Mayor es de los que cree en la ciencia social total, aquella capaz de brindar el soporte teórico como marco reflexivo y analítico de los asuntos humanos, poseedora de un puente que lo lleve, en la práctica, a la materialización de dichas reflexiones mediante acciones sistemáticas que permitan otorgar una mejor calidad de vida a los seres humanos. Acciones que se manifiesten a través de una mayor esperanza de vida, aumento de la producción agrícola, generación de conocimiento que permita crear tecnología en información y comunicación, etc.

Sobre los aportes y axiomas de las ciencias sociales en Latinoamérica y El Caribe, estos representan un gran intento por establecer una “crítica emancipatoria” (Santos; 2006) al conocimiento regulador de Occidente que niega la posibilidad de saberes alternativos que expliquen las verdaderas estructuras sociales y epistemológicas.
Sergio Bagú ha desarrollado el axioma del “capitalismo colonial”, el cual explica que durante la dominación de los españoles y portugueses, estos establecieron un régimen económico de corte no feudal sino de tipo “capitalista colonial” que se presenta a lo largo y ancho de la región conquistada. Otra cosa muy diferente –según Bagú, es que el sistema del capitalismo colonial posea “manifestaciones externas” que puedan semejarlo al feudalismo. América ingresó al capitalismo comercial, ya imperante en Europa, en forma sorprendente, contribuyendo, posteriormente, al desarrollo del capitalismo industrial (Bagú, 1993: 253).

Dicha contribución puede ser explicada en términos de lo que Boaventura de Sousa Santos denomina “lógica productivista”, aquella que no escatima esfuerzos en conseguir la más alta productividad de la naturaleza y del trabajo del hombre sin importarle los presupuestos éticos. Creo que este tipo de lógica permita comprender porqué una de las promesas de la modernidad, dominio eficiente del hombre sobre la naturaleza, no ha sido cumplida.
Otro aporte importante lo constituye el axioma centro – periferia de Raúl Prebisch, que explica que el centro ha retenido totalmente el progreso técnico de sus industrias y que en muchos casos gran parte de este progreso le ha sido traspasado por los países de la periferia (Prebisch Marini, 1994: 238).

Como complemento a lo anterior, el axioma de “dependencia” de Theotonio Dos Santos, define el término dependencia como una situación en la cual la economía de un cierto grupo de países está condicionada por el desarrollo y la expansión de otra economía. Para dos Santos, ésta es una realidad histórica que se presenta a nivel de la economía mundial, en donde el desarrollo de unos cuantos países se logra en detrimento de otros (Dos Santos en Jaguaribe, 1969: 184).
Ambos aspectos, centro – periferia y dependencia, constituyen los vínculos de desigualdad entre el grupo de países del Norte, altamente desarrollados y poseedores de la más avanzada tecnología, y los países del Sur, pobres y con escasas oportunidades de desarrollo. En pocas palabras otra promesa de la modernidad incumplida.

El aporte de Aníbal Quijano sobre “colonialidad del poder y del saber” desarrolla el concepto de “idea de raza” como elemento que estableció las diferencias sociales entre los conquistadores y los conquistados. De esta manera la asignación de los roles fue determinada por el color de piel como “categoría emblemática de la categoría racial”. Junto con los roles y lugar de procedencia es que se establece la división social del trabajo.
La idea de raza constituye para los conquistadores un elemento legitimizador que les permitirá justificar su dominación sobre los no – occidentales (Quijano en Lander, 1993: 201-204).

Con la idea de raza se van a establecer “identidades sociales históricamente nuevas”. Estas son las de cholo, indio, negro, nuevas categorías que se añaden a las ya convencionales español, portugués o simplemente europeo. Si bien esta última categoría hasta antes de la conquista solamente era indicador de procedencia geográfica, con la llegada de los conquistadores habría de constituir una categoría diferencial con intensa connotación racial.
Por su parte, Santos identificaría en esta dicotomía conquistador – conquistado el desarrollo de la lógica que denomina de la clasificación social (Santos, 2006: 76). Este tipo de pensamiento, propio del saber regulador de Occidente, explica que dentro de las sociedades existen jerarquías naturales. Este tipo de lógica procura justificar la idea de dominación asignándole un atributo ya establecido por la naturaleza.

Estos son solo algunos alcances teórico – epistemológicos del nuevo conocimiento que ha empezado a formularse no solamente en América Latina y el Caribe sino en aquellos lugares como África donde el saber occidental fue impuesto como única manera de conocer y no como una alternativa democrática por conocer la realidad del referente empírico particular de cada nación.
Existe la idea de que por más conocimiento epistemológico que se formule es casi poco probable el desentendimiento del legado occidental que se encuentra muy arraigado en la producción científica de muchos investigadores de nuestro continente, porque muchos fenómenos sociales son explicados mediante conceptos formulados en Europa.

A nuestro parecer, creemos que la intensión por conocer desde otra perspectiva que no sea la occidental es la de demostrar la verdad de las estructuras, leyes, reglas y normas, etc. Impuestas en muchas ocasiones como instrumentos justificatorios del dominio político/económico/social/cultural. Se debe desestimar la ciencia creada como medio del orden político dominador –como es el caso de la teoría malthusiana que constituye un intento selectivo por disminuir hasta eliminar a los pobres- de las formulaciones científicas que explican los fenómenos sociales de la modernidad (El legado de Marx, Durkheim y Weber son un preclaro ejemplo de ello).
Bibliografía

1.- BAGU, Sergio.
Economía de la sociedad colonial.
Editorial Giralbo.
México, 1993.

2.- BARRANTES, Máximo.
Introducción a las ciencias sociales.
Editorial Dorhca.
Lima, 1977.

3.- DOS SANTOS, Theotonio.
“La crisis de la teoría del desarrollo y las relaciones de dependencia en América Latina”.
En: JAGUARIBE, Helio y otros. La dependencia político – económica en América Latina.
Siglo XXI.
México, 1969.

4.- FUENZALIDA, Fernando.
Ciencias sociales.
Ediciones Studium.
Lima, 1977.

5.- GIDDENS, Anthony.
“The transition to late modern society”.
International Sociology. Vol. 13, Nª1.
1998.

6.- LECAROS, Fernando.
Visión de las ciencias sociales.
Ediciones Rikchay Perú Nª4.
Lima, 1980.

7.- LOPEZ SEGRERA, francisco.
“Abrir, impensar y redimensionar las ciencias sociales en América Latina y El Caribe”.
En: LANDER, Edgardo. La colonialidad del saber: Eurocentrismo y ciencias sociales.
Clacso.
Buenos Aires, 1993.

8.- PREBISCH, Raúl.
“Desarrollo económico de América latina y algunos de sus principales problemas”.
En: MARINI, Raúl Mauro. La teoría social latinoamericana. Textos escogidos.
México, 1994.

9.- QUIJANO, Aníbal.
“Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina”.
En: LANDER, Edgardo. La colonialidad del saber. Eurocentrismo y ciencias s sociales.
Clacso.
Buenos Aires, 1993.

10.- SANTOS, Boaventura de Sousa.
Conocer desde el Sur.
UNMSM.
Lima, 2006.

11.- WALLERSTEIN, Immanuel.
Abrir las ciencias sociales.
Siglo XXI – UNAM.
México, 2003

domingo, 12 de abril de 2009

Italia es más bella en la voz de Andrea Bocelli


El próximo 28 de abril el ahora ya mítico tenor italiano Andrea Bocelli (Lajatico, Toscana, 1958) ofrecerá su primer concierto en la ciudad de Lima, en un marco de ensueño gracias al acompañamiento musical que tendrá de parte de la Orquesta Sinfónica Nacional y del Coro Nacional del Perú, y todo esto en el Jockey Club, un escenario ya consagrado a mega presentaciones de estrellas internacionales de amplia fama a nivel mundial.

Bocelli llegará a Lima después de haber cantado con igual successo (éxito) en países como Venezuela y Brasil, todo ello previamente establecido dentro de su tour mundial que busca promocionar su más reciente producción titulada Incanto (2008), cuya realización nuevamnte ha sido posible con la colaboración de la prestigiosa casa discográfica Decca.

Esta nueva joya de la música lírica nos sorprende en esta ocasión con una exquisita selección de canciones populares italianas -a excepción de la célebre Granada, del mexicano Agustín Lara, y de Because, tema popularizado por el tenor tambén italiano Mario Lanza.

Incanto es una colección de las más famosas y amadas canciones italianas que han llegado a hacerse famosas en las voces de diversos cantantes igualmente italianos, dese Enrico Caruso, pasando por Beniamino Gigli, Mario del Monaco, Giuseppe di Stefano, Mario Lanza, Franco Corelli, Luciano Pavarotti hasta hoy en la actualidad nuevamente revividas en la cálida voz de Bocelli, y que han formado parte de la infancia y juventud del tenor toscano.
De otra parte, el cd conmemora los 50 años de vida de quien hiciera famoso en todo el mundo el tema Time to say goodbye, a dúo con la cantante inglesa Sarah Brightman.

Asimismo, Incanto nuevamente es una sublime y heroica celebración de l'amore e la passione, dirigidos a distintos sujetos y expresados en distintos lugares. Es así que escuchamos Un amore cosí grande, O' surdato 'nnamurato, Era de maggio, Non ti scordar di me, donde el agente receptor del mensaje se pretende una mujer a la que se ama con devoción. También hay la canción Mamma, son tanto felice, que cantada a una mujer pero en una tónica menos impegnativa (comprometedora) como las anteriores porque se la canta a la madre.

Después tenemos Santa Lucia, Funiculi Funicula, que cantan sea la serenidad del puerto de Santa Lucia en Napoli, como también -dentro de la misma ciudad capital de la region Campania- la exubernacia del Monte Vesuvio, que es el amor por una ciudad, Napoli (Nápoles), y por extensión -se pretende así- el amor por un país, Italia, il bel paese.

Y si el cd ya es de por sí bastante ilustrativo en una retahíla de sensaciones que se producen en el oyente de oído educado al trasladarnos al sur de la Italia de los últimos 50 años del siglo pasado, el dvd acrecienta todavía más esta riqueza sensitiva al hacer pasar fotografías instantáneas del glamour que viviera Napoli después de la segunda posguerra mundial, y cuando las más grandes mega stars de Hollywood descubrieran Italia y con su presencia la colmaran de glamour y divismo la sureña ciudad, haciendo conocer al Bel paese le delizie e le ebbrezze della dolce vita (las delicias y las embriagueces de la dulce vida).

Finalmente, y ahora ya hablando en términos técnico-vocales, Bocelli hace una de las entregas más logradas que hasta la fecha haya podido hacer, y que particularmente me devuelven a otras producciones suyas previas de igual calidad como lo son Viaggio italiano y Sentimento, en las que Bocelli ya se perfilaba como un virtuoso en la interpretación de la canzone popolare italiana. Los catorce temas que contiene este encanto de cd son correctamente cantados por Bocelli, cuya voz de muestra aquí cómoda y plena, alcanzado una natural expresión y extensión que, por ejemplo, en la canción E vui durmiti ancora llega a sorprendernos cuando Bocelli remata su interpretación del tema con un re natural sobreagudo (re5 en el piano).

Recomiendo este Incanto, que a mí en lo particular ha conseguido conmoverme una vez más; me ha hecho revivir las primeras emociones que probaba cuando descubrí a aquel cantante ciego que le opacaba la voz a Martha Sánchez en la interpretación de Vivo por ella, y del cual, desde ese momento, me hice aficionado (por no decir fanático), siguiendo su carrera y producción discográfica ininterrumpidamente desde entonces.
Cantantes como Bocelli, que difunden la música de su país por todo el mundo son dignos de admirar, no sólo por la buena intensión que tienen al hacerlo sino porque lo hacen dotados de un recurso artístico vocal di buona fattura e qualita', y que le dan una un valor agregado a tantas canciones que parecen olvidarse en los infinitos meandros del recuerdo-olvido de los pueblos, pero que cuando encuentran una voz idónea reviven, y con ellas reviven la historia que está ligada indefectiblemente al momento de su producción cultural. Canciones, como las que se contienen en Incanto, que nos acercan más a otros grupos humanos -en este caso il bel paese- y que sin lugar a dudas hacen que países como Italia, en la voz de Andrea Bocelli, nos parezcan todavía más bellos.

sábado, 4 de abril de 2009

Revisando el Homo videns de Sartori




Quiero compartir en esta oportunidad parte de la síntesis interpretativa de una de las más notables obras del sociólogo italiano Giovanni Sartori, Homo videns, que presentara cuando cursaba el 4ª año de sociología en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de San Marcos.

El autor, asumiendo compromiso de solución ante una problemática como la ve, a saber, la nueva configuración de un individuo formado bajo la imagen y desapegado de la cultura escrita y del saber que aquella contiene. Por tanto, sabiendo que de antemano se opone a este nuevo tipo de cultura y al formular el problema respectivo, rompe con la neutralidad valorativa y toma parte.

Un segundo importante objetivo de Sartori es remarcar como la imagen tiene cabida en la política, y cómo ésta de ve alterada por la aparición de la misma, no solo porque pueda ver sus decisiones modificadas por la presión de los medios de comunicación, sino también por cómo copa aquellos mismos para lanzar una campaña publicitaria del engaño o el apaciguamiento con la finalidad de tener controladas a las grandes masas.

El tercer aspecto del autor está dado por rescatar el papel de otros medios de comunicación precisamente en la tarea del comunicar y formar ciudadanos con opinión y juicio crítico, aunque en tiempos de dictadura tanto el periódico como la radio también puedan llegar a verse sometidas por el poder político de turno.

Giovanni Sartori presenta su análisis habiéndose valido de su observación juiciosa de una nueva problemática: el paso del homo sapiens al homo videns. Una observación que hace tanto como ciudadano común y corriente en las diversas esferas del mundo de la vida, asimismo apoyada en la observación científica de fuentes bibliográficas. Es decir, ha acudido tanto a tratados antropológicos y sociológicos, como también filosóficos, desde su postura de investigador social, y a registros televisivos, radiofónicos e impreso-noticiosos para enunciar el problema que le embarga.

Sin embargo, desde las primeras líneas de su ensayo toma parte antes la temática situacional y no duda en mostrarse pesimista por lo que vendrá. La cultura de la desinformación difícilmente variará, según Sartori, si no se modifica la pedagogía doméstica con la que se forman los niños de hoy, atrofiados culturalmente por la imagen y sus múltiples colores, que le mellan en su capacidad de abstracción.

El autor traza los límites de su estudio temporalmente hablando, cuando reconoces que con la llegada de la imagen televisiva se desencadena el nuevo proceso antropológico de formación del individuo, el homo videns. Entonces, son los años 60 en adelante que le interesan a Sartori para su análisis. Esto igualmente va de la mano con el periodo de la posguerra mundial, en que dos grandes bloques se disputan la hegemonía del mundo y se ven constreñidos a sofisticar sus instrumentos de colonización y dominación.

Por otra parte, el corte espacial del análisis, que si bien no prescinde del acicate generalizador, parte del reconocimiento de una nueva realidad reconocida por Sartori en su Europa natal, pero que él en ningún momento supone única de esa parte del mundo, ellos porque la tv y su elemento visual ya para entonces a empezado a expandirse por todo el mundo como la nueva innovación tecnológica que sorprende al hombre porque le habla de su gran talento para evolucionar y de su audacia para acortar las distancias entre los diversos puntos de la tierra.

El homo sapiens.-
Se caracteriza por tener capacidad simbólica, lo que implica que habita un universo simbólico caracterizado por tener lengua, mito, arte y religión.
En lo referido al lenguaje, este puede ser de tipo conceptual o del sentimiento, lógico o de la imaginación poética.Las civilizaciones han alcanzado un determinado grado de desarrollo con la aparición y difusión de la escritura, y que mediaría definitivamente entre el tránsito de la oralidad a la palabra plasmada en el papel.

Más adelante el surgimiento del teléfono configurará un nuevo escenario de las comunicaciones al tener la capacidad de acortar distancias. Lo mismo en su momento hará la radio al difundir cosas dichas con palabras.
La ruptura cultural que Sartori enuncia vendrá con la llegada de la tv, que implicando el poder ver desde lejos moldeará la percepción del individuo al constreñirle al hecho de que el ver prevalece sobre el hablar.

El vídeo niño.-
Es la tv la que modifica primero y fundamentalmente la naturaleza misma de la comunicación ya que traslada del contexto de la palabra al contexto de la imagen.
La imagen es pura y simple representación visual. Se ve y eso es suficiente. Para verla basta con poseer el sentido de la vista, y es que la imagen no se ve en chino, árabe o inglés. Se ve y punto.
En cambio la palabra es un símbolo que se resuelve en lo que significa, en lo que nos hace entender. Y entendemos la palabra solamente si conocemos la lengua a la que pertenece.
La tv modifica la relación entre entender y ver.

Características del vídeo niño.-
- Se hace un hombre que no lee.
- Deviene un ser reblandecido por la tv.
- Se vuelve adicto a los vídeo juegos.
- Solamente responde a estímulos audiovisuales.

Entonces, se configura como un ser atrofiado culturalmente, con pérdida de la capacidad de abstracción.
La tv no es solamente un instrumento de comunicación, es también un instrumento antropogenético, un medium que genera un nuevo antropos, un nuevo tipo de ser humano.

La lectura del problema que hace Sartori es la siguiente: la tv forma y propaga una cultura de la incultura. Se combinan la perspectiva antropológica y sociológica en esta afirmación en el sentido de que hablamos de cultura, simplemente, porque reconocemos patrones de acción y conducta propios de las nuevas generaciones de individuos, de grupos humanos, caracterizada por esta devoción a la tv, intencional ahora pero no desde un primer momento. Ahora bien, la perspectiva sociológica habla de una incultura en el sentido de que tenemos hombres ignorantes, ajenos a un reservorio de conocimientos que la sociedad reclama como necesario para la formación de personas bien cimentadas, esto es, conocimientos de política, economía, historia, literatura, filosofía, música, actualidad, etc, y que el individuo de hoy no tiene. En vez de ellos tiene imágenes que poco le ayudan a conceptuar ideas e interpretar procesos situacionales.

La vídeo política.-
1.- El poder de la imagen también está a disposición de las dictaduras.
2.- El pueblo opina en función de cómo la tv le induce a opinar.
3.- La tv condiciona fuertemente el proceso electoral.
4.- Asimismo, la tv hoy por hoy tiene la capacidad de condicionar las decisiones del gobierno.

Formación de la opinión.-
1.- Distorsiona a los líderes intermedios de opinión.
2.- Le da a escoger a la ciudadanía en quién se debe confiar y en quién no; quién es sujeto de crédito y quién no.

No importa que la imagen pueda engañar aún más que las palabras. Lo esencial es que el ojo cree en lo que ve. Lo que ve le parece real. El poder obnubilador de la imagen es aprovechado por diversos grupos de poder, entre ellos y con especial asiduidad, los gobiernos, no únicamente las dictaduras, como lo menciona Sartori; los gobiernos democráticamente elegidos también recurren a ella para mantener a la ciudadanía “entretenida” y con su barómetro de crítica a las acciones del gobierno adormecido, pues teme alzamientos populares. Este temor es mayor cuando el gobierno se sabe poco inteligente, y por tanto, se sabe menos eficiente en la consecusión de todo un programa de gobierno planteado durante el proceso de elecciones.

Empero, con un uso abusivo las dictaduras recurren al imperio de la imagen con altas dosis de mediaticidad para tapar protestas sociales preocupantes, creando así la imagen de que nada pasa, de que todo está bien. Esto se corrobora durante la década pasada, cuando en el poder del país se cernía la figura de Alberto Fujimori, y que pretendía acallar las voces de denuncia no solamente con represión violenta sino con la ridiculización del reclamo en sí mismo, valiéndose para ello de un elenco de medios de comunicación genuflexos que difundían la efectividad de las acciones del gobierno, pero que además le daban a telespectador basura televisiva que gustoso consumía.

Se formaba en la desinformación y la estupidez, teniendo cómicos ambulantes de chistes obcenos que le hacían reír y vedettes vulgares que le elevaban sus niveles de libido hasta el orgamo repulsivo.
Por otra parte, la tv tiene la capacidad de poner la agenda a los gobiernos de turno; les indica qué temas debe tocar y cuáles no. En este caso se reconoce una situación diversa a la anterior descrita, donde se tiene un gobierno enclenque que no sigue sus propias pautas sino que se ve apabullado por los medios de comunicación que le dicen qué debe hacer.

Esta capacidad de la tv a veces sirve. Hace poco se destapó el caso de una señora infectada con el virus del sida en un nosocomio público. La mujer presentó su queja correspondiente sin recibir mayor atención para su caso. Tuvo que intervenir la tv para que se hiciera pública su situación y ejerciendo presión esté resarciera a la víctima e iniciara las investigaciones respectivas para dar con los responsables. Lo mismo cuando el presidente Toledo negaba a reconocer a una de sus hijas. Es decir, cuando la tv quiere se vuelve colaboradora o crítica del gobierno; este estado de las cosas varía de acuerdo a la escala de presiones e influencias que tengan los gobernantes de turno sobre los medios de comunicación. O sea, depende de la manera en que se negocie.

Gobierno de los sondeos.-
Respuestas que se dan a preguntas formuladas por el entrevistador. Las respuestas dependen ampliamente del modo en que se formulan las preguntas, así como también, el hecho de que el que responda se sienta forzado a dar una respuesta improvisada.

Como se ve, su característica principal es difundir entre la ciudadanía la respuesta generalizada de tan siquiera un sector de la población, y manipular esa información a piacere del que le conviene, llámese el dueño del medio de comunicación que quiere presionar en el gobierno con un interés específico, comúnmente de tipo económico, o de un gobierno de turno maridado con alguna televisora y que busca aplacar a la opinión pública y su juicio crítico con la imagen de que la opinión de unos cuantos es universal. Pero esos cuántos que brindaron a medias dicha información igualmente son víctimas de la desinformación, a su vez, en el sentido de que puedan estar respondiendo sin mayor conocimiento de causa.

Por tanto, la mala intención esta en formular la pregunta al entrevistado, con apoyo de la falacia de la pregunta compleja seguramente, y no instruirle al responder.

También la imagen miente.-
Los noticieros de tv ofrecen al espectador la sensación de que lo que ve es verdad, que los hechos vistos por él suceden tal y como él los ve.
La tv puede puede mentir y falsear la verdad. La diferencia es que la fuerza de la veracidad inherente a la imagen hace que la mentira sea más eficaz, y así, más peligrosa.

Las vídeo elecciones.-
La tv influye más cuanto menores son las fuerzas contrarias en juego, y especialmente cuanto más débil es el periódico.

Además la tv personaliza las elecciones: menos personas y no programas de partido, y personas constreñidas a hablar a cuentagotas. Propone personas en lugar de discursos. Por tanto, la carrera presidencial, por ejemplo, se convierte en un espectáculo en el que el espectáculo es lo esencial y la información tan solo un residuo.

La vídeo política reduce el peso y la esencialidad de los partidos, y ello les obliga a transformarse.
Ya no es necesario el partido de peso, tan solo el ligero, y basta.

Acuerdos y desacuerdos con el autor.-
Definitivamente uno de los puntos de mayor acuerdo que se pueda tener con el autor es que con esta exposición haya decidido evidenciar una problemática muy propia de nuestro tiempo: la configuración de un nuevo tipo de hombre, el hombre que no lee y prefiere ver, y para ello se deja asistir por la influencia de la tv. No sería reprobado esto que se dice por el autor si la tv a la que recurriera el niño fuera un tv que forme, pero lamentablemente eso no es así. La hegemonía la ejercen los medios de comunicación que forman hombres incultos, y con ello desinformados, poco conscientes de la realidad en la que se encuentran y sin la capacidad de reconocer problemáticas sociales nacionales ni entramados de poder entre personas e instituciones.

Por ejemplo el vídeo niño, según dice Sartori, no nace atrofiado culturalmente, se forma. Y se forma desde los primeros años de vida, cuando inexorablemente tiene que quedarse solo en casa porque los padres tienen que salir a trabajar, y no le encuentran una mejor manera de entretenerse que sentándolo ante la tv horas de hora, haciendo un consumo insegregado de lo que bien pueda consumir a través de ese medio de comunicación, sin guía ni orientación de nadie.

Cuando la tv no existía los niños pasaban las horas leyendo, mataban el tiempo, pero hoy por hoy prefieren hacerlo no solamente con la tv sino también recurriendo a los vídeo juegos que estupidizan y generan personas sin crítica inteligente ni puntos de opinión, o a lo mucho alcanzan pareceres de las cosas la mayor parte de las veces blandos y poco consistentes.

Aquí mismo podemos darnos cuenta que si esto acontece no es tan siquiera porque los padres prefieran irse a trabajar y prefieran dejar estupidizándose a sus hijos. Lo hacen porque la imagen tiene tal poder de seducción valiéndose para ello de que entra por los oídos y los ojos; en cambio la lectura tan solo entra por los ojos. La imagen tiene la absoluta capacidad de ilustrar. Sin embargo, he ahí el reto que Sartori reclama: formar en nuestros hijos la capacidad de abstracción y de pensamiento espacial sin necesidad de recurrir al objeto. La lectura genera la facultad de que interrumpida ésta para poder imaginar lo que leemos, podamos bien cerrar los ojos y ver eso que acabamos de leer.

Pero si algún desacuerdo podemos tener con el escritor italiano es el hecho de que todo lo vea en blanco y negro, de que subestime por demás a la tv y no le reconozca el mérito, digámoslo así, de poder llegar a donde otros medios de comunicación no llegan con la finalidad de denunciar, cumpliendo así una misión social con basamento en la sensibilización y toma de conciencia de determinadas problemáticas que acontecen a miles de kilómetros de nuestro hogar, o de presentarnos toda una gama de referentes demográficos y culturales que quizá jamás en nuestra vida lleguemos a conocer.

Si es cierto que la imagen encandila, no menos cierto es que la imagen también conmueve más, y ha sido capaz, a razón de ello, de poder hacer nacer un espíritu humanitario alrededor del mundo, que ha superado distancias y que ha unido a miles de personas en un solo sentimiento, como cuando Juan Pablo II recorría el mundo llevando un mensaje de paz y esperanza que difícilmente habría podido impactar en la sensibilidad e imaginario de muchas personas si únicamente hubiese sido transmitido vía las noticias de los periódicos o la radio.

No se trata de hacer apología de la tv ni menos de la imagen, pero tampoco se puede mezquinar a aquella su poder ingente de conmoción sobre los hombres.

viernes, 27 de marzo de 2009

Cuando llegue la hora...

Jean Baptiste Regnault. La liberté ou la Mort.


La actual escena política y periodística del Perú, y más precisamente de Lima capital, cierra la presente semana con una noticia trágica: la muerte del periodista Álvaro Ugaz, la que muchos lamentamos pues la misma le ha sorprendido en un momento de su vida que se puede bien considerar aún, si no como de juventud, por lo menos como de temprana adultez.

La muerte me lleva nuevamente a preguntarme, ante el lamento de sus seres queridos y el hondo llanto de sus padres y prometida, cuándo es hora de morir, y si está preparado o no para asumir, para afrontar la misma. El lamento de dolor por la muerte de un ser querido es inversamente proporcional en intensidad al momento en que se piensa/cree que el mismo debe morir. Es decir, habrán de lamentar más la partida de un hijo de, digamos, 10 años, unos padres que esperaban que éste viviera por lo menos hasta los 65 de acuerdo a sus reales posibilidades de vida, al número de años estimados por ésta.
Y es que la sociedad, aparte las reales expectativas de vida que cada individuo pueda tener, nos mentaliza a pensar que viviremos muchos, pero muchos años más de los que ya llevamos sobre los hombros. Es más, la cultura mediática (¡Dios, qué etéreo y manido me suena esto!) nos inculca que es una obligación vivir largos años porque abundantes son aún las metas que debemos alcanzar para obtener la realización personal. Empero, no estamos hablando de cualquier tipo de realización personal, no se crea así. Hablamos más que nada del tipo de realización personal que consigue el "hombre de éxito" que por ejemplo es delineado una y otra vez por personajes como Miguel Ángel Cornejo, Camilo Cruz, David Fishman, entre otros, y que expanden su particular filosofía de vida a través de libritos simpáticos como ¿Quién se ha robado mi queso?, La culpa es de la vaca, La parábola del triunfador, etc., etc. (No necesariamente los libros citados son de autoría de los señores antes referidos).

El hecho es que se nos dice que no pensemos en la muerte como una contingencia medianamente cercana porque se pierde de una u otra manera tiempo y energías, las mismas que bien se pueden invertir en alcanzar las metas que hacen de uno un "hombre de éxito". Así, la sociedad nos innunda con toda una maquinaria de producción de mecanismos de acceso al reconocimiento que no terminan haciendo otra cosa que generar estrés en las pobres personas, las mismas que empiezan a sentirlo cuando empiezan a perder el pelo, o a subir/bajar de peso, o a perder a la mujer/marido/hijos. El trabajo en ese momento ha conseguido ser la prioridad en la vida de uno, y todo lo copa, sean estos espacios e instantes que previamente los habríamos podido destinar a otras actividades lúdicas, eróticas, fantásticas, etc.

Es por esto y muchas cosas más que pensar en la inminencia de la muerte nos llena de temor. No, aún tengo mucho que hacer en esta vida... Por mí, por mi familia, por el mundo... Qué mejor ilustración puedo ofrecerles en este momento que la imagen de Mario Cavaradossi (en la ópera Tosca de Giacomo Puccini) pintor italiano enamorado de su amada Floria Tosca, de la cual tiene la certeza de separarse para siempre ante la fatal proximidad de la muerte. Él, en el aria E lucevan le stelle, que canta hacia el tercer acto, dice:

... Svanì per sempre il sogno mio d'amore
l'ora è fuggita e muoio disperato
e non ho amato mai tanto la vita!...

Una traducción de estas líneas podría ser:

... Se ha desvanecido para siempre mi sueño de amor
la hora ha llegado y muero desesperado
y jamás como ahora he amado tanto la vida!...

Y es que en verdad uno se aferra más a la vida cuanto más cree haber alcanzado la cumbre de la misma en tanto, obviamente, se está vivo. En el caso de Mario Cavaradossi, él declara angustiado su conmoción frente a la llegada de la muerte, que lo viene a buscar justo en el momento en que es más feliz, esto es, cuando pensaba en una unión más perdurable con su amada cantante Floria Tosca.

Sin embargo, le podríamos replicar a Cavaradossi cómo es que sabe él que aquella no es su hora, a lo que su dúplica -imposible de no premeditar- sería cuestionarnos sobre cómo sabemos que aquélla sí es su hora. En resumidas cuentas, de la muerte no se sabe cuándo ésta viene o se va, porque el hecho de pensar, por ejemplo, que si nos libramos de un accidente importante no quita que la muerte haya dejado de rondar nuestra esquina. Pero con un razonamiento así caemos en cuenta que le damos demasiada consideración a ésta, lo cual prueba la manipulación que la sociedad ha ejercido sobre nuestros cerebritos al inocularnos el ansia desesperada de aferrarnos a la vida a como sea y como cueste ya que no nos podemos morir. Es más, nunca es hora para morir porque, en verdad, hermanos, hay mucho, pero mucho por hacer.

Es ahí cuando la maquinaria religiosa interviene con toda su simbología y manejo del lenguaje y empieza a jugar un rol interesante, especie de salvaguarda de los intereses de la vida económica (bueno, siempre lo ha sido así, sino remitámonos a La ética protestante y el espíritu del capitalismo de Max Weber por favor; allí encontraremos una demostración más calibrada y aguda de esto que digo).

La religión nos presenta a Dios, y nos llama a encomendarnos a él para que nos envíe un ángel de la guarda que cuide nuestras espaldas en tanto nosotros seguimos luchando por alcanzar el éxito.

No son pocos los que recurrimos a esta medida para seguir adelante con nuestras vidas y seguir esforzándonos por alcanzar nuestras más ambiciosas metas. Necesitamos delegar responsabilidades, y a Dios y a sus ángeles de la guarda les delegamos la de cuidar de nosotros; estamos tan ocupados en nuestros proyectos personales de realización que ya no nos queda tiempo para cuidar ni siquiera de la constitución bioindividual que somos, soporte por excelencia del despliegue de todas nuestras actividades humanas.

Así, me viene a la mente una frase de autor que no recuerdo: ¡Qué sería de nosotros sin la mediación de lo que no existe! Ese Dios del cual solamente nos acordamos los domingos y fiestas de guardar (¡y esto es!), del que en no más de un momento dudamos de su "existencia", sí, ese mismo, cuánto alivio en verdad nos procura si vemos las cosas en el sentido como las estoy proponiendo ahora. ¡Es increíble!

Pero una de las cosas que más puedan afectar, sobre todo a los parientes del deudo, es que éste, en vida todavía, no haya podido "tratar" con la muerte los términos de la misma. Y es que hay todo un proceso de adaptación a la muerte, como nos lo sugiere Elisabeth Kübler-Ross, quien refiere que dicha situación es un auténtico proceso de socialización y que está conformado por varios estadíos:

1.- La negación: cuando nos enteramos que vamos a morir (si es que tenemos esta suerte), la primera cosa que hacemos es negarnos rotundamente a tal hecho. No, no es posible que yo pueda morir... No ahora al menos.

2.- Luego viene la ira, más presente aún en las personas jóvenes a quienes el hado fatal no les permite vivir algunos años más sino que los recluta ahora a capricho arbitrario.

3.- Sigue la negociación, etapa en la que nos sentamos a hablar con la muerte y, en efecto, negociamos los plazos verdaderos de expiración y desaparición física de la faz de este mundo cruel. Sin embargo, no pocas veces en esta etapa el individuo aciago termina suplicando, tras haberse hecho "el muy machito" ante la insondable muerte.

4.- La depresión es la penúltima etapa descrita por la autora, en la que el individuo se abandona a morir, forma per sè muy triste de negarse a morir en la que uno se desconecta del mundo como esperando que así la muerte no llegue.

5.- Finalmente llega la aceptación, asimilándose con paz que la muerte está próxima y ya nada más se puede hacer.

Sin embargo, hay otros, y no son pocos en número, que dicen que la llegada de la muerte es el bálsamo para la vida, que no es más que una suerte de retahíla de sufrimientos. Como dicen unos versos cuyo autor tampoco recuerdo ahora:

La muerte es la noche fresca.
La vida, el día tormentoso.


De estos otros espero hablar con mayor detalle en un próximo post. Lo que ahora quisiera decir, y para cerrar mi intervención de hoy es que, sepamos o no cuál es la hora de nuestra muerte, pensemos que la llegada de la misma es justa o no, temprana o tardía, en tanto tengámos un attimo de vida debemos esforzarnos por vivir, y con mucha más razón si no hemos hecho otra cosa más que dedicar nuestros días a afanes angustiantes y desgastantes, y así gozar del hecho mismo de vivir, de ser y estar en este mundo. No sabemos a ciencia cierta si exista otro, entonces tratemos de llevarnos de éste las más variadas y ricas experiencias para no querdarnos con las ganas y luego pedir más.

Vivimos en un mundo convulso y sensacionalista, y ante la rutilante y aparatosa parafernalia que día a día despliega ante nuestros ojos quizá, como òptima sugerencia por el bien de nuestra salud mental y corporal, debamos hacer lo que canta el inspirado Fray Luis de León en Oda a la vida retirada, cuando dice:
¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruido
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!

... El horaciano tópico del Beatus ille en toda su expresión. Es mil veces mejor cantarlo en su plenitud que dejarse acompañar por los compases de la célebre Marcha fúnebre de Chopin.

viernes, 13 de marzo de 2009

En-canto


Una de mis pasiones, por lo menos desde que tengo 18 años, ha sido y es el canto. Creo que la música, en general, haya estado presente en mi vida desde muy pequeño. Los primeros gratos recuerdos que guardo en este sentido me devuelven a los domingos que mi madre me llevaba a las presentaciones que hacía la Orquesta Sinfónica Nacional en la sede del Museo de la Nación. Yo ya gozaba de la llamada música selecta, y emepzaba a tener contacto con las inmortales páginas musicales de los compositores más importantes, comenzando por los infaltables Mozart y Beethoven, para luego pasar por Tchaikovsky y llegar hasta Rossini, por ejemplo.

Más adelante, mi tía Ely reforzaría este aprecio por la música clásica cuando me introdujo a un lindo programa musical, Pianissimo, que se transmitía por Radio Solarmonía, hoy Radio Filarmonía, y que escuchábamos juntos a las 7 de la noche. Después, otras veces, cuando la acompañaba en su dormitorio en tanto ella trabajaba en la máquina de coser modificando su propia ropa y otras prendas de vestir, y ponía de fondo musical las interpretaciones de Richard Clayderman, yo, apenas sentía alcanzar mis oídos aquellos acordes sonoros, como un cuerpo metálico que se dirige a un imán, yo inmediatamente buscaba terminar lo que estaba haciendo, e iba donde ella y juntos comentabamos la belleza de aquella variada música que interpretaba el pianista francés con delicia. Mi sensibilidad musical continuaba desarrollándose y si no me falla la memoria, en aquel entonces debo haber bordeado los 7 u 8 años. Sin embargo, estaba todavía muy lejos de pensar en la idea de querer hacer "más mía" la música. Solamente me deleitaba con ella, y aunque ahora me dé un poco de vergüenza, llegaba hasta a adormentarme ligeramente con la paz que las melodías emanadas de un piano o de un violín me hacían olvidarlo todo. Era feliz.

Cuando llegué a la adolescencia conseguí desarrollar una cierta fascinación, digámoslo así, por las telenovelas que producía Televisa de México y que se pasaban por América Televisión. Las veía junto a mi madre. creo que también mi hermano haya visto algún par de ellas con nosotros, pero si hubiese sido así, jamás fue un atento seguidor de las mismas. Él prefería mil veces ver un partido de fútbol con mi padre.

Pero si veía telenovelas la mayoría de las veces lo hacía por los fondos musicales de éstas, que en algunas ocasiones eran medianamente logrados. Bueno, también lo hacía para deleitarme con la belleza de algunas de sus más conspicuas protagonistas, pero el elemento sonoro musical era lo que llamaba poderosamente mi atención.

Una vez, y cuando empezamos a ver la telenovela Vivo por Elena, protagonizada por Victoria Ruffo, una actriz también mexicana de pobre calidad actoral, puse atención a la página musical que abría la misma. Una de las voces era la de la cantante española Martha Sánchez; la otra voz, y la que me despertó más curiosidad, era una voz cálida cuanto potente y todavía más sonora que la de cualquier cantante común y silvestre. Después descubriría que era la voz del cantante italiano Andrea Bocelli, y allí empezaría en realidad un involucramiento mayor con la música, con la música lírica.

Tras haber oído mil veces Vivo por ella (el verdadero nombre de la canción), y ya saciado de la riqueza sonora de la misma, decidí buscar qué otras canciones tenía Bocelli, hasta que encontré un primer cd suyo titulado Viaggio italiano y en el que reconocí únicamente un par de "temas" conocidos, como la universalmente famosa Ave María de Schubert y La donna è mobile de Verdi, célebre entre otras cosas por ser fondo musical de una publicidad para fideos de cocina.

Fue en este momento que, escuchando con buena atención ambas páginas (antes solamenete las había oído en versión instrumental) noté que en la voz de Bocelli cobraban todavía más vida y cuerpo. Empezaba a amar la voz de Bocelli, pero más que nada, empezaba a descubrir la voz de tenor.

Sin embargo, a la par que admiraba la calidad interpretativa de Bocelli en La donna è mobile de Verdi, veía que me topaba con un pequeño problemita: no entendía qué cantaba. Aquel fue otro punto de partida que poco tiempo después me acercaría al idioma italiano, que llegué a estudiar en el Istituto Italiano di Cultura de Lima; pero este es tema para otro post así que no contaré por ahora esta experiencia.

Con los implementos básicos para leer y entender italiano continué adentrándome en el mundo de la lírica, y conocía no sólo a Verdi sino que además tuve mis primeros contactos musicales con Puccini, Mascagni, Leoncavallo, y ya más adelante aún, descubriría a Rossini, Donizetti y Bellini, pero gracias a otros cantantes eso sí.

Mi música, la lírica, se hizo mi más elevado placer artístico al llegar a los 16-17 años, desplazó a las cancioncitas sensibleras que todas las tardes, durante los últimos dos años de escuela secundaria, nos acompañaron a mi hermano y a mí a la hora de hacer las tareas, siempre vistos y seguidos por mi madre, solícita a darnos una mano en caso de presentársenos alguna dificultad, y más.

Esta nueva amiga mía, la lírica, me acompañó hasta Venezuela. Viviendo allá en Chacao, un distrito muy bonito de la zona este de Caracas, y pasando las calurosas tardes con mis tías Ely y Bertha -sobre todo con esta última- mi acercamiento a una posibilidad de poder cantar de verdad fue pasando de potencia a acto cuando mi tía Bertha me escuchaba tararear arie italiane, y también alguna que otra canción "selecta" como Granada o Júrame, y que en la voz de Plácido Domingo eran sencillamente de inigualable interpretación.

Ella buscó alguna ocasión para iniciarme en los rudimentos del canto, cómo hacer la toma de aire si quería cantar, cómo poner atención a la canción que escuchaba, el sentimiento que debía imprimir a mi interpretación, etc., etc. Mi tía Bertha, fungiendo de maestra improvisada en ese momento, tenía una didáctica muy pecualiar para transmitirme sus conocimientos (!)

Nuevamente en Lima, y con el ansia de cantar que me brotaba por los poros de la piel, le dije a mi madre que quería ser cantante y que me ayudara a entrar al Conservatorio Nacional. Ella, demostrando una vez más su sabiduría, me habló de lo difícil que era hacer carrera de cantante en el Perú, y me sugirió que mejor hiciera una carrera profesional, universitaria. Por acá también podría iniciar a contarles otro fragmento de mi vida, pero ello quizá sea tema de otro post.

Y sí, el año 2004 entré a estudiar sociología a la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de San Marcos, y el año pasado concluí mis estudios de manera satisfactoria. En 05 años tuve que postergar mi deseo de estudiar seriamente canto, mas ello no implica que mi pasión por éste disminuyera en los absoluto. Seguía cantando. Cantaba, al principio, con temor -y es que no era más que un aficionado principiante- pero después la práctica -que da la maestría en un arte y oficio cuando éste se ejecuta con devoción, humildad y seriedad- hizo que empezara a perder aquel temor. Fui cosechando en ese lapso de tiempo tanto conocimientos como experiencias tras breves pero intensas temporadas en distintos grupos corales. No obstante, fueron las aulas de la facultad de Ciencias Sociales de San Marcos las que más veces me acogieron y con su acústica ampliaban mi todavía joven voz de tenor lírico-ligero. Probaba un placer inigualable al oír mi voz crecer y vibrar y viajar por el espacio; una voz ya bastante impostada que llegué a ofrecer hasta en tres ocasiones a un grupo medianamente numeroso de personas en tal sitio.

Desde el año pasado, y no pudiendo esperar el décimo ciclo para acabar la carrera de sociología, conocí del Programa de Extensión Cultural de la Biblioteca Nacional y que entre sus tantos cursos impartía uno de impostación para el canto, en el cual sin dudarlo me matriculé inmediatamente, que por motivos siempre universitarios tuve que dejar de frecuentar por unos meses, pero al que ahora, lejos de las turbulentas aguas sanmarquinas, he vuelto con gusto incrementado, porque uno de mis objetivos personales -y que quizá linde la obsesión-compulsión- es cantar, tan sólo cantar. Cantar bien, y con voz de tenor.

En realidad no sé qué sea de mí y de esta pasión que tengo una vez que termine el curso y me vea con mi certificado de haber acabo el mismo y probablemente con deseos fervientes de iniciar una carrera artística en el canto lírico. Quizá recurra al profesor Juan La Madrid, como ya me lo ha sugerido mi actual profesor Luis Flórez. Pero tampoco me afano más de lo debido. Si llegase a ser un cantante reconocido, en buena hora, y quizá por allí alcance la realización personal, obtenga el reconocimiento que busco y sea feliz. Y si no pasara así, entonces deberé tener siempre otra alternativa de realización personal, por ejemplo en relación a mi formación como sociólogo. Pero si puedo dejar un mensaje conciso, y que fue consejo de un tercero que alguna vez recibí, es que no debemos constreñir dicha realización personal, porque de no ser alcanzado tráería frustración, amargura y desesperanza en que otro camino hacia la felicidad es posible y existe.

Así como más de un camino lleva a Roma, más de una posibilidad real debe conducirnos a la felicidad.