domingo, 8 de abril de 2012

Como una trenza que se desenreda

  

Ya no tiene color
y sin embargo resplandece
en sus ámbitos dinámicos, naturales.

Ya no tiene sonido
y sin embargo su nombre
repercute en mis oídos
como la imposible melodía que ahora es.

En mi tiempo ha dejado de existir
pero aletea y se cirne en otros espacios
a los cuales
ya no quisiera acceder. No me lo permito...

Y su sonrisa impertérrita
que taladra mi solemne serenidad
me mueve a aborrecer un punto en común
que entrelazó dos senderos algún día.

La trenza ya estaba desenredada
por un implacable peine
y no lo recordé entonces...
Fluía ya un reguero de contradicciones
que coronaron la caída del sueño.

Era bueno
y un deseo se ha perdido
que cuando asido, preso entre mis manos
y sin escapárseme por entre los dedos
me coronaba tu señor... Hoy no lo soy...

Un nuevo algún día
es el punto de cierre que sin embargo abre
un hola, cómo estás de mañana, o de pasado mañana.
Yo, en tanto, fingiré que no te detesto más.


sábado, 31 de marzo de 2012

Quisiera saber...



Quisiera saber qué hemos sentido al enterarnos de la muerte del joven chileno Daniel Zamudio luego de haber sido torturado y humillado por un grupo de desalmados que no tenían ni el más mínimo conocimiento de lo que es una vida, de su valor y de su indiscutible belleza.

Quisiera saber qué hemos dicho en casa, a los amigos, a los compañeros de trabajo cuando nos han comentado este hecho, si es que hemos preferido quedarnos callados y no opinar por desconocimiento del tema, por vergüenza o en el peor de los casos porque no hemos conseguido sensibilizarnos con la desgracia de un muchacho que jamás conocimos, que vivía muy lejos de nosotros y que era diferente... ¡Diferente, aciaga palabra!

Quisiera saber si hemos buscado hacer algo para que cesen los crímenes de odio, para que nunca más las personas intenten/consigan acabar con aquello que no les gusta, que no toleran ni mucho menos respetan, que les parece feo, obsceno y pecaminoso simplemente porque no lo conocen y no saben de qué y de quién están hablando.

Quisiera saber si haremos algo porque las generaciones futuras (que hoy son niños y niñas con todo un camino por delante y con el legítimo derecho a adueñarse del mundo y ser felices) no crezcan con ideas retorcidas y malsanas pensando que hay buenos y malos, mejores y peores, normales y raros, blancos y no blancos, ricos y pobres y que única y exclusivamente los buenos, mejores, normales, blancos y ricos se merecen todo a costa de todo.

Quisiera saber si interpondremos nuestra palabra y acción cuando veamos y sepamos de un abuso contra el "débil", contra aquel que es discriminado por no ser católico, por no ser blanco, por no ser heterosexual, por no ser de dinero o por no tener mayor instrucción y lo podamos defender y hacer valer sus derechos en caso de que por sí mismo no pueda hacerlo.

Quisiera saber si cuando debamos instruir a los demás en el irrestricto respeto a las personas pese a sus diferencias y cuando debamos defender al indebidamente maltratado no sentiremos vergüenza ante la acusación ignorante y estúpida de que estamos contribuyendo a una imposible perversión de la sociedad y de las personas.

Quisiera saber cuántas muertes más como la de Daniel, que era bello, tendremos que lamentar para que un día nos levantemos y nos resolvamos a que acabe la intolerancia de una vez y para siempre, para que nunca nadie considere como alternativa apagar una vida porque no se asemeja a la propia... Apagarla porque la desconoce totalmente y porque ni después de haberla apagado conseguirá saber qué grave mal hizo...

Quisiera saber que Daniel volverá a la vida en otro tiempo y en otro espacio y rodeado de otras personas, en un mundo mejor donde no es pensada la muerte ni la humillación de la persona cuya excelsitud como ser humano es respetada siempre, y donde no es posible pensar en no hacerlo.

Daniel, no te digo un descansa en paz... Pero de corazón sí te digo que vayas a nacer en un mundo donde sí puedas ser feliz y donde vuelvas a sonreír.

lunes, 26 de marzo de 2012

No será fácil...



No se puede amar
aquello que no se conoce...
Y sólo puede conocerse
aquello que es susceptible
de ser percibido por nuestros sentidos.

Mi sentido...
Yo te digo qué ver
y oír y tocar...
Y me gustaría, pero tanto
que percibieras la eternidad
por más inmensa que ésta sea.

Nos interpela
y nos exige alcanzarla... ¿Cómo?
¿Vamos a darle una respuesta?

La tenemos siempre cerca
y sabemos cómo es... Basta
deleitarse con el mar
y angustiarnos
ante el hecho de que podríamos
no llegar a asirla jamás.

No siempre estarán
papá y mamá
para decirnos qué hacer
y cómo llegar... No habrá por siempre
quien nos diga por qué optar.
Entonces... No será fácil...

domingo, 18 de marzo de 2012

En aquel paraje perdido




En aquellos ámbitos me encontré con otros que eran similares a mí. Los reconocí por la mirada llena de espera y de esperanza, y también por el hablar que sin ser preciso daba la posibilidad de pensar en más de una alternativa que explicase su permanencia en esas profundas estancias. Uno de ellos trabó una vaga conversación conmigo y me preguntó cuál es tu nombre, que porqué estaba allí. En un primer momento solamente se me ocurrió mentirle.Y era natural, no lo conocía, no podía empoderarlo ja ja.

Me ofreció acompañarle pero le dije que no, gracias, tengo otras cosas que hacer, pero que agradecía que hubiese pensado en mí. Entonces, sin decir más, o a lo mucho hablarme entre dientes una frase que no conseguí entender, se fue. Yo seguí allí, de pie, contemplando a las otras almas que tristes se deslizaban por los pasadizos de aquella morada impensable donde se espera sin saber si se conseguirá una respuesta.

Momentos después decidí avanzar unos pasos hacia una puerta que se abría y se cerraba de tanto en tanto. Me despertó la curiosidad saber qué había del otro lado y porqué tantas de estas almas que me rodeaban, que pasaban frente a mí, a mi costado, entraban. Ciertamente me resolví a saberlo. Así, y esquivando algunos cuerpos errantes llegué hasta la puerta y giré la perilla. Al entrar los vi en pleno movimiento, en contorsiones casi animales. Sus rostros eran engañosos porque, pese a que por instantes me daba la impresión de que sonreían, reían y gemían de placer, sus ojos no dejaban de tener esa opacidad que me conmovió al sumergirme en aquellas profundidades. Sabía que la escena que se revelaba ante mi era engañosa. No quise ser un protagonista más de esa falaz representación y di media vuelta sobre mi sito y salí.

Me habían hablado de la vaguedad de aquellos entes inmersos en aquellos antros, pero no me habían descrito que después de estar allí me habría quedado un infinito sentimiento de vacío, superior al que ya me asaltaba a la hora de llegar. Se cree que se puede encontrar esa respuesta, esa solución a la falta, pero se ignora que después esa ausencia interna que arde se incrementará hasta provocar la añoranza de lo que ya no es. Eso nunca se dice, porque de otro modo aquellos avernos jamás estarían colmados de tantas almas peregrinas.

Mientras me encontraba pensando en esto una voz me habló y me dijo qué haces acá, tú eras nuevo en estos oficios y no parecía haber estado antes por allí en búsqueda de un elixir de la compañía. Yo le dije que no, no soy nuevo sino que de seguro no me había visto antes, tal vez porque no conseguí ser lo suficientemente obvio o pasé inadvertido. Antes no llevaba un corte de pelo que fuese atractivo a la vista de las almas. Sonreíste y me dijo que no es por tu corte de pelo sino por esos anteojos que llevabas, que eran nuevos, quizá. Te confesé que sí, que hasta hace unas semanas usaba lentes de contacto pero que ya se me habían cansado los ojos de llevarlos y opté por los anteojos -mentí.

Él me hizo pensar que era diferente porque tienes un discurso más articulado, y sobre todo tenía una buena vocalización. Es que muchas personas no saben articular bien las vocales, les gustaba hablar entre dientes y me generan un esfuerzo innecesario. Quizá se trataba de enturbiar el discurso e impedirle al receptor del mismo una buena comprensión de éste. Te sonreíste porque tú pensaste lo mismo, que yo también era diferente. Parece que somos similares, a lo que me dijo que sí, lo parece, porque tú (o sea yo) además de tener estas cualidades ya mencionadas habías comenzado a darme en discursos que ya se ponían -si no enrevesados- lo suficientemente articulados como para delatar mi buena formación. Te lo agradecí.

Conforme avanzaba la conversación, empecé a incomodarme con un hecho: se perfilaba como una persona segura, más segura de lo que su físico permitiría pensar. Yo ya me había hecho a la idea de que si estabas rendido ante aquellos avernos era porque no tenía muchas seguridades sobre la importancia de la compañía y la corrosividad de la soledad. Internamente, eso me molestó y comencé a detestarlo. Seguías hablando de lo muy seguro que eras de tus decisiones, que prácticamente nunca se abandonaba a ningún tipo de ansiedad ante la confusión de decidir entre dos o más alternativas. Yo no creía que estaba ante una persona perfecta porque sé que las personas perfectas no existen. Todavía te detesté más y ya pensaba en encontrar un recurso que me hiciera alejarme de él.

Piensa que necesitas ir al baño, me dijo una voz en mi cabeza y musité un eureka que me hizo ver todavía más raro. Cualquiera otro habría dicho un simple bien o ya está, pero yo una vez más tenía que pasar por el rarito ilustrado que he sido durante toda mi vida. Tus ojos se enfocaron en mí y me dijo qué fue. Claro que no podía esperar que me dijeras otra cosa que ese qué fue que es una de las cosas más comunes que preguntan los jóvenes semi-imbéciles como tú. Entonces me arrepentí de haber iniciado mi conversación, pero luego me conforté con la idea de que había conocido a un mortal más de esta tierra que no valía la pena conocer más de lo que ya lo había conocido gracias a esa conversación que posibilitó este aprendizaje breve.

Necesito ir al baño porque ya me quería largar de allí y regresar a mi casa a cenar y dormir. De seguro ya habías empezado a preocuparte por mi demora, mamá. Pero tu mamá confiaba en ti y en tus decisiones así que no estaba preocupada. Estaba descansando luego de haber leído las noticias en su diario favorito. Siendo así las cosas le dije que me esperara unos instantes porque luego de haber atendido este llamado de la naturaleza habría regresado.

- Regreso dentro de unos segundos.
- Bien, espero aquí.
- Sí, esperas y yo regreso.

Y no regresé... No en los momentos sucesivos ni al día siguiente ni al día posterior al día siguiente de mi descenso a aquellos abismos. Pero no pude confiar en que jamás habría vuelto. Sencillamente era humano y creo que ésa era la excusa perfecta que necesitaba para demostrar con alguna actitud que lo era, y que así se justificaba mi debilidad y mi inconstancia y poca firmeza en decirle no a la búsqueda de la respuesta que jamás encontraría en aquel paraje perdido donde las almas creen que sonríen y gimen sin querer percatarse de aquella imperecedera opacidad de sus ojos. Querían ir por el mundo, engañados, pensando que no añoraban la compañía y que eran fuertes y resueltos, como si fuesen perfectos.

domingo, 11 de marzo de 2012

Tan mortal como un beso



- Questo è il bacio di Tosca!
(¡Éste es el beso de Tosca!)

Es ésta la frase que exclama la cantante Floria Tosca en el preciso momento que apuñala al baron Scarpia y le da muerte. Scarpia, enajenado seductor, no contaba con que Tosca le hubiese respondido de esta manera. Es más, no contaba con que Tosca hubiese podido ofrecerle otra respuesta que no sea el acceder a su perverso deseo de poseerla y sólo con ello dejar de perseguir a su amado Mario Cavaradossi. Giacomo Puccini (1858-1924) retrata así, en una de sus más universales óperas, Tosca (1900) a una mujer que opta por ponerle fin a una situación injusta y que le impide ser feliz, aunque para ello tenga que mancharse las manos de sangre.

Se nos ha enseñado que la mujer es delicada, frágil si se le compara con el hombre (porque no olvidemos que aún vivimos en una sociedad donde el hombre es la medida de todo, tal como se le conoce y de acuerdo a como lo dicta lo ortodoxia heteronormativa). Se nos ha dicho también que a la mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa, y sin embargo sabemos día a día de crímenes contra la mujer - cada uno más condenable que otro - que son resultado de una cultura misógina que encuentra definitivamente mayor arraigo en los sectores sociales que menor acceso tienen a oportunidades de instrucción y de goce de lo que solemos llamar Cultura. Pero lo que no se nos ha dicho, lo que el discurso machista y conservador siempre ha callado y tratado de silenciar en sus enseñanzas torcidas y retrógradas, ésas que hemos consumido desde la más tierna infancia, es que ante el abuso del hombre la mujer puede responder y, según las circunstancias y el grado de hostigamiento o humillación en que se encuentre, puede incluso llegar a matar, como la piadosa Floria Tosca de Puccini.

Mujeres asesinas (2008) es una teleserie mexicana producida por el director Pedro Torres de Mediamates en sociedad con Televisa. Es adaptación de la serie de televisión argentina del mismo nombre que, a su vez, se basó en la trilogía de libros homónimos de la escritora Marisa Grinstein. Mujeres asesinas le da la debida centralidad a la capacidad ejecutora de las mujeres para acabar con aquello que las oprime y les resta vitalidad. Para ello las mujeres de estas historias recurren al crimen, al asesinato más decidido como acabado. Aunque por momentos pueda parecer que de forma velada se hace apología de todas ellas, pese a ser asesinas, yo en mi particular opinión pienso que si alguna apología existe va dirigida precisamente a resaltar lo que menciono líneas arriba: la capacidad ejecutora de las mujeres. Cuando menos se espera ellas responden ya sea que estén llevadas por un deseo de cobrar justicia con sus propias manos como que simplemente estén actuando por maldad o perversión, o hasta por locura.

A lo largo de sus tres temporadas nos adentramos en los mundos de mujeres muy diferentes entre sí que finalmente encuentran algo en común: ser asesinas. Haber escogido acabar con una vida orilladas por diversos motivos. No justificándose con nada el hecho de tomar la justicia por la propia mano encontramos que las acciones de todas y cada una de ellas aperturan una interpelación frontal hacia el hombre y la sociedad a replantear la respuesta que puede dar la mujer contra el absolutismo infundado de un sistema conservador que todavía encuentra en el hombre, "macho", abusivo y proveedor, a su más preclaro e infeliz representante.

Así pasa con los casos de Jessica, tóxica, maltratada por un marido abusivo, Patricia, vengadora, harta de la prepotencia de su padre desquiciado, Emilia, cocinera, oprimida por un chantajista ruin, Emma, costurera, decepcionada de un marido al que sirve en la enfermedad, Soledad, cautiva, humillada y violada por el hombre del que se enamoró, María, pescadera, impedida de trabajar por el bienestar de su hija discapacitada, Carmen, honrada, herida en su dignidad de persona o Irma, de los peces, que encuentra mil obstáculos de crecer en lo personal y profesional por parte de su esposo.

Asimismo, otras mujeres protagonistas de estas historias, son totalmente dignas del más expreso repudio, porque sin ningún tipo de pena o remordimiento dan muerte empujadas por los celos o la ambición más repulsiva, o incluso por la más exacerbada insanía que simplemente las lleva a ser declaradas inimputables. Así, están los casos de Sonia, desalmada, que hiere a su esposo en la amante dilecta, Margarita, ponzoñosa, ruin e imperturbable ante la vida que quita, Sandra, trepadora, asquerosamente ambiciosa, Ana, corrosiva, turbada por su orgullo, Rosa, heredera, colérica por la herencia perdida o Tita Garza, estafadora, deseosa de asegurar a toda costa su buena situación económica. Aquellas otras mujeres que afectadas por la pérdida de la razón se han vuelto inolvidables para mí son: Martha, asfixiante, que me recuerda a la universal Medea, Clara, fantasiosa, imposiblemente en disputa con una inexistente Beatriz y María, fanática, sumergida en los laberintos de la religión.

Todas en definitiva son historias impactantes, pero solamente una consiguió conmoverme lo suficiente, como es el caso de Ofelia, enamorada, protagonizada por la actriz mexicana Nuria Bages (1955). Ofelia vive una vida feliz con su esposo, una vida de respeto y dedicación por el otro que fundan un matrimonio envidiable para cualquiera. Un día él es diagnosticado de cáncer al pulmón y comienza un calvario personal que poco a poco lo va degradando. Aún en capacidad para darse cuenta de las cosas le pide a Ofelia que le impida perder la dignidad llegado el momento en que la enfermedad termine de dar su caso por perdido y consumado. Frente a la hora decisiva en la que su esposo está a punto de ser irreconocible, devorado por el cáncer, Ofelia le inyecta una sobredosis de morfina que acaba con su vida. Éste es el único episodio donde a la asesina se le pide y autoriza a serlo de parte de su propia "víctima".

Recomiendo ver Mujeres asesinas por distintas razones: porque muchas de ellas son bellas pero no por eso buenas, otras son nobles aunque oprimidas y deseosas de un futuro mejor, y otras más son perversas y malas, en el sentido esencialista de la palabra. Incomparables entre sí, como ya lo dije, todas tienen en común el hecho de ver apagarse una vida en sus manos y entonces volverse el testimonio viviente del poder de realización de la mujer que, como bien puede ofrecer una caricia de amor también puede dar un beso filudo y mortal, como el que le da Floria Tosca al infame barón Scarpia. Con ello ya no le da margen ninguno de pensar que está ante alguien frágil o al que se puede doblegar fácilmente. La misma Floria Tosca se encarga de presentarle a la mujer que es, ante la que siempre estuvo y a la que nunca pudo ver, cegado por su prejuicio y enajenación.

lunes, 5 de marzo de 2012

La fugacidad de mi estrella



¡Ven!
¡Busca mi luz!
Si me sigues verás que sonríes...
Surco un cielo
que no es de nadie
y por un instante quiebro tu penumbra.

Si me aprovechas
sabrás que no siempre
se vive de noches
sin estrellas como yo
que aunque fugaces
le damos sentido
a tu estación nocturna.

Pasaré
un par de veces más, lo prometo...
Y haré esto solamente
hasta que vuelvas a ver tu día...
Hasta entonces
gozarás de mi fugacidad
anhelando
una luz con brillo permanente.


lunes, 27 de febrero de 2012

Lo sospeché desde un principio


No recuerdo a qué edad empecé a reírme con las ocurrencias del Chavo del 8. Tampoco recuerdo cuándo fue la primera vez que me arrancó una carcajada la torpeza del Chapulín Colorado para resolver los problemas por los cuales se le invocaba. Y qué decir de cómo me parecían ingeniosas las situaciones que pasaba Chaparrón Bonaparte al lado de su inseparable amigo Lucas Tañeda. Me cuesta decir con exactitud cuándo descubrí a todos estos personajes tan particulares como universales que han causado el deleite de varias generaciones alrededor del mundo. Personajes que han colmado de risas y de felicidad la vida de tantas personas que no terminan de celebrar el ingenio de un solo hombre capaz de haberles dado vida a todos, con sus psicologías y peculiaridades. Aún parece increíble que Roberto Gómez Bolaños (1929), actor mexicano, haya podido concebir, cual Shakespeare, tantas personalidades diversas entre sí, en las que muy bien todos y cada uno de nosotros podemos reconocernos. Así, estamos ante un hombre universal, como universales son sus personajes, y al haber alcanzado esta condición, definitivamente ya no podrá morir jamás en la memoria de quienes le debemos un buen número de nuestras mejores horas de humor - y quizá - de felicidad.

Hemos dicho que sus personajes son universales. Tal universalidad la han alcanzado por la riqueza de sus discursos, de los temas que con un humor fino, elegante y que educa transmiten un mensaje que enseña y que llama a la reflexión. Por ejemplo, los tres personajes de Gómez Bolaños que cité al inicio de este artículo son los que más me han sorprendido por la elaboración de sus enunciaciones y las situaciones que viven. Repasemos brevemente, a continuación, qué los hace tan interesantes – y por ello – especiales.

Chaparrón Bonaparte es un personaje que evidentemente ha tomado nombre del celebérrimo emperador Napoleón I Bonaparte de Francia. Lo de “chaparrón” (por chaparro, que como calificativo popular e informal alude a las personas de baja estatura) busca ironizar sobre la famosa poca talla del monarca y que contrastaba con su megalomanía. Asimismo, el personaje de Gómez Bolaños no se caracteriza por estar del todo cuerdo. Es en medio de esta situación que Chaparrón Bonaparte nos presenta el ingenio de la locura con sus formas de re-plantear lo que puede decirnos de la vida, del mundo y de las personas. Re-crea escenas de la vida cotidiana re-formulando la lógica de las mismas y así nos lanza un invitatorio a cuestionar porqué éstas no podrían tomar un sentido como el que ilustra. En algunos casos, pues, la alternativa brindada es palmariamente disparatada como en otros casos eventualmente posible. De todas formas, lo absurdo de sus enunciados y de las situaciones que recrea nos orillan a reconocer el carácter oportuno de ciertas respuestas y mecanismos que ofrecemos y ponemos en marcha en la vida cotidiana, aceptados socialmente precisamente por su carácter utilitario y eficaz.

El Chapulín Colorado es una especie de antihéroe, o al menos un héroe poco convencional. De traje rojo y calzones amarillos, con antenas de vinil que aguzan sus sentidos y un arma de defensa y de combate como lo es el inolvidable “chipote chillón”, da cara a sus enemigos aunque muchas de las veces prefiriese que fuese otro quien la dé por él. Igualmente, es claro que aquellos adminículos que conforman su instrumental de trabajo no son lo más infalibles que digamos, pero sin los mismos difícilmente podríamos concebirlo como quien siempre ha sido: un héroe poco convincente pero inmortal por esa famosa frase que repite cada vez que alguien más le muestra el carácter obvio de sus inferencias y suposiciones: “lo sospeché desde un principio”. A diferencia de otros paladines o bienhechores éste no duda en manifestar sus temores y miedos cuando debe “resolver” situaciones problemáticas. Entonces, el Chapulín Colorado como el paladín particular que es representa la humanidad del héroe, que muy bien puede amedrentarse ante las dificultades que le toca asumir pero a las que finalmente termina por enfrentar, llegando solamente así al ansiado final feliz y a la resolución del conflicto o problema.

En la constelación de los personajes de Gómez Bolaños el que se haya en la cima de la universalidad es el Chavo del 8. Un niño cuyos padres no se conocen, cuya vivienda tampoco y cuyo origen es siempre incierto, que nunca se revela ni para los otros personajes que pueblan la vecindad del Señor Barriga ni para el televidente que le sigue con devoción. El Chavo del 8 inevitablemente no puede estar ajeno a los líos y problemas del día a día que tienen lugar en la vecindad. En medio de situaciones confusas e inocentes el Chavo del 8 es capaz de superar las fricciones de la convivencia, armonizándola y perfilando así un escenario casi utópico de las buenas relaciones humanas. Por ejemplo, el Chavo del 8 siempre recibe con un golpe al dueño de la vecindad que lo acoge, el también eterno Señor Barriga. El Señor Barriga es el único de los personajes que pertenece a una clase social completamente diferente a la del resto de los personajes. Él tiene dinero y buena educación (solamente en este segundo aspecto podría encontrar coincidencia con el Profesor Jirafales). Estos golpes casuales que recibe el dueño de la vecindad de parte del más pobre de sus habitantes podrían representar una lucha de clases (entendida a la manera que plantea la teoría marxista). Así, la burguesía estaría representada por el Señor Barriga y el proletariado por el Chavo del 8. Pero increíblemente, ambas clases sociales por medio de los personajes de Gómez Bolaños conseguirían vencer sus históricos y estructurales conflictos para dar lugar a un escenario de buena convivencia ganada por la reconciliación. Debo decir que esta idea no es mía, la escuché ya hace mucho tiempo de parte de otras personas que a su vez citaban a un destacado profesor de una universidad limeña. Valgan verdades, un planteamiento de este tipo no suena del todo alocado sino que, casi emulando el humor ingenioso de Gómez Bolaños, invita a pensar las cosas de un modo diferente que bien podría ser válido y – como dicen los huachafos – verdadero.

El pasado 21 de febrero Gómez Bolaños cumplió 83 años de edad. Ahora se prepara a celebrar 40 años de carrera artística y en medio de las celebraciones que se le han organizado nos ha dejado una valiosa lección. El hombre vive una carrera de largo aliento a lo largo de su vida por alcanzar la perpetuidad de su nombre a través de sus obras. Esta carrera se basa en un válido afán por vencer una levedad y ligereza de la condición del ser que por momentos se puede pensar insoportable e insostenible. Frente a esta ansiedad es que el genio surge, hace y crea. Y Roberto Gómez Bolaños ha creado, y su creación se ha constituido como uno de sus más grandes legados inmateriales que ha podido recibir la humanidad… Un legado que sin lugar a dudas no conocerá fin.