
Espacio de culto a la palabra, a su capacidad de expresar las emociones y sentimientos más íntimos del ser humano y de dar referencia del entorno que a éste le rodea
lunes, 5 de marzo de 2012
La fugacidad de mi estrella

lunes, 27 de febrero de 2012
Lo sospeché desde un principio

No recuerdo a qué edad empecé a reírme con las ocurrencias del Chavo del 8. Tampoco recuerdo cuándo fue la primera vez que me arrancó una carcajada la torpeza del Chapulín Colorado para resolver los problemas por los cuales se le invocaba. Y qué decir de cómo me parecían ingeniosas las situaciones que pasaba Chaparrón Bonaparte al lado de su inseparable amigo Lucas Tañeda. Me cuesta decir con exactitud cuándo descubrí a todos estos personajes tan particulares como universales que han causado el deleite de varias generaciones alrededor del mundo. Personajes que han colmado de risas y de felicidad la vida de tantas personas que no terminan de celebrar el ingenio de un solo hombre capaz de haberles dado vida a todos, con sus psicologías y peculiaridades. Aún parece increíble que Roberto Gómez Bolaños (1929), actor mexicano, haya podido concebir, cual Shakespeare, tantas personalidades diversas entre sí, en las que muy bien todos y cada uno de nosotros podemos reconocernos. Así, estamos ante un hombre universal, como universales son sus personajes, y al haber alcanzado esta condición, definitivamente ya no podrá morir jamás en la memoria de quienes le debemos un buen número de nuestras mejores horas de humor - y quizá - de felicidad.
Hemos dicho que sus personajes son universales. Tal universalidad la han alcanzado por la riqueza de sus discursos, de los temas que con un humor fino, elegante y que educa transmiten un mensaje que enseña y que llama a la reflexión. Por ejemplo, los tres personajes de Gómez Bolaños que cité al inicio de este artículo son los que más me han sorprendido por la elaboración de sus enunciaciones y las situaciones que viven. Repasemos brevemente, a continuación, qué los hace tan interesantes – y por ello – especiales.
Chaparrón Bonaparte es un personaje que evidentemente ha tomado nombre del celebérrimo emperador Napoleón I Bonaparte de Francia. Lo de “chaparrón” (por chaparro, que como calificativo popular e informal alude a las personas de baja estatura) busca ironizar sobre la famosa poca talla del monarca y que contrastaba con su megalomanía. Asimismo, el personaje de Gómez Bolaños no se caracteriza por estar del todo cuerdo. Es en medio de esta situación que Chaparrón Bonaparte nos presenta el ingenio de la locura con sus formas de re-plantear lo que puede decirnos de la vida, del mundo y de las personas. Re-crea escenas de la vida cotidiana re-formulando la lógica de las mismas y así nos lanza un invitatorio a cuestionar porqué éstas no podrían tomar un sentido como el que ilustra. En algunos casos, pues, la alternativa brindada es palmariamente disparatada como en otros casos eventualmente posible. De todas formas, lo absurdo de sus enunciados y de las situaciones que recrea nos orillan a reconocer el carácter oportuno de ciertas respuestas y mecanismos que ofrecemos y ponemos en marcha en la vida cotidiana, aceptados socialmente precisamente por su carácter utilitario y eficaz.
El Chapulín Colorado es una especie de antihéroe, o al menos un héroe poco convencional. De traje rojo y calzones amarillos, con antenas de vinil que aguzan sus sentidos y un arma de defensa y de combate como lo es el inolvidable “chipote chillón”, da cara a sus enemigos aunque muchas de las veces prefiriese que fuese otro quien la dé por él. Igualmente, es claro que aquellos adminículos que conforman su instrumental de trabajo no son lo más infalibles que digamos, pero sin los mismos difícilmente podríamos concebirlo como quien siempre ha sido: un héroe poco convincente pero inmortal por esa famosa frase que repite cada vez que alguien más le muestra el carácter obvio de sus inferencias y suposiciones: “lo sospeché desde un principio”. A diferencia de otros paladines o bienhechores éste no duda en manifestar sus temores y miedos cuando debe “resolver” situaciones problemáticas. Entonces, el Chapulín Colorado como el paladín particular que es representa la humanidad del héroe, que muy bien puede amedrentarse ante las dificultades que le toca asumir pero a las que finalmente termina por enfrentar, llegando solamente así al ansiado final feliz y a la resolución del conflicto o problema.
En la constelación de los personajes de Gómez Bolaños el que se haya en la cima de la universalidad es el Chavo del 8. Un niño cuyos padres no se conocen, cuya vivienda tampoco y cuyo origen es siempre incierto, que nunca se revela ni para los otros personajes que pueblan la vecindad del Señor Barriga ni para el televidente que le sigue con devoción. El Chavo del 8 inevitablemente no puede estar ajeno a los líos y problemas del día a día que tienen lugar en la vecindad. En medio de situaciones confusas e inocentes el Chavo del 8 es capaz de superar las fricciones de la convivencia, armonizándola y perfilando así un escenario casi utópico de las buenas relaciones humanas. Por ejemplo, el Chavo del 8 siempre recibe con un golpe al dueño de la vecindad que lo acoge, el también eterno Señor Barriga. El Señor Barriga es el único de los personajes que pertenece a una clase social completamente diferente a la del resto de los personajes. Él tiene dinero y buena educación (solamente en este segundo aspecto podría encontrar coincidencia con el Profesor Jirafales). Estos golpes casuales que recibe el dueño de la vecindad de parte del más pobre de sus habitantes podrían representar una lucha de clases (entendida a la manera que plantea la teoría marxista). Así, la burguesía estaría representada por el Señor Barriga y el proletariado por el Chavo del 8. Pero increíblemente, ambas clases sociales por medio de los personajes de Gómez Bolaños conseguirían vencer sus históricos y estructurales conflictos para dar lugar a un escenario de buena convivencia ganada por la reconciliación. Debo decir que esta idea no es mía, la escuché ya hace mucho tiempo de parte de otras personas que a su vez citaban a un destacado profesor de una universidad limeña. Valgan verdades, un planteamiento de este tipo no suena del todo alocado sino que, casi emulando el humor ingenioso de Gómez Bolaños, invita a pensar las cosas de un modo diferente que bien podría ser válido y – como dicen los huachafos – verdadero.
sábado, 18 de febrero de 2012
La herida

Los peruanos del siglo XXI seguimos teniendo si no abierta, bastante fresca la herida del racismo. Si alguien nos “cholea” respondemos inmediatamente, quizá no ofreciendo una primera respuesta que se tenga por bien pensada y alturada sino más bien con algún insulto o con otra forma de estigmatización. Valgan verdades, es altamente probable que respondamos así, guiados por otro prejuicio.
Por ejemplo, si alguien nos tilda de “cholos” pueda que respondamos “pero tú eres misio” o “calla, cabro de mierda” o “puta” o “solterona que te falta marido”, etc. En el fragor de la vida cotidiana, en medio de la confusión de las horas, de las personas y del caos de la ciudad, cuando solamente deseamos llegar temprano al trabajo, a la universidad, o llegar temprano a casa después de un día agobiante, si nos topamos con una situación de este tipo pienso poco probable que, por más buenos argumentos que tengamos para responder, vayamos a dar una clase de civismo y buenas prácticas por preferir no caer en el insulto facilista, encendido y poco inteligente.
Esta semana acaparó primeras planas el penoso suceso protagonizado por el hijo de la actriz peruana Celine Aguirre, famosa por ser hermana de la también actriz Marisol Aguirre -a su vez famosa por ser ex mujer del actor de talla internacional Christian Meier. Puntualmente, el hijo de Celine Aguirre (de 13 años de edad) habría concurrido a un cine de la capital en compañía de algunos amigos. En la sala de proyección habría comenzado a interrumpir la tranquilidad del ambiente con bromas, risas y comentarios subidos de tono acompañado de sus amigos y en tanto comenzaba la película. Allí, una pareja común y corriente, deseando apreciar debidamente la función, le habría llamado la atención. No contento con la llamada de atención, el hijo de Celine Aguirre habría optado por “cholear” a la pareja (que seguramente no se caracterizaba por tener cabellos castaños, ojos pardos y tez nívea). Frente a esta palmaria manifestación de racismo la pareja habría respondido no sólo de manera verbal sino también de manera física contra el menor, propinándole algunos manotazos.
Ante lo ocurrido, la madre del menor hizo público el caso de maltrato “abusivo” a un menor de edad en un recinto público. Con lo que no contaba es que todo esto habría adquirido un efecto contrario a sus intereses al centrarse en el ojo de la tormenta la manifestación racista de su hijo en contra de la pareja. Así, la actitud de jovencito habría sido repudiada categóricamente no solamente en medios de comunicación (sobre todo la prensa escrita) sino en redes sociales como Facebook o Twitter donde prácticamente habríamos asistido al linchamiento de este mozalbete y visto con horror que se respaldaba la agresión física como “justificable” ante otra forma de agresión de tipo cultural, digámoslo así.
No niego que es de mal gusto ser “choleado” y más allá de eso, ninguneado. El recurrir al “choleo” es un recurso poco inteligente, inelegante, que ya no va de acuerdo con los tiempos de apertura intelectual y humanística que vivimos. No es un recurso legítimo para querer remarcar distancias sociales, económicas y culturales (y es que en verdad no existe uno enunciado como tal porque no lo dictan las buenas prácticas del civismo al no considerar pertinente ni justo querer hacer menos a una persona por el simple hecho de no contar con un determinado número de herramientas personales y materiales que le posibiliten o garanticen el tan fetichizado ascenso social.
Sin embargo, y en medio de la vorágine que se ha suscitado, creo que casi nadie se ha detenido a pensar que el “agresor cultural”, el hijo de Celine Aguirre, es un menor de edad. Su condición de menor de edad explicaría su respuesta torpe, su carencia de valores y amplitud intelectual, su falta de experiencia de vida. Pero todo esto definitivamente no lo justifica, aunque parezca que lo blinda. Podríamos creer que como menor de edad tiene una suerte de patente de corso que ante cualquier falta podrá convertirlo en inimputable simplemente por el hecho de no haber alcanzo aún la mayoría de edad.
El muchacho definitivamente se encuentra en proceso de crecimiento, de aprendizaje, de maduración. Esto ha tenido que ser tomado en cuenta por la pareja agraviada antes de ofrecer siquiera la más mínima respuesta física ante la ofensa recibida. Tal respuesta es en todo caso desproporcionada a la agresión verbal del hijo de Celine Aguirre e igualmente no se justifica.
Pero esto no ha sido debidamente considerado por la opinión pública que, en las redes sociales, se ha sumado al suceso y ha querido asumir el rol que por antonomasia le compete: opinar desde la colectividad anónima. Si a un peruano se le “cholea” tengamos por seguro que muchos otros peruanos -salvando sus diferencias de credo, ideología política o preferencia futbolística- se unirán para respaldarlo y dar la defensiva (u ofensiva para tal caso). Es en episodios como éste que comprobamos una cierta cohesión social y unidad del pueblo peruano, que a mi parecer es falaz -como se apreció con el caso Iván Thays. Se toca una herida que hasta el día de hoy parece no cicatrizar, comprobándose con ello que en las manifestaciones de racismo o de discriminación por el mismo tenemos nuestro más expuesto talón de Aquiles. Y es que no pasa lo mismo si acudimos a un evento por discriminación de género, o peor aún, cuando sabemos de un nuevo crimen de odio cometido contra gays, lesbianas, bisexuales, transexuales o transgéneros.
Lamentablemente, aún perdura en nuestro amado Perú la insana e intonsa práctica de “cholear” como marca de clase que pretende establecer falsas superioridades e inferioridades entre los peruanos. Se actualiza así la necesidad de seguir trabajando por la reconciliación nacional como tema que no debe dejar de estar presente en la agenda de políticas sociales y sobre todo culturales del país.
lunes, 13 de febrero de 2012
¡Hola soledad!

lunes, 6 de febrero de 2012
La hoja al viento

domingo, 18 de septiembre de 2011
Memoria de un proceso

Tus preguntas
hoy son mis preguntas...
Tus respuestas
se han vuelto las mías
y sin quererlo te he evocado
con tus causas justas
y tu voz aguda y chillada.
Pienso lo que pensabas
o presumo que me aproximo
a tus ideas de hace tres años.
Me asombra
ver que en cierto modo
veo el mundo desde una perspectiva
más completa, te digo... Pero
también me asombra saber
que recién hoy lo veo así.
Espacios llenos de silencio
colman nuestras distancias
y no tengo cómo redimirme ante ti.
Sé que estás bien
y sé que hoy debió ser ayer... Deseo.
Son otras
las aguas que corren por este río
cada vez menos diáfano.
Con cada paso de un abril
me acerco más al buen hombre
que siempre he querido ser.
En medio de una labor cotidiana
lo voy forjando poco a poco.
Sé que voy a terminar mi obra
algún día
que no será mañana. Cuando acabe
daré un respiro más y partiré.
Quiero un legado
al mundo dejar
y que éste compromiso váleme una vida.
Por momentos quiero
un sendero duradero
porque esta obra acabarla debo.
Debiérasenos dar control pleno
de cada jugada y movimiento
y así el círculo terminaría de cerrarse.
Afán inútil por querer prolongar
lo que ya no tiene sentido de ser
simplemente porque ya no es
y no puede ser nunca más.
Nota:
Éste es otro de esos poemas que escribí llevado por un asalto de inspiración el domingo 11 hacia la medianoche, en la tranquilidad de mi dormitorio e iluminado por una luz cálida y amiga.
domingo, 4 de septiembre de 2011
Te volvieses vida...