domingo, 14 de agosto de 2011

Recurso y tiempo



Me hablan...
Me hablan, me dicen
que ahí está... Entonces
creo que me están invitando
a abrir los ojos...
No pienso a veces
que ya los tengo abiertos.

Son la voz de Dios, de la vida
o del destino que me recuerdan
que aún estoy a tiempo.
El recurso y el tiempo aún
me son propicios.
¿Debo solamente dejar
que me susurren el sendero?

¿Y si quiero más de cinco minutos?
¿Cuánto más debo esperar?
Mi vida me espera y me está llamando
¿Y debo yo aguardar una invitación suya
con un sobre lacrado?

Mañana sabrán de mí
y sabiendo de mí no moriré jamás
pese a que tenga que partir de este mundo.
¿Quién me dijo acaso
que ya no es posible soñar? Yo...
y sólo sé que no merezco un color gris...

¡El recurso! ¡Ahí está aún!
Y el tiempo no va a esperarme por siempre.
Me interpela pidiendo mi decisión.
Rey de pasos cortos pero precisos
que marcha sobre los cuadros
de un tablero de ajedrez.

Me ha sido ceñida una corona
y pulida brilla y el sol en ella se contempla.
¡Honra el nombre y el esfuerzo
y alcanza tu camino
y grita por el eco universal
que tienes el recurso y el tiempo!
Aún...


miércoles, 3 de agosto de 2011

El rostro del placer


La Venus del espejo.
Diego de Velásquez (1599 - 1660).


La búsqueda del placer es en cierto modo la búsqueda de la felicidad. Añoramos ser felices y creemos que cuando experimentamos algunos tipos de placer estamos más cerca de esa idílica felicidad, una felicidad que de ser alcanzada en verdad nos haría felices valga la redundancia. Aunque la felicidad pueda implicar un estado placentero bien sabido es que no todo placer, por más intenso que sea, puede garantizarnos la felicidad pese a que al menos pueda orillarnos a la misma.

Alcanzar la felicidad no es fácil, menos aún cuando se la idealiza más de la cuenta, y al no poder llegar a ella se corre el riesgo de experimentar frustración. Sin embargo, no abandonar o no poder abandonar esa frustración puede ser algo preocupante a la larga. También pude serlo el renunciar a un proyecto como éste y conformarse con otras formas de bien-estar que sean solamente un trazo infiel, poco nítido o incluso alternativo de lo que sería ser/estar feliz.

Sin lugar a dudas uno de los placeres más importantes que podamos experimentar se encuentra en la experiencia del sexo. La experiencia sexual puede ser en verdad gratificante si a la simple interacción sexual se le añade un contexto valorativo más ideal que termine de hacerla una experiencia trascendente para la persona. La lectura de Fromm y El arte de amar me han dado mayores luces sobre esta cuestión: la experiencia sexual se hace bella, verdadera y buena en la medida que es resultado del amor mutuo.

Para algunos, un camino hacia un placer esporádico aunque medianamente intenso se encuentra en el consumo de la pornografía. Más allá de que se pueda con ligereza decir que el acceso y consumo de la misma no es bueno, debemos reconocer que ésta hace algo más que presentarnos cuerpos que indiscriminadamente se vinculan teniendo una relación sexual. A veces no lo pensamos, pero la pornografía participa en la definición de la conducta sexual de las personas (obviamente de aquellas que la consumen). Pero hay ciertamente un proceso de alimentación mutua: ésta recoge del imaginario colectivo una infinidad de fantasías y deseos que muchas veces no podemos concretar y que encuentran su virtual realización en una película pornográfica en la que somos imposibles actores. Además, de ella podemos tomar algunos input para dar rienda suelta a nuestra capacidad de reproducir lo visto y entonces sí, poder volvernos los actores de nuestro propio film XXX.

La pornografía no solamente puede proveernos de estos input que, dependiendo de la forma como sean asimilados, puedan ayudarnos a mejorar nuestra performance sexual. También nos llena la cabeza con estereotipos de lo que debe ser un cuerpo y el rendimiento sexual de éste. Establece la idea de lo que debe ser un buen amante y su exuberancia en la cama. Quien no tiene dos dedos de frente y piensa que debe forzar su propia vitalidad a ser como lo que se le presenta en pantalla experimentará frustración, desde el instante que tenga que verse constreñido a postergar la propia individualidad para ceder ante un modelo implantado por una cultura que tiende a sobre-estetizar y sobre-falicizar todo.

Más allá de salir a la caza del placer y poder vivirlo se alcanza un tipo de experiencia vital que puede dotar de sentido a la vida cotidiana de las personas en tanto que las suspende de la rutina o de la monotonía y les da cosas nuevas que vivenciar. No solamente hay entonces en la pornografía una fuente de inspiración y prejuicios que podemos tomar o no sino la posibilidad de que de ella podamos renovar algunas de nuestras prácticas sexuales y generarnos habitus que terminan dándonos un nuevo estilo de vida.

Sin embargo, y volviendo con las cosas feas de la pornografía, ésta no puede dejar de mostrarnos su modo descarnado de instrumentalizar un cuerpo para hacerlo procura de un placer egoísta y enseñarnos que esto es el ejercicio del placer. Sin duda alguna, todavía nos es difícil reconocer los límites de la individualidad y del egoísmo y saber entonces hasta qué punto podemos dar rienda suelta a nuestra pasión sin empezar a violentar la individualidad de la otra persona y recortar el campo de realización de su deseo. Ciertamente son pocas las veces que nos detenemos a pensar si nuestro compañero de cama consigue satisfacerse con nosotros, y muy por el contrario -y porqué no hasta lastimosamente- centramos toda nuestra energía en atender el alcance del éxtasis mayor pese a que con ello eventualmente podamos restarle espontaneidad a quien nos acompaña en el lecho.

Dicen que en la cama las personas nos mostramos tal cual somos: desatamos nuestras fortalezas y temores, expectativas contenidas y reprimimos algunas pulsiones "naturales" por vergüenza o porque muy probablemente los convencionalismos sociales tienen -como lo tienen- tal alcance que también se van a la cama con nosotros. Si pensamos que la búsqueda y encuentro del amor puede hacernos libres (cosa que dudo) porqué no pensar que la búsqueda y el encuentro del placer también podrá hacerlo -salvando las diferencias de concepto, claro está. Las oportunidades de goce no suelen ser muchas y en cambio suelen ser mayores los momentos de hastío, ofuscación, ansiedad, estrés y preocupación que pasamos día a día.

Creo que bien podemos volver a tener en cuenta que en el alcance del momento preciso está la diferencia. No olvidemos que a la mesa y a la cama una sola vez se llama...


domingo, 17 de julio de 2011

El merecimiento de la muerte


Y también se nace a la muerte
con la muerte...
Y entonces
se nace para siempre.
Luis Alberto Sánchez.


Como merecemos nacer merecemos morir. Merecemos morir con la más digna de las muertes en la medida que las circunstancias lo permitan. Merecemos morir cuando ya no podemos vivir más. Merecemos morir cuando ya no vale la pena seguir viviendo más. Y a esto añado que merecemos morir cuando ya no deseamos vivir más. Y este momento en particular debería poder ser decidido de manera irrestricta por todos y cada uno de nosotros de modo indubitable y sin ningún tipo de coerciones.
Si no podemos decidir u opinar sobre el instante en que nacemos a la vida al menos deberíamos poder decidir el momento en que nacemos a la muerte.

Los diversos grupos pro-vida claman ardorosamente por no interrumpir el "natural" curso de la vida y solamente aceptar la pérdida de ésta en el momento que el cuerpo humano ya no tiene más recursos para seguir viviendo, además que sea la voluntad de Dios el saber hasta cuando preservarle la misma a cualquiera. Así, se reafirma que Dios, como da la vida, también la quita. El trasfondo de todo esto es la negación de la legítima posibilidad que tiene el hombre de poder ser dueño de sus actos y palabras y de optar por lo que crea más conveniente. Ni siquiera su propia vida le pertenecería.

Pero sabemos que no siempre es ni digno ni justo prolongar la vida de una persona cuando ésta, la vida, ya no puede ser considerada vivible, cuando ya no está caracterizada por esa dinámica e impulso que la hacen hermosa y deseable y ya solamente es el trazo cada vez menos nítido de algo que alguna vez fue esplendoroso. No pretendo de manera alguna hacer un discurso que exalte la muerte. Estoy impedido de hacerlo desde el momento que no sé a ciencia cierta de qué trate la misma. Qué "se siente" o qué "se vive" cuando se experimenta ésta. En cambio sí puedo escribir sobre la vida y lo maravillosa que es, los espacios y las personas que nos permite conocer en diversos momentos. ¡Esto es bello!

Pero cuando ya no se puede gozar más de todo ello, cuando los espacios y las personas faltan y uno ya no se encuentra dispuesto a continuar una marcha que permita nuevas sensaciones e instantes, entonces va quedando poco. Si a esto se suma que la salud comenzara a faltar pues lo restante es cada vez menos. ¿No será preferible, así, hacer una salida de escena lo más decorosa posible? Pensemos ahora en las últimas imágenes que le dejaremos a nuestros seres queridos. Los recuerdos finales suelen ser inolvidables... ¿Por qué podríamos optar?
Y nosotros, ¿acaso no podemos recordar cada segundo precedente y vivido hasta el último momento que tenemos algún hálito de vida? ¿Acaso no merecemos tener siempre viva la mejor de las imágenes de nosotros mismos?

Pareciera que nuestra participación en esta vida tuviese que estar forzosamente signada por una entrada en escena gloriosa (el nacimiento) y una salida de ésta triste y opaca (la muerte). Todo lo contrario a un desenlace teleológico.


martes, 12 de julio de 2011

De la vastedad de las cosas



No hay nada
y sin embargo a mi alrededor
me veo interpelado por todo...
¿Por qué será?

Ellos no me ven
y sin embargo conocen o creen conocer
cada expresión de mi rostro...
Me pregunto porqué será...

Me cristalizo
y sin embargo soy capaz de evaporarme
hasta no dejar rastro de que alguna vez estuve...
¿Y esto por qué será?

Protagonizo mi escena
y sin embargo puedo llegar a pasar desapercibido
porque por unos instantes deseo ser etéreo...
Y por esto también me pregunto un porqué será...

Dame tu mundo
a cambio de una lágrima mía...
Y sé que no terminará por bastarme tu mundo
y querré que a ti te baste mi sola lágrima...
Y como no te baste
desataré sobre ti toda mi ira
como una trenza que se desenreda
ante el paso de un implacable peine...


domingo, 10 de julio de 2011

Desde Rusia con amor



Sé de la soprano rusa Anna Netrebko (1971) desde hace ya unos buenos años. Al inicio su voz no me sorprendía lo suficiente como para poder escribir sobre ella, pero no puedo negar que no refutaba cada ocasión de poder escucharla cantar. Su voz me parecía interesante, y si a eso sumamos su belleza física, quizá ya mayor deleite para un melómano, amante de la ópera, ya no haya.

Últimamente he dedicado buenos minutos de algunas de mis mañanas en escucharla cantando algunas de mis arias favoritas, como el vals de Musetta Quando me'n vo de La Bohéme de Puccini, el Pie Jesu del Requiem de Lloyd Webber o la no menos dolce e nobile Canción a la luna de la ópera Rusallka de Dvorak. Ciertamente una delicia disponer el oído y sentirla dominar con buena técnica cada nota, cada frase y cada acuto de estas páginas.

Netrebko, por ejemplo, demuestra calidad interpretativa sobre el escenario, como cuando canta el Quando me'n vo y despliga la sensualidad propia del personaje de Musetta y que derrocha al cantarle a su atormentado amante Marcello: http://www.youtube.com/watch?v=AAgLymJcNxE&feature=related Su interpretación es digna de aplausos porque deja ver un claro conocimiento del personaje que en ese momento recita. A esto indudablemente se le suma cada una de las impresiones que le da a las notas que canta, conviertiendo su canto en una melodía lo suficientemente toccante como para poder sentirnos seducidos. No encuentro punto de comparación con ninguna otra recitazione a no ser la de la italiana Eva Mei (1965) de la que me enamoré escuchándola en la misma producción, La Bohéme, al lado de otros cantantes como Andrea Bocelli y Barbara Frittoli.

Con el canto sacro Netrebko también da muestra de una límpida línea vocal, y esto se aprecia cuando comienza con tenera dolcezza a cantar el Pie Jesu: http://www.youtube.com/watch?v=YAC9vJr--Us Esta página adquiere la debida solemnidad, logra un estupendo livello de intimismo y entonces uno puede sentirse como transportado a una esfera etérea, dulcificante. La soprano rusa consigue armonizar perfectamente su canto al de la mezzosoprano que le acompaña y hace la seconda voce. Hacia el final de los pocos minutos que dura esta aria podemos contemplar con satisfacción un producto musical bien logrado, una interpretación limpia, fija y con esplendor.

Volviendo a la ópera, el campo por excelencia del despliegue vocal de la Netrebko, tenemos un tema que no podría serle más propio que cualquier otro. Hablamos del Canto a la luna, de la ópera Rusallka de Dvorak: http://www.youtube.com/watch?v=z9L7Djerrg4 Lo que hace especial esta recitazione es que está escrita en ruso, y es aquí donde la soprano puede hacer gala de una perfecta dicción y pronunciación cantada de su lengua materna. Sumado a esto está el dramatismo que le imprime, que se corona con ese agudo final decorado tan queridamente con la orchestrazione que consigue crear un clima de sobresalto.

Finalmente, y esto sí fue en verdad una sopresa para mí, está su ejecución de Lucia di Lammermoor en la ópera del mismo nombre compuesta por el compositor italiano Gaetano Donizzetti. Precisamente he quedado maravillado con su intervención en el famoso sexteto, una de las principales joyas de la ópera, Chi mi frena in tal momento: http://www.youtube.com/watch?v=9Ghb8sjV734 Canta una buena Lucia, angustiada por la fatalidad de su unión interrumpida con el hombre que ama, Edgardo. Un personaje que si strugge lo suficiente como para mortificar al espectador a un punto tal que podríamos calificar de catártico en su más acabada expresión.

Recomiendo -claro, a quien todavía no lo haya hecho- seguir la evolución vocal de la soprano rusa Anna Netrebko. Tiene mucho más que dar y más aplausos que robarle a un público que rimane a bocca aperta escuchándola cantar. Desde la lejana Rusia nos llega una voz que, como ya dije, es sencillamente dolce e nobile.

lunes, 27 de junio de 2011

Siempre es amor



Reflexiones de un trasnochado


La elección del amor es una elección racional. Es un acto pensado con sensatez que no puede ser resultado de la improvisación y debe basarse en un auténtico sentimiento que sea recíproco. Tal reciprocidad se da cuando comulgan la elección racional de dos personas que confluyen en un solo momento y espacio y creen que lo más oportuno, inteligente y sensato es andar, recorrer un camino juntos.
Hay un toque mágico que se percibe, se escucha y ve cuando llega la hora del amor. Este toque mágico te dice que ha llegado algo especial y que es sentido por dos a la misma vez. Si ello no pasa no podemos hablar de una oportunidad de amor. Hay solamente una expectativa que no consigue enlazarse a otra. Esta expectativa fracasa pero no degenera en una ilusión mayor que, en el imposible caso de no ser materializada solamente acarrea un profundo dolor.
Amar es cuestión de tiempo, definitivamente.

*

Es increíble ver cómo es que cada persona que llega a nuestra vida lo hace porque viene a cambiar algo en específico de nosotros. Entonces uno piensa que las casualidades o las coincidencias no existen y que lo que hay son las grandes revelaciones del destino que nos dicen que ya teníamos un rol preestablecido y que con el favor del tiempo va cumpliéndose poco a poco.
Estas personas, así, no llegan en vano a nuestras vidas. Juegan un papel importante en nuestros días, comparten una lección de vida a nuestro lado y definitivamente imprimen la huella de su paso en nuestro carácter y temperamento. De este modo terminamos siendo la resultante de nosotros mismos más el fruto y legado de quienes un día decidieron acompañarnos con una mirada, con una sonrisa y una palabra. Si hacia el final del recorrido de nuestra vida esta sumatoria de legados nos hace mejores o simplemente buenas personas entonces se puede decir que ha valido la pena haber vivido.

*

¡Dudo! No me gusta dudar, y mucho menos me gusta pensar que mis dudas pueden tener asideros lógicos y reales sobre los que estas dudas se asientan y pueden ser.
También temo... Temo salir herido, y temo que me dañen... Que me estropeen...
Puedo llegar a temer tanto y no saber a quién recurrir para pedir ayuda.

*

Cuando te matan la magia por algo ya luego es difícil querer empezar de nuevo como si nada hubiese pasado. Creer en un proyecto sentimental es una de las cosas más bellas que me han pasado. Creer que puedo ser feliz al lado de alguien, también, sobre todo cuando se comparte algo más que un café, una buena salida o unos cuantos besos.
Después de la soledad volvió la posibilidad de creer en algo y en alguien y fue hermoso. Literalmente, me volví a sentir vivo y a ver cómo cada una de mis acciones se inspiraban por un nombre.

domingo, 19 de junio de 2011

Se llamaba Rolando...


Hace dos años que no le celebro a nadie el día del padre. Mi padre, Rolando, murió y desde entonces empecé un largo camino por traer nuevamente a mi memoria los buenos momentos que viví con él. Empecé a sanar las heridas y a comprender lo que las personas buenamente podemos dar en ciertos momentos de nuestra vida de acuerdo a las circunstancias que nos tocan vivir.

Ahora vuelvo a postear lo que solamente un par de horas después de muerto mi padre quise escribirle. Es una manera de recordarlo hoy que no lo puedo abrazar.


Adiós, papá

Hoy habría tenido que escribir un nuevo post dedicado a mi madre, claro está, porque mañana domingo es día de las madres. Pero no... Ahora escribo uno para Rolando Coronado, mi padre, que hoy dejó de existir a las 04 y 20 de la tarde en la sección de Emergencia del Hospital Rebagliati. Un maldito tipo de cáncer llamado Linfoma no Hodgkin -que lo atacara por primera vez hace aproximadamente 10 años- hace tan sólo un par de meses reapareció en su organismo, pese a los rigurosos controles a los que desde entonces asistió y tras aquellas sesiones de quimioterapia a la que iba acompañado de mi madre, la cual nunca dejó de ser su esposa pese a que por aquellos años ya el matrimonio que llevaban no fuera el más "ideal" posible, y lo siguió acompañando aún cuando ya se habían separado y no vivían juntos.

Sin embargo, ese mismo linfoma rebrotó y terminó por acabar con su organismo hasta debilitarlo y hacerlo presa de cualquier enfermedad oportunista que hoy, sábado 09 de mayo de 2009, se llevó a mi padre.

Apenas hace más o menos una semana, el viernes 01, mi padre había sido dado de alta, tras haber ingresado por segunda vez, en no menos de quince días, internado al Hospital Rebagliati, para someterse nuevamente a esas implacables sesiones de quimioterapia que supuestamente habrían acabado con las células malignas del cáncer que padecía, pero que simultáneamente, le exterminaban las defensas de su organismo, el organismo de un hombre de 67 años, edad que por su semblante amable no aparentaba.

Estuve siempre pendiente de todo este último proceso por el cual pasó, llamándolo todos los días, enviándole mensajes de texto al celular, yendo a visitarlo con frecuencia, viéndolo y conversando con él, abrazándolo con intensión al saludarlo y al despedirme y deseándole la pronta recuperación.

Nos habríamos tenido que ver hoy a las 6 pm en casa de su hermana donde había decidido pasar la convalecencia. Pero no. Tuvimos que vernos desde ayer viernes 08 y hoy sábado 09 en el mencionado hospital.

El día jueves lo llamé y terminamos de concertar el encuentro que se habría dado hoy en casa de su hermana. Le insistí que solamente íbamos por él y que no era necesario que su hermana ni su marido preparasen algo como un lonche para ofrecernos. No era idea ni mía ni de mi hermano incomodar. Mi padre insistió con esa voz espontánea que tenía y me dijo que no era un problema, que vayamos nomás y como visitándolo tomásemos tal lonche. Tal lonche, el que habría sido el último, no lo tomamos jamás.

Ayer viernes lo llamé por la mañana (sabía que tenía cita con el cardiólogo; lo había ido a acompañar mi mamá) pero ya no escuché su voz espontánea. Hablaba con dificultad. Ese día había amanecido con fiebre alta y temblaba al punto de no poder sostener un vaso en la mano (supe esto tras hacer un par de llamadas que me decían su verdadero estado; él, esa vez por teléfono, no me había dicho nada. No quería preocuparme... Ay!, papá...).

Regresé a casa y recibí la llamada de mi madre que me decía entre llanto que fuese inmediatamente a ver a mi padre a la Emergencia porque estaba contando sus últimas horas, y que le comunicase esto a mi hermano. Perdí el apetito, no almorcé y salí de inmediato al hospital junto con mi tía Ely (en adelante sólo me referiré a ella únicamente como mi tía porque considero que más tías como ella no tengo). En el taxi no sabía qué pedirle a Dios: o que salvara a mi padre nuevamente como lo hizo hace 10 años o que le procurara una partida lo menos dolorosa posible. Yo, así, lloraba en silencio.

Cuando conseguí verlo rompí en llanto, un llanto desesperado al ver a mi padre postrado en una cama, semi-consciente/semi-inconsciente, y con un aspecto bastante penoso. La muerte empezaba a llevárselo y no habían oraciones a Dios que pudieran dilatar por más tiempo que nos dejara.

Minutos después llegó mi hermano y ambos lloramos juntos, al lado de mi madre y de mi tía... Yo no me cansaba de tomar su mano derecha casi inerte, de verlo y llorar y de besarlo en la frente cada cierto tiempo.

De cuando en cuando le hablaba con voz fuerte para que me escuchase. Él consiguió percatarse de la presencia de todos los que estábamos a su lado. Luego volvía a adormilarse.

Terminada la hora de visita, y siendo tan restringido el acceso sin permiso a la sala de enfermos, todos regresamos a casa excepto mi madre, que estaba decidida a acompañarlo toda la noche en caso se presentase algún inconveniente. Sin embargo, todas las impresiones del día le pasaron una breve factura a mi madre esa noche, que pensando entrar por emergencia fingiendo sentirse mal, terminó internada por encontrarse efectivamente con una ligera alteración nerviosa (bueno, no creo que haya sido tan ligera puesto que a las finales terminó internada). De esto nos avisó a las 3 de la mañana de hoy sábado. Más problemas...

Cuando amaneció, y apenas terminamos de alistarnos, salimos nuevamente para el hospital, y por la mañana mi tía y yo conseguimos verlos a ambos. Mi madre ya más estabilizada, pero mi padre silenciosamente empeoraba.

Cuando lo fui a ver pudimos hablar. Bueno, él se comunicaba con cierta dificultad, pero se dejaba entender. Pidió a su hermana que le trajera un buzo que había adquirido días atrás y que lo preparaba para dárselo de regalo a mi madre por el día de las madres, así como un dinero que quería que se le entregara. Ambos gestos me demostraron que mi padre, hasta lo último, pensaba en ella, y en medio de su imposibilidad quería retribuirle y agradecerle por haber estado siempre a su lado, en las buenas y en las malas. Del lado de esa mujer y de sus hijos no debió separarse jamás...

Regresamos a casa con la idea de volver al hospital a las 3 de la tarde, hora de visitas, y así verlo nuevamente, y ver nuevamente a mi madre, estable como ya dije. Mi hermano ya había tramitado los pases y conseguimos entrar los dos. Obviamente nos preocupaba más mi papá, al que al volver a ver, me sumió más en la tristeza y la desesperación de sentirme tan inerme como para poder ayudarlo. Pero pude hablarle, aunque él ya no me escuchase -o no manifestara gesto alguno de que lo hiciese- y le dije lo siguiente:

"Papá, perdóname:

perdóname porque he podido ser un mejor hijo,
tú has podido ser un mejor padre.

Perdóname porque hemos podido querernos más,
estar más tiempo juntos, vivir más cosas.

Hemos podido jugar al ajedrez más veces
y conversar sobre las partidas de los jugadores más
renombrados, esas que te encantaba reproducir.

Hemos podido escuchar más ópera
e intercambiar opiniones sobre tus cantantes favoritos
(te encantaba el E lucevan le stelle de la Tosca de Puccini

en la voz de Franco Corelli).

He podido cantarte más y mostrarte mis avances
en el canto lírico. Me habrías vuelto a aplaudir con satisfacción.

He podido sugerirte más libros para leer
y así poder enfrascarnos en conversaciones amenas
como cuando lo hacíamos cuando leímos Cien años de soledad.

Hemos podido visitar más librerías juntos...

Hemos podido vernos más días a la semana,
y no tras plazos tan prolongados de a lo mucho un mes
y sólo contentarnos con una llamada telefónica.

Nos queda esta gran deuda que no terminamos de saldar...

Dios nos dio una segunda oportunidad hace 10 años
para mejorar nuestra relación padre-hijo e hijo-padre...
Lo hicimos, sí,
pero lo hemos podido hacer mejor.

Llegó a nacer una mayor confianza entre nosotros
pero no al grado de que te contara mis cosas más íntimas,
las que tuve que contarle a mi madre cuando tú no estabas...

Las cosas han podido ser en definitiva mejor ...

Pero algo sí te digo:
estoy orgulloso de haber sido tu hijo
y de que tú hayas sido mi padre.

Estoy orgulloso de llamarme como tú
y de llevar tu apellido: Rolando Coronado.

Te quiero mucho y te agradezco todo
lo que hiciste por mí y en favor mío y de mi hermano.

Has sido un hombre bueno con sus virtudes y debilidades,
pero, ¿quién no las tiene?

Nadie que te conozca jamás se ha expresado mal de ti
porque siempre fuiste un caballero,
un hombre honesto y respetuoso, tolerante...

Y si algún día llego a tener un hijo
te juro que también se llamará
Rolando Coronado:
Rolando como tú y como yo
y llevará nuestro apellido: Coronado,
un apellido que si ahora se ennoblece
es porque fue el tuyo, papá...

De corazón, perdóname
y gracias...

Después, ya sólo vino el fin...

Mi padre empezó a respirar lentamente y su pulso bajo ostensiblemente. Yo no podía contener el llanto. Se acercó un doctor o una doctora y dijeron que había que entubarlo para facilitarle la respiración (el día previo le habían hecho un cateterismo para ayudar a que su corazón bombeara). Yo corrí a la cama de mi mamá, siempre con mi hermano, y se lo dije ahogado en infinitas lágrimas. Ella pidió permiso para ir a verlo y así fue. Fuimos los tres por última vez a verlo y ahí nos despedimos de él con un beso en la frente...

Dejamos mi hermano y yo a mamá en cama nuevamente y salimos. Mi tía conseguía entrar a ver a ambos, pero sobre todo a mi padre.

Afuera, y dejando que el aire nos diera en la cara, mi hermano y yo esperabamos el fin. Minutos después mi madre me llamó anunciándome que mi padre había muerto. Yo volteé donde mi hermano, me abrazó, entendió mi llanto y lloró conmigo... Y lloramos la partida de nuestro padre.

Aún me cuesta creer que mi padre ya no está en este mundo y que no lo volveré a ver jamás. Quizá nos reencontremos en el cielo si es que éste existe. Yo quiero creer que sí, y que ese Dios de bondad, justicia, misericordia y amor lo acogerá como buen hijo suyo que fue. Porque si consiguió vivir 10 años más tras la primera aparición del linfoma, creo yo, fue gracias a que nunca dejó de creer en Dios y de aceptar con hidalguía la dura prueba que le mandaba. Esa fe le salvó aquella terrible ocasión y le permitió vivir 10 años más.

Mi padre ya no leerá este post, pero yo, con él, quiero rendir homenaje a su memoria y decirle que no lo olvidaré jamás, y pedirle que desde cualquier punto del cielo en el que esté, vea por mi hermano y por mí...

¡¡¡Cómo te voy a extrañar, papá!!!