domingo, 17 de abril de 2011

Aroma de flor


Esa flor
tenía un perfume noble, amable al sentido.
Algunos días
-menos que otros- vuelvo a pensar en aquel aroma
que paulatinamente
se va haciendo remoto, remotísimo...
Y entonces pienso
si en este inmenso Edén que es el mundo
algún día volveré a deleitarme con una fragancia similar.

Sé que hasta ese momento
habré tenido que afinar el sentido y así
no dejar de percatarme de las mil texturas infinitas
que esa flor de seguro tendrá.
Hago el esfuerzo de imaginar cómo será esa flor
que me ofrecerá esta gama de nobles aromas
y no consigo siquiera esbozar su figura
ni mucho menos alcanzo a ver su color.

A siete grandes pasos de ella
aún la pienso
y quisiera que fuera ayer para decirle
que hoy empieza nuestro futuro.
Ahora el ambiente inodoro no me ofrece

más que la posibilidad de querer imaginar
cómo será la flor que aún no tengo.

domingo, 3 de abril de 2011

¡Hablemos por Facebook!


Día a día veo que el número de lectores de mi blog crece. Sin embargo, ninguno de ellos deja comentarios a lo que semanalmente posteo. Podría sentirme de alguna manera contento porque cada vez crece el número de personas que se interesa en leer lo que escribo (y con ello no digo que de ese interés nazca la aprobación necesaria por todo lo que posteo).
También podría ser que algunos de ellos lleguen a mi blog de casualidad y simplemente no les interese su contenido e inmediatamente abandonen la visualización del mismo. Aún no lo sé del todo.

Hasta la fecha y a raíz del blog he podido hablar con personas de otros países como España, Inglaterra o Colombia que me han alcanzado sus apreciaciones sobre lo que escribo. Ahora, con el interés de poder conocer la opinión de un número cada vez mayor de personas que leen o simplemente acceden a mi blog y lo visualizan es que dejo mi cuenta en Facebook invitándolos a tomar contacto conmigo y así poder conversar un poco más al respecto:

http://www.facebook.com/rolando.coronado

Todas las opiniones y apreciaciones serán bien recibidas. Soy un convencido de que solamente socializando nuestras ideas sobre las cosas es que podemos hacer que éstas tomen dimensiones todavía mejores.


domingo, 27 de marzo de 2011

Cuando la gente se pierde



Se me fue con el sol
sin hablar, sin un adiós...
No recuerdo ni su cara ni su voz...

Miriam Hernández. Se me fue (1993).


La gente se pierde. Las personas se pierden de nuestras vidas cuando menos lo imaginamos. Esto va sucediendo poco a poco. Ellas dejan de tener presencia en nuestras vidas y finalmente llega un día en que ya han dejado de sernos familiares. Sus rostros nos son ajenos y si pensamos volver a verlos no encontramos más la necesidad de reencontrarlos. Ya para entonces es tarde porque también nosotros nos hemos perdido para ellas.

De una u otra manera es triste que la gente se pierda de nuestras vidas. Las personas se pueden perder por diversos motivos: el trabajo, los estudios, los compromisos o problemas personales, pero la mayoría de veces estos son solamente los pretextos de los cuales se valen para justificar su salida de nuestras vidas. ¿Y qué le vamos a hacer? No son válidos los reproches, simplemente se asiente y se les deja ir, tal como un día llegaron.

No es válido lamentarse en ningún sentido. Sin embargo, aquí la madurez se deja ver y entonces vemos qué tanto echamos de menos la partida de aquellos que ayer compartieron nuestras vidas. El lamento es mayor cuanto más aferrados estamos a ellos. Todo pasa en esta vida, incluso las personas, y es parte de algo que se llama ley de la vida dejar partir lo que no es enteramente nuestro. La capacidad de saber renunciar a quienes estuvieron a nuestro lado es necesaria porque de otro modo nos acarreamos sufrimiento y ansia que en el peor de los casos deberíamos solamente permitirnos tener con la ausencia de nuestros verdaderos seres queridos.

Algunas otras personas se pierden de nuestras vidas porque las invitamos a hacerlo o porque simplemente les creamos una situación en la que lo único que puede quedarles es perderse. Esas personas deben perderse porque no nos acompañan como dicen que lo hacen. Es más, cuando no lo procuran podemos percatarnos que estamos solos aunque a nuestro lado haya alguien. Así, ¿qué más da que ya no estén a nuestro lado si impostan su interés por nuestros problemas? Son personas deleznables y con el tiempo ni siquiera se les extraña.

No hemos venido al mundo acompañados por nadie ni nos iremos de él asistidos por alguien. Caminar solo el sendero de nuestras vidas es una tarea difácil, pero definitivamente vale la pena caminarlo por las miles de sensaciones nuevas y ricas que nos depara y que le terminan de dar sentido a la misma. Caminarlo al lado de alguien, de los amigos, del enamorado, la novia o la pareja es bello pero si no están allí no podemos perder la fuerza para seguir adelante. ¡Eso jamás!

Disfrutar de la propia soledad y de la propia compañía es algo para lo que la sociedad no nos prepara. Nos hace temerle, impelerla lejos de nosotros y al contrario, nos ofrece buscar al otro. Si efectivamente este otro puede complementar nuestra vida lo cierto también es que nosotros debemos trabajar en nuestra soledad y desde nuestra intimidad por ofrecerle a ese otro nuestro buen complemento, y ello es un proceso que no se logra de la noche a la mañana. Es como el advenimiento de una flor: ésta necesita forjarse para ser bella, buena y verdadera, pero se debe esperar para gozar del poder contemplarla.

Se van los que se tienen que ir porque no son útiles en nuestras vidas, y permitirles la partida es una de las mejores cosas que podemos hacer por nuestra propia salud emocional. Le ceden un espacio a otros que en su momento jugarán un rol especial al lado nuestro y escribirán con nosotros un nuevo capítulo de vida. Entonces ¿por qué estar tristes?

La mejor alternativa es predisponer nuestro cuerpo, corazón y mente a lo vendrá/a quien vendrá y sonreír por la partida de quien no puede contribuir a más por nuestro desarrollo personal. Si la gente se pierde es por algo y en ciertas ocasiones es mejor no salir a buscarla.


miércoles, 23 de marzo de 2011

El encuentro de una flor


I

¿Por dónde voy? ¿Quién me va a encontrar?
He visto la senda recorrida
y las huellas de unos pasos caminados...

No sé aún si me he perdido,
quizá me estoy buscando y no me encuentro
tal vez alguien me clama y no me halla...

Ser feliz, ser no-feliz
y estar semi-triste o semi-tranquilo por ser o no serlo...

Puedo ver cómo me sofoca la no-compañía
y como ésta se hace mi mejor amiga día a día...
La penumbra que veo
y me rodea cada vez es menos oscura.

Hay un jardín que se está formando
las flores mías ya van creciendo una a una
y quiero no esparcirlas sin pensar en el espacio
en que dejo un rastro de mi paso.
¿Me ayudas a dejarlas donde debería?
Mis flores son bellas, únicas
y no muchas...


II

Una flor
no nace de la noche a la mañana
aunque un día al despertarnos al alba,
muy temprano,
ya la encontramos radiante para nosotros.

Una flor
toma su tiempo en llegar a ser flor
y no se desespera porque sabe que hasta ser flor
y poder deleitar la vista de los demás
debe con paciencia prepararse...
Vivir un tiempo de espera.

Necesita desarrollar una esencia
y una fragancia y una forma y un color...
Un tamaño, una extensión.

Sus espléndidas cualidades
se forjan poco a poco
y no se improvisan por más deseos que la flor
tenga por ser tal y querer nacer.

En medio de uno de los silencios más bellos,
un silencio que atestigua como se forja su belleza
se rinde testimonio de este proceso necesario
y el silencio nunca apremia a nuestra flor
a nacer antes de tiempo.

Y un día una espera como ésta
acaba sin darnos cuenta...
Cuando la flor ya es flor solo admiramos su belleza
y solo pensamos en el milagro
de que estuvo ahí para nosotros desde siempre...


viernes, 18 de marzo de 2011

Dicono sia facile fare nuove amicizie



Dicono sia facile fare nuove amicizie,

ma poche resistono alle prove della vita,

spesso spariscono al primo alito di vento

ancor prima che si scateni la tempesta.


Altre si nascondono,

aspettando che torni il sereno

lasciandoti proprio quando ti servirebbe un aiuto.

Quelle che si salvano si riconoscono nel tempo,

crescono ad ogni bufera,

si rinforzano ad ogni battaglia,

ti rimangono fedeli in ogni situazione,

incoraggiandoti, sostenendoti, spronandoti.

Sono quelle che asciugano le tue lacrime,

ti fanno ritrovare il sorriso,

e danno un senso alla tua vita.


Sarà il tempo a temprare le amicizie,

con il tempo capirai chi è importante,

chi non lo è mai stato,

chi non lo sarà più,

e chi invece lo sarà per sempre.


Liana Pivetta.

domingo, 13 de marzo de 2011

Frente al mar



Japón pasa por uno de sus peores momentos: el terremoto de 8.9 grados en la escala de Richter y posterior tsunami que sacudieron la costa noreste de la llamada Tierra del Sol naciente han sembrado la devastación y la consiguiente desolación en toda una nación que aunque próspera hoy llora a sus muertos y busca a sus desaparecidos con vehemencia.
Nos olvidamos por un momento que Japón, pese a ser una de las naciones más poderosas del mundo es igual de vulnerable como cualquier otra ante los embates de la naturaleza, que en ocasiones como ésta nos muestra toda su furia y poder, con lo cual reitera que por más que el hombre haya intentado dominarla a sus intereses por cientos de años ésta siempre podrá, de un solo manotazo, derribar todo cuanto haya construido, y obligarlo a levantar de nuevo lo que ya había hecho.

El viernes 11 de marzo de 2011 se inscribe así en un record fúnebre de fechas en las que la humanidad entera se conmovió ante la pérdida de tantas vidas humanas y la destrucción de la obra del hombre, una obra cuya pérdida, en el caso del Japón, se lamenta todavía más considerando el espíritu emprendedor y trabajador de su pueblo milenario. Sin embargo, Japón no tardará en levantarse de en medio de sus escombros, le ayuda su adelanto tecnológico y su poderío que recae en la organización y buen aprovechamiento de sus recursos, muy a diferencia de la pobre y marchita Haití que hasta ahora no se recupera de una experiencia similar vivida ya hace más de un año.
Tras el terremoto se expandió la alerta en todos los países con costas hacia el Pacífico del avance del tsunami y su eventual repercusión. Esa misma alerta se reprodujo en nuestro país, y las reacciones ante la llegada del mismo fueron de lo más diversas que no han hecho otra cosa que revelar la poca madurez con la que algunos peruanos todavía hoy por hoy responden ante un evento como éste.

El tsunamí tocó las costas de la norteña Talara a las 7.50 pm de aquel fatídico viernes. A las 8.15 pm pasó por Chimbote y a las 9.38 pm llegó al Callao. La expectativa ante su marcha era generalizada, y muchos temían lo peor. Durante todas estas horas cundió en nuestro país el alarmismo y hubo una campaña exagerada de las autoridades frente al paso del tsunami y las improbables olas de gran altura que habrían podido sacudir nuestras poco estéticas costas peruanas.
Particularmente yo he quedado sorprendido por las reacciones de la gente, que como anotaba líneas arriba han sido de lo más diversas. Me han provocado entre indignación, asco y luego pena al ver la pequeñez intelectual, la falta de solidaridad y sobre todo la poca sensibilidad ante una desgracia que si bien ha ocurrido en el otro extremo del mundo no por ello nos libera de la reflexión oportuna, de la evaluación de lo sucedido y de cuestionar nuestra eventual capacidad de respuesta ante un embate como éste en caso de suceder.

En líneas generales podría decir que las reacciones que he podido reconocer en este primer fin de semana han sido las siguientes:

1.- La indiferencia: pasa que algunas personas, si bien han conseguido enterarse de lo sucedido, no han buscado informarse un poco más al respecto, y ello seguramente pensando que como no sucedió en nuestro país no amerita mayor preocupación. Simplemente se han podido conformar con creer que saben qué es lo que aconteció y basta.

2.- La irresponsabilidad riesgosa: algunos otros han hecho caso omiso a la alerta de las autoridades de evacuar las costas peruanas, sus playas y balnearios ante el paso del tsunami que pudiere haber causado daños. Si bien estas olas no tuvieron la altura que se esperaba ni avanzaron tanto costa adentro lo cierto es que la alerta se debió respetar de modo irrestricto, pero algunos prefieron irse a sus casas de playa, otros a acampar o a surfear, al punto de que la policía tuviera que intervenir e invitarlos a irse como medida de precaución.
¿Pero es posible que la gente pueda querer arriesgar su vida de esta forma? Definitivamente es una actitud producto de la ignorancia y de la poca capacidad para respetar las indicaciones de las autoridades.

3.- La curiosidad insensible: otras personas se apostaron desde las primeras horas del ocaso de ese viernes en algunos puntos "estratégicos" de la ciudad esperando ver la llegada del tsunami. En distritos como Chorrillos, Barranco, Miraflores y San Isidro -colindantes con el mar pero no a nivel del mismo- la gente se sentaba con cámara fotográfica y filmadora en mano a ver qué olas eran las que nos traía el tsunami japonés. Uno de estos principales emplazamientos fue el siempre snob centro comercial de Larcomar en Miraflores, y a estos compatriotas se sumaron algunos turistas que obviamente no habrían querido regresarse a sus países sin llevarse un video que colgar luego en Youtube sobre el tsunami llegado al Perú. Ésta es una de las reacciones más indigantes que haya podido apreciar. Hay en ello un ansia morbosa por querer contemplar la desgracia, una expectativa insana por apreciar la novedad. Y en medio de todo se remarca la escasa solidaridad con quien sufre por más que se encuentre a miles de kilómetros de nosotros.

4.- La oportunidad de aprovechamiento: ésta es una de las reacciones vistas que más asco me ha causado: el paso del tsunami se dejó sentir con olas de mediana intensidad que bañaron pistas colindantes, como las del famoso circuito de playas de la Costa Verde en Lima. Parece ser que ya avanzada la noche de aquel viernes y empezada la madrugada del sábado 12 el mar consiguió agitarse más de lo normal y varó decenas de peces en las playas. Al amanecer algunas personas fueron a recogerlos y así resolvieron el problema de qué preparar para el almuerzo de la semana.

5.- La exagerada respuesta "solidaria" y "preventiva": algunas personas consideran que hacer el bien y publicar que lo hacen les traerá beneficios de algún tipo, sobre todo les dará un buen nombre y remarcará su buena reputación como personas de bien preocupadas por el infortunio ajeno. Desde el viernes por la mañana leía cómo algunas personas decían que habrían comenzado el rezo de plegarias y rosarios por los muertos, desaparecidos y damnificados del desastre de Japón. Hacerlo si se tiene fe por supuesto que no está mal. Acompañarlos espiritualmente siempre es bueno, y dice mucho de cuán solidario se puede ser, ¿pero publicarlo para que otros sepan que estás rezando? Eso es lo menos cristiano que se pueda hacer: esperar de una u otra manera reconocimiento por elevar tus oraciones por otro.
Asimismo, otras personas consideraban oportuno dejar de ir a estudiar o a trabajar hasta que "definitivamente" la alerta pasara. Esto sí que es exagerado... ¿Acaso se procedió así cuando el terremoto en Chile de febrero de 2010? En ese momento pudimos temer alguna réplica sísmica o posible tsunami considerando que colindamos con este país, pero ahora que el terremoto ha ocurrido al otro lado del mundo y que el tsunami ya ha pasado ¿debemos seguir con pseudo medidas preventivas de este tipo?

Con todo esto, el tema que nuevamente se anota en la agenda de discusión nacional es preguntar:

- ¿Qué tan preparados estamos para enfrentar un sismo de una magnitud similar?
- ¿Cuáles son los niveles de concientización y organización ciudadana al respecto?
- ¿Qué nivel tiene nuestra cultura de la prevención de desastres aparejados a un sismo y nuestra capacidad de atención a los demás frente a una eventualidad como ésta?
- ¿Qué tan sensibilizados estamos respecto al tema?
- ¿Cuál es la capacidad de respuesta del Estado? ¿Sería la misma que aplicó con el sismo que azotó la zona de Ica, Pisco y Nazca en julio de 2007?...
... Si fuere así entonces no me quedaría más que sentarme frente al mar y esperar a que las olas me lleven consigo.

domingo, 6 de marzo de 2011

Vi que estaba desnudo y tuve vergüenza

Y dijo Dios: No es bueno que el hombre esté solo...
Génesis 2, 18


Adán y Eva se encuentran aparentemente felices en el Edén de Dios hasta que caen en la tentación de la serpiente y comen una de las tantas manzanas que penden del árbol del conocimiento de la ciencia del bien y del mal. Con ello desobedecen a Dios y en el instante de su grave falta se percatan de que están desnudos, lo que los hace experimentar uno de los primeros sentimentos más sobrecogedores: la vergüenza. Inmediatamente Adán acusa a su mujer de haberlo hecho pecar pero el castigo divino los alcanza a ambos que terminan siendo expulsados de ese paraíso literario que nunca existió.
Al marcharse de ese Edén tanto Adán como Eva ya son conscientes de que no son uno entre sí ni que lo son más con ese Dios y ese paraíso que había puesto a su disposición. Están solos y sufren, se angustian y así estos padres de la humanidad le dan a recorrer a ésta uno de los peregrinajes más largos que hasta ahora haya podido hacer en su búsqueda por la superación de la soledad.

El psicoanalista alemán Erich Fromm (1900 - 1980) en su libro El arte de amar (1959) sienta las bases de la teoría de la separatidad como la existencia del ser humano separada, desunida de algo o de alguien. Esta condición separada le genera angustia. Reconocer este estar aislado le lleva a pensar en el deseo de aferrarse al mundo, a las personas con las que no se encuentra unido. Asimismo, la separatidad le produce vergüenza y sentimientos de culpa al no poder unirse a los demás y al mundo exterior. Para que el hombre consiga verse separado de aquello y aquellos que le rodean se parte de la premisa de que tiene una razón que le permite ver esto, una razón depositada en una vida que es la suya y que conjugadas le generan una conciencia de sí mismo que le faculta a tener idea de sus posibilidades y potencialidades como de su pasado y las perspectivas de su futuro.

El relato bíblico de Adán y Eva es la alegoría que grafica un fenómeno cultural como el de la separatidad. Ambos nacen a una vida cultural que se aleja de la originaria armonía animal con la naturaleza a la que estaban unidos hasta comer el fruto prohibido. En un cierto modo la serpiente es la conductora que propicia el conocimiento mas no lo provee aunque como Dios bien sepa qué se podrá sentir y comenzar a saber no bien se coma del mismo. Es en este momento que nuestros personajes nacen como seres humanos y reconocen su separatidad, pese a que ambos sigan siendo un perfecto desconocido para el otro. ¿Y ello por qué? Pues porque no se aman.
Según Fromm es el amor uno de los sentimientos que vencen esa separatidad y disipan la angustia que genera la misma. En tal sentido es que el amor viene a ser uno de los estados de ánimo y disposiciones del ser más anhelados por los hombres y mujeres:

La necesidad más profunda del hombre es la necesidad de superar su separatidad, de abandonar la prisión de su soledad... La conciencia de la separación humana -sin la reunión del amor- es la fuente de la vergüenza. Es al mismo tiempo la fuente de la culpa y de la angustia (p. 21).

Ante este problema y su eventual resolución el hombre plantea cómo lograr la unión, trascender la propia individualidad y encontrar la compensación a toda la angustia de la separatidad. Son muchos los caminos que llevan a ello. A lo largo de los siglos los más recorridos han sido los de la religión y la filosofía, cada cual ofreciendo basamentos de creencia que le devuelvan al hombre la conexión primera con el mundo, la vida y los demás. Sin embargo, en los tiempos actuales nuestra sociedad occidental ha encontrado otros caminos que recorrer en este sentido, quizá menos místicos o metafísicos que los ya mencionados pero igualmente cautivantes. Una de esas formas de escapar de la separatidad es la que facilitan el estado orgiástico y la experiencia sexual.

El estado orgiástico y la experiencia sexual pueden ser efectivamente escapes a la separatidad y pausa a la sofocante angustia que produce. Lamentablemente son solo estados transitorios de exaltación en los que si bien el mundo puede llegar a desaparecer -y con esto el sentimiento de estar separado del mismo- no puede dejar de considerarse que por su factura efímera devuelve al hombre a su realidad, e incluso le puede remarcar aún más su separatidad, con lo cual le genera una angustia mayor a la que inicalmente tenía. Es uno de tantos desesperados intentos:

El acto sexual sin amor nunca elimina el abismo que existe entre dos seres humanos excepto que en forma momentánea (p. 24).

Este tipo de interacción y de unión no llega nunca a ser duradera por más intensa o violenta que fuere. Es siempre transitoria.


Referencia bibliográfica.-
Erich Fromm. El arte de amar.
Editorial Paidós.
Buenos Aires, 1970.