sábado, 3 de julio de 2010

¿Y por qué no recordar a tu enemigo?



Desde el año pasado, si no me equivoco, una de las cerveceras más importantes de nuestro país lanza una campaña comercial que pretende celebrar cada primer sábado del mes de julio el Día del amigo. Obviamente a la cervecera le interesa poco la amistad como valor o como manifestación de afecto de una persona hacia otra. Lo que le interesa es vender más y más cerveza con la que cada vez un mayor número de peruanos pueda emborracharse, celebrando una festividad como la antes mencionada. De aquí solamente no puedo encontrar mayor inspiración para escribir un post ya que está más que clara la intencionalidad comercial que tiene la firma.

Sin embargo, pensando un poco en la idea de celebrar al "amigo" yo me hacía la siguiente pregunta: si ya se festeja el 14 de febrero de cada año esa insoportable celebración que se conoce como el día del amor y de la amistad, ¿por qué volver a repetir la misma a estas alturas del año, casi 05 meses después de ya pasada la primera? Empero, la respuesta, para este caso, también es bastante clara y palmaria. Más bien, me decía yo, ¿por qué si ya hay más de una fecha para celebrar la amistad y los amigos, por qué acaso no hay tan siquiera un día fijado en el almanaque para recordar al enemigo? ¿Qué de bueno tendría recordar a los enemigos, o por lo menos a aquellas personas de las que no queremos volver a saber nada más simplemente porque no se portaron bien con nosotros, porque lo único que nos une a ellas son en efecto recuerdos desagradables y que cuando reactualizados, en el peor de los casos, pueden volver a ser dolorosos? ¿Qué de provechoso habría en esto? ¿Quién sería tan masoquista como para permitir semejante cosa?

Bueno, debo confesar que yo soy uno de los no pocos -creo yo- que sí podría encontrar el beneficio en semejante situación. Recordar al "enemigo", a la persona non grata, a aquel que de sólo volver a visualizar en nuestra mente nos produces vascas sí tiene, en mi humilde y desquiciada opinión, algo de provechoso: te hace ver que hay ciertos episodios de la vida ya vividos que fracasaron por n motivos y que te unieron a x personas; que te sucedió tal o cual cosa porque sencillamente no estabas preparado para afrontar un experiencia de tal índole. La vida te agarró desprevenido o desprevenida y pudiste vivir algo que, aunque incómodo o doloroso, a las finales lo terminaste viviendo y ya nunca más, por más que quieras, lo podrás borrar de las páginas que conforman el libro de tu vida. Bueno, estas últimas líneas suenan bastante cursis pero es bueno insertarlas para sazonar este post.

Por ejemplo, ¿qué de bueno tiene recordar una fallida relación sentimental si ésta fue desagradable, penosa, molesta, humillante, ...? En el momento que tú, querido mortal, lo viviste, pensabas que habría habido siempre una solución para cualquier malestar que perturbara el curso armosioso de tu relación de amor con esa persona, pero estabas equivocado. Hoy por hoy caes en la cuenta que todo fue una mera pérdida de tiempo, que las personas no cambian cuando no consideran necesario cambiar, y no cambian porque no se sienten motivadas a cambiar, porque no las motivamos a cambiar.

Esto siempre lo tenemos presente, lo sabemos, pero, ¡ya pues!, necesitamos ocupar en algo nuestro tiempo sino éste se asemejaría a la eternidad, aparte de que no tendría movimiento y terminaría por hastiar. Cuando apostamos por una persona sabemos que, como la ropa que venden ciertas tiendas por departamentos en temporada de oferta por cambio de estación, viene con "fallitas", "defectitos" que más de una vez decimos: "no son muy notorios, nadie los verá", o también "puedo hacer algo por remediarlo y asunto acabado".

Pero no es así. Hay "defectitos" y "fallitas" que por más que lo podamos querer no se van a enmendar jamás. Y lo sabías cuando viviste una relación de amor y pasión con la persona que hoy por hoy detestas y cuyo nombre no quieres volver a oír jamás. Ahora, ¿qué hay de bueno en recordar esto? Es fácil, sabes que los errores que cometiste en el pasado no los deberás cometer nuevamente en el futuro. Recordar a ese "enemigo" te obliga a actualizar un comprimiso personal: "no debo tropezar con la misma piedra otra vez". Claro, esto también, pero además, y lo verdaderamente importante, es que en base a lo vivido, aunque malo, ganaste experiencia y con ella te será más fácil hacerle frente a los días venideros que tiene esta vida. Ya si te equivocas nuevamente y repites los mismos errores es que estás en serios problemas.

Es duro aprender de esta forma, por ensayo y error, la misma que, como más o menos ya se ha visto hasta aquí, consiste en probar más de una alternativa hasta encontrar la más adecuada, efectiva y eficiente, es decir, la solución para una situación determinada o un problema. En el transcurso se va adquiriendo conocimiento, el mismo que le es de vital importancia al ser humano para garantizar su propia supervivencia. Cuando se va camino a probar una segunda alternativa siempre con la premisa de encontrar una solución, el conocimiento adquirido es presupuesto vital para evaluar la alternativa venidera, valioso feedback que nos pre-dispone, si se quiere de manera positiva, a enfrentar la misma sabiendo qué pasos debemos dar y cuáles situaciones debemos evitar.

Finalmente, y ya sin tanto ánimo de sorna, sí es bueno repasar de vez en cuando lo vivido, sobre todo cuando estamos a punto de enfrentarnos a una situación con características similares a lo ya pasado, a modo de esquivar las posibilidades de fallar o de salir perjudicados. Pero pensar con zaña en el "enemigo" es una de las cosas más insanas que se puedan hacer, entre otros motivos, porque desgasta, envejece y afea. Hay eventos de la vida que simplemente deben ser considerados como meros hechos ocurridos, y personas a las cuales tan solo tenemos que ver como simples individuos.

domingo, 9 de mayo de 2010

Yo amo a mi mami


Madre, madre, tú me besas
pero yo te beso más
y el enjambre de mis besos
no te deja ni mirar.
Si la abeja entra al lirio
no se siente su aletear;
cuando escondes a tu hijito
ni se le oye respirar.

Yo te miro, yo te miro
sin cansarme de mirar
y qué lindo niño veo a tus ojos asomar.
El estanque copia todo
lo que tú mirando estás
pero tú en las niñas tienes
a tu hijo y nada más.

Los ojitos que me diste
me los tengo que gastar
en seguirte por los valles
por el cielo y por el mar.

Gabriela Mistral (1889-1957). Caricia


Estoy seguro que por el solo título de este post se pueda adivinar de qué tratarán las siguientes líneas que desde este momento y a continuación han empezado a escribirse en este blog. Pues sí, este es un post en el cual quiero expresar, como siempre lo hago, algunas apreciaciones y sentimientos que exclusivamente giran en torno a la celebración del día de la madre y al importantísimo papel que la mía propia juega en mi vida.
Mi madre se llama Martha y sin lugar a dudas es la mujer que mayor presencia ha tenido, tiene y tendrá en mi vida. Esto jamás ha excluído la posibilidad de que otras mujeres, igualmente bellas y telúricas, consiguieran encontrar un lugar no solamente en mi vida, sino también en mis pensamientos, sobre todo en mis pensamientos. Sin embargo, de entre todas, es definitivamente la presencia de mi madre la que de manera más fija ha podido establecerse en mi mente y en mi memoria en todos estos años de existencia que llevo.

Se dice que madre sólo hay una, porque de haber dos quién podría con ellas, y aunque esta frase sea una manera palmaria de ironizar sobre ellas y lo "intensas" que pueden llegar a ser, lo cierto es que son así porque no es poca responsabilidad y no son pocas preocupaciones las que se toman por los hijos. Si lo sabremos, en mi particular caso, mi hermano y yo, que siempre hemos sido testigos de las largas horas en que mi madre ha estado pendiente de nosotros, procurando cautelar de modo irrestricto nuestro bienestar, nuestro normal crecimiento a nivel psicológico, social y cultural. Tanto él como yo sabemos que jamás podríamos retribuir, materialmente hablando, todo lo que de ella hemos recibido, pero igualmente sabemos que es con nuestro afecto, respeto y compañía incondicionales como podremos decirle gracias.

Y es que una madre nunca espera que se le retribuya cuanto dio y cuanto continua dando por un hijo. En tantos años de vida que tengo y con mi madre a mi lado ella jamás ha deslizado la posibilidad de que le devuelva siquiera algo de lo que ofreció o hizo por mí. Y yo, a continuación, le he dicho que entre mis posibilidades de vida futura jamás he considerado como alternativa el no tenerla en mis planes personales. Claro, por esta manera de ver mi relación con mi madre siempre he sido diagnosticado como "paciente con mamitis". Yo solamente he escuchado lo que la gente me ha dicho y he procurado extraer de sus apreciaciones la lección mejor de éstas a modo de incorporarlas en mi proceder futuro.

De todas maneras, la historia que he vivido al lado de mi madre y las tantísimas noches de sueño que ella perdió por pensar en mí, en mi hermano, en nosotros, y en atendernos y devolvernos la serenidad para continuar la marcha hacen imposible que yo no pueda agradecerle con mi compañía y amor lo que un día dio sin esperar nada a cambio. Es que al menos yo no concibo otra posibilidad. Mi madre siempre fue madre y padre para mí, aunque esta afirmación está ya bastante manida como para yo querer afirmarme sobre la misma. Mejor preferiría decir que en ausencia de un padre devoto se hizo todavía más madre, una madre superlativa al punto de marcar con muchos visos de su carácter y personalidad los míos propios. No obstante, jamás he llegado a pensar que con ello me convertí en una extensión de las sensaciones y los afectos de mi madre. Yo, por ejemplo, a diferencia de ella no tengo la expectativa de tener hijos o pensar que estos me darán la felicidad... Mas sé que si pudiera permitiría que mi madre fuera madre de los hijos que no creo llegue a tener, porque quién mejor que ella para prodigarles todo el afecto y los cuidados que desde siempre recibí de ella.

No son fortuitas estas líneas que ahora intento dedicarle. Mi madre me ha demostrado ser tal no solamente por haberme dado a luz o por haberme cuidado desde que nací y lo siga haciendo hasta hoy. Me ha demostrado que es mi madre no solamente porque me ha dado su afecto, su ternura. Es mi madre porque me respeta y me quiere como soy, como el hijo que en suerte le tocó criar. Es mi madre porque en medio de mis noches de confusión sabe estar conmigo y acompañar mi llanto, devolverme la seguridad que en mí siempre ha sido frágil y decirme algo así como ¡si no avanzas sólo te quedará retroceder, entonces recomponte y sigue adelante!

Es mi madre porque soy su hijo, y como tal únicamente puede amarme. Y yo soy su hijo porque amándola puedo decirle gracias y estoy contigo... ¡Te amo mamá!

sábado, 1 de mayo de 2010

¿Qué pasó con Baby Jane?



What ever happened to Baby Jane? que en español se conoció como ¿Qué pasó con Baby Jane? (1962) fue el título de la película producida bajo la batuta del director estadounidense Robert Aldrich (1918-1983) y que reunió entorno a ella a dos de las más grandes actrices de los años del cine dorado de Hollywood: Bette Davis (1908-1989) y Joan Crawford (1904-1977) y basada en la novela del mismo nombre de autoría del novelista Henry Farrell (1920-2006).

Se cuenta que en tanto fueron grandes estrellas de cine ambas rivalizaron ferozmente por acaparar la atención de los medios de comunicación de aquel entonces, una disputa similar a la que enfrentaron -por ejemplo en el ámbito de la ópera- las sopranos Maria Callas y Renata Tebaldi. Estas dos grandes luminarias del séptimo arte se disputaban la condición absoluta de divas de Hollywood. En ¿Qué pasó con Baby Jane? paradógicamente tuvieron la ocasión de protagonizar a dos hermanas separadas por el fervoroso odio que una le tiene a la otra, y fue aquélla la ocasión perfecta para que ambas -tras los parlamentos que debían decirse- se expresaran su más intenso rechazo y enojo.
¿Qué pasó con Baby Jane? nos presenta la historia de las hermanas Hudson. Jane, inmortalizada como Baby Jane conoció la fama y el renombre cuando niña al triunfar en el canto y el baile, al punto de llegar a popularizarse tanto que se tuviera que hacer muñecas con su rostro y nombre porque el público la requería con vehemencia. Con el pasar de los años, Baby Jane deja de ser una niña y empieza a perder su buena estrella. La fama le deja de ser favorable, aún cuando busca hacerse de una carrera como actriz. A la par, Blanche, que de pequeña vivió a la sombra de su talentosa hermana, se verá reivindicada por la vida cuando de adulta sí consiga nombre y fama como una brillante actriz de Hollywood. Para entonces, su buena estrella terminará de opacar el recuerdo de la que alguna vez fuera aclamada por el público: su hermana, la Baby Jane.

Sin embargo, la carrera de Blanche se verá truncada por un intento de atropello protagonizado tanto por ella como por su hermana Jane de manera bastante confusa: Blanche queda inválida tras fracturarse las piernas y desde ese momento deberá vivir bajo los cuidados de la hermana Jane, que si acepta convertirse en su cuidadora personal será solamente porque así podrá seguir manteniendo el tren de vida que siempre conoció gracias al hecho de vivir a expensas de la rica hermana Blanche.

Jane, convertida en una mujer alcoholizada y turbada mentalmente, en su inmenso odio por Blanche, se comprometerá a hacerle la vida imposible al culparla de haberle quitado el sitial que alguna vez tuvo. La mantendrá incomunicada y en permanente estado de ansiedad y temor, al punto de servirle animales muertos en las comidas, hecho que terminará por espantar a Blanche de no querer probar bocado alguno. Con esto sólo conseguirá el paulatino deterioro de su salud física al no contar con una debida alimentación. En su desesperación, Blanche buscará más de una manera de pedir ayuda y no conseguirá mayor éxito: las inoportunas y siempre puntuales apariciones de Jane se lo impedirán.

La locura de la Baby Jane será tal que no dudará en matar a Elvira, empleada doméstica de la hermana, que llegará a enterarse del real y lamentable estado de salud en el que se encuentra Blanche. Más adelante, Edwin, un pianista fracasado que llegará a contactar a Jane tras leer un anunio de periódico en la que ésta busca un pianista que la acompañe en el relanzamiento de su carrera, también conseguirá saber del verdadero estado de salud de Blanche, hecho que alarmará sobremanera a Jane al punto de hacerla huir a la playa llevando consigo a la debilitada hermana. Allí se producirá una asombrosa revelación: no fue Jane quien, envidiosa del éxito de Blanche, intentó arrollarla con el auto, tal como decía la versión oficial del accidente que truncó la gloria de ésta última. Fue todo lo contrario, ya siendo famosa pero aún guardándole cierto rencor por la postergación que le hizo pasar cuando niña, Blanche buscará vengarse de Jane al premeditar un accidente de auto en la que Jane sale bien librada, pero que le causa un daño irreparable a Blanche. Aprovechando la ocasión y la alcoholización de Jane, Blanche hará creer que fue su hermana quien quizo acabar con su vida, pero al saberla su tal, no querrá denunciarla por ello, mas sí condenarla a cuidarla por el resto de su vida.

*
La riqueza de este film radica en la permamente atmósfera de inquietud que gira en torno a las hermanas Hudson. Ambos personajes están perfectamente delineados al punto de conseguir que el espectador llegue a comprometerse, con su propio temor, inquietud y ansiedad, con la trama de la historia narrada. No se puede estar ajeno al dolor y a la desesperación de la indefensa Blanche, que es presa de las consecuencias de aquel acto de insensatez que cometiera cuando joven y que seguramente habría deseado no llevar a cabo porque de esa manera se habría ahorrado posteriores años llenos de malos tratos, de indiferencia y de tormentos innecesarios. Empero, de ambos personajes, al menos a título personal, el que consigue trazarse de manera indeleble en la memoria del buen aficionado de cine es el que encarna Bette Davis al dar vida a la infame Baby Jane, y ello precisamente por el hecho de ser la mala de la trama.

Baby Jane sufre de una terrible nostalgia por el tiempo pasado que fue mejor, no resignándose a asimilar la idea de que el tiempo mismo fue el que se llevó la lozanía de la que gozaba cuando niña y que le acarreó la fama y renombre que la lanzaron al estrellato. No tolera no ser más quien fue y tener que vivir a la sombra del nombre de la hermana, a la que culpa infinitamente por haberla despojado de la gloria que alguna vez conoció. Demás está decir que es solamente la pura envidia la que lleva a Baby Jane a sindicar a su hermana como la responsable de su caída artística.

Por otra parte, al igual que Jane, Blanche alguna vez deseó ser una estrella y abandonar la penumbra en la que se encontraba al vivir soslayada por la fama y prestigio de su hermana. Pero era cuestión de esperar para que una mejor suerte le tocara y le hiciera conocer los éxitos que de niña tanto añoró. Sin embargo, lo que no deja de sorprender es que, habiendo alcanzado esa fama que por siempre deseó, orquestara un fallido accidente contra Jane. Por lo visto, pese a las luces del escenario y de las cámaras de filmación, Blanche aún guardaba rencor hacia Jane por los penosos años de infancia que tuvo que vivir, al estar despojada de un nombre y de todo ese seguimiento mediático que sí conoció Jane hasta abandonar los tiernos años de su infancia.

Jane es el más claro ejemplo de cómo las personas podemos llegar a concentrar en otra una aciaga responsabilidad gratuita de la manera más irracional y nociva. No le basta saber que en manos de terceros estuvo la decisión de no darle más cabida en el ámbito del gran cine. Como estos le quedan bastante lejanos a sus reales posibilidades de acción inmediata, sólo ve en la hermana -que para desgracia suya viera el nacimiento y florecimiento de su carrera durante los mismos años que la otra perdía toda fama- al único sujeto posible de hacerse depositario de sus odios y frustraciones.

Asimismo, Jane concentra todo ese odio en su hermana Blanche para así recordar día a día que hay alguien culpable de que ya no sea quien alguna vez fue, y con ello nuevamente caer en la repetición de que efectivamente en algún momento existió una niña bella reclamada por una gran audiencia y que se fue conocida como Baby Jane. Gracias a este mecanismo sado-masoquista, la Baby Jane consigue prolongar su vida de la manera más tortuosa que pueda existir, regresando a su pasado al volver a las fotografías que inmortalizaron dichos días de felicidad, pero que tras abandonar le causan hondo pesar y nostalgia, malestares que siempre buscará atenuar con la ingesta abusiva de alcohol y que la arrastrarán a la demencia más exacerbada.

La conducta de Jane, sin llegar a ser justificable y tan solo explicable, nos resulta -hacia el final de la película y cuando ésta cobra auténtico desenlace- como el producto de una serie de eventos tristes que pudieron evitarse con el recurso de la sensatez y de la asimilación y aceptación de los propios talentos personales de los que se posee. No siempre podremos ser quienes hoy somos. No siempre podremos vernos como hoy nos vemos. Baby Jane es el retrato más acabado de la resistencia tosuda que se puede poner contra el inexorable paso de los años; es el retrato de quien quisiera congelar la propia vida y reducirla a un periodo de la misma en que se fue grande, reconocido y bello.

viernes, 30 de abril de 2010

Acuario


A continuación una breve descripción de la forma de ser de los acuarianos.
Lo leí como post de una amiga en su página de Facebook y ahora quiero compartirlo.

¡Ah!, me olvidaba... Yo también soy Acuario... Lo soy porque nací un 23 de enero.



Acuario...

Por lo general es generoso y tranquilo, pero le encanta provocar.
No puede negar que le gusta demostrar inconformidad y marcar la diferencia.
Enamorado de la libertad, puede ser divertido, perverso, original,
engreído e independiente, pero también diplomático, suave, compasivo y tímido.

Un Acuario es independiente e intelectual,
pero lo malo es que le gusta llevar la contraria y es impredecible.
Es poco emocional y no comprende la complejidad emocional de algunas personas
y tampoco la traición entre amigos.

Hay dos tipos de Acuarios: uno es tímido, sensible, y paciente.
El otro tipo de Acuario es exuberante, vivo y puede llegar a esconder
las profundidades de su personalidad debajo de un aire frívolo.

Ambos tipos de Acuario tienen una fuerza de convicción y de la verdad muy fuerte
y son tan honestos que saben cambiar sus opiniones
si aparecen pruebas que muestran lo contrario de lo que pensaban antes.

A pesar de la personalidad abierta del Acuario
y de su deseo de ayudar a la humanidad, no suele hacer amigos con facilidad.
No entrega su alma con facilidad. Pero cuando lo hace es un buen amigo
y amante dispuesto a sacrificar todo por su pareja
y ser fiel durante toda su vida.

Sin embargo, a veces le toca vivir la desilusión emocional
porque sus ideales personales le llevan a exigir más de su pareja de lo que es razonable.
Si se le engaña a un Acuario, su furia es terrible.

sábado, 17 de abril de 2010

La búsqueda de la identidad americana en Doña Bárbara

Llanos venezolanos y vista del río Orinoco
Estado de Apure


Muchos años de docencia le permitieron a Rómulo Gallegos conocer la hostoria de Venezuela tanto por los libros como por el contacto directo con las personas habitantes de los llanos que visitó y en los cuales se documentó para escribir su monumental Doña Bárbara. Fueron esas mismas gentes las que sufrieron e hicieron frente a los constantes alzamientos y revoluciones que a las finales reportaron significativos números de vidas y de pérdidas materiales para una de las naciones más ricas de Sudamérica. Venezuela no estuvo exenta del afán personalista de caudillos que se hicieron del poder gracias a la demagogia acompañada de cuartelazos y golpes de Estado tan propios de nuestras tierras.

Frente a esto y ante las siempre arraigadas tradiciones del machismo, herencia colonial todavía sin desterrar y que detiene el progreso cultural de las naciones y el alcance y conquista de nuevos derechos, Gallegos quiere la voluntad civilista anhelante de establecer entre los venezolanos un régimen de convivencia y de respeto por aquellos sentimientos nobles de una moral tradicional. Efectivamente, el novelista venezolano emplea sus novelas y sus diversas publicaciones como arma de pelea y de lucha por un ideal. La necesidad de dar a conocer su ideología lo lleva a hacer de sus obras el medio para acercarse a su pueblo.

Toda su obra deja ver que para él el hombre es lo más importante. No se conforma con la idea de que tengamos que vivir en un mundo con contradicciones anodinas en pleno siglo XX-XXI, donde todavía falta un proyecto común de progreso social que aún no ha llegado a establecerse del todo. Para ello, los valores que se imparten en la educación de las generaciones tienen que estar basados en el deber, la humildad, la identidad americana y el sentido de pertenencia a un continente para alcanzar una suerte de regeneración nacional y continental.

El lector recibe un llamado a fin de que asuma su responsabilidad ciudadana y a partir de su experiencia personal comience a poner en acción este compromiso que se entabla con la patria venezolana. Sin embargo, Gallegos no solamente se dirige al lector: también busca ser oído por el intelectual americano que siempre tiene la misión de orientar a su pueblo. Es necesaria la prédica de un rechazo a la violencia y darle la espalda al facilismo irresponsable que no mide consecuencias. Repudiar la falta de ideales. De igual modo, es decirle no a la improvisación, combatir la incultura con asistencia del proyecto civilizador del cual debe ser portavoz el intelectual americano. Ubicar estos problemas parte de tomar conciencia de que ellos existen y de que son propios de nuestra realidad, de la realidad americana. Desde aquí juega un rol importante el reconocimiento de nuestro entorno, de lo que es natural y de lo que ha sido creado por el hombre.

La libre contemplación de los escenarios naturales, y en el caso de Doña Bárbara del llano venezolano, inmediatamente genera en nosotros la idea válida de que pertenecemos a una tierra, y por lo mismo, nos identificamos con ella. El paisaje indómito cobra vida propia y enfrenta al hombre con la inmensidad de la naturaleza, que lo apabulla y que parece oponerse a sus planes civilizadores. Éste a las finales termina por deslumbrarlo.

Gallegos describe este paisaje, el llano:

Avanza el rápido amanecer llanero. Comienza a moverse sobre la sabana la fresca brisa matinal que huele a mastranto y a ganados. Y bajo la salvaje algarabía de las aves, palpita con un ritmo amplio y poderoso la vida libre y recia de la llanura. Santos Luzardo contempla el espectáculo desde el corredor de la casa y siente que en lo íntimo de su ser olvidados sentimientos se le ponen al acorde de aquel bárbaro ritmo.

Ante la belleza del llano no se puede permanecer indiferente. Su contemplación produce sensaciones nuevas:

¡Ancha tierra, buena para el esfuerzo y para la hazaña! El viento silba en los oídos, el pajonal se abre y cierra en seguida, el juncal chaparrea y corta las carnes, pero el cuerpo no siente golpes ni heridas. A veces no hay tierra bajo las patas del caballo, pero bombas y saltanejas son peligros de muerte sobre los cuales se pasa volando.

La vida que ofrece el llano al hombre tiene algo del tópico del amenus locus (lugar ameno) aunque le ofrezca también peligros que, en claro resguardo de su vida debe conjurar. Es precisamente ahí donde fluye esa energía que le hace sentirse vivo.

También fuera de ella ya el mundo no es lo que hasta allí había sido: un monte intrincado donde recoger chamizas, un palmar solitario sonde era posible estar horas y horas tendido en la arena, inmóvil hasta el fondo del alma sin emociones ni pensamientos. Ahora los pájaros cantan y da gusto oírlos. Ahora el tremedal refleja el paisaje y es bonito aquel palmar, invertido. Aquel fondo del cielo que se le ha formado al remanso... La belleza no está en ella solamente, está en todas partes: en el palmar profundo y diáfano, en la sabana inmensa y en la tarde que cae dulcemente, dorada y silenciosa.

Pese a que críticos y novelistas de renombre como Mario Vargas LLosa (1936) hayan calificado de primitiva a la novela regional por haber convertido en materia de datos geográficos, descripción de usos y costumbres y muestrario de folclor su narrativa, es innegable que Doña Bárbara tiene un sitial ganado dentro de la literatura latinoamericana y universal al exponer el espíritu de un puebo que ama, sufre y espera, que trabaja por su progreso y se identifica con un suelo, con una nación, con un continente.

domingo, 11 de abril de 2010

La novela de la tierra

Vista parcial del río Orinoco - Venezuela


Doña Bárbara (1929) fue la obra cumbre del escritor venezolano Rómulo Gallegos (1884-1969) y narra el regreso de Santos Luzardo a los llanos venezolanos tras haberse marchado de los mismos cuando niño, para recibir en la capital caraqueña una formación basada en leyes y en los más altos valores de la cultura civilizada. El panorama de los llanos venezolanos se le presentará salvaje y bárbaro a su retorno, sus exóticos habitantes son los que imponen sus propias leyes, sometiendo a los más débiles bajo el imperio de la fuerza, la violencia, el abuso y la tosudez. La mayor de las sopresas y asombros de Santos Luzardo es encontrar una escasa conciencia moral en sus habitantes, que practican alguna forma de corrupción en diversos escenarios de su desenvolvimiento cotidiano.

Simultáneamente, se nos cuenta la vida de Doña Bárbara, una mujer que alguna vez fue una doncella inocente enamorada a la que le desgraciaron la vida cuando unos hombres inescrupulosos, desalmados piratas, le matan al novio además de abusar sexualmente de ella. Desde ese entonces Bárbara decidirá no permitirse nunca más sufrir por hombre alguno ni que alguno de ellos se le ose propasar. Todo lo contrario: será ella quien someta a todo aquel que pretenda conquistarla o a todo aquel de quien se obsesione. Será así que, por ejemplo, llegará a someter a Lorenzo Barquero, un rico hacendado de los llanos del Apure, arrastrándolo a la peor de las ruinas humanas con tal de obtener de éste toda su fortuna y tierras, hasta llegar a enseñorearse como la temida Doña Bárbara, dueña y señora de El Miedo, nombre con el que bautiza a sus cada vez más crecientes propiedades.

De otra parte, Doña Bárbara es también madre, de Marisela, una joven que nació producto de sus amoríos con Lorenzo barquero, el hombre al que arrastró hasta la inhumanidad. Desde un inicio Bárbara se desentendió de su hija, a la que de una u otra manera ha vivido odiando desde que la dio a luz, y a la que odiará más, llegando hasta el enfrentamiento, por el amor de San Luzardo, de la cual ambas se enamorarán.

A continuación, una breve descripción, con fragmentos de la novela misma, que nos presentan a los dos personajes principales de la obra:

Santos Luzardo es un hombre adelantado a su contexto de origen, que ha conseguido forjarse una educación superior de calidad estudiando Derecho y asimilando los valores de una cultura civilizada de paz y respeto al orden y la ley. Es lo que se denominaría "un hombre de bien" que actúa para proteger sus propios derechos y los de su gente. Sin embargo, el haber vivido muchos años en la ciudad no hizo que su "hombría de llanero" desapareciera. Al contrario, sabe combinar la misma con un un espíritu pacificador que le granjea la confianza y el respeto de quienes le rodean, a la vez que hace gala de hidalguía y decisión, cualidades de las que tanto Bárabara como Marisela sabrán enamorarse.

Así es descrito Santos Luzardo por el autor:

Un bongo remonta el Arauca... Abordo van dos pasajeros... Un joven a quien la contextura vigorosa, sin ser atlética, y las facciones enérgicas y expresivas préstanle gallardía casi altanera. Su aspecto y su indumentaria denuncian al hombre de la ciudad, cuidadoso del buen parecer.

Doña Bárbara, a su vez, constituye la antítesis de Luzardo. De carácter arbitrario, violento y oscuro, es la encarnación de la magia y la superstición. Su psicología se explica debido al terrible y doloroso suceso vivido cuando joven, herida en su belleza por quienes se dieron el festín de su doncellez. ella empleará toda su vida en la lucha contra el hombre, buscando venganza. Una de sus víctimas paradigmáticas será Lorenzo Barquero, al que termina acabando física, moral y materialmente.
De otra parte, sus odios se proyectarán hacia su propia hija Marisela en la que ve el triunfo que sobre ella tuvo el hombre. Pero, pese a todos estos sentimientos y actitudes negativas.

Aquí un breve retrato de Bárbara:

... De más allá del Cunaviche, de más allá del Cinaruco, de más allá del Mata... De allá vino la trágica guaricha, fruto engendrado por la violencia del blanco aventurero en la sombría sensualidad de la india. Su origen se perdía en el dramático misterio de las tierras vírgenes...

... En el alma de la mestiza tardaron varios años en confundirse la hirviente sensualidad y el tenebroso aborrecimiento del varón...

... Ni aún la materidad aplacó el rencor de la devoradora de hombres, y bajo el imperio de este sentimiento dio a luz a una niña que otros pechos tuvieron que amamantar, porque no quiso ni verla siquiera...

En Bárbara está demasiado presente la figura del hombre, que la ha configurado como criatura y personificación de su tiempo, haciéndola devenir resultado lógico de su origen, educación y ambiente.

domingo, 4 de abril de 2010

Nada apaga mi noche


Javier Bellido Valdivia. Nada apaga mi noche
( Acrílico sobre tela de 2 m x 2.60 m)


La primera vez que vi este cuadro fue cuando fui al Centro Cultural de la Universidad Católica a ver una película, La teta asustada de la cineasta peruana Andrea Llosa. Era la última semana de marzo y por aquel entonces la cinta estaba compitiendo por un premio Óscar a mejor película extranjera, honor que a las finales no ganó, que muchos lamentaron pero que sinceramente no merecía ganar.
Antes de la proyección pasé a la sala de exposiciones del Centro Cultural donde aún se exponían una serie de cuadros que desde el primer momento no llamaron mi atención. En general no suelo ir a muestras de este tipo porque no consiguen despertar mi interés artístico, y no porque quienes hayan creado tales obras no tengan talento, sino porque carezco de los basamentos teóricos para poder leer el contenido y los ejes de desenvolvimiento de las mismas. Es decir, me cuesta entender las pinturas de arte abstracto (si es que en medio de mi ignorancia las puedo llamar así) por lo que siempre he preferido bodegones, paisajes, personas en diversas actividades o estáticas que me dicen más, tipo La maja desnuda de Goya, Las meninas de Velásquez o incluso La persistencia de la memoria de Dalí.
Sin embargo, hubo un cuadro que sí llamó poderosamente mi atención y me mantuvo frente a él por largos e incontables minutos, y fue este acrílico titulado Nada apaga mi noche, de Javier Bellido Valdivia, que también pueden apreciar junto a otros cuadros del artista en http://javierbellidov.blogspot.com/
La pintura se compone de esta manera: dos figuras con rostros, cabezas y corporatura que sugieren la anatomía de un par de seres semi-humanos. No sabemos si son dos personas que se han bestializado reduciéndose a las figuras que apreciamos en el cuadro, o si son dos bestias que aún no han pasado a ser humanas del todo. Uno de ellos tiene algo en las manos, entre las dos manos y le da la espalda al segundo que lo mira ansioso. Definitivamente el primero le niega lo que lleva entre las manos y no se lo da a ver. Eso que lleva entre las manos podría ser algo importante, debe serlo como para que el segundo le aguarde ávido y quiera insistirle con el brazo que hacia él extiende. No sabemos qué es, las manos del primero consiguen ocultarlo del todo y no permiten siquiera adivinar qué podrá estar asiendo con tanto afán.
El primero tiene un semblante adusto, rígido que se contrapone con el del segundo, que más bien se puede antojar amable, noble, en medio de su monstruosidad. Se podría colegir esto de sus ojos, que llegan a apreciarse claramente y que delatan cierta tristeza. Definitivamente están pidiendo algo.
Los colores de sus formas son predominantemente oscuros. Hay una luz presente que da un fondo al cuadro. Es una luz que se emana de un haz que está fuera del cuadro y que pareciera ubicarse en la parte superior izquierda del mismo pero siempre detrás de las figuras que participan de la escena. Sólo así se entendería que el lado frontal de sus cuerpos sea oscuro. Después, no hay más colores.
Lo que más intriga de este cuadro es lo que que la primera de estas dos figuras, sí, la que se ubica en el extremo izquierdo de la escena lleva en las manos. Ya se ha dicho que debe ser algo importante para que el segundo acuda a él. Quizá la clave para saber qué es lo que oculta esté en el hecho mismo de detenerse a pensar que ambas figuras, semi-humanas como ya se las ha descrito, no nos permiten del todo saber si en un inicio eran dos humanos bestializados y devenidos en las criaturas que vemos en el cuadro, o si son dos bestias que están por devenir humanos, ¿quizá por segunda vez? Esto tampoco queda del todo resuelto. Quizá ambas hipótesis sean válidas.
Sin embargo, si perdieron su completa humanidad para quedar reducidos a esas figuras monstruosas que vemos ante nosotros, al menos una de ellas, la de la derecha, aún desea regresar a su estado inicial de plena humanidad. Podría ser, entonces, que aquello que le pide al primero sea lo que finalmente le restablecerá su constitución humana y le sacará de esa grisura en la que ambos se encuentran, y es por ello que pide, que implora a través de su mirada que se le deje ser quien era, porque si bien decimos que ahora ambos son figuras semi-humanas, también debemos decir que no están del todo degradados en su humanidad puesto que algo de las mismas les queda. De lo contrario no nos vendría a la mente la sugerencia de que son lo que ya hemos dicho, figuras semi-humanas bestializadas: los ojos, las cabezas y la corporatura de ambos nos lo dice.
Ahora bien, de ser así, ¿por qué es el primero el que concentra el elemento que permitiría la realización del segundo? Al respecto, nada nos dice cómo es que llegó a establecerse tal estado de dominio (del primero hacia el segundo) y dependencia (del segundo hacia el primero). El establecimiento de este micro orden de poder es arbitrario y en la escena no hayamos mayores respuestas a nuestra interrogante. Es precisamente esta ausencia de respuestas dadas y esta posibilidad de hacer conjeturas lo que le da toda su riqueza simbólica a Nada apaga mi noche de Javier Bellido Valdivia, cuadro que aplaudo y felicito sobremanera.
Por lo que no pienso preguntarme ahora es ¿pero la noche de cuál de ambas figuras que componen la escena es la que no se apaga con nada? ¿Será la noche del primero o la noche del segundo? ¿O será una única noche que ambos viven, oscura y aparentemente indescifrable a primera intensión?