jueves, 18 de junio de 2009

Entre la presencia y la ausencia

Michelangelo. La creazione di Adamo.
*
Y también se nace a la muerte
con la muerte...

Y entonces
se nace para siempre...



... Mi siempre muy leído hermano Paul recuperó para nuestra memoria estos versos en prosa que encontró en una de las novelas del escritor peruano Luis Alberto Sánchez, y si no me equivoco dicho libro se titula Los burgueses. En caso de que me pueda estar equivocando (porque no niego tal posibilidad en vista de que jamás me he sentido interesado por la producción literaria de Sánchez), espero alguien me corrija, o en todo caso, cuando pregunte bien a mi hermano, yo mismo haré la precisión respectiva.

Pero quiero decir un poquito más que el hecho de relatar este suceso.

Hace poco mi papá falleció, y esto hasta hace no menos de una semana todavía me ha seguido afectando, pero con menor intensidad de como lo hacía los primeros días posteriores a su deceso. Hay, en la mayoría de los casos en los que ocurren eventos dolorosos, una combinación de palabras con profuso significado -la profusión de tal significado se debe al contexto en que se expresen y de acuerdo a lo que las personas vivan- que fungen de especie de consuelo para allanar el dolor. Estas palabras son tiempo y olvido: el tiempo, que con su marcha inexorable hace que las heridas cicatricen, que las emociones causadas por el dolor restañen y la potencia activa de las personas retome su sendero cotidiano, y el olvido, que va de la mano del tiempo, y que poco a poco despliega su grisura sobre determinados hechos que la mente, precisamente al verlos ya opacos a la luz de las horas transcurridas, opta por no recordar, llegando incluso a extremos poco creíbles en los que las personas puedan preguntarse con asombro si tales hechos, ahora ya deslúcidos, alguna vez ocurrieron.

Pero yo creo que un binomio como este sólo alcanza real efectividad de acuerdo a la voluntad de las personas, nuevamente, que son las que deciden qué olvidan y qué recuerdan, qué semi-olvidan y qué semi-recuerdan. Yo, personalmente, soy consciente de que tendría que urgar bastante en los pasajes de mi mente para recordar sucesos que en el pasado, cuando vividos, me produjeron algún tipo de desasosiego lo suficientemente colpente como para que hoy, en la actualidad, hacer un esfuerzo por recordar los mismos no fuese menester. Sin embargo, la muerte reciente de mi padre -evento que de por sí muy difícilmente llegaré a olvidar, a no ser que algún día pierda la memoria de modo natural o no- no la olvidaré jamás.

Otra cosa curiosa -y no sé porqué digo curiosa en verdad, quizá porque recién la he tenido que inevitablemente vivir- es que con su ausencia he recordado muchísimos momentos vividos a su lado durante los años de vida que me acompañó y que estuvo a mi lado. Por las noches, en el pasaje al sueño que se conoce como vigilia, he recordado incluso su voz, su modo de reír y sonreír, sus ironías, sus gestos diversos, y eso me ha hecho feliz. Feliz porque, en medio de su partida que me ha parecido bastante pronta y poco anunciada, he podido caer en la cuenta de que mi padre ha tenido que estar mínimamente presente en los diversos hechos e instantes de mi vida como para que yo haya sido capaz de recordarlo, y de saber que estuvo ahí, conmigo, para compartir mi alegrías y mis penas... Más mis alegrías que mis penas.... Las penas penas más las compartía con mi madre, pero eso ahora es sólo una particular selección de a quién le dije qué. Lo importante y verdaderamente trascendental es que tuve a quién decírselo, y no quedó mi voz con las ganas de hablar y expresarse.

Sin embargo, no niego que me habría gustado disfrutar de más momentos con mi padre. Desde que nací me vi más apegado a mi madre, quizá porque como dice el discurso psicoanalista, también viví el complejo de Edipo; quizá porque mi madre quiso acogerme más que mi padre... En fin, no lo sé y ahora no quiero preguntarme más... Lo cierto es que me habría gustado saciarme de mayores instantes con mi padre, su presencia, su palabra y sus actos.

Eso ya no será más posible, pero ahora, más que nunca, deseo que todo lo que se me ha inculcado respecto de la religión católica, en lo referente a que hay una estancia llamada cielo en donde las almas se vuelven a encontrar tras lavar sus faltas cometidas en tanto ocuparon una materia corpórea vital por un determinado número de años aquí en la tierra, sea verdad.

Si hoy puedo soñar, quiero que mi sueño sea ese: pensar en la posibilidad de reencontrarme con mi papá, al que me habría gustado besar y abrazar más, no tan sólo por aquellos días en que lo vi delicado de salud, hasta aquel sábado 09 de mayo por la mañana, cuando recobró el conocimiento y me prometió que se habría recuperado, luego de habérselo pedido con llanto y besando sus manos...

Me mentiste papá,
pero hasta en las últimas horas de vida
que Dios te permitió,
quisiste liberarme de cualquier carga
que me hiciera sufrir...

... Pero no fue así papá,
hoy, más que por alguna otra cosa,
lloro, lamento nuestras omisiones
y sufro tu partida...

... Y sueño con un idílico día
en el cual te volveré a abrazar
y a decirte solamente:
hola papá...

viernes, 12 de junio de 2009

Verso fúnebre...

La muerte es la noche fresca...
La vida, el día tormentoso...
Heine

sábado, 9 de mayo de 2009

Adiós, papá


Hoy habría tenido que escribir un nuevo post dedicado a mi madre, claro está, porque mañana domingo es día de las madres. Pero no... Ahora escribo uno para Rolando Coronado, mi padre, que hoy dejó de existir a las 04 y 20 de la tarde en la sección de Emergencia del Hospital Rebagliati. Un maldito tipo de cáncer llamado Linfoma no Hodgkin -que lo atacara por primera vez hace aproximadamente 10 años- hace tan sólo un par de meses reapareció en su organismo, pese a los rigurosos controles a los que desde entonces asistió y tras aquellas sesiones de quimioterapia a la que iba acompañado de mi madre, la cual nunca dejó de ser su esposa pese a que por aquellos años ya el matrimonio que llevaban no fuera el más "ideal" posible, y lo siguió acompañando aún cuando ya se habían separado y no vivían juntos.

Sin embargo, ese mismo linfoma rebrotó y terminó por acabar con su organismo hasta debilitarlo y hacerlo presa de cualquier enfermedad oportunista que hoy, sábado 09 de mayo de 2009, se llevó a mi padre.

Apenas hace más o menos una semana, el viernes 01, mi padre había sido dado de alta, tras haber ingresado por segunda vez, en no menos de quince días, internado al Hospital Rebagliati, para someterse nuevamente a esas implacables sesiones de quimioterapia que supuestamente habrían acabado con las células malignas del cáncer que padecía, pero que simultáneamente, le exterminaban las defensas de su organismo, el organismo de un hombre de 67 años, edad que por su semblante amable no aparentaba.

Estuve siempre pendiente de todo este último proceso por el cual pasó, llamándolo todos los días, enviándole mensajes de texto al celular, yendo a visitarlo con frecuencia, viéndolo y conversando con él, abrazándolo con intensión al saludarlo y al despedirme y deseándole la pronta recuperación.

Nos habríamos tenido que ver hoy a las 6 pm en casa de su hermana donde había decidido pasar la convalecencia. Pero no. Tuvimos que vernos desde ayer viernes 08 y hoy sábado 09 en el mencionado hospital.

El día jueves lo llamé y terminamos de concertar el encuentro que se habría dado hoy en casa de su hermana. Le insistí que solamente íbamos por él y que no era necesario que su hermana ni su marido preparasen algo como un lonche para ofrecernos. No era idea ni mía ni de mi hermano incomodar. Mi padre insistió con esa voz espontánea que tenía y me dijo que no era un problema, que vayamos nomás y como visitándolo tomásemos tal lonche. Tal lonche, el que habría sido el último, no lo tomamos jamás.

Ayer viernes lo llamé por la mañana (sabía que tenía cita con el cardiólogo; lo había ido a acompañar mi mamá) pero ya no escuché su voz espontánea. Hablaba con dificultad. Ese día había amanecido con fiebre alta y temblaba al punto de no poder sostener un vaso en la mano (supe esto tras hacer un par de llamadas que me decían su verdadero estado; él, esa vez por teléfono, no me había dicho nada. No quería preocuparme... Ay!, papá...).

Regresé a casa y recibí la llamada de mi madre que me decía entre llanto que fuese inmediatamente a ver a mi padre a la Emergencia porque estaba contando sus últimas horas, y que le comunicase esto a mi hermano. Perdí el apetito, no almorcé y salí de inmediato al hospital junto con mi tía Ely (en adelante sólo me referiré a ella únicamente como mi tía porque considero que más tías como ella no tengo). En el taxi no sabía qué pedirle a Dios: o que salvara a mi padre nuevamente como lo hizo hace 10 años o que le procurara una partida lo menos dolorosa posible. Yo, así, lloraba en silencio.

Cuando conseguí verlo rompí en llanto, un llanto desesperado al ver a mi padre postrado en una cama, semi-consciente/semi-inconsciente, y con un aspecto bastante penoso. La muerte empezaba a llevárselo y no habían oraciones a Dios que pudieran dilatar por más tiempo que nos dejara.

Minutos después llegó mi hermano y ambos lloramos juntos, al lado de mi madre y de mi tía... Yo no me cansaba de tomar su mano derecha casi inerte, de verlo y llorar y de besarlo en la frente cada cierto tiempo.

De cuando en cuando le hablaba con voz fuerte para que me escuchase. Él consiguió percatarse de la presencia de todos los que estábamos a su lado. Luego volvía a adormilarse.

Terminada la hora de visita, y siendo tan restringido el acceso sin permiso a la sala de enfermos, todos regresamos a casa excepto mi madre, que estaba decidida a acompañarlo toda la noche en caso se presentase algún inconveniente. Sin embargo, todas las impresiones del día le pasaron una breve factura a mi madre esa noche, que pensando entrar por emergencia fingiendo sentirse mal, terminó internada por encontrarse efectivamente con una ligera alteración nerviosa (bueno, no creo que haya sido tan ligera puesto que a las finales terminó internada). De esto nos avisó a las 3 de la mañana de hoy sábado. Más problemas...

Cuando amaneció, y apenas terminamos de alistarnos, salimos nuevamente para el hospital, y por la mañana mi tía y yo conseguimos verlos a ambos. Mi madre ya más estabilizada, pero mi padre silenciosamente empeoraba.

Cuando lo fui a ver pudimos hablar. Bueno, él se comunicaba con cierta dificultad, pero se dejaba entender. Pidió a su hermana que le trajera un buzo que había adquirido días atrás y que lo preparaba para dárselo de regalo a mi madre por el día de las madres, así como un dinero que quería que se le entregara. Ambos gestos me demostraron que mi padre, hasta lo último, pensaba en ella, y en medio de su imposibilidad quería retribuirle y agradecerle por haber estado siempre a su lado, en las buenas y en las malas. Del lado de esa mujer y de sus hijos no debió separarse jamás...

Regresamos a casa con la idea de volver al hospital a las 3 de la tarde, hora de visitas, y así verlo nuevamente, y ver nuevamente a mi madre, estable como ya dije. Mi hermano ya había tramitado los pases y conseguimos entrar los dos. Obviamente nos preocupaba más mi papá, al que al volver a ver, me sumió más en la tristeza y la desesperación de sentirme tan inerme como para poder ayudarlo. Pero pude hablarle, aunque él ya no me escuchase -o no manifestara gesto alguno de que lo hiciese- y le dije lo siguiente:

"Papá, perdóname:

perdóname porque he podido ser un mejor hijo,
tú has podido ser un mejor padre.

Perdóname porque hemos podido querernos más,
estar más tiempo juntos, vivir más cosas.

Hemos podido jugar al ajedrez más veces
y conversar sobre las partidas de los jugadores más
renombrados, esas que te encantaba reproducir.

Hemos podido escuchar más ópera
e intercambiar opiniones sobre tus cantantes favoritos
(te encantaba el E lucevan le stelle de la Tosca de Puccini

en la voz de Franco Corelli).

He podido cantarte más y mostrarte mis avances
en el canto lírico. Me habrías vuelto a aplaudir con satisfacción.

He podido sugerirte más libros para leer
y así poder enfrascarnos en conversaciones amenas
como cuando lo hacíamos cuando leímos Cien años de soledad.

Hemos podido visitar más librerías juntos...

Hemos podido vernos más días a la semana,
y no tras plazos tan prolongados de a lo mucho un mes
y sólo contentarnos con una llamada telefónica.

Nos queda esta gran deuda que no terminamos de saldar...

Dios nos dio una segunda oportunidad hace 10 años
para mejorar nuestra relación padre-hijo e hijo-padre...
Lo hicimos, sí,
pero lo hemos podido hacer mejor.

Llegó a nacer una mayor confianza entre nosotros
pero no al grado de que te contara mis cosas más íntimas,
las que tuve que contarle a mi madre cuando tú no estabas...

Las cosas han podido ser en definitiva mejor ...

Pero algo sí te digo:
estoy orgulloso de haber sido tu hijo
y de que tú hayas sido mi padre.

Estoy orgulloso de llamarme como tú
y de llevar tu apellido: Rolando Coronado.

Te quiero mucho y te agradezco todo
lo que hiciste por mí y en favor mío y de mi hermano.

Has sido un hombre bueno con sus virtudes y debilidades,
pero, ¿quién no las tiene?

Nadie que te conozca jamás se ha expresado mal de ti
porque siempre fuiste un caballero,
un hombre honesto y respetuoso, tolerante...

Y si algún día llego a tener un hijo
te juro que también se llamará
Rolando Coronado:
Rolando como tú y como yo
y llevará nuestro apellido: Coronado,
un apellido que si ahora se ennoblece
es porque fue el tuyo, papá...

De corazón, perdóname
y gracias...

Después, ya sólo vino el fin...

Mi padre empezó a respirar lentamente y su pulso bajo ostensiblemente. Yo no podía contener el llanto. Se acercó un doctor o una doctora y dijeron que había que entubarlo para facilitarle la respiración (el día previo le habían hecho un cateterismo para ayudar a que su corazón bombeara). Yo corrí a la cama de mi mamá, siempre con mi hermano, y se lo dije ahogado en infinitas lágrimas. Ella pidió permiso para ir a verlo y así fue. Fuimos los tres por última vez a verlo y ahí nos despedimos de él con un beso en la frente...

Dejamos mi hermano y yo a mamá en cama nuevamente y salimos. Mi tía conseguía entrar a ver a ambos, pero sobre todo a mi padre.

Afuera, y dejando que el aire nos diera en la cara, mi hermano y yo esperabamos el fin. Minutos después mi madre me llamó anunciándome que mi padre había muerto. Yo volteé donde mi hermano, me abrazó, entendió mi llanto y lloró conmigo... Y lloramos la partida de nuestro padre.

Aún me cuesta creer que mi padre ya no está en este mundo y que no lo volveré a ver jamás. Quizá nos reencontremos en el cielo si es que éste existe. Yo quiero creer que sí, y que ese Dios de bondad, justicia, misericordia y amor lo acogerá como buen hijo suyo que fue. Porque si consiguió vivir 10 años más tras la primera aparición del linfoma, creo yo, fue gracias a que nunca dejó de creer en Dios y de aceptar con hidalguía la dura prueba que le mandaba. Esa fe le salvó aquella terrible ocasión y le permitió vivir 10 años más.

Mi padre ya no leerá este post, pero yo, con él, quiero rendir homenaje a su memoria y decirle que no lo olvidaré jamás, y pedirle que desde cualquier punto del cielo en el que esté, vea por mi hermano y por mí...

¡¡¡Cómo te voy a extrañar, papá!!!

sábado, 2 de mayo de 2009

Actualidad de la responsabilidad social


¿Cuánto sabemos los peruanos de a pie sobre responsabilidad social?

¿Ponemos en práctica la misma siendo medianamente conscientes de lo que significa?

¿Y si ahora pidiera que alguien me dijera qué es la responsabilidad social podría esperar que mi pregunta fuera satisfecha aun en tan sólo una mínima medida?

Pues quizá no. El común denominador de las personas no sabe qué es la responsabilidad social ni cómo ni dónde ni cuándo desplegarla, ponerla en práctica. Y es que la responsabilidad social va más allá de cuidarse de que nuestros seres queridos tengan lo que deben de tener y no les falte lo necesario para desarrollarse y vivir felices. La responsabilidad social, hoy por hoy, demanda superar nuestras lecturas limitadas respecto del ser humano y su entorno y de remarcar (si no devolverle) la noción de agente de cambio permanente y de reconfigurador de su medio en tanto actor social activo, dinámico y con carga motivacional-actitudinal de específica intensionalidad de la que evidentemente no se haya exento.

La responsabilidad social es uno de los más desesperados invitatorios que se le hace al hombre para tomar conciencia de un mundo que día a día deja de ser aquel Edén que relata el Génesis para convertirse en un averno artificial en el cada vez se hace más difícil encontrar espacios verdes de liberación del alma y propicios para la reflexión elevada por la contemplación devota de un entorno que alguna vez inspiró a poetas como Fray Luis de León a cantar la beldad de un escenario natural en el que se puede encontrar la paz.

Sin embargo, en la actualidad, el hombre, en ese afán suicida que le caracteriza, poco a poco se quita dichos espacios, quizá con la preclara intensión de solamente conseguir concentrar su atención en su determinadas dinámicas sociales de la producción de bienes y servicios altamente rentables que puedan garantizar años y años de sosiego económico a sus venideras generaciones. Pero claro, tales venideras generaciones quizá lleguen a pagar por un vaso de agua y lo beban contemplando las bocas sedientas de miles que no tendrán cómo saciar la propia sed muy problablemente por seguir ganando un dólar diario en tanto que un trabajador medio en Europa ahora gana quince euros por hora. ¡Impresionante!

Pues sí, la responsabilidad social comiencia por preguntarse, por ejemplo qué goza uno que otro no goza, que no conoce y que jamás llegará a conocer. Y sobre todo, empezar a elucubrar porqué no goza x cosas, no las conoce y jámás las llegará a conocer. En tal sentido, este invitatorio es por extensión una oportunidad de tomar conciencia de qué sociedad es la que vivo, o también, qué sociedad es la mía que vive de nosotros y de otros y que construye su estado de bienestar en base a las carencias de aquellos sin voz y sin empoderamiento como para clamar por sus derechos, aunque también no sea para nadie una novedad que, gracias a diversos movimientos sociales que vienen gestándose desde el siglo pasado y cuyo mensaje ha conseguido difusión sorprendente gracias a la globalización, han efectivamente podido despertar la conciencia de la que hablaba arriba, la misma que en palabras de Inmanuel Kant, siempre es conciencia de algo y no un simple estado del alma o del intelecto que permanece estática en el hombre. Es entender la conciencia como correlato de un fenómeno y punto de partida para la investigación ético-filosófica.

Entonces, para que haya responsabilidad social debe tenerse como requisito previo a la conciencia, de la que se puede estar seguro de poseer en tanto nos reporte sensaciones e imágenes de algo o de alguien. sin sensaciones e imágenes de algo o de alguien no existe la más mínima idea de que una determinado estado de las cosas pueda estar acaeciendo, y más aún, si no me predispongo a asumirlas con una mínima sensibilidad (claro, ésta tambiém se puede trabajar en el proceso mismo de la toma del conocer -postura gnoseo/epistemológica- para obtener conocimiento) entonces no me van a poder "doler" como le dolía a Vallejo la vida del hombre y sus desventuras existenciales.

La gran tarea de empezar a cambiar el mundo o de salvarlo de una inminente devstación pasa por hacer. Un hacer que no es necesario que comprometa a todos los seres humanos que pueblan el planeta pero que sí debe pensarse como si fuera a beneficiar a todos estos. Nuevamente aquí la ética kantiana que estriba en la reproducción de las actividades humanas y la representación ideal de ellas en la posición (y beneficio) de las otras personas. Es decir, actuar en nuestra vida cotidiana bajo las pautas de específicas ideas directrices que se emplean pensando que las mismas pudieran convertirse en normas universales y que puedan generar el mayor bien posible al mayor número de personas.

El proyecto de cambiar el mundo empieza por uno mismo, luego en casa y después en el centro de estudios o de trabajo para luego difundirse en el íntegro restante de la sociedad, y todo ello con pequeñas pero contundentes acciones como autodisciplimaniento y cabal respeto de los demás en el marco de una preocupación constante pero no obsesiva por devolver a la sociedad, a la naturaleza, al mundo y a la vida cuanto hayan podido investir en nuestra formación y bienestar, sabiendo a la vez que mayor será nuestra retribución en favor de los mismos en tanto mayor bienestar poseamos. ¿Acaso no nos dice eso la interpretación de unos de los más célebres pasajes de la Biblia, puntualmente el referido a la Parábola de los talentos: al que más se le dio más se le pedirá?

Bueno, pues, empecemos por asimilar estas palabras henchidas de sabiduría y de espíritu de responsabilidad social de imperecedera vigencia.

domingo, 26 de abril de 2009

En nombre del amor



¿Cuánto le debe la actual configuración de la disciplina filosófica a personajes como Sócrates, Platón o Aristóteles? ¿Cuánto habrían podido decir otros tantos desde Hobbes, pasando por Descartes o Hume hasta Lock, Kant y llegar, digamos, hasta el siglo pasado con Sartre, Heidegger, Lenin, por no mencionar a un par de decenas más de ellos que ahora no nombro?

La filosofía, como su raigambre etimológica lo dice, es el amor a la sabiduría, y cuando se habla de amor se hace expresando un compromiso casi íntimo con ésta misma de manera que de ella se obtenga la reflexión.

Ya en la antigua Grecia el trinomio Sócrates-Patón y Aristóteles dejó en claro una posición que para aquel entonces rompía con la ortodoxia erudita: el filósofo no debía confundirse con el simple sabio. Lo que diferenciaba al primero del segundo era su amor, su dedicación por sacar de ese cúmulo de saberes y conocimientos la reflexión pertinente para, por ejemplo, poder entender la naturaleza del hombre, su psicología y comportamiento. En cambio el sabio solamente se limitaba a fungir de cántaro receptor/dador de vastísimos saberes pero que no iba más allá de estos; no se interesaba por reflexionar sobre los mismos. En conclusión, no tenía amor, un amor que sí caracterizará a los tres célebres fundadores de la filosofía y de cuyos legados habrá de desplegarse, siglos de siglos más tarde, una de las disciplinas más interesantes cuanto alambicadas que el genio humano haya podido delinear.

Es más, ¿cuánto le debe el pensamiento occidental a Sócrates, a Platón y a Aristóteles, y cómo el sentido común de cientos de generaciones, hasta ahora, continúa constituyéndose en base a lo que alguna vez disertaron estos tres grandes pensadores?

También, ¿en qué gran medida los primeros basamentos teórico-epistemológicos de disciplinas como la economía, la historia, la psicología y la sociología han llegado a perfilarse merced de las primerísimas nociones que aportara la filosofía en las personas de nuestros tres queridos amantes de la sabiduría?

Debates como los del origen de las cosas, del hombre y del mundo, del fin máximo de estos; del establecimiento de la verdad y los factores que la posibilitan; de llegar a saber qué es lo bueno y lo malo, lo bello y lo no bello -y antes mencionado- lo verdadero y lo falso, continúan vigentes en la agenda de discusión académica hasta hoy, debates clásicos, imperecederos e inagotables que siguen encendiendo filiaciones e interpelaciones de lo más polémicas, sin por ello inveterarse o hastiar hasta empaladar. Ni Sócrates ni Platón ni Aristóteles habrían imaginado jamás que la humanidad los habría inmortalizado en la profusión de las exégesis y paráfrasis sobre filosofía más alambicadas que acaso se hayan podido llegar a dar en los más conspicuos centros del debate académico del mundo, y todo, todo ello, por la sin aspavientos y templada labor de estos tres personajes que buscaban obtener la reflexión y entendimiento de la vida y del mundo en base a la lectura atenta de los conocimientos ya atesorados. Fue en nombre de ese amor, quizá el más preciado de todos, que hasta uno de ellos, Sócrates, llegaría a cometer suicidio con tal de no negar dicha filiación. Más tarde le seguirían otros. No mucho después Séneca habría de sucumbir de la misma forma ante una de las disposiciones de su ex discípulo, el flamígero emperador Nerón -el último de la dinastía julioclaudiana- y de ahí en adelante y en el fuero privado y sumergidos en algunos casos en el anonimato, tantos otros que prefirieron morir firmes en sus más altas convicciones antes que capitular y mentir. Si no se vive para servir (a la sabiduría) no se sirve para vivir, habría podido ser la máxima. Muchas no pensaron en la alternativa de la negociación, que pusiera en práctica el increíble Galileo Galilei cuando la Iglesia de su tiempo le pidió/obligó de renegar sobre los descubrimientos en cuanto a astronomía que había alcanzado.

Luego, a la filosofía se le debe la iniciación de uno de los primeros debates académicos: el distinguir entre doxa (opinión) y episteme (conocimiento), y cómo, por ejemplo, la sociología hizo suya tal discusión hasta hablar de sentido común y su ilusión de la transparencia, y distanciarla de la reflexión de primer y segundo orden. En aquel entonces asistíamos a la verdadera concepción del saber occidental con estos tres grandes personajes, que ya estaban de acuerdo en que ningún saber confiable sobre el mundo y el hombre habría de obtenerse si las discusiones tomaban como basamento de disertación simples opiniones sacadas de cuanto percibían los sentidos, siempre imposiblemente perfectos, espurios, imprecisos y veleidosos. Era el conocimiento parido con los esfuerzos de la razón la que viabilizaría este trabajo, otra cosa no.

Sin embargo, perdura hasta hoy la polémica sobre si fue Platón y no Sócrates el verdadero fundador de la filosofía. Y es que sabemos que Sócrates no dejo producción escrita, que sus paráfrasis fueron recogidas por su discípulo Platón. De ahí que en sus Diálogos socráticos o de la juventud, generen más de una suspicacia al buscar saberse hasta qué punto habla Sócrates por boca de Platón y no él mismo buscando acaso mayor autoridad para su pensamiento al apelar a una alocución ajena. Sea como fuere era Platón un decidido a limpiar la imagen de su maestro, inducido a la muerte injustamente, a través de las disertaciones que hace en sus diálogos. Ya en la producción media y postrera de éste, Sócrates ya no hablará y se dilucidará finalmente y con innegable claridad los frutos del pensamiento platónico, su constitución y la polémica que gira en torno a su postura idealista-esencialista del hombre y del mundo, y que en verdad amerita mayor tiempo y espacio para desarrollar, los mismos que ahora no se hayan incluídos en la intención de este artículo.

Finalmente, la importancia imprescriptible de la filosofía radica en echar las bases de la primera reflexión sobre el pensamiento humano, una reflexión sobre el mismo y su configuración que empodera y que libera al hombre de su natural estado de obnubilación respecto de su naturaleza y la del mundo que le rodea. Gracias a una reflexión de este tipo que es la que propugna de modo inalienable la filosofía es que el hombre es más consciente del lugar que ocupa en la sociedad, en el mundo (nuevamente) y le da luces sobre el rol que podría cumplir en comunión con los demás a no ser que prefiera/pueda vivir prescindiendo de los demás como sólo una bestia o un dios podrían hacer, tal como lo dijera Aristóteles.

He ahí la importancia del ejercicio filosófico, un ejercicio que libra de mil y una postergaciones y abusos al hombre en su vida cotidiana con tan siquiera llevarlo a la práctica, porque en definitiva, está menos dominado y sojuzgado aquel que piensa y reflexiona sobre quién es, de dónde viene, a dónde va, qué misión debe cumplir. Son éstas las características que hacen del hombre un animal metafísico, como el buen José Carlos Mariátegui dijera alguna vez. Entonces, quien no hiciera suyos tales atributos pasaría de ser un animal metafísico a simplemente ser un animal, ¿no?

Y cuántos animales-NO-metafísicos encontramos en nuestra vida cotidiana. Así, es lamentable que en pleno siglo XXI tengamos que seguir viviendo en una jungla plagada de adelantos tecnológicos pero carente de las condiciones para la sana reflexión en nombre del amor por la sabiduría.

sábado, 18 de abril de 2009

Re-pensando las ciencias sociales... hoy

Auguste Rodin. Le penseur.


En pleno siglo XXI, la sociedad del ámbito mundial y local se ha percatado de la enorme importancia de las ciencias sociales y del papel protagónico que desempeñan en el entendimiento de los hechos y fenómenos sociales que le permiten al hombre obtener un claro entendimiento de su ambiente social, su vida, conducta, actividades, relaciones e instituciones (Barrantes, 1977:26).
Esta ciencia tan especial nos permite abordar temas de diversa índole a través de sus diversas disciplinas: sociología, economía, antropología, psicología, etc. Y la razón por la cual decimos que esta ciencia es tan especial se debe a que la sociedad es dinámica y compleja, y para estudiarla adecuadamente se necesita “imaginación sociológica” (W. Mills en Lecaros, 1980:10).

Sí, aquella capacidad que nos permite, a través de varias perspectivas, conocer la naturaleza humana, tan misteriosa e ilimitada, única como irrepetible, conectada al referente empírico que le toca vivir en un determinado momento de la historia.
Es por ello que el analista que posea la imaginación sociológica se encontrará en la capacidad de comprender el escenario histórico, tanto en el plano de la vida interior y exterior de los individuos. Pero aquello no basta ya que el investigador social bien preparado necesita desarrollar otro tipo de imaginación a fin de conocer democráticamente las múltiples expresiones del conocimiento: éstas son la imaginación epistemológica y la imaginación democrática (Santos, 2006:82). La primera está referida a la diversidad de saberes, perspectivas, análisis y diversidad de prácticas y actores sociales.

Desde que la sociología nación en el siglo XIX como ciencia destinada a comprender “las leyes científicas de la vida social” según Augusto Comte, es que surgió la polémica de si la sociología habría de ser la ciencia general de la sociedad entre las ciencias sociales o si únicamente sería una ciencia social especial, igual que las demás ciencias.
En un primer momento nace la filosofía de la historia con el fin de convertirse en una ciencia general. De ello se encargarían Comte y Hegel, cada cual con su peculiaridad de ver la historia, quienes se percataron de que la sociedad humana no había crecido simplemente: se había desarrollado.

De esta manera, el hombre podría predecir y controlar –a través de leyes- el futuro de la sociedad.
Pero el aporte más significativo que recibe la sociología proviene del campo de las ciencias naturales a través de la obra El origen de las especies de charles Darwin, quien demuestra que el hombre proviene de las formas más elementales de la vida orgánica, que pertenece al reino animal y que sobrevive a través de la selección natural y por supervivencia del más apto, esto es, que la vida está regida por la lucha por la existencia (G. Simpons en Fuenzalida, 177:31-32).
Todos estos aporte evolucionistas fueron trasladados al campo de la sociología por Herbert Spencer, quien demostró que la sociedad humana evolucionó de una homogeneidad incoherente a una heterogeneidad coherente (G. Simpson en Fuenzalida. Ob.Cit: 32-33).

Hasta esa época, los especialistas afirman que la sociología asiste a una transformación que va de la filosofía de la historia a la adopción de leyes y conceptos biológicos por el campo de la sociología, que adoptó una variada terminología propia de las ciencias naturales como estructura, proceso, función, organismo, etc. Entonces la sociología redefinía su interés de estudio al investigar sobre características de la vida en grupo, significación estructural y distintiva de las relaciones sociales.
El verdadero desarrollo de la disciplina sociológica procede de Alemania con los aportes de George Simmel, Max Weber y Leopold von Wiese. Cada uno de estos pensadores demostró que la sociología era una ciencia especial distinta de las demás capaz de ofrecer su propia contribución. Situación similar se presenta en Francia cuando Durkheim afirma que “la sociología debe ser independiente de cualquier filosofía” demostrando de esta manera la peculiaridad y autonomía de esta ciencia (G. Simpson en Fuenzalida, Ob. Cit.: 35-36).

A partir de este enfoque es que la sociología ha contribuido al desarrollo de las otras ciencias permitiéndoles enriquecer su objeto de estudio, como es el caso del derecho que a través de la jurisprudencia sociológica procura entender la ley como un “instrumento de control social”. En la antropología la contribución más significativa se encuentra en su nueva rama denominada antropología cultural, que algunos expertos prefieren llamar sociología comparada.
Como se podrá apreciar, la sociología se interrelaciona con las demás ciencias sociales de forma inherente. Todas ellas son importantes y a la vez cada una se complementa a fin de enriquecer y ampliar el panorama de estudio.

En cuanto a la relación de contenidos es innegable la similitud de temas y elementos comunes que una y otra ciencia desarrollan, por lo que se convierte en una necesidad que el estudiante de ciencias sociales esté convenientemente preparado no solamente en la disciplina que ha tenido a bien elegir, sino que tendrá que conocer de otras disciplinas afines.
Algunos críticos mal intencionados hablan de la existencia de las fronteras de las ciencias sociales, pero dicha clasificación es únicamente admisible a razones pedagógicas y administrativas propias de los departamentos universitarios.

Sobre la polémica desatada por los científicos de cada una de las ciencias sociales en torno al contenido de lo que se debe investigar, George Simpson se encarga de dar solución al conflicto de las líneas demarcatorias de un problema en cuestión:

“Cuando un científico social investiga, no necesita tener respeto por la líneas burocráticas de demarcación intelectual; él va donde su problema lo lleva” (G. Simpson en Fuenzalida, Ob. Cit.: 70).

Y es que ya no hay científico que dude del carácter interdisciplinario de las ciencias sociales que se manifiesta a través del contacto regular entre los científicos sociales, en el empleo de una metodología plural de las ciencias sociales por lo que se puede afirmar que la fase de “desmembración” de las ciencias sociales ha sido superada (Barrantes, 1977: 26).
Para tener una idea más clara sobre el proceso interrelacional de las ciencias sociales es necesario referirnos a Immanuel Wallerstein, el cual en 1995 en la Social Science Research Council presenta las bases de lo que hoy se conoce como Abrir las ciencias sociales.

Sobre esta disertación académica, Wallerstein presenta el proceso de evolución histórico – social por el que han pasado las ciencias sociales hasta su estado actual, a fin de conocer la reconfiguración racional de este saber.
Empieza refiriéndose a la escisión entre la ciencia y la filosofía (fines del siglo XVIII), cuyos significados se encontraban muy emparentados puesto que ambos términos hacían alusión a la palabra “conocimiento”. Simultáneamente al rompimiento de estos 02 saberes se asiste al nacimiento de la ciencia y de la filosofía. La primera se diferenciaría por su carácter empírico – investigativo y la segunda por su corte especulativo (Wallerstein, 2003: 4).

En otro momento de su ponencia Wallerstein comenta acerca de la demarcación de las ciencias sociales identificando 03 criterios. El primero está referido a la manera cómo aborda la verdad científica, estableciéndose el presupuesto pasado/presente, o mejor dicho, historia/trío nomotético: economía, sociología, ciencia política).
Para los historiadores, su disciplina debía remitirse a exponer “cómo ocurrieron en realidad las cosas”, donde primen las fuentes primarias intencionales, combatir las generalizaciones e investigar hechos que le resulten familiares, como son los de su propia nación.

En cambio, para los investigadores del trío nomotético que pugnan por la lógica de la abstracción y la primacía de la investigación cuantitativa, que permite abordar hechos sociales con el escaso aporte subjetivo y arbitrario del investigador, ésta es la más conveniente ya que fomenta los estudios comparativos y, por ende, su mirada dista de ser histórica y anacrónica.
Wallerstein se percata que entre 1850 y 1914 los principales estudios de investigación tanto desde el enfoque ideográfico como nomotético se remitían a 05 países: Francia, Italia, Alemania, Estados Unidos y Gran Bretaña (Wallerstein, Ob. Cit.: 16-17). Este fenómeno, dice Wallerstein, se explica en parte por el prejuicio ideológico imperante en esa época de estudiar tan solamente a los países más importantes. En otras palabras, predominaba lo que en términos de Boaventura de Sousa santos se denomina la razón metonímica, es decir, aquella razón que se reivindica como única forma posible de racionalidad a la eurocéntrica, y que no investiga otras formas de racionalidad (Santos, 2006: 68).

Pero algo ocurría en el corazón de los entes académicos occidentales: presentían la existencia de civilizaciones no europeas en el resto del mundo. Es por ello que surge la necesidad de crear 02 disciplinas más: la antropología y los estudios orientales. La primera habría de estudiar a pequeños grupos, sociedades simples carentes de escritura, baja tecnología, creencias religiosas de escasa cobertura tribal hasta antes de su contacto con Occidente.
En el caso de los estudios orientales, su razón de ser respondía al hecho de contar con un disciplina que se encargue de estudiar a las civilizaciones como China, Persia, India y el mundo árabe. Todas estas culturas poseían características semejantes a la cultura occidental, debido a que registraban imperios burocráticos racionales, escritura y abundante producción intelectual (budismo, islám, hinduismo). La única gran diferencia era que no poseían modernidad, por lo cual eran vistas y estudiadas como civilizaciones congeladas en el tiempo, ahistóricas (Wallerstein, 2003: 23-26).

Respecto a las 03 ciencias sociales nomotéticas, Wallerstein se pregunta porqué no hay una ciencia única. Él lo atribuye más que nada a razones ideológicas del siglo XIX. Es decir, el pensamiento del liberalismo concibe el Estado, la sociedad y el mercado como entidades diferenciadas con comportamientos autónomos y que por lo tanto su comprensión habría de abordarse en forma separada.
Pero durante la segunda mitad del siglo XX se empieza a dar un proceso de internacionalización de las ciencias sociales. La razón de este hecho era la necesidad de formar especialistas en estudios no occidentales ya que del resto del mundo se sabía poco o nada. Se identifica en este suceso un proceso de desuniversalización del saber occidental y un interés por conocer la diversidad de experiencias sociales existentes en paralelo al conocimiento hegemónico de Occidente el cual había establecido un control regulador del saber desestimando las alternativas culturales.

Para Wallerstein la importancia de los estudios de posgrado radica en los estudios de áreas, donde se da prioridad a los conocimientos sobre una región determinada, lo cual implica aprender un poco de historia, economía, sociología, antropología, etc.
El significado de esto se traduce en la deconstrucción de la dualidad mundo civilizado – resto del mundo, con lo cual serían superadas las investigaciones ahistóricas. Entonces se empieza a hablar de una yuxtaposición de disciplinas tanto a nivel de campo como a nivel académico.

En la parte final de su disertación, Wallerstein aclara que su intención es mostrar que “el fundamento racional de las disciplinas ya no tiene mucho sentido” y que lo más conveniente sería reflexionar acerca de “nuevos fundamentos racionales y sobre nuevos criterios de delimitación”.
Hasta aquí hemos visto el proceso histórico por el cual las ciencias sociales han determinado su campo de estudio. Pero en lo que concierne al carácter epistemológico de esta ciencia, ¿qué debemos entender por abrir las ciencias sociales? ¿Debemos resaltar el paso a la posmodernidad del conocimiento en general y la ciencia en particular? Que los especialistas empiecen a hablar de abrir, impensar y redimensionar las ciencias sociales no es cosa del azar.

Estas interrogantes científicas coinciden con el duro cuestionamiento del que ha sido objeto el saber occidental sindicado como un conocimiento regulador incapaz de cumplir con las promesas de la modernidad (paz, igualdad, libertad y dominio eficiente del hombre sobre la naturaleza). Entonces la teoría crítica moderna entra en crisis y, lo más importante, surgen grupos científicos provenientes de lugares no occidentales dispuestos a descolonizar el saber, a demostrar las verdaderas estructuras que subyacen al saber regulador. Lo que se intenta es conocer desde otro punto de vista que elimine las dicotomías las características de la razón metonímica (Santos: 2006) que solamente busca establecer jerarquías de poder y del saber. De lo que se trata es aprender desde el Sur, y por Sur debemos entender según Santos “la metáfora del sufrimiento humano causado por la modernidad capitalista” (Santos, Ob. Cit.: 44-45).

El caso de América Latina y el Caribe representa una de las expresiones más importantes por desarrollar un nuevo paradigma epistemológico que aborda los problemas de la realidad social prescindiendo de los esquemas occidentales de conocimiento. Lo que debemos rescatar, al entender de Francisco López Segrera, son los axiomas, es decir, el legado de las ciencias sociales a nivel planetario, herencia que descansa en el aporte de Marx, Durkheim y Weber. Tales axiomas son:

1.- Existen grupos sociales y tienen por tanto estructuras aplicables y racionales (Durkheim).
2.- Todos los grupos sociales contienen subgrupos distribuidos jerárquicamente y en conflicto unos con otros (Marx).
3.- Los grupos y estados mantiene su hegemonía y contienen los conflictos potenciales debido a que subgrupos de menor jerarquía le conceden legitimidad a la autoridad que ejercen los situados en la parte superior de la jerarquía, en la medida que esto permite la sobrevivencia inmediata y a largo plazo (Weber). (López Segrera en Lander, 1993: 177-179).

Estos axiomas constituyen la manera cómo estos 03 pensadores reflexionan sobre la forma en que “vivieron la era moderna como una era agitada” (Giddens, 1998: 124). En base a estos axiomas es que Giddens establece su agenda interconectada de investigación relevante:

a) Reinterpretar el pensamiento social clásico.
b) Analizar la naturaleza de la modernidad.
c) Establecer un nuevo enfoque metodológico en las ciencias sociales (Giddens, Ob. Cit.: 124).

Junto a él, Wallerstein establece las perspectivas de las ciencias sociales para el siglo XXI:

a) La reunificación epistemológica de las denominadas 02 culturas (ciencias y humanidades).
b) La reunificación organizacional de las ciencias sociales.
c) La asunción por parte de las 03 ciencias sociales de un papel de centralidad (que no implica hegemonismos en el mundo del conocimiento). (Wallerstein en López Segrera, 1993: 180-181).

Aprovechando que estamos comentando sobre Wallerstein y su propuesta epistemológica de las ciencias sociales daremos respuesta a la pregunta que formuláramos líneas más arriba sobre qué significa abrir las ciencias sociales. Quiere referirse a la “deconstrucción de las barreras disciplinarias entre lo ideográfico y lo nomotético; integrar las disciplinas ideográficas y nomotéticas en un método transdiciplinario (López Segrera en Lander, 1993: 176).

Pero para abrir las ciencias sociales es necesario también impensarlas; es decir, “reconciliar lo estático y6 lo dinámico, lo sincrónico y lo diacrónico, analizando los sistemas históricos como sistemas complejos con autonomía, y límites espaciales y temporales (López Segrera en Lander, Ob. Cit.: 177).

Todo se logra si se emplea adecuadamente el análisis transdiciplinario con el fin de eliminar la clásica distinción entre el método de análisis ideográfico del nomotético.
Estas reflexiones constituyen el marco epistemológico sobre el cual han de reconfigurarse las ciencias sociales, donde el papel del saber comprenda una integración del pensamiento científico y humanístico, y el protagonismo en la escena pública de las ciencias sociales, como conocimiento capaz de hacer frente a los paradigmas eurocéntricos que no hacen otra cosa que distorsionar la realidad no occidental, sea decisivo.

Junto al invaluable aporte de Wallerstein y Giddens se les une Federico Mayor quien en 1992 al brindar una conferencia en Europa sobre las ciencias sociales en calidad de director general de la Unesco, coincide en varios pareceres con sus colegas al proponer el enfoque interdisciplinario comparativo, el uso de datos cualitativos y cuantitativos como base de sustentación de las ciencias sociales, y por último la necesidad de emprender reformas institucionales y organizativas con el objeto de facilitar el trabajo de interdisciplinaridad.

Mayor es de los que cree en la ciencia social total, aquella capaz de brindar el soporte teórico como marco reflexivo y analítico de los asuntos humanos, poseedora de un puente que lo lleve, en la práctica, a la materialización de dichas reflexiones mediante acciones sistemáticas que permitan otorgar una mejor calidad de vida a los seres humanos. Acciones que se manifiesten a través de una mayor esperanza de vida, aumento de la producción agrícola, generación de conocimiento que permita crear tecnología en información y comunicación, etc.

Sobre los aportes y axiomas de las ciencias sociales en Latinoamérica y El Caribe, estos representan un gran intento por establecer una “crítica emancipatoria” (Santos; 2006) al conocimiento regulador de Occidente que niega la posibilidad de saberes alternativos que expliquen las verdaderas estructuras sociales y epistemológicas.
Sergio Bagú ha desarrollado el axioma del “capitalismo colonial”, el cual explica que durante la dominación de los españoles y portugueses, estos establecieron un régimen económico de corte no feudal sino de tipo “capitalista colonial” que se presenta a lo largo y ancho de la región conquistada. Otra cosa muy diferente –según Bagú, es que el sistema del capitalismo colonial posea “manifestaciones externas” que puedan semejarlo al feudalismo. América ingresó al capitalismo comercial, ya imperante en Europa, en forma sorprendente, contribuyendo, posteriormente, al desarrollo del capitalismo industrial (Bagú, 1993: 253).

Dicha contribución puede ser explicada en términos de lo que Boaventura de Sousa Santos denomina “lógica productivista”, aquella que no escatima esfuerzos en conseguir la más alta productividad de la naturaleza y del trabajo del hombre sin importarle los presupuestos éticos. Creo que este tipo de lógica permita comprender porqué una de las promesas de la modernidad, dominio eficiente del hombre sobre la naturaleza, no ha sido cumplida.
Otro aporte importante lo constituye el axioma centro – periferia de Raúl Prebisch, que explica que el centro ha retenido totalmente el progreso técnico de sus industrias y que en muchos casos gran parte de este progreso le ha sido traspasado por los países de la periferia (Prebisch Marini, 1994: 238).

Como complemento a lo anterior, el axioma de “dependencia” de Theotonio Dos Santos, define el término dependencia como una situación en la cual la economía de un cierto grupo de países está condicionada por el desarrollo y la expansión de otra economía. Para dos Santos, ésta es una realidad histórica que se presenta a nivel de la economía mundial, en donde el desarrollo de unos cuantos países se logra en detrimento de otros (Dos Santos en Jaguaribe, 1969: 184).
Ambos aspectos, centro – periferia y dependencia, constituyen los vínculos de desigualdad entre el grupo de países del Norte, altamente desarrollados y poseedores de la más avanzada tecnología, y los países del Sur, pobres y con escasas oportunidades de desarrollo. En pocas palabras otra promesa de la modernidad incumplida.

El aporte de Aníbal Quijano sobre “colonialidad del poder y del saber” desarrolla el concepto de “idea de raza” como elemento que estableció las diferencias sociales entre los conquistadores y los conquistados. De esta manera la asignación de los roles fue determinada por el color de piel como “categoría emblemática de la categoría racial”. Junto con los roles y lugar de procedencia es que se establece la división social del trabajo.
La idea de raza constituye para los conquistadores un elemento legitimizador que les permitirá justificar su dominación sobre los no – occidentales (Quijano en Lander, 1993: 201-204).

Con la idea de raza se van a establecer “identidades sociales históricamente nuevas”. Estas son las de cholo, indio, negro, nuevas categorías que se añaden a las ya convencionales español, portugués o simplemente europeo. Si bien esta última categoría hasta antes de la conquista solamente era indicador de procedencia geográfica, con la llegada de los conquistadores habría de constituir una categoría diferencial con intensa connotación racial.
Por su parte, Santos identificaría en esta dicotomía conquistador – conquistado el desarrollo de la lógica que denomina de la clasificación social (Santos, 2006: 76). Este tipo de pensamiento, propio del saber regulador de Occidente, explica que dentro de las sociedades existen jerarquías naturales. Este tipo de lógica procura justificar la idea de dominación asignándole un atributo ya establecido por la naturaleza.

Estos son solo algunos alcances teórico – epistemológicos del nuevo conocimiento que ha empezado a formularse no solamente en América Latina y el Caribe sino en aquellos lugares como África donde el saber occidental fue impuesto como única manera de conocer y no como una alternativa democrática por conocer la realidad del referente empírico particular de cada nación.
Existe la idea de que por más conocimiento epistemológico que se formule es casi poco probable el desentendimiento del legado occidental que se encuentra muy arraigado en la producción científica de muchos investigadores de nuestro continente, porque muchos fenómenos sociales son explicados mediante conceptos formulados en Europa.

A nuestro parecer, creemos que la intensión por conocer desde otra perspectiva que no sea la occidental es la de demostrar la verdad de las estructuras, leyes, reglas y normas, etc. Impuestas en muchas ocasiones como instrumentos justificatorios del dominio político/económico/social/cultural. Se debe desestimar la ciencia creada como medio del orden político dominador –como es el caso de la teoría malthusiana que constituye un intento selectivo por disminuir hasta eliminar a los pobres- de las formulaciones científicas que explican los fenómenos sociales de la modernidad (El legado de Marx, Durkheim y Weber son un preclaro ejemplo de ello).
Bibliografía

1.- BAGU, Sergio.
Economía de la sociedad colonial.
Editorial Giralbo.
México, 1993.

2.- BARRANTES, Máximo.
Introducción a las ciencias sociales.
Editorial Dorhca.
Lima, 1977.

3.- DOS SANTOS, Theotonio.
“La crisis de la teoría del desarrollo y las relaciones de dependencia en América Latina”.
En: JAGUARIBE, Helio y otros. La dependencia político – económica en América Latina.
Siglo XXI.
México, 1969.

4.- FUENZALIDA, Fernando.
Ciencias sociales.
Ediciones Studium.
Lima, 1977.

5.- GIDDENS, Anthony.
“The transition to late modern society”.
International Sociology. Vol. 13, Nª1.
1998.

6.- LECAROS, Fernando.
Visión de las ciencias sociales.
Ediciones Rikchay Perú Nª4.
Lima, 1980.

7.- LOPEZ SEGRERA, francisco.
“Abrir, impensar y redimensionar las ciencias sociales en América Latina y El Caribe”.
En: LANDER, Edgardo. La colonialidad del saber: Eurocentrismo y ciencias sociales.
Clacso.
Buenos Aires, 1993.

8.- PREBISCH, Raúl.
“Desarrollo económico de América latina y algunos de sus principales problemas”.
En: MARINI, Raúl Mauro. La teoría social latinoamericana. Textos escogidos.
México, 1994.

9.- QUIJANO, Aníbal.
“Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina”.
En: LANDER, Edgardo. La colonialidad del saber. Eurocentrismo y ciencias s sociales.
Clacso.
Buenos Aires, 1993.

10.- SANTOS, Boaventura de Sousa.
Conocer desde el Sur.
UNMSM.
Lima, 2006.

11.- WALLERSTEIN, Immanuel.
Abrir las ciencias sociales.
Siglo XXI – UNAM.
México, 2003

domingo, 12 de abril de 2009

Italia es más bella en la voz de Andrea Bocelli


El próximo 28 de abril el ahora ya mítico tenor italiano Andrea Bocelli (Lajatico, Toscana, 1958) ofrecerá su primer concierto en la ciudad de Lima, en un marco de ensueño gracias al acompañamiento musical que tendrá de parte de la Orquesta Sinfónica Nacional y del Coro Nacional del Perú, y todo esto en el Jockey Club, un escenario ya consagrado a mega presentaciones de estrellas internacionales de amplia fama a nivel mundial.

Bocelli llegará a Lima después de haber cantado con igual successo (éxito) en países como Venezuela y Brasil, todo ello previamente establecido dentro de su tour mundial que busca promocionar su más reciente producción titulada Incanto (2008), cuya realización nuevamnte ha sido posible con la colaboración de la prestigiosa casa discográfica Decca.

Esta nueva joya de la música lírica nos sorprende en esta ocasión con una exquisita selección de canciones populares italianas -a excepción de la célebre Granada, del mexicano Agustín Lara, y de Because, tema popularizado por el tenor tambén italiano Mario Lanza.

Incanto es una colección de las más famosas y amadas canciones italianas que han llegado a hacerse famosas en las voces de diversos cantantes igualmente italianos, dese Enrico Caruso, pasando por Beniamino Gigli, Mario del Monaco, Giuseppe di Stefano, Mario Lanza, Franco Corelli, Luciano Pavarotti hasta hoy en la actualidad nuevamente revividas en la cálida voz de Bocelli, y que han formado parte de la infancia y juventud del tenor toscano.
De otra parte, el cd conmemora los 50 años de vida de quien hiciera famoso en todo el mundo el tema Time to say goodbye, a dúo con la cantante inglesa Sarah Brightman.

Asimismo, Incanto nuevamente es una sublime y heroica celebración de l'amore e la passione, dirigidos a distintos sujetos y expresados en distintos lugares. Es así que escuchamos Un amore cosí grande, O' surdato 'nnamurato, Era de maggio, Non ti scordar di me, donde el agente receptor del mensaje se pretende una mujer a la que se ama con devoción. También hay la canción Mamma, son tanto felice, que cantada a una mujer pero en una tónica menos impegnativa (comprometedora) como las anteriores porque se la canta a la madre.

Después tenemos Santa Lucia, Funiculi Funicula, que cantan sea la serenidad del puerto de Santa Lucia en Napoli, como también -dentro de la misma ciudad capital de la region Campania- la exubernacia del Monte Vesuvio, que es el amor por una ciudad, Napoli (Nápoles), y por extensión -se pretende así- el amor por un país, Italia, il bel paese.

Y si el cd ya es de por sí bastante ilustrativo en una retahíla de sensaciones que se producen en el oyente de oído educado al trasladarnos al sur de la Italia de los últimos 50 años del siglo pasado, el dvd acrecienta todavía más esta riqueza sensitiva al hacer pasar fotografías instantáneas del glamour que viviera Napoli después de la segunda posguerra mundial, y cuando las más grandes mega stars de Hollywood descubrieran Italia y con su presencia la colmaran de glamour y divismo la sureña ciudad, haciendo conocer al Bel paese le delizie e le ebbrezze della dolce vita (las delicias y las embriagueces de la dulce vida).

Finalmente, y ahora ya hablando en términos técnico-vocales, Bocelli hace una de las entregas más logradas que hasta la fecha haya podido hacer, y que particularmente me devuelven a otras producciones suyas previas de igual calidad como lo son Viaggio italiano y Sentimento, en las que Bocelli ya se perfilaba como un virtuoso en la interpretación de la canzone popolare italiana. Los catorce temas que contiene este encanto de cd son correctamente cantados por Bocelli, cuya voz de muestra aquí cómoda y plena, alcanzado una natural expresión y extensión que, por ejemplo, en la canción E vui durmiti ancora llega a sorprendernos cuando Bocelli remata su interpretación del tema con un re natural sobreagudo (re5 en el piano).

Recomiendo este Incanto, que a mí en lo particular ha conseguido conmoverme una vez más; me ha hecho revivir las primeras emociones que probaba cuando descubrí a aquel cantante ciego que le opacaba la voz a Martha Sánchez en la interpretación de Vivo por ella, y del cual, desde ese momento, me hice aficionado (por no decir fanático), siguiendo su carrera y producción discográfica ininterrumpidamente desde entonces.
Cantantes como Bocelli, que difunden la música de su país por todo el mundo son dignos de admirar, no sólo por la buena intensión que tienen al hacerlo sino porque lo hacen dotados de un recurso artístico vocal di buona fattura e qualita', y que le dan una un valor agregado a tantas canciones que parecen olvidarse en los infinitos meandros del recuerdo-olvido de los pueblos, pero que cuando encuentran una voz idónea reviven, y con ellas reviven la historia que está ligada indefectiblemente al momento de su producción cultural. Canciones, como las que se contienen en Incanto, que nos acercan más a otros grupos humanos -en este caso il bel paese- y que sin lugar a dudas hacen que países como Italia, en la voz de Andrea Bocelli, nos parezcan todavía más bellos.