domingo, 12 de abril de 2009

Italia es más bella en la voz de Andrea Bocelli


El próximo 28 de abril el ahora ya mítico tenor italiano Andrea Bocelli (Lajatico, Toscana, 1958) ofrecerá su primer concierto en la ciudad de Lima, en un marco de ensueño gracias al acompañamiento musical que tendrá de parte de la Orquesta Sinfónica Nacional y del Coro Nacional del Perú, y todo esto en el Jockey Club, un escenario ya consagrado a mega presentaciones de estrellas internacionales de amplia fama a nivel mundial.

Bocelli llegará a Lima después de haber cantado con igual successo (éxito) en países como Venezuela y Brasil, todo ello previamente establecido dentro de su tour mundial que busca promocionar su más reciente producción titulada Incanto (2008), cuya realización nuevamnte ha sido posible con la colaboración de la prestigiosa casa discográfica Decca.

Esta nueva joya de la música lírica nos sorprende en esta ocasión con una exquisita selección de canciones populares italianas -a excepción de la célebre Granada, del mexicano Agustín Lara, y de Because, tema popularizado por el tenor tambén italiano Mario Lanza.

Incanto es una colección de las más famosas y amadas canciones italianas que han llegado a hacerse famosas en las voces de diversos cantantes igualmente italianos, dese Enrico Caruso, pasando por Beniamino Gigli, Mario del Monaco, Giuseppe di Stefano, Mario Lanza, Franco Corelli, Luciano Pavarotti hasta hoy en la actualidad nuevamente revividas en la cálida voz de Bocelli, y que han formado parte de la infancia y juventud del tenor toscano.
De otra parte, el cd conmemora los 50 años de vida de quien hiciera famoso en todo el mundo el tema Time to say goodbye, a dúo con la cantante inglesa Sarah Brightman.

Asimismo, Incanto nuevamente es una sublime y heroica celebración de l'amore e la passione, dirigidos a distintos sujetos y expresados en distintos lugares. Es así que escuchamos Un amore cosí grande, O' surdato 'nnamurato, Era de maggio, Non ti scordar di me, donde el agente receptor del mensaje se pretende una mujer a la que se ama con devoción. También hay la canción Mamma, son tanto felice, que cantada a una mujer pero en una tónica menos impegnativa (comprometedora) como las anteriores porque se la canta a la madre.

Después tenemos Santa Lucia, Funiculi Funicula, que cantan sea la serenidad del puerto de Santa Lucia en Napoli, como también -dentro de la misma ciudad capital de la region Campania- la exubernacia del Monte Vesuvio, que es el amor por una ciudad, Napoli (Nápoles), y por extensión -se pretende así- el amor por un país, Italia, il bel paese.

Y si el cd ya es de por sí bastante ilustrativo en una retahíla de sensaciones que se producen en el oyente de oído educado al trasladarnos al sur de la Italia de los últimos 50 años del siglo pasado, el dvd acrecienta todavía más esta riqueza sensitiva al hacer pasar fotografías instantáneas del glamour que viviera Napoli después de la segunda posguerra mundial, y cuando las más grandes mega stars de Hollywood descubrieran Italia y con su presencia la colmaran de glamour y divismo la sureña ciudad, haciendo conocer al Bel paese le delizie e le ebbrezze della dolce vita (las delicias y las embriagueces de la dulce vida).

Finalmente, y ahora ya hablando en términos técnico-vocales, Bocelli hace una de las entregas más logradas que hasta la fecha haya podido hacer, y que particularmente me devuelven a otras producciones suyas previas de igual calidad como lo son Viaggio italiano y Sentimento, en las que Bocelli ya se perfilaba como un virtuoso en la interpretación de la canzone popolare italiana. Los catorce temas que contiene este encanto de cd son correctamente cantados por Bocelli, cuya voz de muestra aquí cómoda y plena, alcanzado una natural expresión y extensión que, por ejemplo, en la canción E vui durmiti ancora llega a sorprendernos cuando Bocelli remata su interpretación del tema con un re natural sobreagudo (re5 en el piano).

Recomiendo este Incanto, que a mí en lo particular ha conseguido conmoverme una vez más; me ha hecho revivir las primeras emociones que probaba cuando descubrí a aquel cantante ciego que le opacaba la voz a Martha Sánchez en la interpretación de Vivo por ella, y del cual, desde ese momento, me hice aficionado (por no decir fanático), siguiendo su carrera y producción discográfica ininterrumpidamente desde entonces.
Cantantes como Bocelli, que difunden la música de su país por todo el mundo son dignos de admirar, no sólo por la buena intensión que tienen al hacerlo sino porque lo hacen dotados de un recurso artístico vocal di buona fattura e qualita', y que le dan una un valor agregado a tantas canciones que parecen olvidarse en los infinitos meandros del recuerdo-olvido de los pueblos, pero que cuando encuentran una voz idónea reviven, y con ellas reviven la historia que está ligada indefectiblemente al momento de su producción cultural. Canciones, como las que se contienen en Incanto, que nos acercan más a otros grupos humanos -en este caso il bel paese- y que sin lugar a dudas hacen que países como Italia, en la voz de Andrea Bocelli, nos parezcan todavía más bellos.

sábado, 4 de abril de 2009

Revisando el Homo videns de Sartori




Quiero compartir en esta oportunidad parte de la síntesis interpretativa de una de las más notables obras del sociólogo italiano Giovanni Sartori, Homo videns, que presentara cuando cursaba el 4ª año de sociología en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de San Marcos.

El autor, asumiendo compromiso de solución ante una problemática como la ve, a saber, la nueva configuración de un individuo formado bajo la imagen y desapegado de la cultura escrita y del saber que aquella contiene. Por tanto, sabiendo que de antemano se opone a este nuevo tipo de cultura y al formular el problema respectivo, rompe con la neutralidad valorativa y toma parte.

Un segundo importante objetivo de Sartori es remarcar como la imagen tiene cabida en la política, y cómo ésta de ve alterada por la aparición de la misma, no solo porque pueda ver sus decisiones modificadas por la presión de los medios de comunicación, sino también por cómo copa aquellos mismos para lanzar una campaña publicitaria del engaño o el apaciguamiento con la finalidad de tener controladas a las grandes masas.

El tercer aspecto del autor está dado por rescatar el papel de otros medios de comunicación precisamente en la tarea del comunicar y formar ciudadanos con opinión y juicio crítico, aunque en tiempos de dictadura tanto el periódico como la radio también puedan llegar a verse sometidas por el poder político de turno.

Giovanni Sartori presenta su análisis habiéndose valido de su observación juiciosa de una nueva problemática: el paso del homo sapiens al homo videns. Una observación que hace tanto como ciudadano común y corriente en las diversas esferas del mundo de la vida, asimismo apoyada en la observación científica de fuentes bibliográficas. Es decir, ha acudido tanto a tratados antropológicos y sociológicos, como también filosóficos, desde su postura de investigador social, y a registros televisivos, radiofónicos e impreso-noticiosos para enunciar el problema que le embarga.

Sin embargo, desde las primeras líneas de su ensayo toma parte antes la temática situacional y no duda en mostrarse pesimista por lo que vendrá. La cultura de la desinformación difícilmente variará, según Sartori, si no se modifica la pedagogía doméstica con la que se forman los niños de hoy, atrofiados culturalmente por la imagen y sus múltiples colores, que le mellan en su capacidad de abstracción.

El autor traza los límites de su estudio temporalmente hablando, cuando reconoces que con la llegada de la imagen televisiva se desencadena el nuevo proceso antropológico de formación del individuo, el homo videns. Entonces, son los años 60 en adelante que le interesan a Sartori para su análisis. Esto igualmente va de la mano con el periodo de la posguerra mundial, en que dos grandes bloques se disputan la hegemonía del mundo y se ven constreñidos a sofisticar sus instrumentos de colonización y dominación.

Por otra parte, el corte espacial del análisis, que si bien no prescinde del acicate generalizador, parte del reconocimiento de una nueva realidad reconocida por Sartori en su Europa natal, pero que él en ningún momento supone única de esa parte del mundo, ellos porque la tv y su elemento visual ya para entonces a empezado a expandirse por todo el mundo como la nueva innovación tecnológica que sorprende al hombre porque le habla de su gran talento para evolucionar y de su audacia para acortar las distancias entre los diversos puntos de la tierra.

El homo sapiens.-
Se caracteriza por tener capacidad simbólica, lo que implica que habita un universo simbólico caracterizado por tener lengua, mito, arte y religión.
En lo referido al lenguaje, este puede ser de tipo conceptual o del sentimiento, lógico o de la imaginación poética.Las civilizaciones han alcanzado un determinado grado de desarrollo con la aparición y difusión de la escritura, y que mediaría definitivamente entre el tránsito de la oralidad a la palabra plasmada en el papel.

Más adelante el surgimiento del teléfono configurará un nuevo escenario de las comunicaciones al tener la capacidad de acortar distancias. Lo mismo en su momento hará la radio al difundir cosas dichas con palabras.
La ruptura cultural que Sartori enuncia vendrá con la llegada de la tv, que implicando el poder ver desde lejos moldeará la percepción del individuo al constreñirle al hecho de que el ver prevalece sobre el hablar.

El vídeo niño.-
Es la tv la que modifica primero y fundamentalmente la naturaleza misma de la comunicación ya que traslada del contexto de la palabra al contexto de la imagen.
La imagen es pura y simple representación visual. Se ve y eso es suficiente. Para verla basta con poseer el sentido de la vista, y es que la imagen no se ve en chino, árabe o inglés. Se ve y punto.
En cambio la palabra es un símbolo que se resuelve en lo que significa, en lo que nos hace entender. Y entendemos la palabra solamente si conocemos la lengua a la que pertenece.
La tv modifica la relación entre entender y ver.

Características del vídeo niño.-
- Se hace un hombre que no lee.
- Deviene un ser reblandecido por la tv.
- Se vuelve adicto a los vídeo juegos.
- Solamente responde a estímulos audiovisuales.

Entonces, se configura como un ser atrofiado culturalmente, con pérdida de la capacidad de abstracción.
La tv no es solamente un instrumento de comunicación, es también un instrumento antropogenético, un medium que genera un nuevo antropos, un nuevo tipo de ser humano.

La lectura del problema que hace Sartori es la siguiente: la tv forma y propaga una cultura de la incultura. Se combinan la perspectiva antropológica y sociológica en esta afirmación en el sentido de que hablamos de cultura, simplemente, porque reconocemos patrones de acción y conducta propios de las nuevas generaciones de individuos, de grupos humanos, caracterizada por esta devoción a la tv, intencional ahora pero no desde un primer momento. Ahora bien, la perspectiva sociológica habla de una incultura en el sentido de que tenemos hombres ignorantes, ajenos a un reservorio de conocimientos que la sociedad reclama como necesario para la formación de personas bien cimentadas, esto es, conocimientos de política, economía, historia, literatura, filosofía, música, actualidad, etc, y que el individuo de hoy no tiene. En vez de ellos tiene imágenes que poco le ayudan a conceptuar ideas e interpretar procesos situacionales.

La vídeo política.-
1.- El poder de la imagen también está a disposición de las dictaduras.
2.- El pueblo opina en función de cómo la tv le induce a opinar.
3.- La tv condiciona fuertemente el proceso electoral.
4.- Asimismo, la tv hoy por hoy tiene la capacidad de condicionar las decisiones del gobierno.

Formación de la opinión.-
1.- Distorsiona a los líderes intermedios de opinión.
2.- Le da a escoger a la ciudadanía en quién se debe confiar y en quién no; quién es sujeto de crédito y quién no.

No importa que la imagen pueda engañar aún más que las palabras. Lo esencial es que el ojo cree en lo que ve. Lo que ve le parece real. El poder obnubilador de la imagen es aprovechado por diversos grupos de poder, entre ellos y con especial asiduidad, los gobiernos, no únicamente las dictaduras, como lo menciona Sartori; los gobiernos democráticamente elegidos también recurren a ella para mantener a la ciudadanía “entretenida” y con su barómetro de crítica a las acciones del gobierno adormecido, pues teme alzamientos populares. Este temor es mayor cuando el gobierno se sabe poco inteligente, y por tanto, se sabe menos eficiente en la consecusión de todo un programa de gobierno planteado durante el proceso de elecciones.

Empero, con un uso abusivo las dictaduras recurren al imperio de la imagen con altas dosis de mediaticidad para tapar protestas sociales preocupantes, creando así la imagen de que nada pasa, de que todo está bien. Esto se corrobora durante la década pasada, cuando en el poder del país se cernía la figura de Alberto Fujimori, y que pretendía acallar las voces de denuncia no solamente con represión violenta sino con la ridiculización del reclamo en sí mismo, valiéndose para ello de un elenco de medios de comunicación genuflexos que difundían la efectividad de las acciones del gobierno, pero que además le daban a telespectador basura televisiva que gustoso consumía.

Se formaba en la desinformación y la estupidez, teniendo cómicos ambulantes de chistes obcenos que le hacían reír y vedettes vulgares que le elevaban sus niveles de libido hasta el orgamo repulsivo.
Por otra parte, la tv tiene la capacidad de poner la agenda a los gobiernos de turno; les indica qué temas debe tocar y cuáles no. En este caso se reconoce una situación diversa a la anterior descrita, donde se tiene un gobierno enclenque que no sigue sus propias pautas sino que se ve apabullado por los medios de comunicación que le dicen qué debe hacer.

Esta capacidad de la tv a veces sirve. Hace poco se destapó el caso de una señora infectada con el virus del sida en un nosocomio público. La mujer presentó su queja correspondiente sin recibir mayor atención para su caso. Tuvo que intervenir la tv para que se hiciera pública su situación y ejerciendo presión esté resarciera a la víctima e iniciara las investigaciones respectivas para dar con los responsables. Lo mismo cuando el presidente Toledo negaba a reconocer a una de sus hijas. Es decir, cuando la tv quiere se vuelve colaboradora o crítica del gobierno; este estado de las cosas varía de acuerdo a la escala de presiones e influencias que tengan los gobernantes de turno sobre los medios de comunicación. O sea, depende de la manera en que se negocie.

Gobierno de los sondeos.-
Respuestas que se dan a preguntas formuladas por el entrevistador. Las respuestas dependen ampliamente del modo en que se formulan las preguntas, así como también, el hecho de que el que responda se sienta forzado a dar una respuesta improvisada.

Como se ve, su característica principal es difundir entre la ciudadanía la respuesta generalizada de tan siquiera un sector de la población, y manipular esa información a piacere del que le conviene, llámese el dueño del medio de comunicación que quiere presionar en el gobierno con un interés específico, comúnmente de tipo económico, o de un gobierno de turno maridado con alguna televisora y que busca aplacar a la opinión pública y su juicio crítico con la imagen de que la opinión de unos cuantos es universal. Pero esos cuántos que brindaron a medias dicha información igualmente son víctimas de la desinformación, a su vez, en el sentido de que puedan estar respondiendo sin mayor conocimiento de causa.

Por tanto, la mala intención esta en formular la pregunta al entrevistado, con apoyo de la falacia de la pregunta compleja seguramente, y no instruirle al responder.

También la imagen miente.-
Los noticieros de tv ofrecen al espectador la sensación de que lo que ve es verdad, que los hechos vistos por él suceden tal y como él los ve.
La tv puede puede mentir y falsear la verdad. La diferencia es que la fuerza de la veracidad inherente a la imagen hace que la mentira sea más eficaz, y así, más peligrosa.

Las vídeo elecciones.-
La tv influye más cuanto menores son las fuerzas contrarias en juego, y especialmente cuanto más débil es el periódico.

Además la tv personaliza las elecciones: menos personas y no programas de partido, y personas constreñidas a hablar a cuentagotas. Propone personas en lugar de discursos. Por tanto, la carrera presidencial, por ejemplo, se convierte en un espectáculo en el que el espectáculo es lo esencial y la información tan solo un residuo.

La vídeo política reduce el peso y la esencialidad de los partidos, y ello les obliga a transformarse.
Ya no es necesario el partido de peso, tan solo el ligero, y basta.

Acuerdos y desacuerdos con el autor.-
Definitivamente uno de los puntos de mayor acuerdo que se pueda tener con el autor es que con esta exposición haya decidido evidenciar una problemática muy propia de nuestro tiempo: la configuración de un nuevo tipo de hombre, el hombre que no lee y prefiere ver, y para ello se deja asistir por la influencia de la tv. No sería reprobado esto que se dice por el autor si la tv a la que recurriera el niño fuera un tv que forme, pero lamentablemente eso no es así. La hegemonía la ejercen los medios de comunicación que forman hombres incultos, y con ello desinformados, poco conscientes de la realidad en la que se encuentran y sin la capacidad de reconocer problemáticas sociales nacionales ni entramados de poder entre personas e instituciones.

Por ejemplo el vídeo niño, según dice Sartori, no nace atrofiado culturalmente, se forma. Y se forma desde los primeros años de vida, cuando inexorablemente tiene que quedarse solo en casa porque los padres tienen que salir a trabajar, y no le encuentran una mejor manera de entretenerse que sentándolo ante la tv horas de hora, haciendo un consumo insegregado de lo que bien pueda consumir a través de ese medio de comunicación, sin guía ni orientación de nadie.

Cuando la tv no existía los niños pasaban las horas leyendo, mataban el tiempo, pero hoy por hoy prefieren hacerlo no solamente con la tv sino también recurriendo a los vídeo juegos que estupidizan y generan personas sin crítica inteligente ni puntos de opinión, o a lo mucho alcanzan pareceres de las cosas la mayor parte de las veces blandos y poco consistentes.

Aquí mismo podemos darnos cuenta que si esto acontece no es tan siquiera porque los padres prefieran irse a trabajar y prefieran dejar estupidizándose a sus hijos. Lo hacen porque la imagen tiene tal poder de seducción valiéndose para ello de que entra por los oídos y los ojos; en cambio la lectura tan solo entra por los ojos. La imagen tiene la absoluta capacidad de ilustrar. Sin embargo, he ahí el reto que Sartori reclama: formar en nuestros hijos la capacidad de abstracción y de pensamiento espacial sin necesidad de recurrir al objeto. La lectura genera la facultad de que interrumpida ésta para poder imaginar lo que leemos, podamos bien cerrar los ojos y ver eso que acabamos de leer.

Pero si algún desacuerdo podemos tener con el escritor italiano es el hecho de que todo lo vea en blanco y negro, de que subestime por demás a la tv y no le reconozca el mérito, digámoslo así, de poder llegar a donde otros medios de comunicación no llegan con la finalidad de denunciar, cumpliendo así una misión social con basamento en la sensibilización y toma de conciencia de determinadas problemáticas que acontecen a miles de kilómetros de nuestro hogar, o de presentarnos toda una gama de referentes demográficos y culturales que quizá jamás en nuestra vida lleguemos a conocer.

Si es cierto que la imagen encandila, no menos cierto es que la imagen también conmueve más, y ha sido capaz, a razón de ello, de poder hacer nacer un espíritu humanitario alrededor del mundo, que ha superado distancias y que ha unido a miles de personas en un solo sentimiento, como cuando Juan Pablo II recorría el mundo llevando un mensaje de paz y esperanza que difícilmente habría podido impactar en la sensibilidad e imaginario de muchas personas si únicamente hubiese sido transmitido vía las noticias de los periódicos o la radio.

No se trata de hacer apología de la tv ni menos de la imagen, pero tampoco se puede mezquinar a aquella su poder ingente de conmoción sobre los hombres.

viernes, 27 de marzo de 2009

Cuando llegue la hora...

Jean Baptiste Regnault. La liberté ou la Mort.


La actual escena política y periodística del Perú, y más precisamente de Lima capital, cierra la presente semana con una noticia trágica: la muerte del periodista Álvaro Ugaz, la que muchos lamentamos pues la misma le ha sorprendido en un momento de su vida que se puede bien considerar aún, si no como de juventud, por lo menos como de temprana adultez.

La muerte me lleva nuevamente a preguntarme, ante el lamento de sus seres queridos y el hondo llanto de sus padres y prometida, cuándo es hora de morir, y si está preparado o no para asumir, para afrontar la misma. El lamento de dolor por la muerte de un ser querido es inversamente proporcional en intensidad al momento en que se piensa/cree que el mismo debe morir. Es decir, habrán de lamentar más la partida de un hijo de, digamos, 10 años, unos padres que esperaban que éste viviera por lo menos hasta los 65 de acuerdo a sus reales posibilidades de vida, al número de años estimados por ésta.
Y es que la sociedad, aparte las reales expectativas de vida que cada individuo pueda tener, nos mentaliza a pensar que viviremos muchos, pero muchos años más de los que ya llevamos sobre los hombros. Es más, la cultura mediática (¡Dios, qué etéreo y manido me suena esto!) nos inculca que es una obligación vivir largos años porque abundantes son aún las metas que debemos alcanzar para obtener la realización personal. Empero, no estamos hablando de cualquier tipo de realización personal, no se crea así. Hablamos más que nada del tipo de realización personal que consigue el "hombre de éxito" que por ejemplo es delineado una y otra vez por personajes como Miguel Ángel Cornejo, Camilo Cruz, David Fishman, entre otros, y que expanden su particular filosofía de vida a través de libritos simpáticos como ¿Quién se ha robado mi queso?, La culpa es de la vaca, La parábola del triunfador, etc., etc. (No necesariamente los libros citados son de autoría de los señores antes referidos).

El hecho es que se nos dice que no pensemos en la muerte como una contingencia medianamente cercana porque se pierde de una u otra manera tiempo y energías, las mismas que bien se pueden invertir en alcanzar las metas que hacen de uno un "hombre de éxito". Así, la sociedad nos innunda con toda una maquinaria de producción de mecanismos de acceso al reconocimiento que no terminan haciendo otra cosa que generar estrés en las pobres personas, las mismas que empiezan a sentirlo cuando empiezan a perder el pelo, o a subir/bajar de peso, o a perder a la mujer/marido/hijos. El trabajo en ese momento ha conseguido ser la prioridad en la vida de uno, y todo lo copa, sean estos espacios e instantes que previamente los habríamos podido destinar a otras actividades lúdicas, eróticas, fantásticas, etc.

Es por esto y muchas cosas más que pensar en la inminencia de la muerte nos llena de temor. No, aún tengo mucho que hacer en esta vida... Por mí, por mi familia, por el mundo... Qué mejor ilustración puedo ofrecerles en este momento que la imagen de Mario Cavaradossi (en la ópera Tosca de Giacomo Puccini) pintor italiano enamorado de su amada Floria Tosca, de la cual tiene la certeza de separarse para siempre ante la fatal proximidad de la muerte. Él, en el aria E lucevan le stelle, que canta hacia el tercer acto, dice:

... Svanì per sempre il sogno mio d'amore
l'ora è fuggita e muoio disperato
e non ho amato mai tanto la vita!...

Una traducción de estas líneas podría ser:

... Se ha desvanecido para siempre mi sueño de amor
la hora ha llegado y muero desesperado
y jamás como ahora he amado tanto la vida!...

Y es que en verdad uno se aferra más a la vida cuanto más cree haber alcanzado la cumbre de la misma en tanto, obviamente, se está vivo. En el caso de Mario Cavaradossi, él declara angustiado su conmoción frente a la llegada de la muerte, que lo viene a buscar justo en el momento en que es más feliz, esto es, cuando pensaba en una unión más perdurable con su amada cantante Floria Tosca.

Sin embargo, le podríamos replicar a Cavaradossi cómo es que sabe él que aquella no es su hora, a lo que su dúplica -imposible de no premeditar- sería cuestionarnos sobre cómo sabemos que aquélla sí es su hora. En resumidas cuentas, de la muerte no se sabe cuándo ésta viene o se va, porque el hecho de pensar, por ejemplo, que si nos libramos de un accidente importante no quita que la muerte haya dejado de rondar nuestra esquina. Pero con un razonamiento así caemos en cuenta que le damos demasiada consideración a ésta, lo cual prueba la manipulación que la sociedad ha ejercido sobre nuestros cerebritos al inocularnos el ansia desesperada de aferrarnos a la vida a como sea y como cueste ya que no nos podemos morir. Es más, nunca es hora para morir porque, en verdad, hermanos, hay mucho, pero mucho por hacer.

Es ahí cuando la maquinaria religiosa interviene con toda su simbología y manejo del lenguaje y empieza a jugar un rol interesante, especie de salvaguarda de los intereses de la vida económica (bueno, siempre lo ha sido así, sino remitámonos a La ética protestante y el espíritu del capitalismo de Max Weber por favor; allí encontraremos una demostración más calibrada y aguda de esto que digo).

La religión nos presenta a Dios, y nos llama a encomendarnos a él para que nos envíe un ángel de la guarda que cuide nuestras espaldas en tanto nosotros seguimos luchando por alcanzar el éxito.

No son pocos los que recurrimos a esta medida para seguir adelante con nuestras vidas y seguir esforzándonos por alcanzar nuestras más ambiciosas metas. Necesitamos delegar responsabilidades, y a Dios y a sus ángeles de la guarda les delegamos la de cuidar de nosotros; estamos tan ocupados en nuestros proyectos personales de realización que ya no nos queda tiempo para cuidar ni siquiera de la constitución bioindividual que somos, soporte por excelencia del despliegue de todas nuestras actividades humanas.

Así, me viene a la mente una frase de autor que no recuerdo: ¡Qué sería de nosotros sin la mediación de lo que no existe! Ese Dios del cual solamente nos acordamos los domingos y fiestas de guardar (¡y esto es!), del que en no más de un momento dudamos de su "existencia", sí, ese mismo, cuánto alivio en verdad nos procura si vemos las cosas en el sentido como las estoy proponiendo ahora. ¡Es increíble!

Pero una de las cosas que más puedan afectar, sobre todo a los parientes del deudo, es que éste, en vida todavía, no haya podido "tratar" con la muerte los términos de la misma. Y es que hay todo un proceso de adaptación a la muerte, como nos lo sugiere Elisabeth Kübler-Ross, quien refiere que dicha situación es un auténtico proceso de socialización y que está conformado por varios estadíos:

1.- La negación: cuando nos enteramos que vamos a morir (si es que tenemos esta suerte), la primera cosa que hacemos es negarnos rotundamente a tal hecho. No, no es posible que yo pueda morir... No ahora al menos.

2.- Luego viene la ira, más presente aún en las personas jóvenes a quienes el hado fatal no les permite vivir algunos años más sino que los recluta ahora a capricho arbitrario.

3.- Sigue la negociación, etapa en la que nos sentamos a hablar con la muerte y, en efecto, negociamos los plazos verdaderos de expiración y desaparición física de la faz de este mundo cruel. Sin embargo, no pocas veces en esta etapa el individuo aciago termina suplicando, tras haberse hecho "el muy machito" ante la insondable muerte.

4.- La depresión es la penúltima etapa descrita por la autora, en la que el individuo se abandona a morir, forma per sè muy triste de negarse a morir en la que uno se desconecta del mundo como esperando que así la muerte no llegue.

5.- Finalmente llega la aceptación, asimilándose con paz que la muerte está próxima y ya nada más se puede hacer.

Sin embargo, hay otros, y no son pocos en número, que dicen que la llegada de la muerte es el bálsamo para la vida, que no es más que una suerte de retahíla de sufrimientos. Como dicen unos versos cuyo autor tampoco recuerdo ahora:

La muerte es la noche fresca.
La vida, el día tormentoso.


De estos otros espero hablar con mayor detalle en un próximo post. Lo que ahora quisiera decir, y para cerrar mi intervención de hoy es que, sepamos o no cuál es la hora de nuestra muerte, pensemos que la llegada de la misma es justa o no, temprana o tardía, en tanto tengámos un attimo de vida debemos esforzarnos por vivir, y con mucha más razón si no hemos hecho otra cosa más que dedicar nuestros días a afanes angustiantes y desgastantes, y así gozar del hecho mismo de vivir, de ser y estar en este mundo. No sabemos a ciencia cierta si exista otro, entonces tratemos de llevarnos de éste las más variadas y ricas experiencias para no querdarnos con las ganas y luego pedir más.

Vivimos en un mundo convulso y sensacionalista, y ante la rutilante y aparatosa parafernalia que día a día despliega ante nuestros ojos quizá, como òptima sugerencia por el bien de nuestra salud mental y corporal, debamos hacer lo que canta el inspirado Fray Luis de León en Oda a la vida retirada, cuando dice:
¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruido
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!

... El horaciano tópico del Beatus ille en toda su expresión. Es mil veces mejor cantarlo en su plenitud que dejarse acompañar por los compases de la célebre Marcha fúnebre de Chopin.

viernes, 13 de marzo de 2009

En-canto


Una de mis pasiones, por lo menos desde que tengo 18 años, ha sido y es el canto. Creo que la música, en general, haya estado presente en mi vida desde muy pequeño. Los primeros gratos recuerdos que guardo en este sentido me devuelven a los domingos que mi madre me llevaba a las presentaciones que hacía la Orquesta Sinfónica Nacional en la sede del Museo de la Nación. Yo ya gozaba de la llamada música selecta, y emepzaba a tener contacto con las inmortales páginas musicales de los compositores más importantes, comenzando por los infaltables Mozart y Beethoven, para luego pasar por Tchaikovsky y llegar hasta Rossini, por ejemplo.

Más adelante, mi tía Ely reforzaría este aprecio por la música clásica cuando me introdujo a un lindo programa musical, Pianissimo, que se transmitía por Radio Solarmonía, hoy Radio Filarmonía, y que escuchábamos juntos a las 7 de la noche. Después, otras veces, cuando la acompañaba en su dormitorio en tanto ella trabajaba en la máquina de coser modificando su propia ropa y otras prendas de vestir, y ponía de fondo musical las interpretaciones de Richard Clayderman, yo, apenas sentía alcanzar mis oídos aquellos acordes sonoros, como un cuerpo metálico que se dirige a un imán, yo inmediatamente buscaba terminar lo que estaba haciendo, e iba donde ella y juntos comentabamos la belleza de aquella variada música que interpretaba el pianista francés con delicia. Mi sensibilidad musical continuaba desarrollándose y si no me falla la memoria, en aquel entonces debo haber bordeado los 7 u 8 años. Sin embargo, estaba todavía muy lejos de pensar en la idea de querer hacer "más mía" la música. Solamente me deleitaba con ella, y aunque ahora me dé un poco de vergüenza, llegaba hasta a adormentarme ligeramente con la paz que las melodías emanadas de un piano o de un violín me hacían olvidarlo todo. Era feliz.

Cuando llegué a la adolescencia conseguí desarrollar una cierta fascinación, digámoslo así, por las telenovelas que producía Televisa de México y que se pasaban por América Televisión. Las veía junto a mi madre. creo que también mi hermano haya visto algún par de ellas con nosotros, pero si hubiese sido así, jamás fue un atento seguidor de las mismas. Él prefería mil veces ver un partido de fútbol con mi padre.

Pero si veía telenovelas la mayoría de las veces lo hacía por los fondos musicales de éstas, que en algunas ocasiones eran medianamente logrados. Bueno, también lo hacía para deleitarme con la belleza de algunas de sus más conspicuas protagonistas, pero el elemento sonoro musical era lo que llamaba poderosamente mi atención.

Una vez, y cuando empezamos a ver la telenovela Vivo por Elena, protagonizada por Victoria Ruffo, una actriz también mexicana de pobre calidad actoral, puse atención a la página musical que abría la misma. Una de las voces era la de la cantante española Martha Sánchez; la otra voz, y la que me despertó más curiosidad, era una voz cálida cuanto potente y todavía más sonora que la de cualquier cantante común y silvestre. Después descubriría que era la voz del cantante italiano Andrea Bocelli, y allí empezaría en realidad un involucramiento mayor con la música, con la música lírica.

Tras haber oído mil veces Vivo por ella (el verdadero nombre de la canción), y ya saciado de la riqueza sonora de la misma, decidí buscar qué otras canciones tenía Bocelli, hasta que encontré un primer cd suyo titulado Viaggio italiano y en el que reconocí únicamente un par de "temas" conocidos, como la universalmente famosa Ave María de Schubert y La donna è mobile de Verdi, célebre entre otras cosas por ser fondo musical de una publicidad para fideos de cocina.

Fue en este momento que, escuchando con buena atención ambas páginas (antes solamenete las había oído en versión instrumental) noté que en la voz de Bocelli cobraban todavía más vida y cuerpo. Empezaba a amar la voz de Bocelli, pero más que nada, empezaba a descubrir la voz de tenor.

Sin embargo, a la par que admiraba la calidad interpretativa de Bocelli en La donna è mobile de Verdi, veía que me topaba con un pequeño problemita: no entendía qué cantaba. Aquel fue otro punto de partida que poco tiempo después me acercaría al idioma italiano, que llegué a estudiar en el Istituto Italiano di Cultura de Lima; pero este es tema para otro post así que no contaré por ahora esta experiencia.

Con los implementos básicos para leer y entender italiano continué adentrándome en el mundo de la lírica, y conocía no sólo a Verdi sino que además tuve mis primeros contactos musicales con Puccini, Mascagni, Leoncavallo, y ya más adelante aún, descubriría a Rossini, Donizetti y Bellini, pero gracias a otros cantantes eso sí.

Mi música, la lírica, se hizo mi más elevado placer artístico al llegar a los 16-17 años, desplazó a las cancioncitas sensibleras que todas las tardes, durante los últimos dos años de escuela secundaria, nos acompañaron a mi hermano y a mí a la hora de hacer las tareas, siempre vistos y seguidos por mi madre, solícita a darnos una mano en caso de presentársenos alguna dificultad, y más.

Esta nueva amiga mía, la lírica, me acompañó hasta Venezuela. Viviendo allá en Chacao, un distrito muy bonito de la zona este de Caracas, y pasando las calurosas tardes con mis tías Ely y Bertha -sobre todo con esta última- mi acercamiento a una posibilidad de poder cantar de verdad fue pasando de potencia a acto cuando mi tía Bertha me escuchaba tararear arie italiane, y también alguna que otra canción "selecta" como Granada o Júrame, y que en la voz de Plácido Domingo eran sencillamente de inigualable interpretación.

Ella buscó alguna ocasión para iniciarme en los rudimentos del canto, cómo hacer la toma de aire si quería cantar, cómo poner atención a la canción que escuchaba, el sentimiento que debía imprimir a mi interpretación, etc., etc. Mi tía Bertha, fungiendo de maestra improvisada en ese momento, tenía una didáctica muy pecualiar para transmitirme sus conocimientos (!)

Nuevamente en Lima, y con el ansia de cantar que me brotaba por los poros de la piel, le dije a mi madre que quería ser cantante y que me ayudara a entrar al Conservatorio Nacional. Ella, demostrando una vez más su sabiduría, me habló de lo difícil que era hacer carrera de cantante en el Perú, y me sugirió que mejor hiciera una carrera profesional, universitaria. Por acá también podría iniciar a contarles otro fragmento de mi vida, pero ello quizá sea tema de otro post.

Y sí, el año 2004 entré a estudiar sociología a la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de San Marcos, y el año pasado concluí mis estudios de manera satisfactoria. En 05 años tuve que postergar mi deseo de estudiar seriamente canto, mas ello no implica que mi pasión por éste disminuyera en los absoluto. Seguía cantando. Cantaba, al principio, con temor -y es que no era más que un aficionado principiante- pero después la práctica -que da la maestría en un arte y oficio cuando éste se ejecuta con devoción, humildad y seriedad- hizo que empezara a perder aquel temor. Fui cosechando en ese lapso de tiempo tanto conocimientos como experiencias tras breves pero intensas temporadas en distintos grupos corales. No obstante, fueron las aulas de la facultad de Ciencias Sociales de San Marcos las que más veces me acogieron y con su acústica ampliaban mi todavía joven voz de tenor lírico-ligero. Probaba un placer inigualable al oír mi voz crecer y vibrar y viajar por el espacio; una voz ya bastante impostada que llegué a ofrecer hasta en tres ocasiones a un grupo medianamente numeroso de personas en tal sitio.

Desde el año pasado, y no pudiendo esperar el décimo ciclo para acabar la carrera de sociología, conocí del Programa de Extensión Cultural de la Biblioteca Nacional y que entre sus tantos cursos impartía uno de impostación para el canto, en el cual sin dudarlo me matriculé inmediatamente, que por motivos siempre universitarios tuve que dejar de frecuentar por unos meses, pero al que ahora, lejos de las turbulentas aguas sanmarquinas, he vuelto con gusto incrementado, porque uno de mis objetivos personales -y que quizá linde la obsesión-compulsión- es cantar, tan sólo cantar. Cantar bien, y con voz de tenor.

En realidad no sé qué sea de mí y de esta pasión que tengo una vez que termine el curso y me vea con mi certificado de haber acabo el mismo y probablemente con deseos fervientes de iniciar una carrera artística en el canto lírico. Quizá recurra al profesor Juan La Madrid, como ya me lo ha sugerido mi actual profesor Luis Flórez. Pero tampoco me afano más de lo debido. Si llegase a ser un cantante reconocido, en buena hora, y quizá por allí alcance la realización personal, obtenga el reconocimiento que busco y sea feliz. Y si no pasara así, entonces deberé tener siempre otra alternativa de realización personal, por ejemplo en relación a mi formación como sociólogo. Pero si puedo dejar un mensaje conciso, y que fue consejo de un tercero que alguna vez recibí, es que no debemos constreñir dicha realización personal, porque de no ser alcanzado tráería frustración, amargura y desesperanza en que otro camino hacia la felicidad es posible y existe.

Así como más de un camino lleva a Roma, más de una posibilidad real debe conducirnos a la felicidad.

viernes, 6 de marzo de 2009

De fantasía, locura y realidad


Ofelia, una niña sensible y de unos ojos negros tristemente bellos -o bellamente tristes, o quizá insuficientemente felices mas no por eso sin brillo- es la protagonista infantil de El laberinto del fauno (2006), una producción hispano-mexicana realización del genio del director mexicano Guillermo del Toro (1964) y que procura demostrarnos que la imaginación tiene un poder que el mal no puede ni siquiera imaginar.

Acompañaré mis comentarios y apreciaciones sobre la mencionada película con los aportes teóricos del sociólogo austríaco Alfred Schutz que se leen en su obra Estudios sobre teoría social; más específicamente tales aportes los he extraído de uno de los capítulos que escribiera el autor analizando a Don Quijote de la Mancha respecto de los diversos órdenes de la realidad y la fuerza que cada uno de ellos llega a cobrar en determinadas momentos y bajo determinadas circunstancias de la vida.

El laberinto del fauno narra el obligado viaje que Ofelia y su madre Carmen deben realizar a un pequeño pueblo español al noroeste de la Madre Patria en el año 1944 en el que se encuentra destacado el capitán Vidal, un hombre cruelmente sádico, sádicamente cruel, y que pertenece a la Guardia Civil franquista. Vidal es el segundo esposo de Carmen a la espera en su imposible familia. El propósito por el que Vidal está allí es para terminar con los últimos vestigios de la resistencia republicana y que permanece a buen recaudo escondida en los montes agrestes de la zona, y para acometer tal misión no le temblará la mano. Es el juez, jurado y verdugo implacable por excelencia, y su sangre fría y pocos remordimientos le ayudan a cumplir el encargo que le ha sido dado.

El centro de operaciones que emplea es un antiguo molino que se encuentra en la periferia del pueblo y en el que al finalizar todos los días lo espera su "fiel" empleada Mercedes, que esconde su identidad de hermana de uno de los promotores de la resistencia republicana en el lugar y al cual proporciona los alimentos y medicinas necesarias visto el inevitable acceso a los mismos que les ha impuesto Vidal. También se suma la presencia del doctor Ferreiro que cuida el delicado estado de salud de Carmen, quien no debió viajar a la zona, sólo que lamentablemente se vio obligada a ello por la obstinación de su nuevo marido, que si se toma algún cuidado por ella es únicamente por el hijo varón que ésta espera y que le permitirá la continuación de su bravo apellido.

Ofelia, por su parte, ha acompañado a su madre viéndola en el difícil estado de espera en el que se encuentra. No siente ningún afecto por Vidal, que nunca hizo ni el más mínimo esfuerzo por ser padre que perdió la niña, como tampoco por ser al menos un buen amigo suyo casado con su progenitora. Ella tiene una increíble predisposición a reconocer las señales de la naturaleza y los fabulosos secretos que alberga, solamente posibles de ser detectados por espíritus sensibles como el de Ofelia, que dejándose llevar por tal sensibilidad llegará a encontrar un laberinto abandonado en el bosque, y a hallar en él a un fauno que desde ese instante cambiará su vida con una sorprendente revelación: ella no es quien cree ser; en realidad es una princesa que está siendo esperada por su pueblo, un pueblo mágico, y para hallar el camino a casa habrá de superar 03 pruebas, que de ganarlas dejarán claro su linaje y realeza mágica. La aventura de la película inicia propiamente en este punto, cuando la pobre de Ofelia se ve comprometida a acomenter y superar tales desafíos en medio de una intromisión constante de los problemas del mundo exterior, del mundo "real", y que en más de un momento la pondrán en apuros.

La maravillosa aventura que vive Ofelia no sólo es mágica en el sentido lato de la palabra, tal y como la conocemos y denominamos desde la perspectiva del sentido común. La aventura de Ofelia es real, pero al decir esto siembro la duda de cómo ser real una aventura en la que participan personajes ficticios, que no son "reales" y que jamás se encontrarán en el "mundo".

William James en su libro Principios de psicología expone la existencia de diversos órdenes de realidad dado que es posible pensar de manera diferente las cosas que nos rodean. ¿Qué significa todo esto?

Los hombres comunes y silvestres -que en realidad somos todos hasta antes de estudiar una disciplina como la sociología- aceptamos como realidad absoluta a los objetos que en el vida diaria se presentan sin contradicción y que no alteran ni remecen nuestros basamentos cognitivos y de interpretación y asimilación de la "realidad". Las proposiciones que formulamos y que se nos formulan las creemos todas a menos que choquen con otras proposiciones creídas al mismo tiempo y que se afirman en términos iguales a los de las primeras que se enuncian.

Los seres humanos estamos en plena capacidad de elegir el modo de pensamiento que queremos adoptar; las gafas con las cuales leer la realidad, el mundo que nos rodea. Ya desde este momento es justo decir, como bien anota Schutz, que el origen y fuente de toda realidad es subjetivo. Los universos alternos a la "soberana realidad por excelencia que significa la vida cotidiana" -como también lo anotan Peter Berger y Thomas Luckman en su igualmente sorprendente obra titulada La construcción social de la realidad, de ostensible aporte a la sociología del conocimiento- tienen una coexistencia con la misma, si bien no muy armoniosa, por lo menos co-existencia al fin y al cabo, aunque eso sí, muy desdeñada y a la que se le acusa de espuria, de locura o simplemente de fantasía. De ser una entidad no-real, que no tiene oportunidad de "ser" en el "mundo real" pero que en tanto sea inofensiva es permisible mas solamente hasta ciertos límites.

Así, esos universos alternos, esas realidades alternas o subuniversos, si también se les quiere llamar así, los reconocemos en el mundo de los sentidos o de las cosas físicas, el mundo de la ciencia, el mundo de las relaciones ideales, el mundo de las cosas sobrenaturales, el mundo de la locura y la excentricidad, etc. Lo que debe quedar claro de modo que a estas otras esferas de realidad se las pueda validar efectivamente como realidades es que son tales en tanto el individuo atiende a ellas con su mente e influyen poderosamente en el decurso de su vida ordinaria. En tal sentido es que son reales. El mal llamado mundo mágico de Ofelia, entonces, no es menos "real" ni "verdadero" que el mundo que experimentamos en la vida cotidiana cuando vamos a la municipalidad a pagar nustros arbitrios, o cuando vamos a la bodega a comprar una gaseosa, o cuando estamos en el centro de trabajo o de estudio y nos ocurre cualquier eventualidad. Como nos alcanza Schutz, si aquello que vivencia el individuo y le demanda tiempo y esfuerzo en su atención, y le consigue repercutir es en efecto real, aunque por ejemplo, un fauno como el que le lanza los desafíos a Ofelia no vayamos a encontrar a la vuelta de la esquina, como tampoco podamos encontrar los molinos de viento a los que se enfrentara Don Quijote pensándolos caballeros en aras de demostrar su hidalguía, o el eco que repite lo que Lucia di Lammermoor canta en su desesperación, tras haber matado a su esposo, todavía la alterándola más, y que jamás escucharemos.

La existencia de realidades múltiples es el problema en toda esta cuestión. Universos o subuniversos que son incompatibles con la "realidad inminente de la vida cotidiana" y que no hacen otra cosa que hablar elocuentemente de la posibilidad que tenemos de experimentar la realidad, cualquiera que esta sea y de la manera que sea. Por ejemplo, se le acusa al loco de estar fuera de este mundo, o simplemente de ya no tener conexión con nada ni con nadie. Se le observa con lástima en tanto que éste habla, murmura, grita en aparente soledad. Pero el poder de su mente lo ha transportado a otro escenario igualmente real en el que vive y/o lucha una batalla personal contra sus particulares dioses y demonios, y que le pueden dar sosiego -que se exterioriza en la aparente quietud y estado estático que pueda mostrar el loco- como también en el estado de alteración, perturbación que le pueda estar asaltabdo al estar en contrapunto con esos fantasmas que rondan su mente y que le constriñen a optar por ciertas decisiones, válidas en su parente locura, pero reprobadas por los mortales orondos de encontrarse en un mundo de a de veras.

Y es que así como hay multiplicidad de realidades hay multiplicidad de formas de locura. Que uno crea que no está loco es en verdad otra forma de locura, como me lo recuerdan las simpáticas palabras de Blaise Pascal citado por Zygmunt Bauman en La sociedad individualizada. En conclusión, no estamos locos, pero sanos, lo que se dice sanos, tampoco. Decir lo contrario es delatar locura, y comulgar con esta afirmación no lo es menos.

jueves, 26 de febrero de 2009

¡Ave César!


Hace ya un mes aproximadamente, quizá más, que Televisión Nacional del Perú transmitió, en su ciclo Grandes miniseries, Yo, Claudio, la misma que fuera producida y emitida por la mundialmente famosa BBC of London y que se viera por primera vez en el año 1976, basada en la novela del mismo nombre de Robert Graves (1895-1985), y que consta de 13 impactantes episodios. La serie presenta la vida y obra de la dinastía Julio-Claudia, que gobernara el Imperio Romano desde el 27 a.C. hasta el año 68 d.C., desde el ascenso de Augusto, pasando por Tiberio, Calígula, Claudio para terminar con Nerón, célebre por incendiar Roma y matar a su madre Agripinila.

La miniserie es protagonizada por el actor inglés Derek Jabobi, por quien no tengo palabras que describan la admiración que he sentido por su genial e impecable actuación en el papel de Claudio, el emperador idiota, como fuera conocido el soberano romano.

Desde su nacimiento, Claudio es tomado por la familia imperial como un imbécil irremediable, ello por padecer de algunos defectos que ante el temple recio que ha caracterizado a los hombres de uno de los más famosos imperios que se han cernido sobre la faz de la tierra, le desmerece como sucesor a ceñirse los laureles imperiales. En efecto, Claudio padecía de sordera, cojera, tartamudez. En sus últimos años de vida, ante la sospecha que la última de sus mujeres, Agripina la menor, o también llamada Agripinila, está orquestando su muerte, decide contar su historia personal y la historia de su familia, plagada de conspiraciones y envidias, con no pocas ansias de más de uno de sus integrantes por abrazar el tan codiciado poder que circundaba el trono imperial. Es más, ya de joven, y gracias a su pasión por la historia, comienza a compilar los primeros escritos sobre su casta, pero más que nada por honrar la memoria del padre que no llegó a conocer, Druso, que muriera merced de una de tantas conspiraciones urdidas por su abuela, la infame Livia, mujer de Augusto emperador, precisamente fundador de la dinastía Julio-Claudia, y que en la miniserie es encarnada por la también brillante actriz Sian Phillips.

Claudio habrá de esperar muchos años para llegar a ser César, luego de ver el reinado excéntrico, desmedido e inomoral de sus predecesores Tiberio y Calígula, que no llegaran a seguir la línea de una administración imperial sensata como la que el divino Augusto realizara en tanto vivo. Claudio es en tal sentido un continuador depositario de las buenas costumbres y sana admnistración de su abuelo, mas el suyo será un reinado en el que deberá sortear mil y un complot en su contra, los mismos de los que llegará a saber por estar maquinados por sus colaboradores más cercanos.

El carácter de Claudio a lo largo dela miniserie es el más íntegro y noble, así como justo aunque por momentos parezca duro. En efecto, es su temperamento una de las cosas que mejor consiguen impactar en el televidente, quien lo aprecia en los más diversos momentos de su vida, y sobre todo, sorteando la maraña de triquiñuelas alambicadas que se tejen entre los demás personajes. Más de un personaje en alguna ocasión le recomienda que siga jugando a hacerse el tonto. Y es que sólo de esa forma, pasando "desapercibido" es que Claudio consiguió sobrevivir a años y años de juegos sucios por hacerse del poder.

Es Claudio un personaje que termina vengado por su talento mismo de aprovechar su condición de dismunución física de aquellos precisos complots que caracterizaban la vida de la familia imperial en aquel entonces. Su declarada pasión por la historia le sumerge en un mundo diferente del que vive fuera de las bibliotecas y gabinetes de estudio, pero no por esto deja de estar consciente de la realidad que aqueja a Roma, la bella dea, y de las manera cómo pueda ayudarla a levantarse de su corrupción moral y administrativa.

A las finales es Claudio quien le ve la cara de idiota a más de uno, entre ellos a los desgraciados Tiberio y Calígula, famosos por su vida excéntrica y llena de desenfreno. Claudio sale bien librado de estar en la lista de no pocos ambicios personajes que preparaban éstas para despejar el camino al codiciado trono de César. Simplemente Claudio no contradice de primera intención a los desquiciados personajes miembros de su familia. Es notable cómo "le sigue la cuerda" a su sobrino Calígula, que en un momento de su vida llega a creerse el mismísimo dios Zeús. La clara consigna de Claudio es no contradecir, pues, al loco de su sobrino, que llega a nombrar senador a su caballo Incitatus, con el que seguramente habrá tenido más de una práctica zoofílica, digo yo. Por extensión, Claudio no contradice nunca a los locos de su familia, y consigue sobrevivir, aunque de haberse pronunciado hubiera podido denunciar más de una infamia. Sin embargo, su desventaja física y política se lo impide. Deberá esperar algunos años más para que sea la guardia pretoriana la que lo proclame emperador, tras haber urdido el magnicidio de Calígula, pero pensando que habría podido manejar a su antojo al nuevo emperador. En ese instante será que Claudio demuestre su factura personal, digámoslo así, y saque a relucir su preparación y conocimiento del Estado, de la nación romana y de su historia para poder iniciar un buen gobierno.

En definitiva, Claudio es la exaltación más elevada del "débil" que triunfa sobre el "fuerte", de la "inteligencia" que a las finales se impone sobre la "ignorancia institucionalizada". Claudio es otra forma de demostrar fortaleza y a la vez nobleza, virtudes que Derek Jacobi consigue encarnar de manera limpia y conmovedora. Debo confesar que el personaje de Claudio, el emperador idiota, siempre me llamó la atención, sobre todo después de haber tomado un primer contacto con la historia romana allá por los años en que apenas contaba no más de 08 abriles de vida, y que con una aún recordada novela mexicana producida por Televisa, Imperio de cristal (1994) -cuyos personajes llevaban los nombres de la familia Julio-Claudia, con algunas excepciones eso sí- Claudio, que fuera encarnado por el actor Germán Gutiérrez, me devolvía a la mente la imagen del emperador de ojos tristes, así como la obligación de empaparme aún más de la historia de estos romanos bastardos tan brillantes, que legaran a la humanidad una de las más grandes herencias culturales que jamás se hayan recibido de pueblo humano. Un compromiso, además, después de haber dejado inconcluso más de una vez el Vida de los doce césares de Suetonio.

Recomiendo Yo, Claudio, por ser una producción sorprendente, vital, de presentación descarnada de la vida y milagros de los emperadores romanos, y porque nos acerca a Claudio, la rosa del pantano (parafraseando el célebre vals del peruano Fausto Florián) tan bello de sentimientos como bellos los ojos de Derek Jacobi que le dan vida en esta producción inglesa.

Yo, que sólo soy César por el nombre de mi padre, una vez más he probado el deseo de haber nacido en alguna corte de las que cuenta la historia universal, y haber podido acompañar las aventuras de estos personajes fantásticos que aún pueblan todas las noches mis sueños.

lunes, 16 de febrero de 2009

¡Qué canto espectacular!


Bel Canto Spectacular (2008) es el nombre del cd más reciente que el tenor peruano Juan Diego Flórez ha lanzado al mercado. Esta producción -que definitivamente es una joya para quien atesora los discos en los que se encuentra registrada la voz de ruiseñor de este cantante lírico- se encuentra matizada por los numerosos dúos que conforman esta presentación. En efecto, la intensión que los productores de la casa discográfica Decca tuvieron desde un inicio fue hacer un disco en el que el tenor peruano pudiera recrearnos algunas de las escenas lúdico-musicales más brillantes que se contienen en las óperas de compositores italianos como Rossini, Bellini y Donizetti, los tres, preclaros integrantes de la corriente belcantista italiana, la misma que predomina el lucimiento de la voz mediante artificios vocales sorprendentes que consigan en cierto modo desplazar a la orquestación para concentrar en sí toda la atención del oído entendido.

Y es que el bel canto, como su nombre lo dice, es un canto bello, lleno de frases delicadas y ligadas, recitativos previos a la página solista propiamente cantada tachonada de motivos, con empleo frecuente della mezza voce (media voz), filados (esto es notas dadas del piano al forte, de lo suave a lo sonoro), y por supuesto, los infaltables agudos y sobreagudos que hacen en sí la delicia del aria (página solista) que se canta.

En Bel Canto Spectacular, Flórez se hace acompañar por diversos colegas del medio. Entre los más famosos contamos a la soprano italiana Patrizia Ciofi, la soprano rusa Anna Netrebko, la mezzosoprano italiana Daniela Barcellona, un barítono más que no conozco y el ya mítico tenor español Plácido Domingo.

El cd no solamente tiene dúos, el atractivo principal y por lo cual es éxito de ventas; también tiene arias, pero éstas no son mi interés comentan en esta ocasión. Hoy son los dúos a los que quiero referirme con más detalle.

Flórez y Netrebko cantan el famoso dúo del tercer acto de I puritani de Bellini, Vieni fra queste braccia, página para tenor y soprano por supuesto. Esta versión, en mi particular opinión, fue hecha con la preclara intensión de resaltar ostensiblemente la voz de nuestro tenor peruano. Quien es entendido en este oficio sabe que I puritani es una ópera en la que preferentemente se lucen con mayor brillo las voces lírico-ligeras, esto es, las voces de los cantantes con un registro que se extiende hasta las dos octavas y media en el pentagrama, y Netrebko, que podrá ser una muy bella y sensual cantante a la hora de pararse en el escenario, no consigue cumplir debidamente los requerimientos de esta partitura belliniana. En cambio Flórez, hasta más no poder, se apodera del temible re sobreagudo y opaca a la rusa, que se queda fría como si estuviese en la más gélida de las tierras siberianas de su patria natal.

Gol para Flórez que ha vencido... digo, ha conseguido lucirse en el primer dúo del cd. ¡Él solito nada más!

En Di che son reo?... D'alma Celeste, de la ópera Il Viaggio a Reims de Rossini, Flórez se hace acompañar por la mezzosoprano italiana Daniela Barcellona, y sin mayor esfuerzo vocal nuevamente impone su canora voz. La voz de la mezzosoprano, como su nombre italiano lo dice (medio soprano), no llega a ser una voz tan aguda como la de la soprano ordinaria. Es una voz más oscura, que en la cuerda masculina tiene su par en la del barítono, por ende nunca tan aguda como la del tenor común y silvestre. Así, de medir la voz de un tenor con la de una mezzosoprano es lógico, digámoslo así, que sea la del primero la que alcance mayor lucimiento por conseguir dar sonidos más agudos.

Nuevo gol de Flórez, que se hace de la euforia del melómano amante del arte vocal por el arte vocal.

Ah, vieni, nel tuo sangue vendicherò le offese, de Otello, siempre de Rossini, Flórez canta con el ya legendario Plácido Domingo, y canta con él este dúo por no haber podido encontrar otro que cantar con el desaparecido Luciano Pavarotti, del cual Flórez se ha declarado siempre profundo admirador. Este dúo, cantado por Flórez y Domingo -el primero en la plenitud de su carrera, y el segundo en el ocaso de su vida escénico/vocal- es de un terrible mal gusto. La voz de Flórez está chillada en todo momento, mas no por ello esta versión deja de ser interesante y objeto para la crítica musical.

Flórez aplasta vocalmente a Domingo, actualmente refugiado en roles wagnerianos en los que sus capacidades vocales han encontrado un último refugio para seguir dedicándose a esa pasión que se llama canto. Es más, Domingo canta el rol del Otello rossiniano con una osadía, porque ni aún en sus años mozos hubiese conseguido cantarlo como se habría esperado en esta ocasión. Jamás las aguas rossianianas fueron vía cómoda por las que la voz de Domingo pudiese hallar decurso armonioso. Entonces, ¿de qué estamos hablando? Ésta no es más que una jugada marquetera para conseguir mayor número de ventas.

Flórez luce su voz cual joven veinteañero que expone su falo pronunciado lleno de vigor ante un anciano que ya solamente puede atinar a asentir en las buenas dimensiones del mismo por vergüenza a mostrar el suyo propio y no poder más competir con el de su antagonista.

Finalmente, Flórez canta Linda! Linda!... Da quel dì che t'incontrai, de la ópera Linda di Chamounix de Donizetti, y aquí ya nuestro tenor peruano no consigue opacar las altas y delicadas notas de la soprano italiana Patrizia Ciofi, la misma que le acompaña en el dúo. En tal sentido, y parafraseando el título de la obra, ¡la Ciofi sí que la hace linda!

Ciofi, soprano ligera de bella voz, canta el rol de Linda con una comodidad insuperale, dejando lucir una capacidad vocal impactante. Es más, de sólo pensar que a la misma ópera pertenece el aria O luce di quest'anima, página concebida para la voz de soprano, simplemente empieza a latir mi corazón, expectante de oír cómo se alcanzan los agudos y sobreagudos más delicados que se puedan oír en página semejante. ¡Una exquisitez sin parangón!

Recomiendo que compren este cd por cualquier caso: si quieren oír por primera vez a Flórez -en caso de no haberlo hecho antes- o si quieren oírlo nuevamente y con otros pasajes de su habitual repertorio. O también como un primer acercamiento al mundo de la música lírica, o simplemente para escuchar de cuánto es posible la voz humana, y más si esa voz es la del tenor peruano Juan Diego Flórez.